Además, la economía mundial, sobre todo occidente, carece de fuerza para crecer a altas tasas puesto que las olas de innovación suceden cada vez más cerca una de otra, donde China es el líder.
Colombia, con rezagos estructurales en su economía y en materia de desigualdad, debe hacer el esfuerzo de reestructurar su producción, porque debe repensar el modelo económico, el Estado y las relaciones con terceros en términos de soberanía para encontrar desde su interior los equilibrios que requiere.
Una política industrial subordinada no existe en la teoría y en la realidad, para eso están las políticas de competitividad que poco impacto positivo tienen en el cambio estructural, en el desarrollo científico y tecnológico, en una educación de calidad y en abatir desigualdades.
Durante tres décadas Colombia experimentó un crecimiento medio bajo, sin políticas para transformar la producción e incorporar innovación endógena. Pero, desde 2022 existe la política nacional de reindustrialización (PNR), que debe tener entre 2026 y 2030 una segunda etapa como política de reindustrialización e innovación para un desarrollo sostenible.
El Estado bobo: 1991-2022
Cuando el neoliberalismo ganó la presidencia de Colombia, Rudolf Hommes, ministro de Hacienda, dijo que la mejor política industrial era una buena política macroeconómica. Así enterró el debate sobre qué tipo de política industrial era la mejor para una economía que se abría a la competencia internacional.
Tal tontería acabó con la industrialización y redujo el papel del Estado en la economía, en vez de revitalizar su importancia hacia una economía innovadora, productiva y competitiva “creadora de redes de seguridad en salud, ingresos para eliminar las trampas de pobreza, red de seguridad que brinda a las empresas innovadoras contratar y reemplazar empleados, fungiendo el Estado como asegurador contra los riesgos asociados a la destrucción creativa, para ello invirtiendo en educación e innovación”[1]. Mariana Mazzucato también considera que las anteriores son funciones de un Estado emprendedor.
Para los gobiernos de ese período, todos los sectores eran iguales, y en un mercado libre lo mejor era dejar que entre ellos seleccionaran ganadores, y el Estado se limitará a actuar como insulso facilitador.
Trajeron como paliativo la política de competitividad, cuyo objetivo era mejorar de manera general las condiciones de país y de manera general las condiciones de las empresas y las regiones.
La productividad nunca fue objetivo principal con el fin de desarrollar la economía a través de incentivos diferenciados según las características de los sectores y el tiempo de maduración de sus condiciones para investigar, producir, innovar y competir.
Se impuso que las mismas condiciones eran suficientes para producir café que barcos, banano que electrodomésticos, azúcar que IA, aguacate que motocicletas, leche que medicamentos.
Si la política industrial no era importante, entonces, tampoco la ciencia, la tecnología y la educación para desarrollar nuevos productos, áreas de investigación y nuevos sectores, con el propósito de hacer crecer la productividad para la competitividad, entendiendo que la I+D+i vincula investigación básica y aplicada, de lo contrario solo resultan innovaciones incrementales, insuficientes en un país que requiere cerrar brechas internas y externas en conocimiento, investigación y productividad.
Desde la economía de la innovación surgió la destrucción creativa mediante la cual emergen nuevos productos y sectores a partir de productos y sectores existentes, convirtiendo en obsoletas tecnologías de anteriores olas de innovación. Son dinámicas que contribuyen a superar desigualdades a partir de la innovación y de transformar la producción.
Los países de Asia Oriental entendieron que la mejor manera de aprovechar la globalización de los mercados era con políticas industriales y de ciencia y tecnología, según características de cada nación, porque las culturas y los sistemas de conocimiento importan en la historia y en el futuro económico, según Joel Mokyr, premio Nobel de Economía 2025.
Con un vació teórico, político y de políticas transcurrió el neoliberalismo en esas tres décadas. El resultado: la agricultura y la industria perdieron 50% de participación en el PIB, los minero-energéticos llegaron a representar el 60% de las exportaciones, los bancos se volvieron los dueños de todos y viven de la especulación y de las tasas de interés gracias al Banco de la República, las empresas de la corrupción y del lavado de activos se convirtieron en fugases emprendimientos de las economías ilegales.
Medio siglo de neoliberalismo en el mundo, y tres décadas en Colombia, llegan a su fin por el calentamiento global, la insuficiente reducción de desigualdades y menos oportunidades para crear, innovar, trabajar y emprender
2022 – 2026 ¿transición del neoliberalismo a la economía de la innovación?
Luego del boom de los mineros energéticos que duró desde comienzos del siglo XXI hasta 2014, la reflexión sobre qué tipo de políticas serían necesarias para crecer más y mejor, se volvió a pensar en una política industrial que permita crecer a tasas más altas, y generar condiciones para abatir desigualdades y la baja productividad.
De esa manera emergió la política nacional de reindustrialización (PNR) aprobada en el Conpes 4129 de diciembre de 2023, con vigencia a 2034, y centrada en cuatro apuestas estratégicas:
Agricultura-agroindustria: reforma agraria y paz en el campo para un desarrollo sostenible y la autosuficiencia alimentaria. La sustitución de cultivos ilícitos es una manera de destrucción creativa, si el cambio está acompañado de educación, investigación científica y desarrollo tecnológico para producir más, desarrollar cadenas de valor e incorporarse a las cadenas globales de suministro.
Salud: la reforma del sistema debe incluir el desarrollo de una industria de salud para producir medicamentos y vacunas. Algunos proyectos ya están en marcha, y ojalá también se desarrollen dispositivos, aparatos y equipos a partir de la reestructuración de las EPS que en 33 años no invirtieron un peso en I+D+i, y su integración vertical no puso un peso en una industria de salud.
Energías para la transición energética: una nueva matriz energética con industrias de nuevas energías alternativas, donde Ecopetrol, generadoras de energía y empresas privadas juegan papel estratégico en cuanto a financiación, investigación y producción.[2]
El sistema de movilidad (tren y vehículos con energía eléctrica) hacen parte del cambio productivo y tecnológico, porque los desafíos de Colombia en movilidad son inmensos y deben estar en manos del Estado y del mercado.
Defensa y vida: impulsar la emergente industria aeroespacial, de mar y los ríos en torno a la vida. Si bien una empresa del ejército desarrolla y produce algún armamento, los mayores avances están en la industria naval a través de Cotecmar, que fabrica lanchas rápidas, buques hospital, patrulleras y construye una fragata con la cual iniciará un ciclo de reposición de material de defensa de mayor envergadura. Los desarrollos de Cotecmar son ejemplo de destrucción creativa: viejas fragatas por nuevas a partir de capacidades nacionales de innovación.
Los territorios: Las cuatro estrategias conforman el centro de la PNR y como apuesta transversal están los territorios, lugares donde se construyen capacidades y se desarrolla la producción según la dotación de factores. El tercer artículo será: reindustrialización y regiones de innovación.
2026 – 2030: reindustrialización e innovación segunda etapa
- Coordinación: crear el Consejo Nacional de Reindustrialización e Innovación presidido por el presidente de la República y coordinado por los Ministerios de Comercio, Industria y Turismo, y de Ciencia Tecnología e Innovación. Un escenario de concertación entre empresas y gobierno, hoy inexistente, porque el empresariado piensa en modo neoliberal e ideología antiprogresista, y al gobierno le faltó ductilidad para convocar a un acuerdo por la productividad y la innovación.
- Revisar el Conpes 4129 para un nuevo Conpes en 2027. El texto actual es un híbrido, por lo cual la PNR tuvo poca relevancia en el gobierno, en los gremios y en la academia, cuando es la política llamada a superar el neoliberalismo y las desigualdades.
- Evaluar los resultados de esta política en sus primeros cuatro años: apuestas estratégicas, proyectos, programas y recursos invertidos, y cual la agenda de reflexiones y de acciones que dejan los ministerios de industria, agricultura, salud, energía, transporte, defensa y ciencia.
- Convertir las cuatro apuestas estratégicas de la política en grandes misiones. Incorporar la Bioeconomía, y definir si las industrias digitales, la IA, y la electrónica deben ser una nueva misión.
- Continuar apoyando la economía popular y a las mipymes, e incorporar las grandes empresas de las cuatro o cinco misiones estratégicas, porque son las dinamizadoras del desarrollo. Colombia debe tener multinacionales y no solo multilatinas.
- Crear la Agencia Colombiana de Industrias de la Innovación ACINN, y como proponen otros, fundar la Agencia Nacional de CTI. Estas dos agencias determinarán las necesidades de la producción en materia de investigación. El divorcio entre empresas y ciencia es de los mayores rezagos intelectuales y de política de Colombia, afectando también la calidad de la educación.
- Duplicar la inversión en I+D+i: del 0.30% del PIB al 0.60% en 2030, y al 1.0% en 2034. Incrementando la inversión del sector privado hasta el 50% de los recursos, y el otro 50% el Estado. Con excepciones, el sector privado es rezagado en cultura de I+D+i, porque el neoliberalismo dijo que la tecnología era preocupación de otros, condenando a Colombia al atraso.
- Diseñar escenarios muy rigurosos del impacto de las políticas de reindustrialización y de CTI en el crecimiento a 2034. Crecer en torno al 2.5 es insuficiente para abatir desigualdades económicas, sociales y soportar las reformas sociales. Colombia, debe crecer alrededor del 5% para abatir las economías ilegales y la corrupción estructural, impulsando la reindustrialización y la innovación.
El triunfo que debe ser
El neoliberalismo sin política industrial es la profundización de las desigualdades y la ultraderecha en la política.
El progresismo y la política de reindustrialización están para superar desigualdades, desarrollar y pacificar a Colombia y es su razón política, por eso debe ganar la presidencia de la República en primera vuelta.
________________
[1] Aghion P, Antonin C, Bunel S. El poder de la destrucción creativa. Ariel. 2021
[2] Acosta J. Reindustrialización, reconversión laboral y transición energética justa. FESCOL. 2024
Jaime Acosta Puertas
Foto tomada de: El País

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