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Inflación por demanda: desmontando el dogma monetarista

4 mayo, 2026 By Carlos Julio Díaz Lotero Leave a Comment

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En el debate económico actual se ha popularizado una distinción entre inflación de demanda e inflación de oferta. Según la primera, los precios suben porque existe un exceso de gasto en la economía; según la segunda, porque aumentan los precios derivados de caídas en la producción, mejoras salariales, y choques externos, como el encarecimiento de la energía, los fertilizantes o la devaluación de la moneda[i].

Sin embargo, esta percepción sobre las causas de los procesos inflacionarios no solo es equivocada, sino que ha servido para justificar políticas que profundizan la crisis en lugar de resolverla. El debate entre si la inflación es de demanda o de oferta termina desviando la atención del problema central: la debilidad estructural del aparato productivo nacional.

Ambas formas de ver la inflación —de demanda y de oferta— son, en realidad, manifestaciones coyunturales de un problema más profundo. En una economía con alta productividad, diversificación industrial y capacidad de respuesta interna, los choques externos o los aumentos de la demanda pueden ser absorbidos sin generar presiones inflacionarias significativas. Pero en una economía como la colombiana, caracterizada por la desindustrialización, la dependencia de importaciones estratégicas y la baja inversión en infraestructura, ciencia y tecnología, cualquier perturbación externa se traduce casi de inmediato en aumentos generalizados de precios.

La inflación como fenómeno físico, no monetario

La visión tradicional de la inflación como un simple aumento generalizado de precios causado por un exceso de demanda o de oferta monetaria es equivocada. Este enfoque es superficial y pertenece a la tradición neoclásica que ignora las leyes físicas y tecnológicas que rigen la producción real.

Un punto central del análisis debe partir de entender que toda economía es, ante todo, un sistema termodinámico. La producción de bienes y servicios requiere transformar energía y materia. Por lo tanto, la métrica fundamental del desempeño económico no reside en el PIB nominal ni en la masa monetaria, sino en los siguientes indicadores de economía física:

  1. La densidad energética: El flujo de energía consumida por kilómetro cuadrado y por habitante, el cual debe incrementarse de forma exponencial para sostener el desarrollo.
  2. La eficiencia tecnológica: La capacidad de concentrar energía y transformarla en bienes de capital y consumo, aumentando así la potencia o capacidad de trabajo del sistema.
  3. La tasa de innovación: El avance en maquinaria, herramientas y procesos, producto de la creatividad humana, la cual constituye la causa última y el motor del proceso económico.
  4. El retorno energético: El balance neto del proceso termodinámico; si es positivo, el sistema se expande y progresa; si es negativo, la economía entra en una fase de entropía y colapso.

La inflación tiene su origen estructural en el estancamiento o declive de la productividad física por persona y por kilómetro cuadrado, no en variables financieras abstractas. Cuando la tecnología no avanza lo suficientemente rápido o cuando la densidad energética de una economía disminuye, los costos reales de producción aumentan, y eso se manifiesta como inflación.

Cuando una economía invierte en infraestructura energética, transporte, manufactura avanzada e investigación, logra reducir los costos físicos por unidad producida. Eso frena la inflación porque se produce más con menos insumos. Por el contrario, cuando la inversión en bienes de capital se estanca, los costos unitarios suben y aparece la inflación estructural.

En este contexto, proponer subir las tasas de interés para enfriar la demanda es como intentar apagar un incendio estructural con un vaso de agua mientras se ignora que la casa se está quemando por falta de materiales resistentes al fuego.

El error de la política monetaria convencional

La respuesta convencional de política monetaria —basada en el aumento de las tasas de interés— resulta no solo ineficaz, sino contraproducente. Al encarecer el crédito, se desincentiva la inversión productiva, se frena la expansión de la capacidad instalada y se debilita aún más la oferta interna. Es decir, se intenta resolver un problema de escasez relativa de bienes reduciendo la demanda, en lugar de ampliar la producción.

Por el contrario, una estrategia eficaz para combatir la inflación debe partir del fortalecimiento de la economía real. Si el problema es que faltan bienes, la solución no puede ser que la población consuma menos, sino que el país produzca más. Esto implica garantizar condiciones de financiamiento adecuadas para la inversión productiva, mediante tasas de interés bajas y crédito dirigido hacia sectores estratégicos como la agricultura, la industria, la infraestructura y la energía.

Un concepto clave en este análisis es la inflación inducida por el estrangulamiento del sector de bienes de capital. Si una economía no produce suficientes máquinas, herramientas, plantas eléctricas, sistemas de riego, etc., entonces el resto de los sectores (agricultura, industria ligera, servicios) no pueden aumentar su productividad. Los precios suben fundamentalmente porque:

  1. El sistema financiero desvía recursos hacia la especulación, en lugar de orientarlo hacia la inversión productiva.
  2. La energía disponible por persona disminuye (por agotamiento de fuentes baratas o por falta de nuevas tecnologías).
  3. El Estado abandona su papel de promotor de infraestructura y ciencia aplicada.

Lo que hay es exceso de instrumentos financieros especulativos

No se trata de que haya “demanda excesiva” en términos agregados. En Colombia, amplios sectores de la población ven contraída su capacidad de consumo real mientras los precios suben. Lo que hay es un exceso de instrumentos financieros especulativos que desvían recursos de la economía real hacia actividades que no generan valor económico.

Hay que distinguir entre el cáncer (la especulación financiera) y el tejido sano (la economía productiva). La política económica debe debilitar el cáncer y fortalecer el tejido sano. Subir tasas de interés no debilita el cáncer; lo que hace es asfixiar el tejido sano al encarecer el crédito productivo. Hay que cortar de tajo toda la canalización de la emisión monetaria hacia la especulación y reorientarla hacia la economía productiva.

La inflación crónica es un síntoma de que la economía real se está contrayendo en términos físicos, aunque los precios suban. Ejemplos históricos abundan: la hiperinflación alemana de 1923 no fue solo un fenómeno monetario, sino el colapso de la base energética y productiva de Alemania tras la pérdida de territorios mineros e industriales. Del mismo modo, la inflación de los años setenta en Occidente coincidió con el pico del precio del petróleo y el estancamiento tecnológico relativo.

Contraer demanda es un castigo a los más vulnerables

Es absurdo hablar de inflación por demanda cuando millones de personas han visto reducida su ingesta calórica por debajo de niveles mínimos en contextos de crisis. La demanda no es la causa de la inflación estructural. Aumentar o bajar intereses no impacta las causas estructurales ni coyunturales de la inflación.

Contraer la demanda mediante tasas de interés elevadas constituye un castigo a los sectores más vulnerables, a menudo camuflado bajo un sofisticado discurso académico. Históricamente, la reducción forzada de salarios y consumo tiene antecedentes alarmantes: Hjalmar Schacht[ii], el artífice económico del régimen nazi, logró abatir el desempleo y la inflación comprimiendo la ingesta calórica de la población a niveles de inanición, lo que derivó en un exterminio silencioso. Los tecnócratas que hoy defienden la teoría de la inflación por demanda llevan al extremo la ideología de la contracción, ignorando que ese éxito estadístico tiene un costo humano devastador. En última instancia, estas políticas guardan una inquietante cercanía, ya sea por convicción o por negligencia teórica, con las premisas de la economía nazi.

Los economistas que insisten en la teoría de la inflación por demanda deben abandonar paradigmas que no explican ni resuelven la realidad. Sus títulos y doctorados deberían ser enterrados junto al cadáver putrefacto de las teorías nazis de Hjalmar Schacht. La solución no está en sus modelos matemáticos, sino en volver a los fundamentos de la ingeniería industrial y la economía física para reconstruir el aparato productivo.

El crédito como herramienta antiinflacionaria

El crédito no debe concebirse como un simple instrumento de regulación monetaria, sino como una herramienta de transformación económica. Cuando se orienta hacia la producción, permite aumentar la oferta de bienes y servicios, mejorar la productividad y reducir los costos estructurales de la economía, convirtiéndose así en un factor antiinflacionario de largo plazo.

Una economía que aumenta su densidad energética y su productividad por mejoras tecnológicas puede tener expansión monetaria sin inflación, porque la oferta física crece más rápido que la demanda. El ejemplo de China es elocuente: durante décadas expandió su masa monetaria a tasas de dos dígitos mientras mantenía la inflación bajo control, porque al mismo tiempo expandía su capacidad productiva física a un ritmo aún mayor.

Políticas reales contra la inflación.

Debemos ser explícitamente contrarios a las recetas del FMI o los bancos centrales (subir tasas de interés, ajuste fiscal, contracción monetaria). Estas medidas profundizan la recesión sin resolver la causa de fondo. En cambio, se deben adelantar las siguientes políticas:

  1. Inversión masiva en infraestructura. La infraestructura económica es una herramienta poderosa contra la inflación estructural: ferrocarriles, puertos, canales y vías de alta velocidad abaratan el transporte de mercancías. Cada punto porcentual de reducción en costos logísticos se traduce directamente en menores precios finales de alimentos, insumos industriales y materiales de construcción. Por eso, invertir en infraestructura es una política inequívocamente antiinflacionaria.
  2. Inversión masiva en energía(nuclear, hidroeléctricas, gas natural) de fuentes de alta densidad para abaratar el costo de la electricidad y el transporte y aumentar la productividad
  3. Expansión de la producción de bienes de capital(máquinas-herramienta, robots, IA aplicada a procesos productivos, sistemas de transporte) para romper los cuellos de botella que elevan los precios.
  4. Ciencia y tecnología aplicadaa la agricultura, la construcción y la manufactura para aumentar el rendimiento por hectárea y por trabajador.
  5. Crédito productivo de largo plazoa tasa baja, canalizado a la industria pesada, la infraestructura y el sector agropecuario.
  6. Reforma fiscalque castigue la especulación financiera y la renta del suelo, y premie la inversión real en bienes de capital y tecnología.

Conclusión: La inflación no se combate con recesión, sino con innovación

La inflación no se combate con sacrificio económico, sino con más economía real: más energía, más máquinas, más infraestructura, más ciencia aplicada por kilómetro cuadrado.

La inflación que enfrenta Colombia no puede entenderse ni resolverse desde la óptica monetaria. Es, ante todo, la expresión de un modelo económico que ha debilitado su base productiva, abandonado la inversión en infraestructura y subordinado la política monetaria a los intereses del capital financiero.

Superar la inflación requiere un cambio de enfoque radical: pasar de una política orientada a contener la demanda mediante el sacrificio de los más vulnerables, a una estrategia centrada en expandir la capacidad productiva nacional, construir infraestructura que reduzca los costos logísticos, invertir en energía y tecnología, y canalizar el crédito hacia la economía real.

Las economías que ignoran esta lección están condenadas a la estanflación (recesión más inflación) o al colapso social. En cambio, aquellas que apuestan por la revolución tecnológica, energética y de infraestructura logran precios estables, empleo digno y prosperidad generalizada. La disyuntiva es clara: más tasas de interés o más ferrocarriles. No se pueden tener ambas.

_______________________

[i] https://www.banrep.gov.co/es/preguntas-frecuentes/se-produce-inflacion

[ii] Es preciso notar que Hjalmar Schacht fue el presidente del Reichsbank y ministro de Economía de Hitler. Su enfoque se basaba en la autarquía y el rearme, usando el control total de precios y salarios.

Carlos Julio Díaz Lotero

Foto tomada de: Valora Analitik

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Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

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Dra. Carolina Corcho Mejía, Presidenta Corporación Latinoamericana Sur, Vicepresidenta Federación Médica Colombiana

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