¿Qué se hizo mi gente?
La desesperación que estrangulaba sus voces
de nuevo acalló a la muchedumbre.
¿Quiénes viven ahora en esta ciudad maldita?
¿Qué malditos habitan este pueblo embrujado?
Mario Arrubla (1975:171)
Las angustiosas horas que se vivieron tras el cierre de las votaciones, el pasado 21 de junio, dejaron un sabor amargo en los colombianos y colombianas que esperábamos impacientes los resultados electorales de la segunda vuelta presidencial.
La Registraduría Nacional comenzó diligentemente a emitir los boletines que daban cuenta cómo habíamos votado los colombianos en está encrispada contienda electoral, donde se enfrentaron dos visiones antagónicas sobre el destino de nuestra querida patria.
La legitimidad recortada del candidato ADLE
Desde los primeros conteos a boca de urna se mostraba una ventaja creciente a favor del candidato de la derecha Abelardo De La Espriella, ADLE, que confirmaba los polémicos pronósticos de las firmas encuestadoras. Sin embargo, al alcanzar el preconteo de más del 80% de las mesas, la tendencia triunfalista de ADLE perdió su dinamismo y la brecha comenzó a acortarse en favor del candidato de la izquierda, Iván Cepeda, hasta alcanzar la escasa diferencia de 248 mil votos -menos del 1%- en esta segunda contienda presidencial.
De acuerdo con las declaraciones de Carlos Suarez, el estratega de campaña, el momento más crítico de la campaña de ADLE lo vivió en las horas previas al cierre de las votaciones cuando el trending de la campaña mostraba un crecimiento impresionante de las preferencias electorales en favor de Iván Cepeda que, “de mantenerse abiertas las votaciones unas horas más, le habría dado el triunfo”.
El resultado final de estas elecciones no solo mostró un histórico aumento de la participación electoral (63,6%), sino que la votación de la izquierda obtuvo 3 millones más entre la primera y la segunda vuelta, alcanzando la cifra récord de 12’708.712 que representó un crecimiento del 40.9%, en la primera vuelta, al 48,7% en la segunda vuelta. Mientras que ADLE bajó del 50,6% al 49,7% respectivamente.
Tras bambalinas, en las sedes de las campañas se vivieron momentos tensión e incertidumbre. En el teatro Royal Center de Bogotá, los seguidores de la Alianza por la Vida experimentaron momentos de incertidumbre y enorme tensión a medida que se iban conociendo las cifras del preconteo que señalaba una ajustada derrota. Sin embargo, primo un ambiente de esperanza y satisfacción por el repunte en las áreas urbanas y en los territorios de la periferia del país.
Mientras que en el malecón de la “Venta al Mundo” de Barranquilla, los seguidores de ADLE tuvieron que esperar largas horas, alternadas por la euforia de la celebración y el apaciguamiento de los ánimos al conocerse los estrechos márgenes de la esperada victoria, hasta que finalmente hizo su aparición el candidato de los “Defensores de la Patria”. Allí ante cientos de sus simpatizantes pronunció su primer discurso de triunfo, distante y encerrado a la pequeña jaula de cristal blindado, un pequeño aporte de campaña del poderoso clan Char&Daes.
Los primeros rugidos del Tigre
El candidato y ahora electo presidente ADLE expresó su gratitud al Dios, su familia y a su manada de seguidores. En medio de un show mediático, recargado con videos, canticos y la fanfarria propia de un acto de campaña, el candidato alebrestó los ánimos de su “manada” con consignas y frases deshilvanadas e incoherentes que alternaba con gestos y gritos belicistas. Pero tuvo que hacer una pausa para leer en el teleprompter el llamado a cesar los enfrentamientos y a reconocer que en su mandato no habrá “ni vencedores ni vencidos”.
Mensaje que fue recibido con escepticismo, luego que lanzó una amenaza contra Cepeda y Petro, diciéndoles “no se equivoquen incendiando el país” con sus llamados a “desconocer los resultados del preconteo en las urnas” porque se recibirán la “mordida del tigre” (¡sic!). Dejando entrever su catadura autoritaria y populista.
Días después, en su discurso en la entrega de las credenciales presidenciales ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), reiteró su interés de unir al país y “gobernar para todos”, incluyendo a quienes no votaron por él. Sin embargo, con un lenguaje de estigmatización y condena para refirse no solo a sus contrincantes políticos, sino a las comunidades que apoyaron al candidato Cepeda, a las cuales se refirió un conocido comunicador que vive en los EEUU como “un voto fusil” (¡sic!).
En su perorata contra la oposición, ADLE declaró que recibía un “país quebrantado”, donde “esa persona que ocupa la Casa de Nariño” había “degradado la dignidad de la presidencia” y establecido un régimen “social-comunista”, respaldado por terroristas, narcotraficantes y políticos corruptos.
Comparó su triunfo con la victoria de Alejandro Magno sobre los ejércitos del Imperio Persa, comandado por Darío III; tal vez para congraciarse con la desastrosa guerra del presidente Trump contra el heroico pueblo persa que, luego de cuatro meses de agresiones y bombardeos con misiles al territorio, la infraestructura y las poblaciones de Irán, termino claudicando con la firma de un “Memorándum de Entendimiento” en Suiza, que los analistas y la prensa internacional calificaron como una humillante derrota geopolítica y militar para Washington y un triunfo de la Guardia Revolucionaria Iraní.
ADLE: el súbdito
El ascenso de Abelardito a la presidencia de Colombia representa un episodio más en la historia del “embrujo autoritario”, pero ya no como tragedia de la dominación narco-paramilitar que tiño de sangre y fuego la historia reciente de nuestro país, sino como comedia del aprendiz de tigre que quiere “salvar la patria”, destripar a la oposición y refundar el poderío de las élites políticas del narco paramilitarismo en Colombia.
Al igual que el personaje “Teodorico” de la novela de Heinrich Mann que encarnó el ascenso del oportunismo arribista de las clases medias en sociedad alemana de comienzos del XX y dio lugar al surgimiento de la dictadura del Tercer Reich Alemán, Abelardito representa las aspiraciones de las oligarquías criollas fanáticas, la cultura traqueta de las clases medias arribistas y del imperialismo norteamericano Trumpista, al cual juro obediencia.
En su autobiografía Beccassino (2012) rebelo como se convirtió en un “apasionado defensor” de las corruptas élites regionales y, particularmente, de los comandantes paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Su meteórica carrera como litigante de oscuros personajes le permitió amasar una enorme fortuna, y cultivar una estrecha amistad con criminales de la talla de Mancuso, el “Tuso” Sierra, el “Ñeñe” Hernández y Carlos Castaño, de quién no dudo en expresar su profunda admiración como un heroico “defensor de la patria”.
Tuvo en la nómina de sus defendidos al narcotraficante el “Mono” Abello, al estafador David Murcia y Alex Saad Morán, un empresario y político barranquillero que ocupó el Ministerio de Industrias y Producción de Venezuela. Recientemente fue extraditado a los Estados Unidos acusado de ser el testaferro de Nicolas Maduro, donde debe responder ante una Corte Federal del Sur de la Florida por un entramado de lavado de activos, fraude electrónico y soborno a altos funcionarios para blanquear los dineros provenientes de contratos corruptos del programa de alimentos (CLAP) y de la venta ilegal del petróleo venezolano. Caso que involucra directamente a su abogado Abelardo de la Espriella, como receptor de ese blanqueo de dineros corruptos.
La ciudadanía norteamericana de Abelardo
Durante estos años de increíble ascenso profesional y mágica prosperidad económica, ADLE traslado su residencia a los EEUU (Miami, 2007), abrió su buffet de abogados (Lawyer Center) en el Sur de la Florida y obtuvo la ciudadanía americana, prestando juramento y lealtad al gobierno norteamericano. Extrechando nexos con los círculos más retardatarios del Partido Republicano y convirtiéndose en aportante de sus campañas. Lo cual lo hizo merecedor de su confianza y le permitió participar de las operaciones encubiertas de la CIA.
Abelardito y los de siempre
Abelardito comenzó a recibir, por la puerta de atrás, el respaldo de más de 50 clanes regionales y partidos políticos tradicionales v.g. los Char (Atlántico), Gnecco (Cesar), Aguilar (Santander), Suárez & Gutiérrez (Antioquia), Toro (Valle), Amin (Bolívar), De la Espriella (Córdoba), Cotes & Pinedo & Danngond (Magdalena). También fueron evidentes los apoyos políticos recibidos por ADLE de las estructuras políticas tradicionales como Cambio Radical, Partido Conservador, Partido de la U., las castas políticas liberales y por supuesto el rabioso Uribismo (desde antes de la primera vuelta) y del Centro Democrático, luego de la derrota de su candidata Paloma Valencia.
No obstante, Abelardito prefirió mantener estos apoyos por detrás de la tarima para proyectarse como un outsider de la nueva derecha en Colombia. Incluso ha reiterado en sus discursos como candidato electo que su triunfo se dio en contra las maquinarias políticas y los partidos tradicionales. Con lo cual busca afianzar su narrativa populista y una falsa superioridad moral, diciendo que él representa al pueblo de los “nunca”
Igualmente, los grupos corporativos y los cacaos de la oligarquía financiera se pusieron del lado de ADLE. La Federación de Ganaderos (FEDEGAN), reunió a sus bases ganaderas y terratenientes (Montería) para ofrecer su respaldo irrestricto al candidato que les ofrecía seguridad rural, respaldo al despojo de tierras y control territorial para frenar la reforma agraria. La Federación de Comerciantes (FENALCO), oficializó su adhesión formal a la campaña de Abelardito, en rechazo de las reformas sociales del presidente Petro y, especialmente, ante las promesas de eliminación de los controles y los beneficios laborales establecidos por la reforma laboral que favoreció a los trabajadores del país.
Los poderosos empresarios de la ANDI, la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI), las EPS, los grandes conglomerados del sector minero-energético, los gremios de transportadores y, por supuesto, los monopolios financieros locales e internacionales saludaron con entusiasmó las promesas del vicepresidente J.M. Restrepo de rebajarles los impuestos y eliminar los controles y regulaciones que les impuso el gobierno Petro.
En particular, las empresas multinacionales y del capital financiero como el grupo JPMorgan y el City Bank han celebrado el triunfo de ADLE que les devuelve la confianza inversionista -uno de los tres “huevitos” del hoy Sub Judice AUV-.
La injerencia del gobierno de Trump en las elecciones en Colombia
Pero la nota más destacada de este injerencismo corporativo e internacional en las elecciones en Colombia, lo protagonizó Washington. Donald Trump rompió los tratados internacionales que prohíben la injerencia de gobiernos extranjeros en los asuntos internos y uso los canales diplomáticos y sus redes sociales (Truth Social) para respaldar públicamente al candidato de la extrema derecha ADLE desde la primera vuelta, tensionando fuertemente el debate electoral y polarizando el voto de la diáspora colombiana en los EEUU.
El Voto Misil
El Departamento de Estado ejerció una fuerte e indebida presión institucional y diplomática para favorecer la campaña del candidato ADLE. Con un memorando arbitrario, Marco Rubio, ordenó la detención en territorio norteamericano -sin ninguna acusación u orden legal- del activista y excandidato al Congreso por los colombianos que viven en el exterior Beto Coral, un fuerte contradictor del candidato, respondiendo a una solicitud de Abelardito. Detención que fue calificada por voceros del partido Demócrata y expertos internacionales como un “intento coordinado de sofocar la disidencia”.
Legisladores republicanos, como el senador y veedor electoral colombo-americano Berny Moreno, dedicaron ingentes esfuerzos y pasaron varias semanas haciendo campaña y coaccionando a las comunidades colombianas residentes en los EEUU a votar por Abelardito. En unas elecciones donde el voto en el exterior fue determinante: ADLE obtuvo unas atípicas votaciones de más del 80% de los votos depositados en los Estados Unidos que sumaron más de 400.000 votos de diferencia. Vaya coincidencia exactamente el 1% de los votos que le dieron el triunfo!
Con el triunfo de Abelardito, la injerencia norteamericana se tradujo en una alineación ideológica inmediata. ADLE anunció que bajo su mandato el país se integrará formalmente a la estrategia militar del Pentágono, denominada Escudo de las Américas, liderada por el secretario de Guerra estadounidense Pete Hegseth, y el restablecimiento de relaciones con el gobierno genocida de Netanyahu.
Sin embargo, crecientes voces del Partido Demócrata y de legisladores independientes de ambos partidos ha rechazo el injerencismo de gobierno estadounidense y ha promovido iniciativas legislativas para frenar los ímpetus autoritarios e intervencionista de Donald Trump. Situación que se profundizará con los resultados de las elecciones cruciales de mitaca del próximo mes de noviembre (midterms), que los analistas políticos anuncian como un referéndum contra los dos primeros años del 2º mandato de Donald Trump y que reconfigurará radicalmente el equilibrio y la correlación de fuerzas en el Congreso Estadounidense.
Abelardo y el arribismo triunfalista de las clases medias en Colombia
A pesar de las estridentes declaraciones del candidato electo ADLE sobre la “epopeya de su victoria”, los resultados electorales muestran una fractura entre las regiones del centro andino, más integrado y con mejores equipamientos y presencia del Estado y las regiones periféricas, más pobres y excluidas.
La división entre las dos Colombias, de las cuales se viene hablando desde la época de J.E. Gaitán, volvió a manifestarse en esta contienda electoral. Pero tal vez con mayor fuerza y radicalidad. De un lado, los pequeños y grandes propietarios que han logrado ciertos niveles de bienestar y acumulación, ya bien sea de manera legal o ilegal, fueron arrastrados por las narrativas de seguridad, autoridad y defensa de la propiedad, la familia y las tradiciones religiosas que ofrecían los Defensores de la Patria.
Diversos análisis electorales muestran que fueron en su mayoría los sectores de los estratos medios y altos urbanos quienes apoyaron con mayor fuerza al candidato ADLE y se convirtieron en lo que él llama su “manada”. Tal vez, seducidos por la cultura del “éxito” y el “dinero fácil”, que heredamos de la cultura traqueta que nos legó el narcotráfico.
De otro lado, fueron los sectores populares y los desposeídos, urbanos y rurales, que se beneficiaron de las reformas sociales y las políticas incluyentes del gobierno de Petro, los sectores que, en su gran mayoría apoyaron la Alianza por la Vida.
El aspecto más destacado en esta contienda electoral, lo constituyó el aumento de la participación de los jóvenes, las mujeres y las comunidades étnicas que se constituyeron en el bastión electoral más importante del candidato Iván Cepeda y del progresismo.
¿Cuáles son las consecuencias de esta profunda escisión social y política?
En primer lugar, los resultados electorales y la profundización de la fractura social y política que vive hoy el país tienen una consecuencia directa en limitada legitimidad del triunfo de ADLE y en la precaria gobernabilidad con la que inicia su mandato.
La mitad de los colombianos y colombianas desconfían de la voluntad y la capacidad de Abelardo de “gobernar para todos”. Por el contrario, sienten temor de que su mandato sea una mala y burda copia de los gobiernos de Milei, Bukele y Trump juntos.
¿Qué podemos esperar del nuevo gobierno de los Defensores de la Patria?
Como dice el adagio popular “por el desayuno ya conocemos a que sabe el almuerzo”.
Abelardo, contrariamente a lo que dicen sus áulicos y pregonan los medios corporativos, comenzó por no reconocer la legitimidad de presidente Petro y la majestad de la presidencia, refiriéndose a él como “ese que habita el Palacio de Nariño”. Por el contrario, lo amenazo con hacerlo preso y extraditarlo a los EEUU para que lo juzguen allá por los delitos que nadie lo ha acusado en Colombia.
Esta semana ha arrecido sus amenazas contra el gobierno saliente y, en lugar de propiciar una transición tranquila y serena, abrió fuego nombrado una “comisión anticorrupción” y anunciando, en la Universidad Sergio Arboleda, que contratará -con dineros que no supo explicar su procedencia- una firma especializada de abogados, contadores y “expertos investigadores” para que realicen una auditoria forense a todos los ministerios y entidades del gobierno saliente. Cuyos resultados serán entregados -en una especie de “libro blanco”- a los organismos de control, a la Fiscalía y al Departamento de Estado de los Estados Unidos. En un intento de judicializar a sus contrincantes del gobierno del Cambio.
Abelardo acude a estas artimañas judiciales e injerencistas en un intento por debilitar a la fuerte oposición que va a encontrar por parte del Pacto Histórico y de la Alianza por la Vida. De esta manera espera aumentar su precaria legitimidad presentándose como un abanderado de la lucha contra la corrupción.
Pero esto no es más que una mascarada para preparar el terreno de las acciones antipopulares y dictatoriales que espera realizar en sus primeros 100 días de gobierno.
El vicepresidente Restrepo ha anunciado que el nuevo gobierno prepara una serie de medidas draconianas para reducir el déficit fiscal, que asciende a 6 puntos del PIB, mediante el recorte de más 700 mil empleos públicos y la liquidación y fusión de más de 70 entidades públicas del orden nacional.
Al mismo tiempo, buscará una reforma tributaria para reducir los impuestos a los ricos y eliminar los controles y regulaciones que les impiden aumentar la sobreexplotación de los trabajadores y la extracción ilimitada de los recursos naturales (v.g. la prohibición del fracking y la explotación minera en los páramos colombianos).
Igualmente, buscará reversar las reformas sociales que favorecieron a los trabajadores asalariados, a los jóvenes, a los ancianos y a las madres cuidadoras, con el argumento de que se trata de pagar un alto costo fiscal y empresarial en una economía raquítica.
Medidas que requieren de reformas legales y, algunas de ellas, reformas constitucionales y que van a provocar una gran resistencia y desatar la protesta social por parte de los trabajadores, las organizaciones sindicales y los sectores populares.
Por estas razones, el nuevo gobierno buscará justificar la declaratoria de la emergencia económica para imponer, por la vía excepcional de decretos-ley presidenciales.
¿Cuál puede ser la respuesta de la oposición y del Pacto Histórico?
Por supuesto que la oposición deberá acudir a las vías legales y constitucionales para enfrentar los intentos regresivos y antidemocráticos. Una acción legislativa firme, coordinada e inteligente de la bancada del Pacto Histórico, en alianza con las fuerzas políticas democráticas y progresista, le va a permitir frenar los intentos autoritarios, antipopulares y despóticos del nuevo gobierno de ADLE.
El excandidato y senador Iván Cepeda ha llamado a hacer frente a estas intentonas autoritarias y punitivas con la movilización social y popular. Incluso acudiendo a la figura de la “desobediencia civil”. Un recurso legitimo que requiere mucha preparación, organización y, sobre todo, mucha claridad y estrategia.
¡Amanecerá y veremos!
Luis Alfredo Muñoz Wilches, Economista y MSc en Análisis Económico, Político e Internacional
Foto tomada de: Yahoo Noticias

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