El martes en la noche y como ya es habitual el showman Abelardo después de ordenar la militarización de la ciudad ante el paro armado decretado por las Autodefensas de la Sierra a partir de las siete de la mañana del martes 22 de septiembre como respuesta al asesinato del Cholo, hizo presencia en Santa Marta y con pistola al cinto salió a patrullar por las calles desoladas y completamente solas de Santa Marta, ciudad que cuenta con unos 600 mil habitantes. Allí anunció que las bandas criminales se tienen que rendir y que las actividades de la ciudad deberían retornar a la normalidad pues para eso se había militarizado la ciudad. Las dóciles autoridades locales, Carlos Pinedo Cuello a quien diversas organizaciones han señalado de tener vínculos con esas estructuras armadas ilegales y la gobernadora María Margarita Guerra, también llamaron a que el día miércoles 23 de septiembre y tras el patrullaje de Abelardo se retomaran las actividades con normalidad.
En un reciente comunicado donde reiteran la orden de Paro Armado que se levantará a partir de este viernes 25 de septiembre a partir de las siete de la mañana las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, ACSN, señalan que el Cholo se había rendido y que no murió en combate, sino que fue asesinado delante de su esposa. Lo mismo que se dice de la muerte de Naín Andrés Pérez Tocel, alias Bendito Menor, quien murió en operativo de la fuerza pública en Riohacha y era quien dirigía a esta banda armada en el departamento de la Guajira. Volveremos a las viejas prácticas de las Fuerzas Armadas de complacer al poder político, alimentar los egos en este caso de Abelardo de la Espriella para después que se comprueban que esas muertes fueron en estados de indefensión ante criminales que se habían rendido, quiénes tienen que dar la cara a la justicia son los militares y policías quienes terminan respondiendo por estos crímenes. En Colombia no existe la pena de muerte, pero pareciera que la Fuerza Pública ha vuelto a esas prácticas que no respetan las normas mínimas del derecho internacional humanitario.
El hecho concreto es que hoy jueves 24 de septiembre al escribir este texto, el Paro Armado decretado por los Pachencas como también se conoce a este grupo criminal, tiene paralizada a la ciudad. Una ciudad en donde hay 48.140 personas ocupadas en el sector del comercio, 26.010 personas en el sector transporte, y unas 25.280 personas en hotelería y restaurantes. El 60% de la fuerza laboral pertenece al llamado sector informal. Desde que se decretó el paro armado, el martes a las siete de la mañana, la parálisis es casi total. La mayor parte del comercio está cerrada, los hoteles solo tienen una ocupación del 15%, los establecimientos educativos han cerrado y volvieron a las clases virtuales, las playas solitarias y los aviones Kfir y los helicópteros por orden de Abelardo sobrevuelan la ciudad con lo cual infunden miedo en la ciudadanía, pero no logran controlar el orden público. En el primer día hubo disparos en contra de establecimientos del comercio, quema de buses y el paro se extendió al César y a la Guajira afectando la vía troncal del Caribe, la comunicación terrestre entre Santa Marta y Riohacha esta interrumpida. Las pérdidas económicas cada día del paro son de 40 mil millones en la ciudad de Santa Marta y si se suman el resto de ciudades y municipios afectados podría llegar a los 50 mil millones de pesos.
Esta situación y este modus operandi ya lo hemos vivido tanto en el gobierno de Uribe como en los gobiernos de Santos y Duque, también al final del gobierno de Gustavo Petro. Y las estrategias que esta poniendo en marcha Abelardo de la Espriella son las mismas que han fracasado durante los últimos treinta años. Se fijan como objetivos militares a los cabecillas de estas organizaciones criminales los cuales son dados de baja, hay una reacción de las estructuras armadas que tienen arraigo en el territorio quiénes ordenan un paro armado para lo cual disparan contra los comerciantes que no acatan la orden, queman buses y hostigan a la fuerza pública, amenazan a los transportadores y ordenan el cierre de escuelas, colegios y universidades, obligan a un confinamiento de la población que atemorizada y con miedo se recluye en sus casas.
Los gobernantes, recordemos a Juan Manuel Santos en el mes de enero del año 2012 que los entonces llamados Urabeños, hoy Clan del Golfo, decretaron un paro armado ante la muerte de Juan de Díos Usuga que fue abatido por la policía; la reacción fue decretar un paro armado que paralizó la región de Urabá, Córdoba, Sucre y Magdalena incluida la ciudad de Santa Marta. Santos ofreció garantías, llamo a no dejarse doblegar por los criminales, y como hoy hace Abelardo niegan o minimizan estas acciones criminales. Militarizan las ciudades, Abelardo ha ido más lejos con los sobrevuelos de los aviones Kfir y los helicópteros que por supuesto son inútiles en una guerra que se esta librando por otros medios y con otras estrategias. El resultado hoy es que el paro armado de 72 horas tiene paralizadas las ciudades de Santa Marta, Ciénaga, Fundación, suspendida la circulación por la troncal Caribe y la “normalidad” solo se recuperara mañana pues la organización criminal ha decidido que terminara el paro el viernes 25 de septiembre a las siete de la mañana.
Esta misma situación se presentó en el mes de mayo de 2022 cuando el gobierno de Iván Duque decidió extraditar a Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, hermano de Juan de Dios, y quien fue durante años el máximo jefe del Clan del Golfo. En aquella ocasión el paro fue de cuatro días y afectó a más de 60 municipios de 10 departamentos del país. Así que no es la primera vez que se presenta esta situación y tampoco es la primera vez que se aplican las mismas medidas que ya sabemos donde terminan. Muertos algunos de los jefes de estas estructuras armadas otros jefes surgen y relevan a los muertos, las actividades ilegales ligadas al narcotráfico, a la minería ilegal, a la extorsión y al control territorial continúan. Esas economías ilícitas además son fuente de empleo en sectores populares donde no hay otras actividades, pues el Estado sempiternamente ha estado siempre de espaldas a la economía popular y ligado solo a representar los intereses de los grandes conglomerados económicos y financieros y puesto sus recursos y actividades, a su servicio.
Se atribuye a Albert Einstein el dicho según el cual no se puede esperar un resultado distinto si siempre haces las mismas cosas. Esto es absolutamente cierto. Lo que hace el gobierno de Abelardo de la Espriella es lo mismo que todos los gobiernos han hecho y el fracaso esta a la vista. Gustavo Petro intento algo distinto, la negociación simultánea con todos los actores del conflicto armado, pero por diversas razones que hemos examinado en otros textos, tampoco logro quebrar las lógicas y los intereses de los actores armados. Sus logros fueron limitados en materia de orden público y algunas estructuras armadas se fortalecieron lo cual es evidente.
Desmantelar estas bandas supone un trabajo serio de inteligencia que ningún gobierno ha hecho, golpes certeros a sus finanzas, golpes a sus redes de apoyo y redes económicas, negociación con monitoreo estricto, y reglas claras, inversión social en aquellos territorios en que dominan esas estructuras armadas y cuando la negociación no sea posible confrontación para someterlas. Lo de Abelardo es mera y pura improvisación.
Abelardo regresa a lo que ya intentaron sin éxito todos los gobiernos desde Guillermo León Valencia hasta Iván Duque. Todos han fracasado y Abelardo también fracasará porque el showman está haciendo lo mismo que ya hicieron los otros. Abelardo lo hace como mal actor que es, quizás peor de lo que ya hicieron los otros presidentes, se pasea horondo entre los cadáveres de los insurgentes o de los miembros de las bandas armadas, ahora aparece con pistola al cinto recorriendo en medio de su guardia pretoriana de cientos de escoltas, militares y policías en las solitarias calles de Santa Marta o en las solitarias calles del centro de Cali. El efecto del show durará poco. El descrédito ya está asomando y será abrumador dentro de unos cuantos meses. No tengo la menor duda.
Pedro Santana Rodríguez, Director Revista Sur
Foto tomada de: El Colombiano

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