Bueno, pues en el programa televisivo que son las elecciones, los norteamericanos le han dicho a Trump, que había presentado estos comicios como un plebiscito sobre su persona, ¡Estás despedido! O como le dicen en España los patrones a los trabajadores reivindicativos: ¡a la puta calle!
Todavía, echando espuma por la boca, Trump ha dicho: si yo hubiera ido en las papeletas habría ganado. A la puta calle, Donald Trump. Aunque hay un dicho castellano preocupante que reza: para lo que me queda en el convento, me cago dentro.
Trump sigue dando susto, aunque da menos miedo. Recuerdan en el medio norteamericano Político que Trump puso de rodillas a grandes empresas, a universidades millonarias, a países aliados, y también a algún país adversario. Ese castillo del terror hoy va a dar menos miedo porque cada vez más gente va a ir abandonándolo (Canadá ya lo hizo). Los que donaron dinero, los que financiaron sus locuras (como el salón de baile), los que le dieron las gracias, hoy saben que han metido la pata y que, es probable, que tengan que rendir cuentas a la justicia porque donaron a cambio de prebendas. Todo se le va a poner un poco más difícil al trumpismo. Aunque, como conocemos la historia y sabemos que el presidente de los EEUU sigue manteniendo mucho poder, no nos podemos olvidar del susto, de toda la gente que aún le apoya, de los rotos permanentes que van a tardarse años en arreglar.
Con aún unas decenas de escaños por asignar, el resultado es contundente: 234 escaños demócratas frente a 139 republicanos en el Congreso. Cien escaños de diferencia. Y la mayoría de la cámara está en 218. Es decir, les sobran a los demócratas decenas de curules, algo que es importante porque los republicanos ya están intentando comprar votos de congresistas. En el Senado, 54 senadores demócratas contra 44 republicanos. La mayoría está en 51 escaños. Les sobran todavía tres. Y no nos olvidemos de Haley Stevens, la perdedora en las primarias demócratas contra El Sayed en Michigan -donde finalmente ganó ser el primer musulmán que llega al senado- que pidió finalmente el voto para el candidato republicano.
Lo más esperanzador de la victoria demócrata es que ha empezado la ruptura con la vieja guardia que era prácticamente reemplazable con los republicanos en sus objetivos principales. Donde no es menor poner en su sitio a Israel, un país de apenas 9 millones de personas que se ha convertido, con la dirección de Netanyahu y el apoyo de 2,5 millones de judíos sionistas, en el mayor desestabilizador del planeta. Hoy son mayoría los norteamericanos que están con Palestina y no con los sionistas.
La ventana que abrió Zohran Mamdani en Nueva York se amplía y un musulmán socialista, EL Sayed, gana en Michigan; la demócrata Keisha Lance Bottoms, una mujer negra, ha ganado la gubernatura del estado de Georgia; una mujer de origen latino y también progresista, Gina Hinojosa, ha ganado en Texas, igual que el predicador Talarico ha ganado la candidatura demócrata al Senado en ese bastión conservador. Deb Haaland, también del Partido Demócrata, ha ganado la gobernación del estado de Nuevo México, convirtiéndose en la primera mujer nativa americana en ser elegida gobernadora en la historia de los Estados Unidos. Razones para la esperanza. En California, Xavier Becerra, demócrata, ganó la gobernación, siendo el primer latino en ocupar el cargo en más de 150 años. Alexandra Ocasio-Cortez está más cerca hoy de ser la candidata demócrata en las elecciones de dentro de dos años.
Sin embargo, y con parecidos con la victoria de Lula, que, como dijimos, fue una victoria amarga, no hay que esperar que esta derrota de Trump cambie radicalmente las cosas. Es indudable que todo lo que haga Trump a partir de ahora va a estar más deslegitimado, pero no pensemos que todo el partido demócrata va a estar en contra de las decisiones desesperadas que tome. La bolsa no se ha resentido y solo caben problemas para las tecnológicas que han apostado por Trump, con Elon Musk a la cabeza, y a las que nadie les tiene ningún aprecio.
Decía que hoy todas las victorias de la izquierda son amargas. En Brasil hay 60 millones que votaron al delincuente de Bolsonaro (que encima les dejó colgados huyendo a EEUU con la ayuda de Milei, que se convierte en cómplice del delincuente prófugo), el número dos de Lula, Ackmin, es un neoliberal, perdieron las cámaras, tienen que negociar con los evangelistas). Sin embargo, no podemos perder de vista que es un freno al tsunami reaccionario que se estaba produciendo en toda América latina, que ha demostrado que se puede ganar a la derecha pese a todas sus trampas y que la resignación no sirve para nada.
Por tanto, no hay que renunciar a la alegría ni tampoco ser ingenuos y engañarnos. Al Partido Demócrata le han votado 57.896.391 norteamericanos (el 54.9%), mientras que a los republicanos lo han hecho 46.069.313 personas (el 43,7%). La abstención, normal en estas elecciones, ha sido del 53 % (en las generales participa en torno a un 10% más de electores). Por tanto, hay 46 millones de estadounidenses que les sigue pareciendo Trump una mejor opción que cualquier otra, que está lejos de los 77 millones que le votaron en noviembre de 2024.
El bofetón a Trump ha sido a través del partido demócrata. Y como recuerda el colombiano Víctor de Currea, fue Truman, demócrata, quien lanzó las bombas atómicas sobre Japón y llevó a EE. UU. a Corea; fueron Kennedy y Johnson quienes profundizaron la guerra de Vietnam; fue Clinton quien bombardeó Yugoslavia, un país que funcionaba mucho mejor que otros europeos; fue Obama quien desplegó en Afganistán más tropas que Bush, bombardeó Libia y multiplicó los ataques con drones, además de sancionar a Venezuela como un país de enorme peligro para los EEUU; y Biden, el afable Biden, fue cómplice de la destrucción de Gaza. Y por eso, termina el profesor colombiano, “confundir una victoria demócrata con una victoria de la paz es desconocer la historia. En Washington cambian los presidentes, no necesariamente los imperios”.
Los economistas dicen que en la derrota de Trump ha afectado obviamente la economía (hasta los economistas neoliberales tienen que ser a la fuerza algo marxistas). En Alaska, donde hace frío, no pueden pagar el precio del combustible, y tienen claro que sin la guerra contra Irán eso no pasaría. Los republicanos han perdido en estados golpeados por los aranceles (los aranceles se terminan trasladando a los precios) y también en los estados limítrofes con Canadá, empobrecidos por la confrontación absurda de Trump con su histórico social (sólo han ganado los republicanos en Idaho y en Montana). Los aranceles y la guerra han subido el precio del combustible y de los alimentos.
Pero, además, y como ocurre siempre, cuando el pueblo ve empeorar su situación económica, tolera menos que en el entorno de la corte se enriquezcan los cortesanos. Y no solamente se han enriquecido Trump (oficialmente 2200 millones más rico desde que entró en su segundo mandato; inoficialmente, 4000 millones de dólares), sino que también se ha enriquecido su familia y sus amigos, principalmente con las cripto monedas (donde unos pierden y otros ganan) y con el petróleo, además de inmuebles, tecnología o campos de golf). Siete de cada diez norteamericanos han afirmado estar preocupados por la corrupción. Mientras que Trump se jacta de cómo se enriquecen sus amigos gracias a él.
¿Qué va a pasar ahora? En los medios conservadores, Trump ya es un pato cojo, un perro muerto, un cadáver andante. Exageran, pero algo de eso hay. Dicen en el diario español El Mundo: “Dentro del universo MAGA hay frustración y cada vez más dicen en voz alta que se ha perdido una oportunidad histórica, una ocasión que aparece sólo una vez cada varias generaciones. Trump había logrado aglutinar una coalición imposible entre los hombres más ricos del mundo, las figuras más importantes del mundo tecnológico, los evangelistas, parte del movimiento libertario, los rednecks, los adeptos a las conspiraciones, los insurreccionistas, los agotados de lo woke, los enfadados por la gestión de las fronteras, los hundidos por la inflación, los más irritados por las cuestiones identitarias y las guerras culturales. También los que simplemente se cansaron de la política tradicional y se divertían con el presidente más extravagante de la época contemporánea. Hasta los latinos se pusieron de su parte. Pero esa coalición no parece que haya resistido bien la guerra de Irán, los delirios de grandeza, la corrupción desaforada, el enriquecimiento de Trump y su familia y los aranceles”. A lo que añadimos la persecución de los latinos por el ICE y las mentiras en torno a los papeles de Epstein.
Es muy probable que el fracaso interior lo quiera solventar Trump con aventuras internacionales, en las que encontrará apoyo de parte del partido demócrata. Hay que esperar un recrudecimiento del enfrentamiento con Irán pero solo como excusa para encontrar algún acuerdo que puede ayudar a Trump a salvar la cara tras el que, quizá, sea el gran error político -que no moral- de su legislatura. Es muy probable que se recrudezca el ataque a México, reforzando los ataques jurídicos contra políticos mexicanos, siempre con la voluntad de debilitar a Claudia Sheinbaum y hacer al país más dependiente. Es muy probable que se incremente igualmente la dependencia de Venezuela de los EEUU, haciendo indestructibles los acuerdos económicos, porque Venezuela es el único trofeo que Trump puede exhibir sin que se rían de él. Trump piensa que su legado será devolver a América a los norteamericanos y esa tarea se va a intensificar y no va a encontrar frenos en el partido demócrata. Y también por eso es muy probable que se refuerce la sumisión de los países del Escudo de las Américas, como ha hecho con Colombia vinculando cualquier venta de minerales raros a terceros países a la autorización norteamericana.
Hoy el mundo decente ha sonreído, al igual que el mundo sensato se ha preocupado, sabiendo, como dice la tercera ley de Newton, que toda acción produce una reacción. Que haya menos miedo, que cambie el partido demócrata, que se recupere un mundo basado en reglas, que la extrema derecha tenga hoy en el mundo menos fuerza, que los que le han plantado cara a Donald Trump tengan hoy un poco más de razón son buenas noticias. No lo son saber que la bestia herida que es Trump va a dar, moribunda, zarpazos.
Juan Carlos Monedero
Foto tomada de: El País

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