Los Estados federados o autonómicos están próximos a una idea del mundo desde las regiones, pero no Colombia, así la reglamentación de la Nueva Ley de Competencias aumente al 40% las transferencias de la nación a los territorios, con énfasis en salud, educación y acueducto, porque es tal el desequilibrio social y regional que cientos de municipios tienen déficits parciales o absolutos de agua potable.
De haberse asignado bien los recursos desde la nación y no mal gastado en los territorios, los rezagos de los servicios básicos no serían hoy un problema, y los sistemas de salud y de educación serían otros en términos de calidad, cobertura y acceso. Hace bien el gobierno progresista de llevar escuelas, colegios, universidades, puestos de salud, hospitales, mejorar aeropuertos y puertos, y construir vías terciarias en los territorios olvidados.
El agotamiento de la descentralización ha profundizado la corrupción mediante la captura de recursos que la nación le transfiere a los territorios, los cuales se distribuyen entre políticos, contratistas que se dicen empresarios, alcaldías y gobernaciones. Son clústeres de la contratación pública y de la corrupción, donde el producto de los grandes negociados, se vinculan a cadenas globales para invertir más allá de las fronteras de Colombia y así borrar la evidencia.
Es la manera como se reproducen los recursos públicos en los territorios bajo el engaño de una democracia representativa, porque una vez los “representantes” de la oposición son elegidos por el pueblo, del pueblo se olvidan, por eso lo han mantenido sin educación, con pobreza, humillado, violentado e inmovilizado. Es la razón por la cual las economías ilegales surgen, expanden, la informalidad crece y la violencia no descansa.
La descentralización en el manejo de los recursos no ha traído ni desarrollo ni abatimiento de las desigualdades que han llegado a un punto de no avance porque los procesos de acumulación se han concentrado con un neoliberalismo rentista, especulador, corrupto y cortoplacista que nada aporta a la productividad y a la equidad, y que son construcciones de muy largo plazo.
La geografía del futuro está por pensarse
Según Restrepo Darío y Álvarez de la Misión de Descentralización[1], tenemos una distribución espacial o territorial de la inequidad, donde: a) de la nación respecto de los territorios; b) la capital de la república; c) la región centro andina que construyó sus márgenes y fronteras de desarrollo respecto a las periferias; d) el pentágono de oro de las capitales y áreas metropolitanas (Bogotá y municipios de la Sabana de Bogotá, Medellín y el Valle de Aburrá, Cali y Yumbo, Barranquilla y Soledad, y Bucaramanga con sus municipios vecinos); e) las enormes diferencias dentro de cada departamento; y f) nuestras ciudades, las más desarrolladas que generan profunda segmentación y fragmentación socio territorial (Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Cartagena y Bucaramanga).
Esta distribución de las regiones es de los años de industrialización anterior a la era neoliberal inaugurada en 1991. No hay cambios y más bien concentración de las desigualdades, porque el modelo de crecimiento no es capaz de mostrar una reconfiguración de la geografía territorial, pues siguen siendo los mismos, solo que más grandes, más modernos, pero no más avanzados, más bien más rezagados si los comparamos con regiones y ciudades de otros países que han desarrollado sus sistemas de producción, educación e innovación, y crecido como culturas.
De esta manera, con una industrialización neutralizada y poco extendida, y deficientes políticas nacionales, han dejado de lado muchos territorios, en cantidad y extensión, conformando periferias sometidas, olvidadas, discriminadas y atrasadas, solo valoradas por el primer gobierno progresista.
Los territorios rezagados constituyen los bordes internos y externos de las ciudades capitales, los municipios más alejados de las capitales, y los territorios de aquellas periferias que ni siquiera tienen senadores ni representantes en el Congreso de la República, ni un ministro ni un director de alguna agencia del Estado.
Los habitantes de las periferias están ahí para la expansión de actividades ilícitas, expansión de los latifundios, y de quienes se lucran con la deforestación de millones de hectáreas sin que el Estado, de mirada corta y reducido alcance, los considere y atienda, cuando son el futuro observado desde el desarrollo sostenible, y como nuevos de la economía de la innovación en la reindustrialización.
Una informalidad y una ilegalidad que supera la economía formal es un fracaso político y del modelo de crecimiento del mercado, que parece eterno, sin respuestas y letal.
Aludo a las periferias en los departamentos con las economías más grandes, y a los departamentos considerados como periferias: Guajira, Cesar, Norte de Santander, Arauca, Casanare, Vichada, Guaviare, Caquetá, Amazonas, Putumayo, Nariño, Cauca, Chocó, la región del Magdalena Medio, el corredor del Pacífico poblado por afrodescendientes, a toda la longitud de la Amazonía y de la Orinoquía, y otros corredores que integran las zonas litorales del Pacífico con las regiones andinas.
Sin embargo, para las periferias el desarrollo se torna lento, tal vez imposible, y las condena al olvido, al sometimiento, a la discriminación y la violencia, con escasas oportunidades según las asigne el poder económico y político. Por eso la movilidad social es escasa, ocurre de manera excepcional, y más bien parece que nunca llegará.
Pensar que el desarrollo se irrigará de los territorios relativamente avanzados a los más atrasados, es mentira, pues ya lo habrían hecho. Nunca ocurrirá, porque todo está concentrado, reconcentrado y ultra concentrado, por lo cual el desarrollo productivo de Colombia es lento, detenido en el tiempo, puesto que en 31 años no tuvo políticas para desarrollar la economía y la innovación, ni brindar una educación que cierre brechas en conocimiento y amplíe las oportunidades con la reindustrialización. A Colombia las revoluciones tecnológicas le pasan por el frente y se detienen solo para mostrar sus productos en las vitrinas, pero no para crear, innovar, producir y exportar.
El traslado de más recursos a los territorios a través del Sistema General de Participación (SGP), no garantiza que se harán más y mejores inversiones, porque se ha creado una cultura y una economía de captura de lo público amparado por la justicia y por un sistema electoral anclado en la compra de votos, con lo cual la conciencia ciudadana se diluye, pues hay una escasa apropiación de los derechos políticos.
Reindustrialización y revolución de los territorios: agenda mínima
- La principal política de desarrollo es la política nacional de reindustrialización (PNR). En ella tienen cabida todos los territorios para conformar sistemas de producción intra e interregionales, que deben estructurarse a partir de acercamientos, lecturas y concertaciones en una segunda etapa de la reindustrialización.
- Las apuestas estratégicas de la PNR (agricultura, salud, energía, movilidad sostenible y defensa) deben convertirse en grandes misiones, y definir en qué tipo de misión caben las industrias digitales, la electrónica y la IA. Todas las misiones deben pensar en términos de un desarrollo sostenible necesario, posible e inaplazable, donde los territorios más avanzados pueden multiplicar oportunidades productivas, investigación e innovación, que son capacidades que también debe construirse en las periferias en los siguientes largos años.
- Articular la PNR con las políticas de ciencia, tecnología, innovación y educación, con el fin de lograr la convergencia entre producción, investigación y territorios, y que dé espacio a la multiplicación de nuevos emprendimientos innovadores.
- Los espacios de la innovación y de la investigación hay que volverlos a poner en la mesa de discusión y de construcción del futuro. Colombia dejó pasar, por culpa de la economía de mercado y de la dependencia, la oportunidad de desarrollar territorios del futuro: ciudades o distritos de la tecnología, de la innovación, de la ciencia, los parques tecnológicos, las zonas francas tecnológicas, las incubadoras de empresas, y tantos desarrollos que surgieron en el siglo XX y comienzos del siglo XXI, para impulsar las tecnologías digitales y las industrias y servicios de alta tecnología. Solo en Pasto, aludiendo a las ciudades de las periferias, hay dos zonas de la ciudad que pueden ser unos distritos de la cultura, de la innovación y de la tecnología, porque los componentes de base ya están ahí. El paso siguiente es darles concepto, plan y financiación público privada.
- Evaluar y fortalecer los ZASCA.
- Crear los CRIIEE (centros regionales de innovación, industria y emprendimiento) en los territorios de la periferia. Cuatro años perdidos porque el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación nada supo hacer con ellos, tal vez porque la inspiración venía de una ministra de Ciencia del gobierno de Duque.
- Desarrollar economías regionales donde el extractivismo fósil ha dejado tanta destrucción: región del Magdalena Medio, Cesar y la Guajira, y Putumayo.
Colombia no le perdonaría al progresismo otros cuatro años como los que hemos tenido, por culpa de la oposición y de los poderes legislativo, judicial, económico y tecnocrático. Tiene que cohesionarse, porque debe responder a las multitudes que en ellos y en ellas cree y que posiblemente le den el triunfo en primera vuelta. Debe abrir puertas y sumar capacidades para gobernar y no repetir la historia de traiciones y errores de la primera aventura.
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[1] Restrepo D.I y Diego Álvarez D. Cinco frentes para dejar de ser uno de los países más inequitativos del mundo. Revista Foro. # 118. 2026
Jaime Acosta Puertas
Foto tomada de: ivancepedacastr en instagram

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