• Desde el sur
  • Sur global
  • El sur posible
  • Archivo Revista Sur
  • Video
  • ESPECIAL SOBRE BOGOTÁ
  • SUR COOPERANDO

Corporación Latinoamericana Sur

  • INICIO
  • NOSOTROS
    • Quienes somos
    • Qué hacemos
    • Nuestro Equipo
  • TEMÁTICAS
    • Participación y cultura política
    • Paz, Desarrollo Social y Postconflicto
    • Jovenes
    • Victimas
    • Salud
    • Derechos humanos
    • Democracia y ciudadania
    • Ciudades Equitativas – Territorios Equitativos
  • Publicaciones
  • Contáctenos

La guerra, una excusa para enriquecerse

21 septiembre, 2026 By Pepa Úbeda Leave a Comment

PDF
Imprimir
En el ejemplar de septiembre de Le Monde Diplomatique en español, aparece un artículo titulado «¿Una Alemania lista para la guerra?». En su entradilla, podemos leer: «Hasta el momento presente, Alemania dejaba que Francia reivindicara la supremacía militar y diplomática. Pero ese compromiso ha quedado atrás. Desde la invasión rusa de Ucrania, Berlín reestructura su economía, militariza su industria y mima a Rheinmetall, su mercader nacional de cañones. Este gran rearme margina a París y trata con miramientos a Washington. Porque, pese a los desaires de Donald Trump, Alemania confía que Estados Unidos le subcontrate la dirección europea de la Alianza»1.

¿Se entiende ahora el silencio sepulcral del presidente del Gobierno alemán, sentado junto a Trump en la Casa Blanca, cuando este amenazaba a Europa?

Llevamos un tiempo en que un buen puñado de Estados argumenta que es necesario armarse para defenderse; algunos, incluso, ofrecen su industria armamentista. Sin embargo, no especifican claramente en qué consiste esa defensa. Resulta paradójico el caso de los Gobiernos europeos frente a Rusia, pues la castigan, pero siguen casi acaparando su gas. Hay más ejemplos como ese.

En cualquier caso, las armas suelen «desembocan» en guerras. ¿No será el objetivo último que nuestros impuestos paguen unas armas que enriquecen a sus fabricantes? ¿Por qué nos dejamos engañar por nuestros Gobiernos, que nos sugieren comprar armas para defendernos? ¿Está la industria armamentista exigiendo su «derecho de pernada» capitalista? ¿Quieren equipararse en riqueza a los señores «tecnofeudales»?

Emoción versus razón

El cartesianismo nos impuso que la razón es superior a las emociones. Sin embargo, nos sentimos muy atraídos por lo incierto, porque el espíritu utiliza la imaginación para jugar con el azar y el destino.

En el caso de la guerra, esta se ocupa de fuerzas materiales y morales que le permiten actuar en el ámbito de lo desconocido, llenándolo de un valor y una confianza esenciales para conseguir la eclosión de la guerra.

La guerra es un medio arduo para llegar a un fin —la política— también arduo

A la guerra le gusta lo azaroso, pero no es un juego de azar, sino un medio que pretende conseguir un fin intrincado, y «salta a la palestra» cuando se presenta una situación política apta basada en intereses económicos que necesitan la política como «brazo ejecutor» para conseguir sus objetivos.

Tras los múltiples y variados conflictos políticos que se desarrollan en el mundo, la imposición de la voluntad de uno de los bandos requiere de una industria armamentista que respalde a atacante y resistente. Pero la guerra no es una acción entre fuerzas distintas que se resuelve en un solo acto ni tampoco se desarrolla regular y uniformemente, porque quien declara la guerra pretende vencer la resistencia del oponente, que utiliza la inercia y las fricciones para debilitar al atacante. Por tanto, la fuerza que aplique el atacante impulsará un gasto energético que incidirá en su agotamiento más o menos rápidamente. En cualquier caso, la duración en una guerra está asegurada y depende del ataque y la resistencia que apliquen sus protagonistas.

Con todo, si bien la guerra es un medio al servicio de un fin político, este está obligado a adaptarse a los medios bélicos con los que cuenta. Recordemos que Trump ha tenido que interrumpir varias veces sus ataques a Irán porque se ha quedado sin un tipo de armas necesarias para castigar a su enemigo. Asimismo, la naturaleza política de una guerra puede alterarse y ejercer su influencia sobre los conflictos bélicos.

Conviene insistir, pues, en la naturaleza instrumental —no política— de la guerra y en compartir con otros instrumentos la gestión de las relaciones políticas.

La diversidad bélica

Depende de la naturaleza de las circunstancias políticas, que, a su vez, dependen del sistema económico en que se producen.

Cuanto más importantes y de mayor entidad sean los motivos bélicos, cuanto más afecten a los intereses vitales de los pueblos, cuanto mayor sea la tensión que preceda a la guerra, con más empeño se tratará de derribar al adversario. Por eso tienden a confundirse el objetivo bélico y el fin político, pero la guerra es un instrumento político, no un acto independiente.

¿Cómo es posible que, en un hecho bélico, de repente y solo en apariencia, se combinen una serie de elementos para estallar a continuación? Ocurrió en Yugoslavia tras la muerte de su presidente, Tito. Para comprenderlo, debemos tener claro que toda guerra es una combinación del poder primordial de sus elementos, del odio y la enemistad que pueden mirarse como un ciego impulso de la naturaleza, de la caprichosa influencia de la probabilidad y el azar, y de la subordinada naturaleza de un instrumento político.

¿Cuál es el fin de la guerra y con qué medios cuenta?

La naturaleza de una guerra y su mutabilidad dependen de las fuerzas militares, el país y la voluntad del enemigo. No obstante, una guerra no implica una solución completa y definitiva ni un final seguro. Paradójicamente, es la paz la única que puede consumar el objetivo político y cerrar el conflicto bélico.

El aniquilamiento de las fuerzas contrarias, finalidad primordial de toda guerra, es progresivo; también la conquista del territorio. Sin embargo, dejar inerme al adversario no es lo habitual ni tampoco la condición necesaria para la paz. De hecho, incluso la desigualdad de fuerzas físicas entre oponentes podría alcanzar una magnitud susceptible de ser compensada por fuerzas morales. Es lo que ocurre en Palestina: el genocidio israelí no consigue aniquilar la fuerza moral de los palestinos.

Los objetivos políticos pueden variar tanto a lo largo de una guerra que, al final, sean completamente distintos de los propuestos al principio, porque están determinados por los resultados y por la probabilidad de los acontecimientos.

Tampoco debemos obviar que un atacante, frente a los cambios que se producen a lo largo de una guerra, aunque tenga como objetivo derrotar al adversario, termine convirtiéndose en derrotado si no lo aniquila ni conquista sus territorios. Les ocurrió a Napoleón y Hitler en Rusia.

El poder de la resistencia

El desgaste del contrario es fundamental, pero requiere de una acción constante para agotar las fuerzas físicas y la voluntad del enemigo. Conseguirlo depende del despliegue de fuerzas y de la capacidad de resistencia del atacado. En Vietnam y Afganistán, por ejemplo, al agresor le costó someter al agredido porque presentaron una resistencia que restó fuerzas al contrario y lo obligó a desistir de su intento. Se está repitiendo en Irán. Por tanto, las actitudes ofensiva y defensiva son fundamentales en un conflicto bélico.

Todo propósito bélico basado en la resistencia implica la reunión de todos los medios que la favorezcan para conseguir ser superiores a la acción ofensiva del enemigo. Si acumulan la suficiente energía, la lucha se dilatará en el tiempo y mermará las fuerzas del atacante hasta llevarlo a un punto tal de desgaste que, al final, abandonará la empresa.

Dentro de la resistencia, la personalidad y las fuerzas moral e ideológica del líder juegan un papel importantísimo, porque acaban impresas en los soldados.

La lucha bélica

Es una estructura organizada de forma compleja y a distintos niveles: como objeto y sujeto, como determinación y ordenamiento de combates, como creación del ejército, como utilización del armamento adecuado…

La lucha bélica se encamina al aniquilamiento del contrario y de su capacidad de combatir, y la destrucción de las fuerzas enemigas es la finalidad del combate, que puede ser muy variada: destrucción de los medios del enemigo, ocupación de su territorio, usurpación de sus riquezas…  No solo se enfrentan dos ejércitos, sino también dos Estados, dos pueblos, dos países… O dos grupos formados por varios ejércitos, Estados, pueblos y países…

Sin embargo, el aniquilamiento de las fuerzas contrarias no tiene por qué ser un fin; también puede ser un medio. Asimismo, destruir las fuerzas enemigas no tiene por qué referirse a un aniquilamiento físico; puede ser moral y, por tanto, más profundo. Ahora bien, este último puede resultar tan costoso que fracase el objetivo general y, por tanto, le ocasione al agresor mayores perjuicios que beneficios. Este último caso me recuerda las guerras del opio entre la Gran Bretaña colonizadora y el Imperio chino. Los británicos consiguieron vencerlo gracias a su superioridad técnica y hundirlo durante casi un siglo. Sin embargo, ha renacido de forma brillante y se ha convertido en la máxima potencia mundial.

___________________________

1Tomado literalmente de Le Monde Diplomatique en español.

Pepa Úbeda 

 

FacebookTweetLikeShareLinkedInEmail

Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

Deja un comentario Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sur Global

BRICS: Un movimiento no alineado más poderoso

21 septiembre, 2026 By  Uroš Lipušcek Leave a Comment

Entre el Estado-USA Inc. y el Estado-Partido de China

21 septiembre, 2026 By Boaventura de Sousa Santos Leave a Comment

Pensar una economía antifascista

21 septiembre, 2026 By Isabella Weber Leave a Comment

El Sur posible

Ideas verdes

3 abril, 2019 By Carolina Corcho 2 Comments

Suscribirse a la Revista Sur

VIDEO RECOMENDADO

Fue archivado el proyecto de Ley 010 de Reforma a la Salud

https://www.sur.org.co/wp-content/uploads/2021/05/VID-20210519-WA0024.mp4

Dra. Carolina Corcho Mejía, Presidenta Corporación Latinoamericana Sur, Vicepresidenta Federación Médica Colombiana

TEMÁTICAS

  • Participación y cultura política
  • Paz, Desarrollo Social y Postconflicto
  • Jovenes
  • Victimas
  • Salud
  • Derechos humanos
  • Democracia y ciudadania
  • Ciudades Equitativas – Territorios Equitativos
  • Publicaciones

Ultimos articulos

  • El showman Abelardo ahora con pistola al cinto en Santa Marta
  • Balance fiscal insostenible
  • Tres movimientos contra un mismo tribunal: ¿Qué está pasando con la Jurisdicción Especial para la Paz?
  • Santa Marta: de la paz total, a la guerra total
  • ¿La ruralidad en disputa? Entre el sujeto sociocultural y el espejismo del emprendimiento

Etiquetas

Acuerdo Agro Amnistia Brasil Cambio Climatico Campo Catalunya Ciencia y Tecnología Conflicto Colombia Corrupción crisis capitalismo Democracia Derechos Humanos Economía Ecuador Educación Elecciones Colombia ELN España Fast Track Iglesia Justicia Justicia de paz Medio ambiente Mineria Negociación Neoliberalismo Papa Participación Paz PND Pobreza Politica Politica EEUU protesta social reforma Reforma tributaria religión Renegociación revolucion salud Terrorismo Trump Venezuela Victimas

Apoyo SUR

Buscar

Director: Pedro Santana

 

 

 

Copyright © 2026 Todos los derechos reservados - Corporación Latinoamericana Sur ·