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Elecciones en tierra izquierda. La tercera onda progresista. Colombia 2026-2029. Parte XI.

18 mayo, 2026 By Miguel Ángel Herrera Zgaib Leave a Comment

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¿Voto castigo con Daniel Zovatto?

“América Latina atraviesa un giro político sostenido hacia la derecha. Entre 2022 y los primeros meses de 2023, las seis principales economías de la región estaban gobernadas por fuerzas de centro izquierda o izquierda. Sin embargo, 14 elecciones presidenciales celebradas en los últimos tres años reconfiguraron el mapa político regional.” Daniel Zovatto, Voto castigo un giro de AL a la derecha en este 2026, en: ET, 3/5/26, p. 1.17.

 

Daniel señala en su artículo, que “El punto de inflexión se produjo en 2023 con los triunfos de Santiago Peña en Paraguay, Daniel Noboa en Ecuador y la irrupción de Javier Milei en Argentina.”[1]En América Latina establece un quiebre de la tendencia progresista que arrancó con el triunfo de Hugo Chávez en 1999 que se extendió al año 2023, cuando según él se produjo el voto castigo, y el quiebre hacia la derecha.[2]

Sin embargo, su afirmación es contraevidente, en parte, porque como él lo reconoce, durante 2024, hubo tres triunfos progresistas en América Latina. Uno de marca mayor, en México con Claudia Sheinbaum de Morena, el sorprendente triunfo de Bernardo Arévalo en Guatemala,[3] y Yamandú Orsi, continuador del legado del extupamaro Pepe Mujica, en el Uruguay.

Mientras tanto, con los nuevos triunfos de 2024, seguían los gobiernos de Gustavo Petro y Lula, que yo alineo con el primer gobierno de Morena en México, como la expresión de un tercer momento del progresismo latinoamericano que involucró un aprendizaje y un consecuente aprendizaje, esto es, la corrección del desarrollismo que pretendía quebrarle el espinazo a la vulgata económica neoliberal, centrado en buena parte, en la explotación de los recursos minerales estratégicos, que gozaron de buenos precios, sin tener en cuenta los desastres ambientales y la dependencia del mercado global de signo capitalista, con sus caídas y manipulaciones cuasi discrecionales del capital financiero transnacional.

Brasil y Colombia vuelven a tener elecciones este año 2026. Claro está, si atendemos a las últimas “verdaderas” encuestas, con mayores probabilidades de triunfo en Colombia con Iván Cepeda, en la primera vuelta, porque se mantiene puntero hasta hoy.[4] Es posible que Lula, con quien crece Brasil, repita su triunfo, enfrentado con el vástago de Jair Bolsonaro, quien fue condenado y encarcelado por su intento criminal de impedir a todo costa la posesión de Lula, con la alegación de fraude sin pruebas.

No deja de ser cierto, como lo señala Zovatto, que la derecha y la reacción sumados superaron en triunfos al progresismo (de izquierda) en 2024. Llegaron a 11 gobiernos, con José Raúl Mulino en Panamá, Luis Abinader en República Dominicana, y, el más notorio de todos, por sus efluvios dictatoriales, antiliberales, Nayib Bukele en El Salvador.[5]

Luego, en 2025, se añadieron a esta destorcida parcial contraria a la tendencia democratizadora progresista cuatro nuevos triunfos. Contra las fallas reformistas de Boric, reacio a variar la matriz económica neoliberal, y duro con la subversiva resistencia Mapuche, triunfó José Antonio Kast, heredero tardío del pinochetismo en Chile. La reelección del joven potentado guayaquileño Noboa en Ecuador, contra quien no fue de nuevo posible una coalición entre el correísmo y la corriente de izquierda indigenista.

Los otros dos, los nuevos presidentes de Bolivia y Honduras, reemplazaron a figuras de izquierda con matices, el ala moderada del Mas, proclive al neoliberalismo, y en el caso de Honduras, incapaz de encontrar una propuesta económica viable, y un ajuste de cuenta con la poderosa tendencia reaccionaria que junta a narcotraficantes con terratenientes y grandes comerciantes.

En cualquier caso, el progresismo, en su tercera etapa, en el giro económico que cuestiona la hegemonía neoliberal en el subcontinente, orienta el 70 por ciento del PIB regional en cabeza de la tripleta de Brasil, México y Colombia. Constituyen las trincheras y casamatas en la guerra de posición que vienen librando, no sin vacilaciones contra el bloque neoliberal reaccionario, aún no derrotado, aunque con estertores agónicos desde 1999.

¿A qué obedeció este giro extremo?

“La cuestión central no es solo si la derecha seguirá avanzando o si la izquierda logrará contener ese impulso.” Daniel Zovatto, op cit, 3/5/26.

No hay duda, en primer lugar, a fallas estratégicas en la disputa hegemónica integral, advertidas en la segunda etapa de la onda progresista de corte democratizante. Porque, con algunas excepciones, no tomó clara distancia del régimen neoliberal en lo económico, cuando sufrió los avatares de la caída en los mercados de las materias primas.

Como resultados visibles, palpables durante la segunda “marea rosa”, -así la interpela el escrito de Zovatto -, vivió enseguida el aumento de la inseguridad;[6] la caída del poder adquisitivo de la población pobre y estratos de clase media, afectada por el incremento del desempleo.[7] Sumado el incremento de la corrupción que se destapó por los medios controlados por el gran capital, que señaló a los gobiernos progresistas criticados por sus rivales tanto estructurales como electorales,  amplificando tales dilemas que afectaban la gobernabilidad de sus sociedades civiles.[8]

En adición, con el cuadro anterior de variables estuvo la injerencia directa del gobierno de Donald Trump, que interviene activamente en las elecciones de Honduras y de Argentina. Al mismo tiempo que mantuvo la amenaza de intervenir en Cuba, y antes en Colombia. Después de que lo hizo con comandos especiales en Venezuela, “extrayendo” impunemente a la pareja presidencial de Nicolás Maduró y Cilia Flores.

Esta fue, se sabe hoy, una acción que tuvo efectiva colaboración interna, que permitió asaltar el fuerte Tiuna, residencia presidencial provisional, donde fueron masacrados 30 cubanos que eran parte de la guardia presidencial, asaltados en la madrugada, en medio de la oscuridad, y el bloqueo informático. Tal simulacro sangriento se tradujo en el nuevo protectorado al norte de Suramérica, al cuidado de las más ricas reservas de petróleo, y de otras materias primas, entre ellas el coltan, el hierro, y tierras raras aún inexplotadas.

El mismo día de la “extracción”, empezó el gobierno provisional de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, secundada con el establecimiento militar por Diosdado Cabello, con la renuncia del general Vladimiro Padrón, a los pocos días del golpe “blando” contra el chavismo antiimperialista. A la fecha, la estrella de Diosdado, héroe en el rescate de Chávez, en la intentona de golpe durante su primera presidencia, comienza su descenso progresista, cuando se desempeña como ministro del interior del nuevo gobierno. Este deslustrado debut ocurrió en la corriente semana.

La destorcida del gobierno del protectorado, bajo la dupla Rodríguez/Cabello es la acción “administrativa” interpuesta a petición estadounidense: extradición express de Alex Saab, una figura fundamental en la última etapa de la gestión económica del chavismo extractivista, bajo el comando de Nicolás Maduro.[9] Fue su ministro de industria y producción hasta caer en desgracia bajo el proconsulado de Delcy Rodríguez.

Diosdado Cabello dijo, que la extradición obró por vía administrativa, porque tenía una cédula falsificada, y lo requería el gobierno Trump. La verdad es que Venezuela prohíbe la extradición de sus ciudadanos. Luego, había que “defenestrar” al más notable colombiano integrado al gobierno chavista desde la agonía del comandante Chávez, para poder hacer efectiva esta traición. Ahora Saab está en espera de cargos en las cortes federales de la Florida.

Este es un colofón representativo, que se cierra ahora con la farsa electoral que vuelve a protagonizar el establecimiento reaccionario estadounidense con dos episodios de carácter injerencista en América Latina. Uno es la advertencia del senador republicano por Ohio, Bernie Moreno, que conmina al gobierno colombiano, a prevenir fraudes en la elección del 31 de mayo, a riesgo de intervenir en los resultados electorales, cuando él es parte de la delegación internacional que vigilará los escrutinios presidenciales.[10]

El otro es el inicio de una causa criminal contra Raúl Castro, un indictment por ser responsable de la muerte de cuatro ciudadanos cubano americanos, quienes iban en dos avionetas que incursionaron en la zona de seguridad de Cuba, y fueron atacados por unidades de la fuerza área. Aquellos aducían una acción de rescate, en la organización asentada en Florida, parte del exilio cubano, Hermanos al rescate, que intentaron realizar operaciones contrarias al gobierno revolucionario en el año 1976.

En Cuba, hay acuartelamiento y preparación para acción invasoras y operaciones que repliquen lo hecho impunemente en Venezuela. Colombia, en particular, ha rechazado de plano cualquier insinuación intervencionista como la especie difundida por el senador Bernie Moreno, a quien, sin embargo, no le ha sido prohibida su presencia en el proceso electoral presidencial en curso, a 10 días de los comicios de la primera vuelta, donde es muy probable el triunfo de Iván Cepeda, cuando las simpatías del exilio cubano, y del establishment estadounidense tiene inclinación manifiesta, y favorecimiento de la dupla reaccionaria, que ha sido muy activa en el inmediato pasado tanto en la Florida como en Washington, en tareas de desprestigio de la administración de Gustavo Petro.

(continuará)

__________________

[1] Zovatto, Daniel, en ET, 3/5/26, 1.17.

[2] El analista emplea la expresión “derecha”, cuando en realidad estamos de modo general en presencia de un triunfo de la reacción política.

[3] Con el apoyo de las comunidades indígenas organizadas, quienes esta vez sí participaron en la política institucional guatemalteca, por decisión unánime de sus autoridades tradicionales, que no lo habían hecho nunca antes en la convulsionada y sangrienta historia del largo siglo XX.

[4] Así lo registra la encuesta de Invamer, que muestra como la dupla Cepeda/Quilcué duplica su diferencia contra sus rivales más cercanos, Paloma y Abelardo, quienes son parte integral del bloque reaccionario, alma del partido de la guerra. Ellos tienen como estrategia al cierre de la primera vuelta, dizque enfrentarse públicamente para movilizar al electorado indeciso e independiente, aupado por la campaña mediática contraria al candidato puntero.

[5]

[6] Que proyectó a la figura extrema de Nayib Bukele con su estado panóptico de nuevo tipo, que retrotrajo a El Salvador a la fórmula anacrónica de la sociedad disciplinaria, poniendo a “buen resguardo” a más de 60.000 cuerpos, con la leyenda negra de los subalternos integrantes de la mara salvatrucha, congraciándose con la notoria deriva reaccionaria del segundo gobierno Trump.

[7] Notabilísima en los casos de Ecuador y Honduras.

[8] Tal fue el caso del vicepresidente Glas, eliminado de la contienda electoral, y extraído de la sede de una embajada por la fuerza en la ciudad de Quito. Comienzo de una escalada intervencionista extranjera, que se tradujo en la acción militar de comandos especiales en Venezuela.

[9] Gestionó su liberación, cuando se encontraba a punto de ser procesado en las cortes estadounidense, luego de la extradición ilegal efectuada en Cabo Verde, cumpliendo órdenes de Interpol.

[10] Moreno ya estuvo en las elecciones de congreso y acreditó su legalidad y validez en los resultados producidos.

 

Miguel Ángel Herrera Zgaib, Ph D. Grupo PyP, IGS Colombia.

Foto tomada de: aida_quilcue en Instagram

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