Estos datos son mediocres. En Colombia, entre 2000 y 2019, antes de la pandemia, el crecimiento promedio del PIB fue de 3,9%. Entre 2022 y lo corrido del 2026 el promedio ha sido de 2,9%.
Se podría decir que la economía ha sido resiliente porque ha tenido que enfrentar los siguientes choques complicados: (i) La crisis energética. (ii) La situación fiscal y el peso de la deuda. (iii) La ineficiencia en el manejo del gasto. (iv) Las tensiones entre el gobierno y el sector privado.
Las manifestaciones de la crisis energética son diversas. La más significativa es la agudización del déficit de la balanza comercial. En el 2011, en plena bonanza petrolera el superávit comercial fue de USD5.358 millones. Al terminar el 2025 fue negativo en ‑USD15.204 millones. La exploración petrolera se frenó, y actualmente la producción no supera los 750 mil barriles diarios. La financiación de la transición energética, y la estabilidad de la balanza de pagos exige incrementar la producción, hasta llevarla a un millón de barriles día.
El déficit de la balanza comercial muestra claramente que la economía tiene una fragilidad estructural. El país es importador, y esta dependencia de los productos extranjeros termina reflejándose en un menor crecimiento del PIB. La situación se ha agravado en los últimes meses porque el peso se ha apreciado y el dólar ha bajado de precio. Si el dólar es barato las importaciones se aceleran, y esta dinámica perjudica a la industria nacional.
La difícil situación fiscal del gobierno nacional se está reflejando en aumentos sustantivos de la deuda pública. De acuerdo con los últimos cálculos del Ministerio de Hacienda para el 2026 se requieren desembolsos de créditos por valor de $128,4 billones[1]. El pago de intereses, sin amortización a capital, este año será de $60,7 billones, que reducen la disponibilidad de recursos para inversión. Esta situación incide de forma negativa en la economía, puesto que por cada peso de inversión del sector público se generan 4 de inversión privada.
Es interesante observar que este año el mayor gasto público, que es una de las razones del incremento de la deuda, fue el componente más importante del aumento del PIB. Los sectores que más crecieron el último año fueron: administración pública, defensa, educación y salud [5,7%]; actividades artísticas, de entretenimiento y servicios [3,2%]; comercio [2,9%]; manufactura [2,9%].
Sin duda, el sector público juega un papel central en el impulso de la economía. El problema es que aumentos excesivos del gasto desequilibran las finanzas. Este año el gasto total del gobierno nacional será de 24,3% del PIB, y el déficit fiscal de ‑6,2% del PIB.
Por un lado, el mayor gasto público estimula el PIB. Pero, por el otro, al financiarse con deuda, reduce el margen de inversión, obstaculizando el crecimiento económico. El balance neto de estas dos tendencias contradictorias es complejo, y lleva a consideraciones de muy diverso tipo. Es un buen escenario para el enfrentamiento entre escuelas económicas. De todas maneras, las soluciones discrecionales tienen que ser responsables, evaluando de la mejor manera posible las interacciones que se presentan en uno u otro sentido.
Algunos analistas, y sobre todo el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf) insiste en que el gasto público se tiene que reducir en $32,1 billones[2]. Este escenario no es realista. En lugar de disminuirlo se tienen que crear condiciones para mejorar la eficiencia del gasto.
El manejo del Estado es inercial y paquidérmico. En el 2026 la ejecución ha sido pésima. En marzo iba en el 16,9% (pagos/apropiaciones)[3], cuando debería estar en el 25%. El Ministerio de Agricultura apenas había ejecutado el 8,8%.
Después de la administración pública, el siguiente sector es el de actividades artísticas y de entretenimiento, que creció 3,2%. En los últimos años se ha ido potenciando, y el país ha ido ganando experiencia y desarrollando industrias importantes. El comercio y la manufactura crecieron 2,9%. La actividad industrial todavía no logra ocupar el papel relevante que debería tener en el desarrollo económico.
Por el lado negativo, la construcción cayó ‑5,4%. La política de vivienda del gobierno ha sido muy negativa, y se ha olvidado que el sector de la construcción tiene escalonamientos hacia delante (carpintería, pintura, instalaciones sanitarias y cocina…) y hacia atrás (arena, cemento, piedra, metalurgia…). Su efecto multiplicador es significativo.
El sector agrícola también decreció en ‑1,4%. La libra de café en Nueva York se está cotizando a USD2,79, y hace un año estaba USD4. A esta caída del precio se le tiene que agregar el menor valor del dólar. Ambos factores tienen una incidencia negativa en el ingreso de los hogares cafeteros. Preocupa, además, la baja ejecución del Ministerio de Agricultura.
El presidente Petro no ha facilitado el diálogo con el sector privado. No obstante esta desconfianza la actividad empresarial se ha mantenido. Es imposible estimar el contrafactual, o lo que hubiera pasado con el PIB si las relaciones con el ejecutivo hubieran sido mejores.
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[1] MINISTERIO DE HACIENDA Y CREDITO PUBLICO., 2026. Actualización Plan Financiero 2026, Ministerio de Hacienda, Bogotá.
[2] COMITE AUTONOMO DE LA REGLA FISCAL, Carf., 2026. Pronunciamiento 19. El Escenario Fiscal del 2026 Está Expuesto a Presiones de Gasto que Dificultarían el Retorno a la Regla Fiscal, Carf, Bogotá.
[3] MINISTERIO DE HACIENDA Y CREDITO PUBLICO., 2026. Ejecución Acumulada de los Ingresos y Gastos PGN. A Marzo 2026, Ministerio de Hacienda, Bogotá
Jorge Iván González
Foto tomada de: Colombia.com

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