Dimensiones del restauracionismo
Esta postura política incluye básicamente cuatro líneas de comportamiento; a saber: 1. La destrucción de las instituciones levantadas o defendidas por cualquier movimiento, real o presuntamente, progresista; 2. La corrección de las fallas o desviaciones evidentes, exageraciones o limitaciones, del régimen que tuviera como propuesta el cambio social; 3. La confrontación prolongada contra ese régimen de cambio, mediante ataques, fundados o no; y 4. La ideología, como revestimiento para difundir e imponer las ideas que justifiquen l’Ancien Régime, referente de la ansiada involución histórica.
1.La línea primera, la destructiva, es una auténtica obra de demolición para acabar con mecanismos o instituciones progresistas, como lo son en este caso los procesos de paz, la JEP y la política exterior, aquella que permite algún margen de autonomía, en medio de los equilibrios de poder.
Abelardo se ha propuesto demoler, con su ánimo de vindicta, la negociación, como método para el arreglo de los conflictos violentos; así mismo, la justicia transicional, como mecanismo de reconciliación, desde la reivindicación de las víctimas; y la soberanía, como principio de la política internacional, este último un propósito que podría estar mostrando sus orejas en la vinculación del país al programa llamado “El escudo de las Americas”, iniciativa de la Administración Trump, una alianza no muy clara en los terrenos ideológico, político y militar, en todo caso sin controles institucionales.
Estos embates envuelven una ambición reaccionaria con un alcance mayor al simple anti-petrismo, pues la negociación, la justicia, la reconciliación, la autonomía y la soberanía, son patrimonio en Colombia, no solo de la izquierda, sino también de algunas élites liberales o conservadoras de centro.
Han sido valores, instituciones y mecanismos, todos ellos arropados por cierta aura progresista de sensatez que, sin embargo, caen a veces en baches históricos, exhibiendo inconsistencias y vacíos, cuya enmienda, puede ser inscrita en el sueño restaurador.
2. La segunda línea, incorporada en el “proyecto” abelardista, es la de los correctivos necesarios, sobre todo en el orden económico, por crisis heredadas, las mismas que amenazan con volverse inmanejables, tales como el déficit fiscal y la deuda pública. Su corrección exige mucho tino en la gestión y una línea de gobierno tan coherente y equilibrada que resuelva las contradicciones objetivas entre gastos e ingresos, para evitar así la combinación nefasta de inflación y recesión. Se trata de una gestión que debiera responder también a las exigencias de la reconstrucción, nacidas de los desastres del terremoto. Gestión que parece todavía patinar en la incertidumbre que surge de querer aumentar los ingresos, sin por otra parte proceder a nuevos impuestos, particularmente a los más ricos; es una dislocación que al final puede hacer crecer aún más la deuda y sus intereses, como solución al impasse, con la consecuencia del estrangulamiento económico.
3.La confrontación, como tercera línea, se vierte en la denuncia y la amenaza, forma de mantener un espejo retrovisor, para deslegitimar al anterior gobierno en la memoria colectiva; y por intermedio de éste, a todo lo que pueda asociarse con la idea liberal o socialista de progreso. Es una intención radicalizada, cuyo resumen, algo patético, puede encontrarse en el famoso “Libro de la Verdad”, anillado y pegado a las volandas, como un impactante catálogo de denuncias insospechadas; un show del que el nuevo gobierno hizo partícipes a las cabezas de los órganos de control, a la Fiscal, al Contralor y al Procurador en una maniobra sorpresiva; a fin de vincularlas con un discurso de campaña continuada, sin darle respiro al adversario.
4.La cuarta línea del restauracionismo abelardista está configurada por el vector ideológico, compuesto no solo de ideas, sino de mentalidades, todas ellas de carácter conservador. Es, sobre todo, el vector de la contra-revolución cultural, el más peligroso y amenazante, pues con ésta, también llamada “batalla”, el nuevo poder busca imbuir al ciudadano de prejuicios y valores negativos, para finalmente promover esa personalidad autoritaria de la que hablara Teodoro Adorno en sus investigaciones empíricas. Es la línea ideológica de “sacar a Marx de la escuela y meter a Dios”, un trazo ideológico que es escenificado con la devoción religiosa exhibicionista, esa que no se une con la piedad y la humildad, más bien lo hace con el arribismo, ajeno a la virtud ciudadana, pero muy próximo a la personalidad del presidente; toda una mezcla “cultural” que, de propagarse, arruinará la cultura cívica, la misma que enarbola la tolerancia y la empatía. Por cierto, agrietará el “credo democrático”, aquel del que hablara Robert Dahl, el de los derechos y libertades, base común para el pluralismo y la sociedad diferenciada.
El gesto perentorio
A su restauracionismo, intenso pero fragmentario, Abelardo de la Espriella añade el gesto siempre perentorio y la cinematográficamente calculada determinación, el carácter, en lo que se propone, con lo cual quiere comunicar credibilidad a su “proyecto”. Solo que las inconsistencias y vacilaciones en su “modelo” de desarrollo económico, el mismo que aún no termina por perfilar, le impedirán conseguir resultados impresionantes, con el riesgo de que únicamente se quede con los destellos ideológicos cargados de ese lastre autoritario, el de políticas contrarias a los derechos fundamentales y a la soberanía nacional.
Ricardo García Duarte
Foto tomada de: CAMBIO Colombia

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