En su intervención, Xi planteó cuatro ejes fundamentales:
- Adhesión al principio de coexistencia pacífica. El presidente Xi subrayó la necesidad de avanzar en la construcción de una arquitectura de seguridad común, integral, cooperativa y sostenible para Oriente Medio y la región del Golfo.
- Respeto al principio de soberanía nacional. Señaló que la soberanía, la seguridad y la integridad territorial de los países de la región deben ser plenamente respetadas, así como garantizar la protección efectiva del personal, las instalaciones y las instituciones de todos los Estados.
- Respeto al derecho internacional. Xi enfatizó la importancia de salvaguardar la autoridad del derecho internacional, advirtiendo que su debilitamiento podría conducir a un retroceso hacia la “ley de la selva”.
- Articulación entre desarrollo y seguridad. Finalmente, planteó que todas las partes deben trabajar de manera conjunta para crear un entorno propicio que favorezca el desarrollo económico y la estabilidad regional.
En este contexto, la propuesta de Xi Jinping no se limita a un llamado abstracto a la paz, sino que apunta a la construcción de una paz estable y duradera basada en el desarrollo económico como eje estructural. Esta visión coincide con planteamientos que desde hace varios años viene impulsando la Coalición Internacional por la Paz, la cual ha promovido la idea de un “Plan Oasis ampliado”[ii]: un enfoque que entiende que la superación de los conflictos en Oriente Medio pasa necesariamente por garantizar condiciones materiales de vida digna para la población.
Dicho enfoque ha contado con el respaldo de diversos líderes políticos de la región y se articula con la estrategia global de China de impulsar un puente terrestre y marítimo mundial que integre físicamente a los cinco continentes, que se ha dado a conocer como la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR). En este marco, se destacan proyectos estratégicos como el denominado “corredor dorado” que atraviesa Irán, las conexiones ferroviarias que enlazan a China con Teherán, y el corredor Norte-Sur que conecta a Rusia —desde ciudades clave como San Petersburgo— con Irán y la India. A ello se suman proyectos de oleoductos, infraestructura energética y corredores logísticos que buscan consolidar una red de integración económica a gran escala.
Estas iniciativas se complementan con la visión promovida por el bloque BRICS, que plantea el fortalecimiento de la economía física —infraestructura, energía, transporte y producción— como base para el desarrollo soberano de las naciones. Esta perspectiva guarda una profunda conexión con la encíclica Populorum Progressio de Pablo VI[iii], en la que se afirma que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”, una idea que hoy adquiere renovada vigencia en medio de las tensiones globales.
En un escenario marcado por el aumento de los conflictos y las secuelas de odio que deja la guerra, cobra especial relevancia también el llamado del Papa León XIV a retomar enfoques que permitan superar las divisiones profundas. En ese sentido, el Pontífice propuso, durante la audiencia jubilar del 25 de octubre de 2025 en la Plaza de San Pedro[iv], retomar el método de pensamiento del cardenal Nicolás de Cusa, en particular su principio de la “coincidencia de los opuestos”, como vía para abordar los conflictos contemporáneos.
Cusa, quien vivió en un contexto de intensas guerras religiosas, desarrolló en su obra De Pace Fidei[v]—un bello dialogo platónico— una reflexión en la que distintas religiones dialogan con Dios y concluyen que, más allá de sus diferencias, existe un propósito superior común: la dignidad de la vida humana, en tanto todos somos Imago Viva Dei. Esta idea resulta profundamente pertinente hoy, en un mundo fragmentado por conflictos identitarios, religiosos y geopolíticos.
Desde esta perspectiva, el verdadero terreno de unidad no se encuentra en la imposición de una visión sobre otra, sino en el interés común de construir condiciones materiales que garanticen la vida digna: acceso al agua potable, desarrollo industrial, producción de alimentos, infraestructura ferroviaria que conecte territorios como Gaza, Israel y Cisjordania, así como sistemas de salud, hospitales, centros educativos, investigación científica y fuentes de energía —incluida la nuclear— que impulsen el progreso.
En este sentido, la propuesta de Xi Jinping converge con una visión más amplia: la paz no como simple ausencia de guerra, sino como resultado de un proyecto de desarrollo integral que permita superar las causas estructurales de la violencia. Retomar la idea de la “unidad de los opuestos”, como lo ha planteado el Papa, implica reconocer que, por encima de las diferencias, es posible construir un horizonte común basado en el desarrollo, la dignidad humana y la cooperación entre naciones.
Dos visiones sobre el orden internacional
El trasfondo de los conflictos actuales está estrechamente ligado a la disputa por la configuración del orden internacional. El ascenso del bloque BRICS y la transición hacia un mundo multipolar están erosionando el orden liberal tradicional, generando resistencias que se expresan en múltiples focos de tensión a nivel global.
En este contexto, los distintos conflictos —en Oriente Medio, Ucrania, las tensiones entre India y Pakistán, la inestabilidad entre Pakistán y Afganistán, las disputas en el mar de China Meridional en torno a Taiwán, así como las agresiones sobre países como Venezuela y Cuba— no pueden analizarse de manera aislada, sino como expresiones de una misma dinámica geopolítica.
Se trata, en buena medida, de un escenario de guerra permanente, que refleja la resistencia al surgimiento de un orden internacional más equilibrado, impulsado por los países del Sur Global. Este nuevo enfoque busca fortalecer la cooperación, la soberanía y el desarrollo económico como bases de estabilidad.
En ese marco, iniciativas como la Organización de Cooperación de Shanghái y la Iniciativa de la Franja y la Ruta se articulan con la visión de los BRICS de promover un orden multipolar, más equitativo y basado en la cooperación entre Estados, así como en el fortalecimiento de la infraestructura, el comercio y la integración económica.
Lo que realmente se debate es el modelo económico mundial. Enfrentamos dos visiones: una economía puramente financiera y especulativa, contra una propuesta basada en la economía real, la producción y la infraestructura.
Un nuevo orden internacional cooperativo no se logra solo cambiando el poder político; requiere transformar la base económica global. Debemos reemplazar la cultura de la burbuja especulativa por una economía de desarrollo, producción y bienestar para los pueblos.
____________________
[i] https://spanish.news.cn/20260414/0534fffe625240c8989c53018a8b7fea/c.html
[ii] https://vocesdelperiodista.com/el-plan-oasis-para-palestina-e-israel-paz-por-medio-del-desarrollo-mutuo/
[iii] https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html
[iv] https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-10/papa-leon-xiv-audiencia-jubilar-nicolas-cusano-unidad-jesus.html
[v] https://www.hoye.de/cus/DePace.pdf
Carlos Julio Diaz Lotero
Foto tomada de: Xinhua Español

Deja un comentario