La participación rondó el 57,5 % del censo electoral. Estos datos confirman que la segunda vuelta del 21 de junio no será una elección ordinaria, sino una confrontación entre dos proyectos de país radicalmente distintos.
El primer hecho político es la consolidación de una derecha radical por encima de la derecha tradicional. De la Espriella logró capturar el voto de indignación, miedo, antipetrismo, seguridad dura, valores conservadores y castigo al establecimiento. Su triunfo relativo expresa una ruptura: el uribismo ya no controla plenamente el campo de la derecha, aunque sus votos siguen siendo indispensables.
Paloma Valencia, con un resultado bajo, queda convertida en fuerza subordinada que conjuntamente con Álvaro Uribe se suman a la campaña de Abelardo de LASPRIELLA.
El segundo hecho es que el progresismo conserva una base social enorme. Cepeda obtuvo más de nueve millones y medio de votos, lo que demuestra que el proyecto iniciado en 2022 no fue un accidente. Sin embargo, no le alcanzó para ganar ni para llegar primero. Carga con el desgaste del gobierno Petro, la percepción de inseguridad, las tensiones alrededor de la salud, la economía fiscal y la narrativa opositora sobre desgobierno. Su reto ahora es dejar de hablar solo a los convencidos y construir una mayoría democrática, social y territorial más amplia.
La segunda vuelta dependerá de tres movimientos. Primero, la adhesión segura del Centro Democrático y de Paloma Valencia a De la Espriella, como ya ocurrió, aunque sea una alianza incómoda: el candidato “antisistema” necesitará al viejo uribismo que decía superar.
Segundo, el comportamiento del centro fajardista, dividido entre el miedo a la extrema derecha y la desconfianza frente al petrismo.
Tercero, la capacidad de Cepeda para atraer sectores liberales, verdes, sociales, sindicales, indígenas, afros, juveniles, feministas, ambientalistas y clases medias urbanas que no quieren una salida autoritaria.
De la Espriella intentará construir una coalición de derecha ampliada: uribismo, conservadores, iglesias cristianas, empresariado temeroso, gremios, sectores militares retirados, voto anticorrupción de derecha, votantes de orden y ciudadanos golpeados por la inseguridad. Su narrativa será simple: derrotar al “continuismo petrista”. Su riesgo es aparecer como una opción autoritaria, vengativa, improvisada y demasiado dependiente de emociones punitivas.
Cepeda, por su parte, necesita una coalición democrática de contención: Pacto Histórico, sectores liberales, verdes, centro socialdemócrata, movimientos de víctimas, paz, educación pública, trabajadores, juventudes urbanas y ciudadanía que teme una deriva ultraderechista. Su narrativa debe pasar de la defensa del gobierno a una propuesta de país: seguridad con derechos, justicia social con estabilidad económica, paz con autoridad estatal y reformas con garantías democráticas.
La segunda vuelta no se ganará solo sumando maquinarias. Se ganará en el terreno emocional: miedo contra esperanza, castigo contra transformación, autoridad contra derechos, antipetrismo contra antifascismo. El voto decisivo estará en quienes no se sienten plenamente representados por ninguno de los dos extremos.
Diez ideas fuerza que se pueden extraer de esta jornada electoral:
- Colombia no votó continuidad simple ni restauración tradicional: votó polarización extrema.
- La derecha radical desplazó al uribismo, pero ahora necesita sus votos.
- El progresismo sigue vivo, pero debe ampliar su lenguaje y corregir errores.
- La seguridad será el eje central de la segunda vuelta. La izquierda debe dejar de mirar de lado los problemas de la seguridad.
- El centro será pequeño en votos propios, pero decisivo en legitimidad.
- Paloma Valencia pierde liderazgo, pero sus electores pueden definir la elección.
- Fajardo queda como reserva moral del voto moderado, aunque fragmentada.
- El reto de Iván Cepeda es convertir el miedo a la ultraderecha en mayoría democrática.
- De la Espriella ganó en todas las zonas donde operar los grupos armados ilegales y en los departamentos más conservadores del país.
- La segunda vuelta será una disputa entre orden autoritario y democracia social con garantías.
La segunda vuelta para la izquierda no es fácil, pero, la campaña electoral no ha terminado y hay sectores del centro que tienen que definir si le apuestan al cambio o al autoritarismo de extrema derecha.
Carlos Medina Gallego, Historiador- Análista Político
Foto tomada de: caribenoticias24horas

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