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La difícil gobernanza del cambio: ¿Es posible un cambio en el gobierno del Cambio 2.0?

11 mayo, 2026 By Luis Alfredo Muñoz Wilches Leave a Comment

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“¿No es aquí donde uno, si da medio paso en falso, despierta a mil millas fuera del camino”

Yang Zhu, Metáfora sobre la encrucijada de la bifurcación del camino

Hace 4 años como hoy, el país se enfrentaba al dilema de escoger el camino entre dos visiones enfrentadas: el cambio o un simulacro que nos regresa al pasado.

En palabras de Gramsci, es el mismo debate histórico entre quienes abogan por regresar al “viejo orden que está muriendo” o continuar apoyando las transformaciones sociales y económicas que no han terminado de nacer.

La “crisis de autoridad” que ocurrió con motivo en el estallido social no fue solo la ruptura del consenso social construido alrededor del modelo de dominación neoliberal, sino la pérdida -¿definitiva o pasajera? – de la capacidad de las élites dominantes para mantener la vieja dominación política y cultural.

Los cándidos candidatos que aún creen que el gobierno de Gustavo Petro fue solo una mala pausa en la historia y ahora pueden volver y restaurar el poder tradicional, se llaman a engaños.

Fue el momento cuando los “de abajo” no querían más de lo mismo y los “de arriba” no podían” mantener su “hechizo autoritario”.

¡Rompan Todo! La llegada de Gustavo Petro al gobierno

El arribo de Petro a la presidencia del país (agosto de 2022) representó no solo llegaba del primer gobierno de izquierda en los 200 años de vida republicana, sino fundamentalmente una ruptura en la hegemonía política de las élites tradicionales en Colombia.

¿Qué tan profunda y pertinente fue está ruptura para los diversos intereses que se juegan en la lucha por el poder político en Colombia?

En la pasada FILBO 2026 asistimos a una particular explosión de libros, títulos y revistas sobre el “fenómeno Petro”. Desde diferentes enfoques y espectros ideológicos se ocupan de realizar balances, favorables o desfavorables, sobre el gobierno del presidente Petro.

Las respuestas a esa pregunta van desde el balance crítico de Hernando Gómez Buendía[1], hasta la catastrófica mirada de Bruce Mac Master[2], pasando por el arrogante y superficial reseña del exministro Alexandro Gaviria[3], la polémica publicación persa sobre la lucha por el poder en Colombia[4] y el más reciente libro de la exministra Cecilia López Montaño[5].

Se trata de una polifonía de versiones y expresiones que, guardadas las distancias, se parece al acalorado debate musical que desató con la irrupción del rock latinoamericano, melódicamente recogido en la historia musical de sus 50 años en el documental “Rompan todo”[6]. Donde el denominador común es el reconocimiento del gobierno del presidente Petro como una ruptura histórica en el estilo de gobernar.

Los primeros cambios en el Gobierno del Cambio

En estas circunstancias históricas la llegada de Gustavo Petro a la presidencia de la República, con una agenda de reformas sociales y económicas, lejos de provocar la “catástrofe” anunciada por las élites y los medios hegemónicos, abrió la posibilidad de la alternancia del poder para una transición pacífica y democrática que permitiría hacer realidad el Estado Social de Derecho, adoptado en la Constitución del 91.

En su primer año de mandato, el gobierno del Cambio logró, con una apretada coalición mayoritaria en el Congreso, la aprobación de las primeras reformas: la reforma Tributaria progresiva, las pensiones, el Plan Nacional de Desarrollo (PND 2022-2026) “Colombia Potencia Mundial de la Vida”, la sanción de la Ley Marco de la Paz Total, la creación del Ministerio de la Igualdad y Equidad Social, y la Jurisdicción Agraria.

La precaria gobernabilidad del gobierno tuvo su origen en varias circunstancias contingentes. En primer lugar, el pie forzado de un triunfo electoral, donde casi la mitad del electorado voto en contra. En segundo lugar, la baja capacidad orgánica del progresismo para conformar un “bloque histórico” de fuerzas populares y democrática, lo obligó a co-gobernar con sectores el liberalismo neoliberal reformista y globalizante, las cuales limitaron fuertemente sus espacios de gobernabilidad para tramitar las reformas sociales. En tercer lugar, la carencia de una masa crítica de funcionarios progresistas con capacidad para diseñar y poner en marcha políticas de cambio de la Agenda de Transición Democrática.

En este último aspecto, el presidente intento -con limitado éxito- llevar a su gobierno a líderes y líderesas de los movimientos sociales. La mayoría de los cuales les resulto muy oneroso dar el salto desde sus labores de resistencia y vigilancia crítica a tener que responder a las demandas de sus comunidades[7]. Lo cual constituyó una cierta reedición trágica de los conflictos y tensiones entre “técnicos y políticos” que tradicionalmente se han presentado en todas la reformas “weberianas” del Estado.

Sin embargo, un verdadero “florero de Llorente” explotó cuando un grupo de 3 ministros que hicieron parte del primer gabinete del gobierno del Cambio decidieron hacer público su desacuerdo con la reforma a la Salud (Ley 100 de 1993), convirtiéndose en la manzana de la discordia que marcó el distanciamiento y, al final, la salida del gobierno de los ministros pertenecientes a esos sectores[8].

Circunstancias que colocaron al gobierno en el callejón de las “opciones críticas”[9], obligándolo a radicalizar sus acciones y adoptar “políticas de ruptura” que lo alejaron de la concertación y los acuerdos con los sectores políticos de la coalición inicial de gobierno.

Sin embargo, la adopción de las políticas disruptivas requieren de una cuidadosa preparación y planeación de acciones vigorosas que demandan una masa crítica de funcionarios profesionales y un “estado mayor” de mariscales de campo con mucha experticia para el diseño y puesta en marcha de acciones de gobierno de gran escala e impacto.

En este sentido las primeras reformas le proporcionaron al Gobierno la hoja de ruta y los recursos suficientes para avanzar en la realización de las cinco grandes transformaciones propuestas en el Mandato del Cambio: el Ordenamiento Territorial alrededor del agua, la Seguridad Humana y la Justicia Social, la Seguridad Alimentaria y el Derecho a la Alimentación, la Transición Energética y el Crecimiento Verde con Justicia Ambiental y la Convergencia Social y Regional.

Las explosiones controladas

A pesar de ello, la puesta en marcha de estas acciones gubernamentales tropezaron con múltiples escollos y “explosiones controladas” que le impidieron avanzar con mayor celeridad y profundidad para alcanzar los resultados esperados.

Mediante las “explosiones controladas” los sectores del establecimiento tradicional buscaban frenar los alcances de las reformas aprobadas. Acciones institucionales tales como el cercenamiento de varios artículos claves de la reforma tributaria[10] que representan la pérdida de aproximadamente de 16 billones de ingresos el Presupuesto General de la Nación (PGN); la declaratoria de inexequibilidad de los artículos del PND que le devolvían a la Autoridad de Tierras la facultad para realizar los trámites administrativos para aceleran los procesos de reforma agraria[11]; la suspensión y el limbo jurídico en que está la reforma pensional (Ley 2381 de 2024)  por el las decisiones de la Corte Constitucional; la arbitraria suspensión del Decreto Presidencial (0415 de 2026) que ordenaba a los Fondos privados de pensiones (AFP) el traslados de COP$ 25 millones a Colpensiones; y la pérdida de envestidura declarada por el Consejo de Estado contra varios e importantes  congresistas, alcaldes y representantes electos del Pacto Histórico.

A esta inestabilidad institucional contribuyeron las arbitrarias acciones de la Fiscalía. Primero, bajo el mandato de exfiscal Néstor H. Martínez Neira el intento de entrampamiento de varios de los cabecillas de las extintas FARC minó la confianza en el Acuerdo de Paz de La Habana y provocó el rompimiento y posterior formación de las disidencias, que al final del gobierno de Duque sumaban más de 30 grupos armados ilegales que se expandieron como una marcha de aceite por todo el territorio nacional.

Luego, el fiscal de Duque, Francisco Barbosa -autoproclamado como el “mejor fiscal de la historia”-, sostuvo un agudo enfrentamiento con el gobierno y le abrió varias investigaciones que involucraban a altos funcionarios y a familiares del presidente Petro, intentando minar la credibilidad de su gobierno, generando una permanente inestabilidad institucional. La explosión más sonada fue la cinematográfica captura e imputación de cargos por lavado de activos, enriquecimiento ilícito y financiación ilegal de la campaña a Nicolas Petro, hijo del presidente. Un “golpe bajo” que lo afectó personalmente y debilitó la gobernabilidad de su mandato durante el segundo año.

Este déficit en la gobernabilidad debilitó también la capacidad para reconfigurar una nueva coalición de gobierno en el Congreso, limitando drásticamente las posibilidades para tramitar y aprobar las reformas propuestas en el Programa de Gobierno.

A esta situación precaria en la gobernanza del Cambio se sumó la falta de una gran estrategia de negociación global con las fuerzas políticas afines a los propósitos de cambio. Vacío que intento llenarse mediante unas negociaciones “al menudeo” que, si bien le permitieron obtener algunos “mangos bajitos”, tuvo que pagar un alto costo político y, particularmente, sacrificar a dos de sus ministros estrellas: Ricardo Bonilla, exministro de Hacienda, y Fernando Velasco, exministro del Interior que terminaron en la cárcel por una arbitraria e injusta medida de aseguramiento. Es lo que se conoce como un barbarismo político.

Gustavo Petro un líder sin estado mayor

Una buena parte de las limitaciones en la capacidad de gobierno para responder a los desafíos que demanda un ambicioso proyecto de cambio ha sido no contar con una masa crítica de funcionarios profesionales y dirigentes idóneos con capacidades para diseñar y poner en marcha las acciones y mecanismos requeridos para lograr las transformaciones sociales, económicas e institucionales esperadas. Unos verdaderos “mariscales de campo”.

Por estas limitaciones en la gobernanza, el proyecto de Cambio se vio afectado en la baja ejecución física y financiera en varios ministerios e entidades nacionales. Ejecutorias claves para lograr los resultados y las metas propuestas en el PND.

Uno de los factores críticos que más limitó la capacidad de gobierno es la existencia de reglas del juego político institucional de baja responsabilidad. Un nefasto resultado del debilitamiento y la reducción del Estado que trajo consigo la globalización y los ajustes estructurales promovidos por el Consenso de Washington a finales de los años 90 y aplicado con mucha obediencia por los gobiernos neoliberales durante las últimas tres décadas en Colombia. Especialmente, la entronización del clientelismo, la macrocorrupción y el copamiento de las instituciones, los partidos políticos y, en general de la cultura política por parte del narcotráfico, provocarán el desbarajuste institucional que hoy padece nuestro país en todas las ramas y esferas del poder.

Matus[12], exministro chileno y experto en los temas de gobierno, sostuvo la tesis que los gobiernos no mueven bien los pies porque la cabeza no está adecuadamente preparada para conducir la pesada carga de los vetustos aparatos gubernamentales e incluso, expresó que a veces los gobernantes no creen que sea importante contar con buenos equipos y modernas herramientas de gobierno.

No es nada fácil vencer la inercia burocrática del Estado. En el caso del Estado colombiano, es más difícil pues piezas esenciales le fueron amputadas o simplemente cooptadas por el clientelismo, la corrupción y la delincuencia organizada; especialmente, durante los gobiernos neoliberales que abrazaron la ideología del “Estado mínimo”.

De tal manera que el gobierno del Cambio se encontró con un Estado desvencijado y quebrado, que alberga prácticas políticas deleznables y la presencia de mentalidades depredadoras y rentísticas que solo buscan la oportunidad de enriquecerse, aupadas bajo el lema de “aprovechar el cuarto de hora”.

¿Es posible un cambio dentro del Gobierno del Cambio 2.0? La necesidad de una reforma de la política en Colombia.

Con el cambio de gobierno no solo es necesaria, sino posible una reforma profunda de la política que transforme la manera de gobernar y las arraigadas y vetustas costumbres políticas en nuestro país.

Mediante el triunfo en la primera vuelta y la llegada de Iván Cepeda Castro a la presidencia es posible generar una nueva opción de política forjadora de futuro, que transforme las prácticas políticas y la cultura política misma.

Son por lo menos 5 aspectos que señala Yehezkel Dror[13] debe reunir un buen gobernante: i) tener un código de ética riguroso, ii) de una aptitud de “interés clínico”, iii) adoptar una conducta serena e impasible en el ejercicio del poder, iv) disponer de una buena dosis de escepticismo frente a la realidad, y v) buscar siempre la innovación y la creatividad.

El riguroso código de ética personal y público -algo sobre lo cual el “tigre” De La Espriella ignora totalmente- está relacionado con la claridad que se debe tener de saber para quién se gobierna?, cuándo hacer y/o dejar hacer?, cómo y por qué es necesario eludir los conflictos de interés?. Aspectos sobre los cuales Iván Cepeda ha venido hablando y dejando por escrito sus reflexiones y posturas al respecto en los más de 100 discursos que ha pronunciado en las plazas públicas de todos los rincones del país.

Allí millones de colombianos y colombianas lo hemos escuchado, presencial y virtualmente, asumir su claro y firme compromiso con recuperar la ética pública en los manejos de los asuntos del Estado. Algo totalmente distinto de la algarabía que arman los medios y los demás candidatos en los mal llamados debates públicos.

La impasibilidad y serenidad que siempre manifiesta Cepeda frente a la polarización y la exacerbación de las bajas pasiones, las mentiras y agresiones de los otros contradictores políticos, es una demostración de su profunda convicción de la compostura y el estoicismo que debe guardar un buen gobernante para no agudizar los conflictos y, por el contrario, propiciar un ambiente de reflexión y conversación inteligente sobre los distintos puntos de vista que pueden y deben existir sobre los asuntos públicos e, incluso privados, que permitan lograr focos de convergencia dentro de una sana y conveniente divergencia.

Esta postura de Cepeda no es algo nuevo, ni impostado, sino producto de su larga trayectoria como defensor de las víctimas del conflicto armado y de la búsqueda de la verdad, la convivencia pacífica y la paz duradera en nuestro país.

Lejos del lenguaje pugnaz, la soberbia, la arrogancia y el cinismo propio de sus contradictores políticos, los candidatos de la derecha, Iván Cepeda ha logrado guardar la compostura y la serenidad para exponer sus argumentos y dejar sentadas sus posiciones, a favor o en contra, frente a muchas decisiones y acciones gubernamentales, incluidas las del gobierno de Gustavo Petro.

En su larga y difícil carrera política, Cepeda ha logrado revestirse de un “sano escepticismo” frente a las soluciones obvias o del llamado “sentido común”, porque es consciente de que a veces “los árboles no dejan ver el bosque”. Por eso prefiere guardar distancia y alejarse de los acontecimientos -en caliente, como le toco afrontarlo con motivo del asesinato de su padre, el senador de la UP Manuel Cepeda Vargas.

Actitud que ha sido muchas veces malinterpretada y calificada de frialdad o indiferencia, sin entender que este es un recurso más de su filosofía de vida estoica que le permite apartarse para tener una comprensión más integral y justa de los acontecimientos. En el arte de gobernar, la actitud iconoclasta es un virtud del buen gobernante que le permite hablar siempre con la verdad y la altura ética para juzgar o valorar objetivamente los acontecimientos, evitando siempre ese molesto y fatídico “conflicto de intereses”.

En relación con la necesidad de tener siempre una disposición a la innovación y la creatividad es una cualidad que va más allá de la compresión y el conocimiento mismo. Es algo propio del saber artístico o de quienes se han formado alrededor las labores culturales y artísticas que generan una gran sensibilidad y aptitud por la innovación o la creación mundos nuevos.

En el mundo de la política y del arte de gobernar, la creatividad, es siempre necesaria para romper los estereotipos y encontrar nuevas soluciones a viejos problemas. En la mayoría de los conflictos sociales, que son muy dinámicos y complejos, se requiere de esta dosis de creatividad para romper los esquemas y encontrar “ventanas de oportunidad”, donde normalmente la mayoría de las personas solo vemos los “problemas” y nos cuesta mucho trabajo encontrar las soluciones. Es lo que el economista J. Schumpeter llamó asertivamente la “destrucción creativa”.

________________________

[1] Gómez B. H, 2026. Colombia después de Petro: Las lecciones del “Gobierno del Cambio” Editorial Planeta

[2] Mac Master B., 2025. La agenda de la desestabilización. Editorial Planeta.

[3] Gaviria A., 2023. La explosión controlada: La encrucijada del líder que prometió el cambio. Debate.

[4] Se trata de la publicación en iraní del libro de Gustavo Petro “Una vida, muchas vidas” en su versión en farsi titulada Az mobarezeh ta maharat (De la lucha al poder), cuya traducción al persa estuvo a cargo de Mehdi Fouladvand que no ha estado exenta de polémica en Colombia por su significación geopolítica y coyuntural.

[5] López M. C, 2026. Gobierno Petro: ¿Solo una pausa? Editorial Ariel, Bogotá, 2026

[6] El documental “Rompan todo: La historia del rock en América Latina es una miniserie documental producida por Gustavo Santaolalla que recorre los 50 años del género, destacando su relación con el contexto social y político de la región.

[7] Una de las problemáticas más complejas, de esta especie de déjà vu, ocurrió con motivo de la puesta en marcha del Ministerio de la Igualdad y Equidad, donde la Vicepresidenta Francia Márquez intento llevar a más de 740  líderes y líderesas de las comunidades negras y étnicas.

[8] Los ministros de Hacienda, José A. Ocampo, Educación, Alejandro Gaviria y de Agricultura, Cecilia López suscribieron una carta manifestando su desacuerdo con el proyecto de reforma a la salud, presentado por la ministra de Salud Carolina Corcho. Carta que se filtró a la prensa y se hizo pública,  dejando al descubierto la “crisis” interna y la ruptura de la coalición  de gobierno.

[9] La “opción crítica”, según el análisis de Yehezkel Dror sobre la capacidad de gobierno, se presenta cuando el escenario de las decisiones políticas se encuentra asediado por una dura incertidumbre y un contexto muy conflictivo que pueden llevar a los gobiernos a un callejón sin salida, siendo preferible asumir los riesgos de las políticas de ruptura.

[10] La Corte Constitucional tumbó varios artículos claves de la reforma tributaria (Ley 2277 de 2022): i) el Parágrafo 1 del artículo 19 que prohibía a las empresas mineras y petroleras deducir el valor de las regalías del impuesto sobre la renta; ii) el artículo 68 que le otorgaba facultades extraordinarias al Presidente para establecer un nuevo régimen sancionatorio y de decomiso de mercancías de contrabando; iii) el artículo 95 que establecía la contribución obligatoria a cargo de las Universidades privadas

[11] El artículo 61 del PND 2022-2026 (Ley 2294 de 2023) que le devolvía facultades especiales a la Agencia Nacional de Tierras (ANT) para acelerar los procesos de reforma agraria, fue declarado inexequible en varios de sus principales apartes por la Corte Constitucional.

[12] Carlos Matus, El Líder Sin Estado Mayor: La oficina del gobernante, 1997

[13] Yehezkel Dror fue un destacado politólogo y profesor emérito de la Universidad Hebrea, nacido en Australia, y reconocido como una de las voces académicas más influyentes en los temas de la Administración pública y de las nuevas teorías y prácticas de gobierno en el mundo. En sus análisis del arte de gobernar señaló la importancia de la reforma a la política en América Latina como condición para lograr buenos gobiernos.

 

Luis Alfredo Muñoz Wilches, Economista y MSc en Análisis de problemas económicos, políticos e internacionales contemporáneos

Foto tomada de: La Silla Vacía

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Dra. Carolina Corcho Mejía, Presidenta Corporación Latinoamericana Sur, Vicepresidenta Federación Médica Colombiana

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