Embustero, indecente, gángster, tramposo, pícaro, sinvergüenza, inmoral, etcétera.
Todo esto dice Caro en su columna de Abelardo de la Espriella. Con esos amigos, para que enemigos. Le faltaron algunos sinónimos de pícaro como bribón, granuja, tunante, descarado, pillo, o de inmoral como deshonesto, indecoroso, indecente, impúdico, licencioso, obsceno y lujurioso. Pero, a pesar de la gran cantidad de calificativos negativos que le atribuye a su candidato, de todas formas anuncia su voto por él.
Afirma que va a votar por Abelardo de la Espriella, el destripador, “a quien desprecio” y que lo va a hacer “tapándose la nariz o aguantando el vómito”. Lo mismo, más o menos, piensan probablemente Luis Guillermo Vélez Cabrera y millones de personas de bien, decentes, la mayoría cristianos.
¿Cuál es la razón? Después de equiparar a Cepeda y a De la Espriella[2] en materia ética, Caro plantea la razón de su decisión: a) “prefiero a Abelardo con la Constitución de 1991 que a Cepeda con la constituyente de Petro”: “este es mi único argumento para votar por De la Espriella”; b) Abelardo “no va a reemplazar la Constitución de 1991 con una nueva.”; c) “Prefiero, si, votar por un hombre inmoral, pero sometido a instituciones liberales, que por un hombre supuestamente virtuoso (y no, y tampoco), que quiere y que puede y que está recogiendo firmas para acabar con esas instituciones.”
Ni el mismo se cree ese argumento. Es un intento de ocultar sus verdaderas razones. En un artículo publicado en La Silla Vacía se pregunta Ponce[3]: “¿Desde cuándo el riesgo de una constituyente que todavía no tiene Congreso, ni Corte, ni 13,8 millones de votos pesa más que el de un programa de gobierno (el de Abelardo) que ya existe, está escrito y tiene fecha de ejecución?” Y destaca los riesgos para las instituciones que tanto aprecia Caro: “El programa de De la Espriella, en cambio, es una amenaza sin vacilación y sin cortafuegos. Está escrito, tiene fecha y no depende de ninguna correlación de fuerzas que todavía esté por definirse.” Menciona Ponce algunas propuestas de Abelardo que atentan contra las instituciones constitucionales: a) el desmantelamiento de la JEP; b) retirar a Colombia de la ONU, la OEA y la CIDH; c) la cadena perpetua; d) el recorte del 40% del Estado; e) la regresión en derechos fundamentales. Y plantea que la escogencia de Caro “no es necesariamente el resultado de un análisis frío de riesgos institucionales, sino el resultado de decidir a quién se le extiende el beneficio de la duda. ¿Familiaridad con el tipo de poder que representa uno y no el otro? ¿Parentesco de clase?”
Ponce toca, en mi opinión un punto de fondo. Caro se identifica con los intereses de clase que representa y defiende Abelardo. Está, como Abelardo, del lado del sistema capitalista y dentro del capitalismo de parte de la clase capitalista, especialmente de los más poderosos y ricos. No quiere un gobierno que está de parte de los trabajadores asalariados y por cuenta propia más pobres, que promueve los derechos de los campesinos, los indígenas y los negros. Para Caro, como para Abelardo, seguramente todos estos son seres inferiores en la escala social cuyo papel es trabajar al servicio de los capitalistas para enriquecerlos.
El modo de producción capitalista es un sistema legal de extracción de excedentes a los trabajadores. Hay obviamente diferencias entre los capitalistas hay capitalistas ilegales como los narcotraficantes y capitalistas legales (asumamos) como Luis Carlos Sarmiento; hay capitalistas educados y capitalistas ignorantes; hay capitalistas decentes y hay capitalistas pícaros. Es un ejército diverso que combate en su interior mediante la competencia. Pero frente a los trabajadores todos los capitalistas se unen y buscan la forma de mantener los salarios en los niveles más bajos y de acabar con los sindicatos. Cuando hay riesgos de que la clase trabajadora tome fuerza en el campo electoral o político en general se unen sin vacilar. Y a ellos se suma una parte importante de los trabajadores asalariados y por cuenta propia de ingresos medios y altos: la aristocracia asalariada se beneficia del sistema capitalista y la mayoría tiene claro de qué parte está.
Los profesionales e intelectuales en su gran mayoría saben perfectamente que sus condiciones de vida dependen del sistema capitalista. Sus intereses vitales están asociados al dominio económico y político de los capitalistas. ¿Cuál es la meta, por ejemplo, de un economista reconocido experto en asuntos macroeconómicos y profesor de cursos sobre la pobreza? ¡Llegar a ser gerente de una empresa capitalista! Basta con ver la trayectoria profesional de un economista muy reconocido: Juan Carlos Echeverry exministro de Hacienda y director del DNP quien es ahora gerente del Banco de Bogotá del grupo AVAL. Su meta en la vida no era el desarrollo o la reducción de la pobreza del país: su meta era ser empleado de uno de los capitalistas más ricos del país. ¿Votará también por Abelardo?
Caro tiene parentesco de clase capitalista, como lo insinúa Ponce. No sé si sea miembro de una familia de capitalistas como Juanita León, pero sí de una elite de profesores, intelectuales y funcionarios partidarios del capitalismo. Como en toda gran familia puede haber parientes pícaros, sinvergüenzas, embusteros e inmorales. En la coyuntura actual el candidato a presidente defensor del capitalismo es el pícaro de Abelardo. Si no hay más, pues muchos van a votar por él. Esto es apenas natural, es situación de clase, posición de clase y conciencia de clase. De hecho el propio Caro nos dice cuál es el motivo de rechazo de fondo a Cepeda: una de sus ideas más queridas es “el comunismo”. No importa que Cepeda no sea comunista, para Caro es comunista todo aquel que está de parte de los trabajadores de más bajos ingresos. Y De la Espriella es furiosamente anticomunista.
Y entre los intereses materiales y la moral, pues priman los primeros. Nos cuenta Caro que hace cuatro años entre Petro y Hernández decidió votar en blanco porque los dos habían “movido la línea ética.” En primera vuelta votó por Paloma[4] quien hace parte de un partido que entre otras realizaciones tiene a sus espaldas el asesinato de miles de personas en el caso de los falsos positivos. Pero Caro no está dispuesto a aguantar cuatro años más de un partido contrario a los capitalistas. Por eso quien decide ahora mover la línea ética es, precisamente Caro: “en esta elección no me importa mucho quien sea mejor persona.”
Para leer la columna de Caro hay que taparse la nariz y aguantar el vómito
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[1] https://www.lasillavacia.com/opinion/el-mal-menor/
[2] Sin suficiente sustentación Caro intenta presentar como si De la Espriella y Cepeda fueran lo mismo; una posición similar asume Héctor Abad Facio-Lince, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/hector-abad-faciolince/mente-en-blanco-voto-en-blanco/. Una posición contraria toman Rodrigo Uprimny, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/rodrigo-uprimny/mi-opcion-frente-a-una-eleccion-divisiva-y-decisiva/ y Olga González, https://www.lasillavacia.com/opinion/en-segunda-vuelta-mejor-cepeda-que-la-ultraderecha-violenta/. Ramiro Bejarano dice que “Moralmente me siento incapaz de apoyar con mi voto a un ser tan despreciable y peligroso como De la Espriella”, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/ramiro-bejarano-guzman/laureanismo-de-planchon/
[3] https://www.lasillavacia.com/opinion/el-mal-menor-2/
[4] https://www.lasillavacia.com/en-vivo/columnas-de-opinion-para-los-indecisos-en-segunda-vuelta/
Alberto Maldonado Copello
Foto tomada de: Asunt0s Legales

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