¿Qué entregó cada uno de los últimos cinco gobiernos, de su cuatrienio, segundo de Uribe, los dos de Santos, el de Duque y el de Petro?, ese es el interrogante por responder, con el objeto de brindar una visión de conjunto acerca de su comportamiento real, no el de política de la desinformación, y situarnos en la perspectiva de largo plazo. El cuadro brinda información del último año de cada uno de los cinco gobiernos, las tres tasas básicas, desempleo, inflación y de interés se presentan al mes de junio, los otros indicadores dan el consolidado del año y, en el caso de Petro, el proyectado con mínimo margen de error.

- La salud de la economía: desempleo e inflación
La serie de indicadores de esta caja revelan la salud de la economía, son el equivalente al paquete de medidas que consulta un medico general, la tensión, la presión, el ritmo cardiaco y los niveles de saturación. La salud de la economía se mide por la vitalidad del mercado de trabajo, la capacidad de compra, los costos financieros, el ritmo del movimiento, los desequilibrios y los niveles de sostenibilidad, donde el fiscal incluye la capacidad de financiarse sanamente y el nivel de compromisos.
La tasa de desempleo mide la capacidad de brindar alternativas a la población, el recurso más importante y apetecido, a pesar de la automatización y la irrupción de la inteligencia artificial, este indicador, en el caso colombiano, ha sido históricamente atípico respecto al comportamiento esperado y logrado en el resto del mundo, con dos escenarios: i) los países con mercado flexible y tasas alrededor del 5%, y ii) los países con alguna rigidez y economía de bienestar, con tasas que superan el 10%.
Colombia, en el largo plazo ha tenido una tasa de desempleo promedio superior al 10%, más parecido a un país con economía del bienestar, sin embargo, las reformas representativas, Ley 50/90 y Ley 789/02, fueron a fortalecer la flexibilidad del mercado, sin lograr su objetivo, de tal manera que la tasa de desempleo es anormalmente elevada y no tenemos economía del bienestar. Solo el impulso a la economía popular y el impacto de los avances en pensiones, lograron bajar el desempleo y aumentar la formalidad laboral.
Los cuatro gobiernos anteriores entregaron tasas de desempleo superiores al 9%, los dos gobiernos de Santos se fueron con 9.4% y 9.3%, mientras Uribe y Duque entregaron por encima del 10%, fueron patrocinadores de la flexibilidad y solo obtuvieron precariedad. En cambio, Petro entrega la tasa más baja de este siglo, 8%, y la segunda más baja de la historia colombiana, el 7.6% que se obtuvo en 1994 y nunca más se acercó a esa tasa, dado que el “bienvenidos” al futuro se convirtió en la continuidad del pasado. Hoy tenemos estabilidad laboral, reforma laboral incluyente, mayor acceso a pensiones, bajo desempleo, aunque aun lejos de la meta del 5%, y menor informalidad, que ahora se mide mejor y se incluye la rural.
La tasa de inflación mide la capacidad de compra de los colombianos o el poder adquisitivo. Después de más de treinta años con inflación de dos dígitos, sin llegar a ser hiperinflación, con medidas drásticas de la primera junta del Banco de la Republica y el contundente impacto de la recesión de 1998 – 1999, empezamos este siglo con inflación de un digito, la que, poco a poco, llegó a la meta del 3%.
El desbordamiento de la deuda y un crecimiento al debe, entre 2021 y 2022, no fue la pandemia, acentuaron las presiones de la demanda y, desde abril de 2021, empezó la espiral alcista, en el cuadro dice 9.67% para 2022, pero en el empalme, mes de agosto, se recibió un consolidado de 10.21% y seguía subiendo, hasta llegar a un máximo de 13.34% en marzo de 2023. La respuesta del Banco fue lenta y demorada, de tal manera que dejó una gran brecha y, para junio del 2022, la tasa de intervención llegaba solo al 6%, fuertemente negativa, que contrasta con la situación actual.
El gobierno Petro contuvo la inflación, a pesar de tener varios factores en contra, la deuda del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles FEPC, y precios congelados, dejados por el electo vicepresidente Restrepo, los problemas de abastecimiento en fertilizantes y fungicidas, la escasez de oferta de diversos bienes, etc. La senda de la inflación a la baja llegó hasta julio del 2025, cuando se estabilizó y se entrega con 6.14%, lo cual no significa espiral alcista, sino afrontar problemas climáticos y de oferta, para lo que no sirve incrementar la tasa de intervención.
La política del Banco de la República es contradictoria y contraproducente, con un sesgo anti-gobierno. La reacción de esta coyuntura contrasta abiertamente con la del 2021 y 2022, donde se dejó coger ventaja, la inflación llegó a 13.34% en marzo y la tasa de intervención a 13.25% en mayo del 2023, la que se mantuvo estable hasta diciembre del mismo año, mientras la inflación volvía a un digito. Mientras el gobierno hacia todo el esfuerzo por bajar la inflación, especialmente en alimentos, el Banco dejó crecer la brecha y trabajar con tasas reales positivas, hoy tenemos 586 puntos, muy por encima de los tradicionales 100 puntos con que se entregó en los gobiernos Uribe y Santos.
La discusión sobre los efectos del incremento del salario vital se convirtió en tormenta en el equipo técnico del Banco, mientras la tasa de desempleo baja. En lo corrido de este año, el IPC aumentó 4.77%, frente al 3.74% del año anterior, la respuesta del Banco es desproporcionada, incrementado 275 puntos y haciendo más onerosas las tasa, bajo el entendido de que la tasa de intervención es solamente de referencia para el mercado. El argumento es la situación fiscal y las tasas de la deuda, sin embargo, esa situación no es dramática y las mayores tasas son responsabilidad de la perdida del grado de inversión, algo heredado y que viene desde el 2021, con el hoy vicepresidente electo, entonces ministro.
- El relevo en los desequilibrios, persisten los déficits gemelos
El promedio de crecimiento de la economía colombiana en el último siglo es del 4%, ni brillante ni fracasado, apenas sobreaguando. En lo corrido de este siglo, ese promedio bajó a 3.2% y depende, cada vez más, de actividades terciarias. Después de la pandemia, se presentaron dos años de crecimiento excepcional, 2021 y 2022, financiados con endeudamiento y abastecido con importaciones, el guayabo vino en el 2023, pagando la deuda y reactivando la economía interna, lo que llevó a relevar el tipo de desequilibrio dominante, se redujo el del comercio y aumentó el fiscal.
Los déficits gemelos son recurrentes, su persistencia está ligada a los vacíos estructurales de la economía colombiana, un tejido industrial que nunca se terminó de construir, una producción interna de bienes básicos y ligeros, exportación de commodities e importación de bienes de alta complejidad, concentración en unos grupos económico-financieros de mediano alcance y una economía popular menospreciada.
El mérito del gobierno Petro fue reivindicar la economía popular y darle ciudadanía, volviéndola sujeto de contratación y ampliación de mercados, reduciendo el peso de los conglomerados. Al contrario de la fábula mediática, medios también de los conglomerados, no fue un gobierno anti-empresa, no hubo un solo episodio de expropiación ni intervención estatal a la economía privada, fue un promotor de la pequeña actividad, la que dejó de ser subcontratada por la grande, para ser ella misma, desafortunadamente el tamaño de la torta no es mayor y todos tuvieron participación.
Centrar la atención en el tejido productivo local, de capital nacional o externo, fue la prioridad, empezando por reivindicar la economía campesina, sujeto de una mini reforma agraria llena de obstáculos, pero que garantizó el abastecimiento y redujo la inflación, seguido por la recuperación y uso de capacidad instalada desueta y con dificultades de modernización. El mayor avance fue el reducir a la mitad el déficit en cuenta corriente y diversificar las fuentes de ingreso, menos concentrada en hidrocarburos. Crecer internamente sigue siendo la prioridad, ese es el objetivo progresista, ¿lo mantendrá el gobierno de los conglomerados?
El incremento del déficit fiscal fue consecuencia del lento crecimiento y el costo de la post pandemia. El déficit fiscal, definido como la diferencia entre el gasto y los ingresos del gobierno nacional central GNC, aumentó 1% del PIB respecto a lo dejado por el gobierno Duque, por una combinación de tres razones, en el gasto: i) la inflexibilidad inercial del gasto de funcionamiento y las transferencias a las regiones, lo cual no es nuevo, sino recurrente, ii) el mayor servicio de la deuda, en amortizaciones de corto plazo e intereses liquidados con pérdida de grado de inversión, mas que duplicando este gasto, y iii) la necesidad de sostener la inversión, tanto en infraestructura como en servicios sociales, complementando el escaso dinamismo de los conglomerados.
Por el lado de los ingresos, persiste la incapacidad de mejorarlos y de modificar su composición. La reforma tributaria del 2022 fue trasquilada y desmontada por la Corte Constitucional, creando problemas de desfinanciamiento, mientras la renuncia del Congreso a discutir la construcción de un sistema tributario progresivo, justo y equitativo, impidieron mejorar y diversificar los ingresos, por eso, el gobierno entrega un recaudo del 14.6% del PIB, apenas 0.02% superior a lo dejado por Duque.
Lamentablemente, el gobierno se equivocó con la DIAN y su director se dedicó al Tic-Toc, dejando la tarea pendiente, ni combatió el contrabando ni modificó la composición del impuesto de renta, por eso seguimos teniendo el INRI de ser uno de los países con más alta tarifa nominal del impuesto de renta corporativo y sostener el hibrido entre personas naturales y jurídicas en activos, ingresos y gastos, con exceso de beneficios tributarios.
En materia de deuda pública, el gobierno Petro detuvo la hemorragia y entrega tranquilidad a los mercados. Entre el segundo gobierno Uribe y el gobierno Duque, la deuda neta pasó del 37% al 57.6% del PIB, un incremento de 20 puntos, a un promedio de 1.8% anual, del cual su mayor aportante fue Duque con 11 puntos. El gobierno Petro recibió una deuda neta del 57.6% y pérdida del grado de inversión, la cual no se ha recuperado, y entrega para el empalme una deuda neta del 58.7%. La tendencia a endeudarse se detuvo y se pagó la deuda concentrada en corto y mediano plazo, se redujo la deuda externa y se trasladó mayor proporción a interna, reduciendo riesgos cambiarios. El servicio es más costoso por la perdida del grado de inversión y las altas tasas del Banco, que mejoran los rendimientos de los TES.
Ricardo Bonilla González, Ex ministro de Hacienda
Foto tomada de: El Tiempo

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