- El Modelo de Estado: del Corporativismo Societal a la “Patria Milagro”
El pilar intelectual del laureanismo fue el rechazo a la democracia liberal de “muchedumbres” y el sufragio universal, al cual Gómez calificaba como un sistema que “impone la inferioridad” al sumar a los inteligentes con los “estultos”. En su lugar, Gómez propuso en la reforma constitucional de 1952-1953 un Estado corporativo y societal, donde la representación no residía en el ciudadano individual, sino en gremios y actividades económicas organizadas.
Abelardo De La Espriella revive esta lógica mediante su programa “Patria Milagro”, que bajo el barniz del “Patriotismo Constitucional”, busca subordinar las instituciones a una línea ideológica única y a los intereses de grandes monopolios industriales. Al igual que Gómez integró la Misión Currie para tecnificar la administración bajo un mando ejecutivo fuerte, De La Espriella propone un “achicamiento radical” del Estado (un recorte del 40% de la nómina) que elimina la burocracia técnica independiente para favorecer un modelo de simbiosis entre el Estado fuerte y la gran empresa privada. Es de advertir que esta desregulación absoluta no busca la libertad económica per se, sino la creación de un sistema donde la empresa privada sirve de infraestructura al poder autoritario, replicando el modelo corporativista que el fascismo clásico y el franquismo, tan admirado por Gómez, implementaron en Europa.
- La retórica de la exclusión: el “Basilisco” y la amenaza de “Destripar”
Laureano Gómez es recordado con horror en nuestra historia, como el “hombre tempestad” debido a una oratoria inquisidora y violenta que buscaba la eliminación simbólica y real del oponente. Su metáfora más famosa, el “Basilisco”, describía al liberalismo como un monstruo con cabeza comunista que debía ser extirpado para salvar la fe católica y la nación. Gómez no veía en el disidente a un contradictor legítimo, sino a un “agente de la barbarie” o un miembro de una conspiración “judeo-masónica-comunista”.
Esta violencia semántica encuentra un eco directo en de la Espriella, quien utiliza una narrativa dicotómica de “Los de Siempre vs. Los Nunca”. Al igual que Gómez, de la Espriella deshumaniza al adversario; su amenaza explícita de “destripar” a la izquierda abandona el debate democrático para entrar en el terreno de la supresión física y moral del contrario. El uso de metáforas viscerales (“limpiar”, “extirpar”, “destripar”) cumple la misma función psicológica que en el régimen nazi o el laureanismo: transformar al oponente en un parásito que no requiere conciliación, sino supresión absoluta. Esta retórica es la que, según relatan los historiadores, incitó asesinatos y masacres durante La Violencia de mediados del siglo XX, y hoy se percibe como la antesala de una persecución sistemática en el gobierno de la Espriella.
- El gabinete de la “Sagrada Alianza”: élites, religión y tradición
Una de las paradojas más notables de ambos líderes es su presentación como defensores del pueblo mientras se rodean de las élites más tradicionales y reaccionarias. Laureano Gómez, a pesar de sus ataques a la “oligarquía liberal”, consolidó un poder basado en la jerarquía eclesiástica y los clanes conservadores.
El gabinete de De la Espriella, lejos de representar a “los nunca”, es descrito como un “desfile de condenados, investigados y protegidos por la impunidad”[1], compuesto por figuras de clanes tradicionales como los Char, los Villamizar y los Aguilar. La incidencia del pensamiento de Gómez se observa con especial claridad en la confesionalidad y el conservadurismo moral del equipo ministerial de De la Espriella.
Nombramientos como el de Viviane Morales en Educación, una cristiana fanática y ultraconservadora, y la presencia de líderes religiosos en carteras sociales evocan el Estado confesional a ultranza de Gómez, quien entregó la administración de la educación a la Iglesia Católica y sentó a obispos en el Senado. Un pastor como Jaime Andrés Beltrán, investigado además por corrupción, designado como Ministro de Vivienda, es un ejemplo adicional. Esta alianza entre el poder religioso y el ejecutivo busca revertir avances en derechos reproductivos y diversidad sexual, devolviendo a la sociedad a un orden moral pre-moderno.
Además, figuras como Indalecio Dangond en Agricultura representan la continuidad del latifundismo, que Gómez defendió como “fuente de estabilidad” frente a la reforma agraria. La designación de Dangond, vinculado al escándalo de Agro Ingreso Seguro y a clanes despojadores de tierras, sugiere una “falsa reforma agraria” que, en la práctica, favorecerá el despojo y la venta forzada de tierras a corporaciones, similar al modelo de “hacienda tradicional” que el laureanismo consideraba el núcleo de la nación.
La designación de Elsa Noguera, ficha del clan Char en el Ministerio de Transporte, parece bastante adecuada para que sea coherente con los intereses del clan, pues los Char controlan la operación de 12 aeropuertos del país. En sociedad con un consorcio chino llamado CAH (Airports Holding Company) se quedaron con el control de terminales aéreas como: José María Córdoba de Rionegro, Olaya Herrera de Medellín, El Caraño de Quibdó, Los Garzones de Montería, Antonio Roldan Betancourt de Carepa o Las Brujas de Corozal. Actualmente son el segundo operador más grande de aeropuertos del país[2].
- Seguridad y Cuerpos Paraestatales: De los “Pájaros” a la “Primera Línea de Reservistas”
El aspecto más alarmante de la resurrección de Laureano Gómez en 2026 es la propuesta de seguridad de De La Espriella. Durante el gobierno de Gómez y el periodo de La Violencia, se documentó el uso de fuerzas de policía política y grupos civiles armados conocidos como los “Pájaros” para reprimir a la disidencia liberal y campesina, rompiendo el monopolio estatal de la fuerza.
De la Espriella replica este modelo con la propuesta de creación de una “Primera Línea de Seguridad” compuesta por 80.000 exmilitares y reservistas para vigilancia urbana y vecinal. Diversos análisis comparan esta estructura con las SA o “camisas pardas” del nacionalsocialismo, advirtiendo que la delegación de funciones de seguridad a civiles armados e ideologizados abre la puerta a un paramilitarismo urbano institucionalizado. Esta medida, sumada al nombramiento del general Jorge Eduardo Mora López, vinculado por familiaridad (es hermano del excomandante de las FFMM Jorge Enrique Mora Rangel) y defensa a la época de los “falsos positivos en el Ministerio de Defensa y con investigaciones por corrupción, señala un retorno a una política de seguridad basada en el terror y la eliminación del “enemigo interno”, priorizando la lealtad a las viejas élites militares sobre los derechos humanos.
Adicionalmente es importante destacar otros aspectos que revelan la reencarnación del pensamiento de Laureano Gómez en De la Espriella:
La Limpieza Institucional y el Ataque a la Justicia
Gómez consideraba que el poder judicial y legislativo eran a menudo obstáculos para el “Bien Común” dictado por la autoridad divina. Su proyecto de 1952 buscaba debilitar al Congreso y otorgar al presidente facultades extraordinarias para intervenir en la economía y el orden público sin interferencias.
De la Espriella adopta esta misma lógica de subordinación institucional bajo la consigna de una “limpieza inmediata” de las cabezas de los órganos públicos. Propone recortar el presupuesto de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) en un 90% para cerrarla definitivamente, lo que constituye un desmantelamiento de la justicia transicional y un abandono formal de los compromisos con las víctimas.
Así mismo, la creación de súper-estructuras como el “Bloque de Búsqueda contra la Corrupción” bajo mando directo del Ejecutivo es el diseño de una policía política orientada a coaccionar a las agencias independientes y aniquilar la independencia judicial, manteniendo solo una fachada de legalidad.
Nacionalismo y Aislamiento Internacional
El pensamiento de Laureano Gómez estaba marcado por un profundo escepticismo hacia las influencias extranjeras que no fueran hispánicas o católicas; denunció conspiraciones internacionales y mantuvo una política de “neutralidad” defensiva. De la Espriella moderniza este nacionalismo mediante un alineamiento automático con los populismos de derecha globales, específicamente el proyecto “MAGA” de Donald Trump, lo que pone en riesgo la autonomía nacional al subordinar la política exterior a la lógica de Washington.
Este “aislamiento estratégico” se manifiesta en la propuesta de retirar a Colombia de organismos como la ONU, la OEA y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, dejando a millones de víctimas sin recursos legales internacionales. Al igual que Gómez veía en los masones o judíos a enemigos externos, De la Espriella señala a los organismos de derechos humanos y al ambientalismo internacional como amenazas a la soberanía de su “Patria Milagro”.
El Racismo y la Necesidad del “Salvador”
Finalmente, la incidencia de Gómez en De la Espriella se encuentra en una visión profundamente racista y excluyente en relación con el pueblo colombiano. Gómez afirmaba que, debido a una “desafortunada mezcla racial” y a la geografía salvaje, Colombia solo podía ser gobernada mediante una dirección inteligente y sagaz, obviamente la propia, que desviara el curso de la fatalidad.
De la Espriella utiliza esta misma premisa para justificarse como el único capaz de evitar el “horror” del socialismo o la “barbarie”, frente a un pueblo al que se refirió como “desagradecido, desleal y cafre”. Su discurso asume que la sociedad colombiana está sumida en una degradación tal, que requiere de medidas extremas, como el “modelo Bukele” y las megacárceles, para domesticar a una población que percibe como inherentemente peligrosa. En ambos personajes, la negación de la complejidad de la realidad nacional sirve para proponer disyuntivas extremas: la fatalidad absoluta o el mesianismo autoritario.
En conclusión, el gobierno de Abelardo de la Espriella representa una actualización tecnológica y mediática del pensamiento reaccionario de Laureano Gómez. Con sus políticas de desmantelamiento del Estado social, su retórica de aniquilación del adversario, su gabinete anclado en las élites tradicionales y la creación de fuerzas paraestatales, el país no solo parece resucitar a Gómez, sino que busca consolidar el proyecto que el “Hombre Tempestad” no pudo culminar en 1953.
Este modelo de corporativismo autoritario conducirá a Colombia hacia un callejón sin salida donde los “milagros” económicos se ofrecen a cambio de entregar la separación de poderes y los derechos humanos, como si el gobierno del presidente Petro hubiese creado fracturas económicas en el país, cuando la realidad de las cifras revelan exactamente lo contrario y bien vale la pena anotar algunas. En 2022 al recibir el gobierno, la inflación era del 10,21% y se entrega con el 5.84%; el dólar cotizaba entonces en $4.400 y hoy, mientras escribo este artículo es de $3.220; el desempleo que estaba en el 10,6% bajo a 8,0%, la más baja de este siglo en el país. Adicionalmente la deuda externa del gobierno Duque que era del 48.1%, se redujo al 24.1%.[3] Estos son los datos que desmienten el supuesto caos con el que el presidente “electo”, de lengua fácil desinformando, creó su falsa narrativa de campaña.
El derrotero que plantea de la Espriella, según la advertencia histórica del fascismo, que en nuestro país fue representado por el laureanismo, es un Estado que vacía de contenido la democracia desde su interior, manteniendo las instituciones en pie, pero destruyendo su carácter plural y garantista, para imponer un orden donde los más vulnerables terminan pagando el costo del régimen.
Colombia asiste, pues, al renacimiento de un nacionalismo religioso y empresarial que, en palabras de Thomas Mann, regresa “en nombre de la libertad” para restaurar el horror del fascismo.
Un gabinete que inicia gestión con muchos de sus integrantes con serios cuestionamientos éticos y judiciales y que está de acuerdo en reanudar relaciones con el sionismo genocida de Netanyahu y se arrodilla ante Trump, pues ha de entenderse que si aceptan la designación es porque comulgan con las ideas laureanistas que hoy representa de la Espriella, no ofrece garantías democráticas de ninguna índole para las y los colombianas(os). Es necesaria una resistencia social, jurídica y política para que se dé el real milagro de que el país y su gente podamos sobrevivir a lo que se avecina.
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[1] ALFONSO, Diana Carolina “Cuestionamientos por corrupción y paramilitarismo: el universo ministerial de De La Espriella” – Todos Somos Colombia- julio de 2026
[2] https://www.las2orillas.co/los-negocios-de-los-char-con-los-que-hicieron-su-incalculable-fortuna-y-se-convirtieron-en-los-duenos-de-barranquilla/
[3] Ver https://www.presidencia.gov.co/prensa/Paginas/Gobierno-nacional-logro-bajar-la-deuda-externa-del-41-8-porciento-de-2022-a-24-1-porciento-en-2026-MinHacienda-260529.aspx, https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/mercado-laboral/empleo-y-desempleo
María Consuelo del Río Mantilla, Vicepresidenta Corporación Sur
Foto tomada de: Panorama Cultural

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