Frente a nosotros se abren dos caminos irreconciliables que fueron planteados magistralmente por Charles Dickens en su novela Historia de dos ciudades
“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; íbamos directamente al cielo y nos extraviábamos en sentido opuesto. En una palabra: aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.”
El camino de la confrontación: El fracaso de la geopolítica y el riesgo de extinción
El primer camino es el de la persistencia en la geopolítica clásica: la creencia de que el interés de una nación debe imponerse a expensas de las demás. La expresión más crítica de esta mentalidad es la guerra no provocada contra Irán, impulsada por la denominada “coalición Epstein” de las elites del eje sionista angloamericano.
Los hechos demuestran que la fuerza militar del bloque anglo-estadounidense e israelí ha fracasado en todos sus objetivos estratégicos frente a Irán.
- No se ha logrado un cambio de régimen en Teherán.
- La producción de misiles balísticos iraníes continúa inalterada.
- El programa nuclear de la nación persa sigue activo.
- No se han podido desmantelar los enlaces con las fuerzas de la resistencia regional.
El costo de sostener este conflicto ya asciende a los 4 billones de dólares —sin incluir el precio en miles de vidas humanas que, si bien no tienen un costo monetario, poseen un valor trascendente—, al tiempo que destruye infraestructura civil esencial y desestabiliza los flujos globales de energía y fertilizantes. El estrecho de Ormuz, antes un corredor abierto, hoy está sujeto al cobro de cuotas por parte de la República Islámica de Irán debido a la confrontación; un mecanismo que el país utiliza como fuente de financiamiento, especialmente para sus tareas de reconstrucción.
Mientras el arsenal occidental de misiles de crucero y sistemas de interceptación se encuentra prácticamente agotado, Irán conserva cerca del 90 % de su capacidad balística[i] para responder ante una eventual reanudación de los ataques por parte del eje anglosionista, habiendo demostrado ya su capacidad para alcanzar objetivos militares estadounidenses e israelíes en toda la región.
Este escenario arrastra profundas consecuencias políticas para la gobernabilidad en Estados Unidos. Donald Trump enfrenta un desgaste creciente y la pérdida de apoyo en sectores de su base MAGA, además del riesgo de una derrota en las elecciones de medio término. Aunque ha buscado encontrar una salida políticamente viable al conflicto con Irán, el gobierno de Israel y el poderoso lobby proisraelí en Washington han obstaculizado cualquier posibilidad de acuerdo, bajo el argumento de que Irán constituye una amenaza existencial para la seguridad israelí.
Paralelamente, en el frente de Ucrania, la llamada “Coalición de los dispuestos” de la Unión Europea y la OTAN han cruzado líneas rojas de extrema gravedad: desde intentos de descabezamiento político mediante ataques directos a la residencia de Vladimir Putin, hasta ofensivas contra la tríada estratégica rusa[ii] y la invasión territorial en la región de Kursk. Ante esto, analistas rusos como Serguéi Karagánov han sugerido la posibilidad de lanzar ataques nucleares limitados en suelo europeo. Sin embargo, tal como advierte el físico y experto en seguridad Ted Postol, la noción de una “guerra nuclear limitada” es una imposibilidad técnica: cualquier uso de armas atómicas conducirá de manera inexorable e inmediata a una guerra nuclear total y a la extinción mutua[iii].
Si la guerra contra Irán no se detiene, el mundo se dirigirá a una depresión de consecuencias catastróficas para los países del Sur Global, los cuales verán un aumento drástico en el precio de los alimentos debido al alza en los costos de la energía, el transporte y los fertilizantes. Bajo este escenario, las naciones más ricas podrían acaparar la decreciente producción alimentaria, en una dinámica similar a la ocurrida con las vacunas durante la pandemia de Covid-19. De hecho, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas advierte que el impacto de este conflicto ya pone a 45 millones de personas adicionales en riesgo inminente de hambruna extrema[iv].
El camino del desarrollo compartido: La coincidencia de los opuestos
El segundo camino parte de una premisa distinta, inspirada en el principio clásico de la diplomacia y el beneficio mutuo. Durante la reciente visita de Estado de Donald Trump a la República Popular China, el mandatario estadounidense y Xi Jinping coincidieron en que el diálogo es la única vía para resolver los diferendos internacionales. Este enfoque se fundamenta en el principio filosófico chino de una comunidad de futuro compartido para la humanidad: entender que tenemos un solo destino común como especie.
Al rechazar el determinismo de la «Trampa de Tucídides»[v], Xi Jinping dio a entender que no existe una ley histórica que obligue a una potencia emergente a colisionar con una potencia en declive. El deterioro o el auge de una nación no son procesos mecánicos, sino el resultado directo de sus decisiones de política exterior e interna. Bajo la premisa de que en la cooperación ambos ganan y en la confrontación ambos pierden, el ascenso de China no tiene por qué excluir el porvenir de Occidente; de hecho, Estados Unidos puede restaurar su propio dinamismo si abraza nuevamente los principios económicos y la visión filosófica de sus padres fundadores.
China recalcó que el mundo es una diversidad de culturas, religiones y modelos políticos que debe superar la tendencia a imponer una visión sobre las demás, y entender que por encima de las contradicciones particulares existe un propósito superior como humanidad, que nos permite actuar con sinergia[vi]. Ese todo superior integra —sin anular— los múltiples intereses particulares.
Para detener el colapso, el orden internacional debe recuperar el espíritu de la Paz de Westfalia —que consideró los intereses de seguridad de todas las partes— y promover el desarrollo en los términos planteados en la encíclica Populorum Progressio del Papa Pablo VI, la cual establece que «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz». La seguridad no se logra mediante el equilibrio del terror, sino mediante la superación de la pobreza a través del desarrollo económico.
Esto requiere la implementación y expansión de megaproyectos de infraestructura global:
- Plan de desarrollo para el sudeste de Asia. El Plan Oasis Ampliado[vii] propone una transformación estructural basada en el desarrollo de infraestructura, energía nuclear, industria y agricultura de alta productividad. Su eje central es expandir la gestión hídrica hacia el Sudeste de Asia, la India y el Mediterráneo; un esfuerzo que incluye el proyecto estratégico de un sistema de canales desde el mar Mediterráneo hasta el mar Muerto.
- Tecnología de Frontera para la Vida: Utilizar la exploración espacial y la ionización de la atmósfera para localizar y encontrar fuentes hídricas. El referente directo es la transformación que China aplicó en el noroeste y en la región de Xinjiang, convirtiendo tierras áridas en bosques y huertos capaces de producir 30,000 toneladas de alimentos al año.
- Corredores de Integración: Consolidar el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), conectar el eje San Petersburgo-India y restablecer el Sudeste de Asia como el nodo central de la nueva Ruta de la Seda que impulsa la República Popular China.
Conclusión: Los adultos en la sala
Para evitar una nueva era de tinieblas, tal como advirtió la exministra de Relaciones Exteriores de Sudáfrica, Naledi Pandor, se necesita con urgencia que «los adultos entren a la sala» en cada una de las naciones soberanas[viii]. Es imperativo abandonar la geopolítica y reemplazarla por un principio superior de compromiso con la supervivencia y el bienestar de nuestra especie.
Los seres humanos somos la única especie creativa del universo conocido, capaces de pensar —como lo planteó el Papa León XIV en la audiencia jubilar del 25 de octubre en la Plaza de San Pedro[ix]— en términos de la coincidentia oppositorum o “coincidencia de los opuestos” [x], concepto formulado por el cardenal renacentista Nicolás de Cusa. Esta categoría nos permite comprender que el bienestar del UNO (la humanidad como un todo) posee una magnitud e importancia superior frente a los intereses particulares de los muchos (los bloques o naciones locales). Solo mediante el valor político para sustituir la usura y la guerra por una arquitectura de seguridad y desarrollo compartido, seremos capaces de transformar el rumbo de la historia hacia un horizonte de prosperidad y bienestar, los cuales constituyen los soportes de una paz global estable y duradera.
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[i] https://www.pressreader.com/colombia/el-tiempo-bogota/20260517/281479283053478
[ii] La tríada estratégica rusa es el conjunto de capacidades nucleares de Rusia basadas en tres componentes: misiles balísticos intercontinentales terrestres, submarinos nucleares con misiles balísticos y bombarderos estratégicos de largo alcance. En 2025, Ucrania realizó, con el apoyo de la OTAN, ataques con drones contra bases aéreas rusas, destruyendo o dañando varios bombarderos estratégicos utilizados como parte de dicha tríada, lo que elevó significativamente la tensión militar y el riesgo de escalada nuclear.
[iii] https://www.youtube.com/watch?v=YyGRpyirZQg
[iv] https://www.lasexta.com/noticias/internacional/rozando-record-inhumano-45-millones-personas-caeran-hambruna-aguda-termina-guerra-iran_2026040369cf857a83aca52e0e41f3fe.html
[v] Concepto que describe el riesgo de guerra que se genera cuando una potencia emergente (como China) desafía la supremacía de una potencia establecida (como Estados Unidos). El término fue acuñado por Graham Allison a partir de la tesis del historiador griego Tucídides, quien afirmó que el auge de Atenas y el miedo provocado en Esparta hicieron inevitable la guerra del Peloponeso.
[vi] https://espanol.cgtn.com/news/2026-05-15/2055146979181301762/index.html
[vii] Es una iniciativa impulsada en el marco de la Coalición Internacional por la Paz (IPC) que propone utilizar el desarrollo de infraestructura masiva, la desalinización de agua con energía nuclear y la creación de “oasis” agrícolas e industriales como base para solucionar el conflicto palestino-israelí.
[viii] https://www.youtube.com/watch?v=uYisc_FT8tA
[ix] https://eldiarioantillano.com/uno/2025/10/29/el-papa-leon-xiv-habla-sobre-nicolas-de-cusa-a-10-000-peregrinos-del-jubileo-en-la-plaza-de-san-pedro/
[x] En el ámbito de la filosofía y la geopolítica que estamos planteando, la coincidentia oppositorum describe una categoría de pensamiento superior donde los elementos que parecen contradictorios, enemigos o irreconciliables en un nivel inferior (por ejemplo, los intereses locales de naciones en conflicto), se unifican y encuentran perfecta armonía en un nivel superior (el bienestar de la humanidad como un Todo, o el “Uno”). Es la base filosófica para justificar que potencias con sistemas políticos opuestos puedan y deban cooperar por un destino común. El término coincidentia oppositorum fue acuñado y desarrollado en el siglo XV por el teólogo, matemático y filósofo renacentista Nicolás de Cusa en su obra De Docta Ignorantia («Sobre la docta ignorancia»).
Carlos Julio Díaz Lotero
Foto tomada de: La Tercera

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