Comentarios similares sobre lo que ha significado el paramilitarismo y el narcotráfico desde este territorio hacia el resto del país, le costaron a Iván Cepeda una declaratoria como persona no grata en la asamblea departamental y el rechazo airado del alcalde, gobernador, corporados, empresarios y medios de la ciudad.
Por más que la derecha paisa intente negar la historia de violencia que desde Antioquia irrigó el territorio nacional, siempre habrá quien recuerde hechos como las convivires y el engendro del paramilitarismo; los miles de falsos positivos que se expandieron a otros departamentos; los desaparecidos por la operación militar urbana conocida como orión, en la comuna 13, resultado de la alianza gobierno y paramilitares (don Berna); la violencia indiscriminada de Pablo Escobar, eliminado también por una alianza similar – gobierno Gaviria y pepes (perseguidos por Pablo Escobar)- cuya herencia se consolidó en la ciudad a través de estructuras armadas ilegales del crimen de alto impacto, contra quienes gobernantes como Federico Gutiérrez han sido incapaces de su desmantelamiento; después de la desmovilización de las antiguas AUC, desde Antioquia resurgió el clan del golfo hoy autodenominado ejército gaitanista de Colombia, la organización criminal más fuerte del país. Con esa historia tan rica y diversa patalea la dirigencia paisa. Después de Cepeda, quien la recordó en medio de rayos y centellas, vino Abelardo De la Espriella y ante sus narices, se las enrostró. Silencio.
El negacionismo de la historia por parte de las derechas, tiene el mismo resultado que tuvo la inútil decisión de Federico de demoler el edificio donde vivió Pablo Escobar, con la pretensión de echarle tierra a esa parte de nuestra memoria de violencia.
En ese evento del 20 de julio Abelardo le dio 17 días a “la cabeza de la serpiente” para que se someta o asuma las consecuencias. Amenazas con fechas perentorias también ha hecho públicas en otros territorios del país en contra de dirigentes de organizaciones ilegales de todo tipo. El afán no es desmantelar esas agrupaciones sino eliminar jefes, los objetivos de alto valor. Política fracasada. El alcalde de Medellín lleva todo su gobierno anunciando la liquidación de estructuras como la oficina, la terraza, los Triana, los pachellis, los mesa, los pesebreros, etc., que han soportado 30 o más años el asedio oficial con las mismas formulas insulsas que ahora anuncia el gobierno del “país milagro”, con un aditamento: el Escudo de las Américas, como si el gobierno de los EEUU con la CIA, la DEA y otros organismos transnacionales, alguna vez haya estado por fuera de Colombia.
Federico Gutiérrez se mordió la lengua – ¿o no se daría cuenta?- para no reprocharle a Abelardo el insulto a la pretendida dignidad paisa, porque cree que la iniciativa del Escudo de las Américas, con la instalación en Medellín de la artillería gringa contra la delincuencia organizada, es la oportunidad para poderle dar en la cabeza a la “serpiente” o las estructuras armadas organizadas cuyos voceros se sentaron con la delegación del gobierno nacional para construir la paz urbana en el Valle de Aburrá, en un espacio de conversación socio jurídico, con resultados como la reducción significativa de la violencia homicida, relato que en el imaginario popular cogió más fuerza que el relato de que esos logros eran por la actividad de la alcaldía de Medellín. El mandatario local no perdonará que el espacio de conversación haya sacado a flote el contubernio que durante muchos años existió entre esas organizaciones criminales y sectores de la dirigencia política y empresarial, hoy al frente de la ciudad.
Las estructuras armadas ilegales urbanas que Federico quisiera destripar, no cumplen con el perfil del enemigo perseguido por el Escudo de las Américas.
Para Trump, supuestamente, la razón de ser de la alianza político militar de la derecha en la región es la confrontación del narcotráfico como una amenaza terrorista y para ello anuncia extradiciones, bombardeos, bases militares y presencia gringa, inteligencia y equipos de última generación. No colaboración sino subyugación de las naciones al gobierno norteamericano. En lugar de presidentes en los países del Escudo, tendremos cónsules mandamases. Un reciclaje de las políticas que han alimentado la lucha contra el narcotráfico durante décadas, con los resultados conocidos. El ordenamiento estatal del mercado de las drogas sigue siendo la solución escondida.
Para desgracia de Federico y algunos de sus concejales, las estructuras criminales de Medellín y el Valle de Aburrá hace rato que dejaron de ser exportadores de coca hacia el boyante mercado norteamericano. Ninguno de sus lideres o representantes está pedido en extradición. E incluso, es tal su voluntad de no enemistarse con las autoridades de los EEUU que desde abril de 2023 asumieron el compromiso público de no permitir la producción o comercialización de drogas como la heroína o el fentanilo. Por la capacidad de regulación de esas estructuras, el crimen multinacional no ha podido pelechar con fuerza en la subregión del área metropolitana de Medellín. Sin embargo, el tren de Aragua no ha dejado de ser una amenaza, que se incrementará si los avances logrados por la paz urbana se entierran con el nuevo gobierno, acorde con su postura voluntarista de que “la paz no se negocia con delincuentes”, sino que “se impone mediante la aplicación estricta de la ley y la acción de la fuerza pública”.
La razón de ser de la iniciativa del Escudo de las Américas no es la seguridad, ese es el anzuelo esgrimido por el populismo nacionalista, reaccionario política y culturalmente, de la extrema derecha estadounidense para hacerse al control de los países de la región con sus recursos naturales a bordo y cerrar el paso a China en expansión que amenaza su hegemonía. En Colombia será imposible desterrar a los chinos presentes, con operación y recursos, en grandes obras de infraestructura de larga duración.
Tan poco le importa a Trump, en la realidad, la lucha contra el narcotráfico, que en los eventos de configuración del Escudo no participaron los más involucrados en la problemática: Colombia y México, y Brasil. Además de indultar a reconocidos narcotraficantes juzgados y condenados por los jueces norteamericanos.
Sobre la alianza de la derecha coligada en el Escudo de las Américas pesan muchos riesgos aniquiladores. No basta la promesa de la seguridad alimentada por el miedo, porque con la economía Trump seguirá con el inamistoso garrote de los aranceles, como los recientes subidos al 12.5 %; en noviembre la pela electoral a los republicanos puede ser sin antecedentes; la derrota estratégico militar de EEUU en Irán pasará cuenta de cobro; y las encuestas de favorabilidad serán devastadoras.
El Escudo de las Américas, vendido como instrumento generador de seguridad urbana, sirve para llenar titulares de prensa. El alcalde de Medellín no pierde la oportunidad para reclamar méritos no propios, como ocurre con las cifras de homicidios y la erradicación de las fronteras invisibles, resultados de un compromiso en el espacio de conversación socio jurídico entre el gobierno nacional y los voceros de las estructuras armadas ilegales. La información de este martes 28 de julio en El Colombiano fue “El alcalde Federico Gutiérrez lanzó la Task Force Medellín 2026, una fuerza conjunta entre Colombia y Estados Unidos… en materia migratoria, 216 extranjeros han sido inadmitidos en el aeropuerto José María Córdova por representar riesgos asociados a estos delitos desde 2024, de los cuales 105 corresponden a lo que va de 2026, el registro más alto desde la implementación del sistema… parte de ese resultado se explica por la plataforma Angel Watch, que permite identificar automáticamente a personas con antecedentes por pederastia o agresión sexual cuando aterrizan en vuelos internacionales en el José María Córdova. “Inmediatamente se verifica si tiene antecedentes, se aborda y es inadmitido”, explicó el alcalde.” O sea, los extranjeros que son devueltos por tener malas intenciones, son previamente identificados, ¿por quién? Migración Colombia, entidad del gobierno nacional. Federico no tiene ninguna competencia en materia migratoria, pero tiene a su favor los recursos para comprar titulares.
Jorge Mejía Martínez
Foto tomada de: El País

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