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De la guerra jurídica a la batalla cultural

27 julio, 2026 By Miguel Ángel Herrera Zgaib Leave a Comment

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Dos juristas colombianos, de diversa prosapia familiar, resucitados por la gran prensa al servicio del capital financiero fueron exitosos voluntarios en la campaña de Abelardo de la Espriella a la presidencia de Colombia. El primero, el más publicitado, es Mauricio Gaona, graduado de analista por Julito Sánchez, en la fenecida W, y ahora en la resucitada Caracol.[1]

Un poco de historia incidental. Mauricio es el hijo de un gran jurista democrático, con simpatías de izquierda, Manuel Gaona Cruz, un magistrado asesinado en el asalto al Palacio de Justicia. Su debut comenzó cuando el hijo desmiente que Gaona hubiera muerto por acción de los militares en el asalto de las fuerzas especiales. Él sindicó sin prueba fehaciente al comando asaltante del M 19 en los terribles hechos del Palacio de Justicia, el 5/6 de noviembre de 1985.

Después de una impactante presentación mediática, el académico que es constitucionalista residente en Estados Unidos se ha vuelto activo en redes, y visitante de su país por este tiempo de vacaciones. Entrevistado por John Torres, en El Tiempo, desacredita el proyecto del gobierno Petro y el Pacto Histórico, por el propósito de la asamblea constituyente (liberal), que promovía en paralelo con el ciclo electoral colombiano. Su opinión disfrazada de tesis es que el uso de este mecanismo democrático conducirá del gobierno populista presente a una dictadura constitucional.

Mauricio dedicó un libro “La Constitución soy Yo” a su causa político jurídica.  De la que el reportero Torres destaca ante todo el cómo se refiere al presidente Petro:

“Él es el arquetípico líder aspirante a dictador. Asciende al poder con el populismo. Son propuestas simples para problemas complejos…Pero al perderse ese efecto del populismo emerge el autoritarismo. Vamos por la Constitución: el aspirante a dictador busca finalmente que su voluntad se registre en un documento que se llama Constitución, que es más como una especie de manual de dictador.”[2]

Este joven intelectual tradicional, envejecido cazador de “dictadores”, guarda silencio sobre los adversarios del progresismo: la reacción que competía por la presidencia de Colombia. Con una absoluta ignorancia del periplo sangriento, antidemocrático del Régimen Para presidencial colombiano.[3]

Nada dice de la anomalía política perversa del Para presidencialismo, que viene adquiriendo día por día los visos de un parafascismo al prolongar su agonía. Arrancó con la crisis abierta por la interrupción abrupta de la negociación de la paz entre Manuel Marulanda y Andrés Pastrana,[4] la reemplazó el Plan Colombia, que perfeccionó la injerencia del imperio en la “apertura” neoliberal, recogida en la misma Constitución de 1991.

Así las cosas, no era más que la coronación de una iniciativa imperial continental.[5]  Contó primero con la obsecuencia del presidente César Gaviria, quien permitió bases militares estadounidenses a espaldas del Congreso, y de la ciudadanía colombiana depositaria de la soberanía nacional. Dicha presencia alcanzó nuevas cotas de intervención, con los anuncios y contactos del presidente electo.[6]

Gaona reafirma, con respecto a la propuesta de Asamblea Nacional Constituyente, inscrita el 26 de diciembre de 2025, su exposición de motivos  y el articulado básico, que es un camino que rechaza, “Y sí es viable, en el sentido de que, como ya está registrada, si llegan a ganar, aunque no tienen mayoría en el Congreso, sí controlan la mayoría de las minorías, con 67 escaños…se pueden lograr negociaciones que les permitirían eventualmente, iniciando un gobierno, obtener una votación en el Congreso.”[7]

La conclusión política del constitucionalista al servicio de la reacción liberal es del siguiente tenor, al calibrar el sentido de la elección presidencial, cuando punteaba Iván Cepeda que para nada distinguía del presidente Petro:

“No solamente se está eligiendo a un presidente; se está eligiendo un cambio total de vida, porque dependemos del carácter y la voluntad de un hombre, ya que no hay controles para limitarlo…Me parece que sería supremamente difícil para el país pensar que va a sobrevivir y que la democracia va a sobrevivir.”[8]

El otro mastín en la tras-escena electoral es Manuel José Cepeda, constitucionalista también, hijo del abogado y politólogo Fernando Cepeda Ulloa[9], figura en el proceso de paz impulsado por el presidente Virgilio Barco con el M19, el EPL, el Quintín Lame y el PRT. Es el can Cerbero del orden degenerado de 1991 por el devenir anormal de la apertura neoliberal. Él que fue uno de los padres putativos del diseño institucional encomendado por Gaviria a él, y a Humberto De la Calle. Encarrilaron, a través del pequeño congresito, las deliberaciones de la asamblea constituyente bajo la triple presidencia que incluyó a Antonio Navarro,[10] representante de la nueva fuerza política progresista AD/M19.

La Constitución de 1991, ha sido reformada más de 50 veces su texto original, para adecuarlo a los intereses del bloque en el poder, la más de las veces, y para implementar como madre de todas las políticas públicas a la política pública de guerra, desde el día cero del inicio del proceso constituyente, con el bombardero clandestino al cuartel general de las Farc Ep, ordenado por el presidente y su ministro Rueda, luego escrito de un volumen sobre las guerras.

Ahora que las reformas tienen otro signo, la búsqueda tímida de las reformas sociales prometidas y no cumplidas hasta el presente gobierno del Cambio, esto dice “Cepedín”: “La asamblea constituyente que se ha propuesto en este momento es para que el Ejecutivo pueda hacer lo que quiera. El argumento del bloqueo institucional en el momento actual es para fortalecer el Ejecutivo y para que no tenga límites ni controles”.

El eminente joven jurista ha perdido la memoria constitucional, para recordar lo hecho, en el sentido reaccionario por el partido de la guerra, bajo la presidencia de Álvaro Uribe, para reelegirse, como lo consiguió, y la intentona de ser presidente por tercera vez, bajo el juego de los articulitos. Tampoco ha dicho nada con respecto a la “temida” reelección de Juan Manuel Santos, gestor de la paz neoliberal con las Farc Ep, en la que volvió a trabajar en sus cimientos jurídicos políticos su gemelo intelectual, Humberto De la Calle en 1991, defensores del placebo constituyente, que plasmaron en los artículos de la carta magna de 1991.

Peor aún, no conforme con lo que hicieron, redactado con la diestra pluma del constitucionalista Jacobo Pérez Escobar, que incluyó los emplastos añadidos en las tareas del secreto Congresito, el otro Cepeda quiere borrar lo conseguido en el cruce entre el neoliberalismo económico y el bloque de constitucionalidad que prometía garantizar los derechos fundamentales. Él es reaccionario a que se toquen las bases socio económicas de la desigualdad, y propende sin decirlo por el aplazamiento de la reforma agraria.

Por voluntad de esta doble traición intelectual al liberalismo socializante de Uribe, Gaitán y García Nossa, la suya complementa la de otro delfín “despistado” Mauricio Gaona. En suma, quieren contrarreformar. Es decir, retornar a la rígida Constitución de 1886, que en la guerra de fin de siglo contra el Radicalismo, lo rodeó de casamatas y trincheras. Tal fue el leitmotiv de la Regeneración pactada por Núñez y Caro. Aquí y ahora, a lo Hegel, para blindar de cualquier reforma progresiva, el inquieto Cepedín propone sin empacho, un retorno al rancio Tibet andino, orlado de rabulería jurídica:

“Propongo la reforma del artículo 376 de la Constitución. Para que la ley mediante la cual se convoca al pueblo para que diga si quiere o no una constituyente sea aprobada por una mayoría absoluta de los miembros, como dice hoy, sino por las dos terceras partes de cada cámara. La constituyente va a tener que negociar y constituir consensos. Pero aún más si se propone una constituyente con una competencia ilimitada, es decir, que pueda cambiarse toda la Constitución. Ahí la mayoría creo que debe ser de las tres cuartas partes de una y otra cámara, mucho más exigente…Un ejemplo de ello es Estados Unidos. Otro Alemania, con las dos terceras partes de los miembros.”[11]

Con estos dos intelectuales tradicionales, queda más que clara la diferencia entre liberalismo y democracia. Es la prueba, que en Colombia, el liberalismo socializante de la primera mitad del siglo XX no pudo alcanzar la democracia. La que fuera expresión amenazante de Jorge Eliécer Gaitán en la marcha por la paz, en cambio, le dio paso a sangre y fuego en los siguientes 70 años a la degeneración reaccionaria, neo conservadora solamente ahora con un interregno progresista de cuatro años, luego de impuesta la paz neoliberal en 2016.

La publicística de esta dupla, Mauricio y Manuel José, con el triunfo legal de Abelardo de la Espriella, no hablan más de legitimidad que le espetaban a los actos de gobierno de Gustavo Petro. Los gemelos, a punto de convertirse en consejeros del potencial príncipe fascistoide, Abelardo De la Espriella hacen mutis por el foro. Su silencio vociferante lo pagará bien, en un nuevo avance de la revolución pasiva, con la complicidad de los predicadores in sotto voce, del esperpento valleinclanesco de la patria milagro.

Poca duda cabe, que ellos estarán pronto como albañiles en la arquitectura del cesarismo regresivo latinoamericano, que quiere extirpar cualquier vestigio de la ola progresista que se expandió desde Venezuela en 1999. Serán artífices del “borramiento” de cualquier huella democrática que sobrevivió a las 41 contrarreformas de la Constitución de 1991. Aquellas que durante el gobierno del cambio tienen como silla talar al artículo 13, promesa institucional del Estado Social de Derecho.

Contratiempos y fraude. La guerra de posición hegemónica

Ahora bien, la expectativa del triunfo de la recuperada estrategia de revolución pasiva abreva en la que llaman los corifeos del agónico régimen Para Presidencial: la batalla cultural.  Es la palabra de orden del tigre con que interpela al pueblo de los simios que lo siguió con algo más de la mitad de los votos depositados para un escrutinio en manos privadas.

Él, con sus maullidos y desplantes, los orienta hacia el partido de la guerra, con su verborrea populachera, que juntó en el voto, con todas las estratagemas virtuales y monetarias, a la reacción, la derecha, y parte del autodenominado centro.

Sin embargo, después de ganar la elección, el partido de la guerra vivió una notoria defección. Esta provino de su mayor aliado, el Centro Democrático, cuando su pontífice máximo, César sub judice de la revolución pasiva, que marcó la prolongada decadencia neoliberal del último cuarto de siglo, ordenó votar por Honorio Henríquez para presidente del nuevo Congreso.

Esta derrota de Firmes por la Patria y sus aliados en la pasada instalación del Congreso, quemó a Alfredo Deluque,[12] el ungido por Abelardo. El Pacto Histórico no podía faltar para atizar esta hoguera táctica. Votó en público por Honorio Henríquez, un uribista de hueso

Esta revolución por la vía de las reformas sociales en profundidad, característica del experimento progresista en Latinoamérica, tiene como protagonistas a los grupos y clases subalternas, una vez victoriosos contra la derrota del sentido común neoliberal que agónico parece reanimarse. Esta batalla político-cultural es la más importante de un nuevo episodio de la revolución democrática en el devenir de la coyuntura estratégica que abre el año 1999.

En el curso actual de la guerra de posición política que se libró primero en el campo de la sociedad política colombiana, ahora la disputa hegemónica entró a resolverse de modo definitivo en el ámbito de la sociedad civil, donde están incrustadas desde el comienzo del tercer milenio las cepas del micro-fascismo en las que se atrinchera la Para-República en su lucha a muerte, puesto que se han venido subvirtiendo los órdenes de la subordinación ideológica regional y local, casamatas del régimen reaccionario que se resiste a morir, que parece ahora cobra nuevos impulsos.

Como lo recordara Iván Cepeda en un reportaje anterior, ahora los abanderados de la transformación democrática no son las huestes corporativas de los indígenas, los campesinos, los afros, los jóvenes, las mujeres, las otras minorías, los soldados, los miembros de la tercera edad, sino unas y otras, en su lucha por la autonomía individual y social, las singularidades y pluralidades que constituyen la multitud ciudadana del cambio con igualdad social, negada y aplazada por décadas.

En últimas, por la primera vez, en doscientos años de maltrecha vida republicana, no solo se vota para elegir un presidente, sino por una u otra forma de vida, y con estas dos opciones principales a la vista de todos. Por una parte, construir públicamente en colectivo el proyecto que da sostén al partido de la vida enfrentado a la agonía, quizás definitiva del Régimen Para Presidencial, y su partido de la muerte. Éste, que no oculta querer destripar a su adversario, imponer una fórmula totalitaria y descarrilar el curso necesario, urgente de la reforma intelectual, moral y educativa.

Esta reforma demanda superar la traición de los intelectuales tradicionales, disfrazados de técnicos, hegemónicos en la dirección del país, con la Universidad de los Andes a la cabeza. Para ello se requiere la presencia y la conducción de la intelectualidad orgánica que viene haciendo la catarsis de la nueva economía en la corriente neo progresista latinoamericana e internacional, y que proviene en buena medida de los espacios académicos y científicos de las universidades públicas, con una valiosa interlocución renovadora con las instituciones privadas, dispuestas a romper con los dogmas neoliberales y ultraconservadores.

Es aquí donde el proceso constituyente de la Universidad Nacional, con todo y sus limitaciones es una suerte de catalizador en esa dirección del progresismo de izquierda. En estos días se está resolviendo el proyecto de reforma de la educación superior, la Ley 192 de 1992, en el CSU, donde todas las cuerdas se tensan a marchas forzadas.

___________________________

[1]Delfín mediático que banaliza la política nacional como si fuera lo mismo que conducir un programa de Espectaculares JES, al estilo de lo que fue “Concéntrese”.

[2] Gaona, Mauricio, ET, op. cit., 1.6.

[3] Consultar, el libro el 28 de mayo y el presidencialismo de excepción en Colombia, Herrera Zgaib, Miguel A et al. Unijus.

[4] Una estratagema, a la espera de sellar la ayuda político-militar bautizada Plan Colombia, que se adelantaba con el gobierno de Bill Clinton.

[5] La iniciativa de Las Américas, una estrategia bipartidista imperial del ceo del petróleo y presidente George Bush, padre, que fracasó, pero tuvo un rediseño con la administración demócrata de Clinton.

[6] Al respecto, no se conoce ningún documento del presidente Petro, y sus oficinas a cargo, que “desempolve” tales tratados de asistencia y/o apoyo militar, si los hay en copia escrita depositados a resguardo del gobierno colombiano.

[7] Gaona, o.c. ídem.

[8] Ibidem.

[9] Oráculo del binomio Gobierno-Oposición en la presidencia de Virgilio Barco, y orate en las sucesivas crisis del Frente Nacional, y la urgente reforma del orden autoritario envejecido y remendado de 1886. Un hombre de confianza del establecimiento estadounidense desde los tiempos de la creación de la Universidad de los Andes. Abogado graduado en la Universidad Nacional de Colombia.

[10] No sobra recordar que Antonio Navarro aceptó descabezar a la dirigencia “natural” de AD/M19, impidiendo que pudieran presentarse en la siguiente elección para Congreso, donde se daría el espaldarazo al nuevo orden.

11] Cepeda, José Manuel, Entrevista en ET, 16/6/26, p. 1.4.

[12] Senador por el partido de la U, vinculado con las experiencias políticas de la Para República en el bloque reaccionario que junta la experiencia de dos mastines con pedigrí para la guerra jurídica contra la democracia subalterna.

El Colofón de la Democracia Subalterna

Sin embargo, la expectativa del triunfo de la estrategia que orienta las aspiraciones del partido de la guerra, unida por la verborrea populachera de Abelardo De la Espriella que junta a la reacción, la derecha, y parte del autodenominado centro, vivió antes gran lección, un ajuste que provino, y no podría ser de otra parte, que del despertar renovado de la revolución democrática.

Esta revolución por la vía de las reformas sociales en profundidad tiene como protagónicos a los grupos y clases subalternas, victoriosos en la batalla cultural que resuelve la disputa por la hegemonía en el ámbito de la sociedad civil, en la que se han venido subvirtiendo los órdenes de la subordinación ideológica. Como lo recuerda Cepeda en su reportaje, no son las huestes corporativas de los indígenas, los campesinos, los afros, los jóvenes, las mujeres, las otras minorías, los soldados, los miembros de la tercera edad, sino las singularidades y pluralidades que constituyen la multitud ciudadana.

Ellos y ellas rompieron el sentido común dominante en múltiples y cada vez más profundas batallas a lo largo de un cuarto de siglo. Estos son los heraldos de una verdadera reforma intelectual, moral y educativa que tiene como trasunto la reforma agraria y urbana, que acompañan la garantía del derecho al trabajo con un salario mínimo vital. Junto a ello la soberanía plena de Colombia, la propuesta de un nuevo modelo de desarrollo centrado en la vida y la defensa de la naturaleza, que no tenga al crecimiento destructivo como pilar del desarrollo humano y social.

En últimas, por la primera vez, en doscientos años de maltrecha vida republicana, no solo se votó para elegir un presidente, sino por una u otra forma de vida. Con estas dos opciones principales a la vista de todos, el antagonismo se hace evidente también en términos de clase. Por una parte, al construir públicamente en colectivo el proyecto que da sostén al partido de la vida enfrentado a la agonía, quizás definitiva del Régimen Parapresidencial apoyado en el partido de la muerte reencauchado con Firmes por la Patria. Este engendro mediático y paramilitar, que no oculta querer destripar al adversario democrático, para imponer una fórmula totalitaria y descarrilar el curso necesario, urgente de la reforma intelectual, moral y educativa.

En esta coyuntura estratégica en vía de solución definitiva, el precipitado de las reformas demanda, antes que nada, superar la traición de los intelectuales tradicionales, quienes disfrazados de técnicos, hegemónicos por años en la dirección del país.

Miguel Angel Herrera Zgaib, Grupo Presidencialismo y Participación.

Foto tomada de: CW+

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