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Venezuela bajo la espada de Damocles

25 mayo, 2026 By Carlos Jimenez Leave a Comment

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En esta situación se encuentra exactamente hoy el gobierno socialista de Venezuela encabezado por Delcy Rodríguez, la vicepresidenta encargada. En la trágica madrugada del 3 de enero pasado,  inmediatamente después de la sangrienta operación de comandos que logró el secuestro del presidente Nicolás Maduro, ella, su hermano Jorge y Diosdado Cabello, el secretario general del Partido Socialista Unificado de Venezuela, recibieron sendas llamadas en las que el director de la CIA les enfrentó a la disyuntiva o se someten  a nuestra voluntad  o  haremos con cada uno de ustedes lo que hemos hecho con Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores. No dudaron mucho:  aceptaron la imposición. Y no solo porque este secuestro fue exitoso, a pesar de la resistencia armada que costó la vida de un centenar de militares cubanos y venezolanos que protegían a la pareja.

Intuyo que no fue solo el miedo por sus vidas el que movió a estos dirigentes venezolanos a aceptar el sometimiento al dictado imperial. Es muy posible que haya pesado su decisión la situación de indefensión en la que se encontraba de hecho la Venezuela bolivariana. En la primera semana de 2026 una flota encabezada por el portaaviones Gerald Ford, el más moderno y poderoso de la armada estadounidense, inició el bloqueo marítimo de Venezuela mediante una campaña de mortíferos ataques a lanchas de pescadores, acusados con sin pruebas y menos sin juicio previo de ser narcotraficantes. Y encima “terroristas”. El ataque del 3 de enero corroboró que la administración Trump estaba decidida a lograr por las armas lo que no había logrado en Venezuela con una década de devastadoras sanciones económicas y financieras, de incansables campañas mediáticas de desprestigio y de aislamiento político y diplomático. No olvidemos que la presidencia espuria del opositor Juan Guaidó recibió, según los medios que han hecho suya la agenda informativa del Imperio, el apoyo de “más de 50 países”.

Nunca nos dieron la lista completa de esos supuestos o reales apoyos. Pero si la noticia de que le apoyaba Iván Duque, entonces presidente de Colombia, y que había sido recibido con todos los honores y en el Palacio del Elíseo de París por Emmanuel Macron, el presidente de Francia.

La operación Juan Guaidó fracasó porque ni las autoridades venezolanas ni desde luego sus mayorías populares la respaldaron. Entre otros motivos porque la alegría criminal con la que su gobierno de bolsillo legitimó la expropiación de hecho de cuantiosos bienes venezolanos en el extrajeron, dejó muy clara la calaña de un líder salido de repente de la nada. Guaidó vive ahora un exilio dorado en la Florida, donde disfruta de los millones de dólares con los que fue recompensado su desempeño de Judas.

El año 2025 fue un año decisivo para la República bolivariana. En primer lugar, porque contaba con la legitimidad de haber sido reelegido presidente en las elecciones de julio de 2024, en las que obtuvo más de un millón de votos de los obtenidos por Edmundo Gonzáles, el candidato de la oposición. En segundo lugar, pero no por ello menos importante, porque la economía había entrado en un proceso de franca recuperación, después del catastrófico desplome causado por las sanciones impuestas por Donald Trump durante su primer gobierno. Venezuela seguía sancionada y por lo tanto excluida del sistema financiero y comercial dominado por Estados Unidos, pero si logro sobrevivir y neutralizar en parte los efectos devastadores de las sanciones fue porque Rusia e Irán y sobre todo China hicieron caso omiso de las mismas, comprar su petróleo, concederle créditos y realizar inversiones destinadas a reparar y modernizar la infraestructura de su industria petrolera, seriamente dañada por las sanciones. En 2025 el índice de crecimiento económico de Venezuela figuró entre los más altos de América Latina.

Ante el hecho cierto de que Venezuela se escapaba del control de Washington fue por lo que Trump decidió imponerle un riguroso bloque naval, so pretexto de la “lucha contra el narco terrorismo”. Reforzado con la elevación a 50 millones de dólares de recompensa a quien suministrase información que permitiera la captura de Nicolás Maduro, víctima de una agresiva campaña mediática que lo acusaba de ser la cabeza del Cartel de los soles. Una invención de la CIA, como lo demuestra que la fiscalía decidió retirar dicho cargo, cuando su abogado defensor solicitó la comparecencia del director de la agencia en el juicio, con el fin de corroborar esta acusación. Solo quedan en pie dos acusaciones. La corrupción y la tenencia ilegal de armas. ¡En un país donde suman millones los que tienen armamento de carácter militar en sus casas! Y cuyas armerías surten de esta clase armas a los cárteles de la droga.

El bloqueo naval impuesto por orden de Trump expuso a la República bolivariana a nuevas amenazas. La primera: cortaba de un tajo las ventas de petróleo que había revitalizado su economía y sus finanzas públicas y respaldado los préstamos contraídos con Rusia y con China. La US Navy incautó en enero pasado un buque petrolero ruso y otro chino, sin que estas dos grandes potencias militares hicieran nada distinto a protestar enérgicamente por estos actos de verdadera piratería.  La segunda: planteaba un escenario bélico para el cual la República bolivariana no estaba realmente preparada. En el segundo semestre de 2025, el incremento de las amenazas y los insultos proferidos por Trump, había sido respondido por el gobierno del presidente Maduro, con el despliegue del Ejército y el armamento y la movilización de las milicias populares. Instrumentos adecuados para responder con posibilidades de éxito un desembarco de marines. E incluso una eventual invasión del Ejército colombiano, uno de los más grandes y fogueados de América Latina. Pero limitados o insuficientes para librar guerra en los cielos.

El éxito del fulminante operativo que permitió el secuestro de Nicolás Maduro puso en evidencia dichas limitaciones. Mucho se ha especulado sobre las razones por las que los aviones de combate venezolanos no contraatacaron en ese momento decisivo. Se ha hablado incluso de traición, de topos infiltrados en los altos mandos militares. Yo no estoy en capacidad de aprobar o rechazar estas versiones. Pero lo que sí puedo es dar como verosímil la hipótesis de que la falta absoluta de una respuesta aérea a la operación secuestro de Maduro, se haya debido a que los estadounidenses lograron bloquear o neutralizar los sistemas de comunicaciones que habrían permitido a las fuerzas aéreas venezolanas responder como era debido y en tiempo real a dicho ataque. Venezuela carece de la infraestructura científico técnica que le permitiría crear los medios indispensables para librar la guerra electrónica. Por lo que cabe suponer que los que tiene los ha comprado a Rusia o a China, que en otros escenarios han demostrado ser muy eficaces para combatir a los estadounidenses. El problema es que resulta improbable que dichas potencias hayan vendido a Venezuela las versiones más avanzadas de los sistemas de los que disponen. Las grandes potencias prefieren vender a sus aliados los sistemas más antiguos por el temor a que los más avanzados puedan ser más fácilmente capturados por sus enemigos.

Sea cual sea la explicación de la inoperancia de la fuerza aérea venezolana el 3 de enero, el hecho es que arrojó serias dudas sobre la capacidad de la misma de responder a una guerra librada fundamentalmente en el aire, con apoyo de portaaviones y de bases militares cercanas. Siguiendo el modelo ensayado previamente en Irán, en junio de 2025, el curso de lo que Trump llamó la Guerra de los 12 días. Ataques de decapitación de la dirigencia político y militar, seguidos de bombardeos masivos de los centros de mando, las instalaciones militares e infraestructuras civiles críticas. Esto es lo que esperaba a Venezuela si no aceptaba el ultimátum de Trump transmitido por la CIA.

La dirigencia socialista venezolana lo aceptó, como ya dije, y desde entonces ha venido poniendo en práctica todos los cambios políticos y económicos incluidos en el llamado Plan para Venezuela presentado por Marco Rubio, el secretario de Estado de Trump al Congreso estadounidense. Se aprobaron con carácter de urgencia la ley de Amnistía y una nueva ley de hidrocarburos favorable a los intereses de las multinacionales estadounidenses, se cambiaron las cúpulas del poder judicial y de las fuerzas armadas bolivarianas, se quitaron los retratos del comandante Hugo Chávez de las instalaciones militares, en las que el color azul reemplazó al rojo y se reincorporó a Venezuela al Fondo Monetario Internacional.

Y lo que es aún peor, por lo humillante, por lo ofensivo que resulta para la dignidad nacional. Se aceptó que el dinero obtenido por las exportaciones del petróleo venezolano se deposite en unos fondos controlados directamente por el presidente Trump. Quien es quien decide cuándo, cuantas cantidades y con cuáles destinos específicos se entregan dichos dineros al gobierno encabezado por Delcy Rodríguez. El mismo régimen que desde el derrocamiento del gobierno de Sadam Hussein se aplica en Iraq. Por lo que no sorprende que Trump no solo se ufane públicamente de haberse apoderado del petróleo venezolano, sino que haya dicho que con las ganancias obtenidas por este descarado saqueo, “se ha pagado la guerra de Irán”. Refiriéndose a la reanudación, el pasado 28 de febrero pasado, de la guerra de agresión contra Irán desencadenada el 13 de junio de 2025.

Delcy Rodríguez se ha esforzado por legitimar estas concesiones a Washington de que han permitido salvar a Venezuela de la destrucción y han permitido restaurar la unidad nacional gravemente dañada por las campañas del acoso y derribo de la revolución bolivariana llevadas a cabo por una oposición oligárquica respaldada enteramente por Washington. Ha reivindicado el poder comunal y, bajo el signo del amor cristiano, adoptado igualmente por Nicolás Maduro, organizó una peregrinación nacional que recorrió el país en defensa de la paz y de la unidad nacional.

El problema es que Trump es poco o nada sensible a los reclamos hechos en nombre del amor, la paz y la reconciliación. Su objetivo no es solo controlar el petróleo venezolano y desmantelar completamente las instituciones jurídico políticas de la República bolivariana. También quiere desprestigiar completamente a la dirigencia del Partido socialista unificado de Venezuela y al partido mismo. Él- o sus estrategas más lúcidos – no quiere que, en el futuro, un eventual cambio de la coyuntura política nacional e internacional le permita a dicho partido encabezar la oposición popular al sometimiento de Venezuela a los dictados de Washington.  Por lo que resulta crucial no solo garantizar la condena del presidente Nicolas Maduro por corrupción y tráfico de armas.  La reciente aprobación, por el gobierno de Delcy Rodríguez, de la orden de extradición dictada por un juez de la Florida en contra Alex Saab, encaja perfectamente en este plan.

El empresario colombiano fue acusado, en julio de 2019, por el asistente del fiscal Michael Nadler de “haber sobornado a Nicolás Maduro y a otros funcionarios de alto rango” y de “tener el control de adonde iba el dinero” obtenido en pago de los contratos de construcción masiva de viviendas populares que había suscrito con el gobierno en 2011. “Saab tomaba 50 centavos por cada dólar del contrato, los reservaba y los ponía en cuentas que era para beneficio de Nicolás Maduro. A su vez Saab entregó a la DEA la suma de 10 millones de dólares, dinero por el cual se le está acusando de corrupción”.  Es muy posible, dados los numerosos antecedentes en casos semejantes, que la fiscalía le ofrezca a Saab reducciones de acusaciones o de penas o ambas cosas, a cambio de que él declare en contra de Nicolás Maduro. Él se convertiría entonces en la pieza que hace falta para completar el enjuiciamiento del presidente venezolano.  El dirigente socialista Mario Silvo, que se ha convertido en una voz destacada de la crítica al sometimiento del gobierno de Delcy Rodríguez a los dictados de Washington, afirmó, en su canal en YouTube, que a la extradición de Saab va a seguir la de otros dirigentes de su partido. Para remachar poco después que, si se llegara a extraditar a Diosdado Cabello, el secretario general del PSUV, él sería el primero en salir a la calle a oponerse a dicha extracción. No dio más nombres, pero basta recurrir al archivo para comprobar que tanto el canciller de Venezuela, Jorge Arriaza, como Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y hermano de Delcy, estuvieron profundamente implicados en la exitosa campaña internacional emprendida por Venezuela destinada a obtener la liberación de Alex Saab, preso en la Florida, después de su detención, el 12 de junio de 2020, en la zona de tránsito del aeropuerto Amilcar Cabral de Cabo Verde. Entonces defendieron al empresario barranquillero porque él se dio las mañas para llevar el oro con el que Venezuela pagó a Irán el petróleo que necesitaba para procesar su petróleo. Las sanciones impuestas por Trump impedían que esa compra se hiciera por las vías legales. Fueron compras “ilegales” desde el punto de vista de unas sanciones que Naciones Unidas considera “medidas coercitivas ilegales”. También fueron ilegales para Washington las importaciones masivas de alimentos gestionadas en el extranjero por Saab para paliar la dramática carencia de los mismos en las horas más aciagas del bloqueo del país.

Cabe recordar en este punto que el fiscal encargado de acusar a Nicolás Maduro solicitó al juez un aplazamiento, porque aún no se habían realizado “todas las detenciones necesarias para completar la instrucción de los cargos”. ¿Estaba pensando en Arriaza y en Jorge Rodríguez? ¿En Diosdado Cabello? Los tenga o no en mente el fiscal, el hecho es que el pasado 23 de mayo, el Pentágono realizó, en Caracas y a plena luz del día, una versión indolora del operativo del 3 de enero, ese si nocturno y sangriento. So pretexto de realizar un “simulacro de evacuación de la embajada estadounidense”, 10 aviones con capacidad de vuelo vertical y 6 helicópteros de combate fuertemente artillados surcaron el cielo de la capital venezolana, aterrizaron en terrenos de la embajada y al cabo de una hora se marcharon por donde habían venido. A Delcy Rodríguez y al resto de sus compañeros de dirección, el operativo les habrá traído recuerdos poco gratos de las llamadas intimidatorias que recibieron la noche del secuestro del presidente Nicolás Maduro. La espada de Damocles sigue pendiendo sobre sus cabezas. Y sobre la República bolivariana.

Estos hechos prueban una vez más que ni siquiera la colaboración con Washington te libra de terminar en la cárcel. Por lo que cabe suponer que las continuas concesiones a Trump de la dirigencia venezolano, no evite que ella también termine castigada. Enlodada y escarnecida, al igual que el proyecto entero del socialismo del siglo XXI, proclamado y defendido por el comandante Hugo Chávez. Pero no solo dicha dirigencia es la que está encerrada en una trampa mortal. También lo están figuras como el mencionado Mario Silvo o el escritor e intelectual Luis Britto García, que el 7 de mayo ofreció una conferencia titulada Resistir para existir, en la que denunció la enorme gravedad de las concesiones hechas a Washington por el gobierno de Delcy Rodríguez. La pregunta que se les impone con una urgencia es ¿qué hacer? ¿Continuar la campaña de denuncia de las concesiones del gobierno de Delcy Rodiguez? ¿Promover la realización de un congreso extraordinario del PSUV?  O callarse, “para no hacerle el juego al enemigo”, ¿como ya están exigiendo públicamente defensores de Delcy Rodríguez?  Pero sobre todo se impone la pregunta por ¿cuál es la estrategia política alternativa a la que ella defiende?

Pregunta con una muy difícil respuesta. Y la que yo no puedo ni debo responder. Es un asunto que tienen que resolver los venezolanos. Lo que sí puedo sugerir es que sea la clase obrera la que ofrezca la respuesta. La consigna de Britto García “Resistir para vencer” podría encarnarse en una huelga general de los obreros y los técnicos de la industria petrolera, que solo se levantaría si Washington devuelve de inmediato el control de los ingresos provenientes de las exportaciones de petróleo al gobierno de Delcy Rodríguez. Veríamos hasta qué punto Trump resiste la suspensión de las exportaciones de crudo venezolano, cuando el bloqueo del Estrecho de Ormuz ha puesto el precio de la gasolina en Estados Unidos por las nubes.

Carlos Jiménez

Foto tomada de: El Mundo

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