Bueno vivimos los prolegómenos de la transición de un gobierno de izquierda democrática a un gobierno neoliberal de extrema derecha. Las tensiones se multiplican a diario. El empalme motivo de una discrepancia mayúscula con la mediación de los organismos de control seguramente se reanudará. Los nombramientos que el presidente electo Abelardo de la Espriella ha dado a conocer ratifican lo que aquí hemos escrito. Son los mismos neoliberales de siempre. Aquello de que gobernaría con nuevas caras, con los nunca, que fue una promesa de campaña para significar que no gobernaría con los políticos tradicionales y con los clientelistas de siempre, eso se quedó en eso, en una promesa electoral. Como escribió el historiador Gonzalo Sánchez los que ha nombrado hasta ahora son además de personajes de la política tradicional y de la más arraigada estirpe conservadora, reaccionaria, como el nieto de Laureano Gómez, Miguel Gómez Martínez, que estará al frente del ministerio de Hacienda o Viviane Morales una predicadora evangélica al frente del ministerio de Educación o el reaccionario mayor general en retiro Jorge Eduardo Mora López o también el oportunista ministro del Interior, Rodrigo Lara Restrepo, dice Sánchez que además son mediocres.
Así pues como hemos señalado en otras ocasiones el Pacto Histórico superando los garrafales errores cometidos en la campaña la cual finalmente decidió evaluar prontamente, que esperamos que sea una evaluación rigurosa, ponderada y despojada de personalismos, pero que debe conllevar por supuesto responsabilidades políticas, esa evaluación que se realizará pronto debería ser publicada en sus elementos centrales pues no de otra manera se podrá mantener una relación de confianza y de esperanza con las bases del Pacto Histórico, pero además con las decenas de miles de jóvenes que se movilizaron de forma heroica entre la primera y la segunda vuelta presidencial, sin propaganda, sin recursos, pero con un compromiso férreo por la defensa de este gobierno y por la defensa del proyecto reformista.
De modo que esa primera tarea de evaluar la campaña se cumplirá pronto y como hemos dicho sus resultados y sus hallazgos principales deberán ser compartidos ampliamente pues de las derrotas también se aprende y no podemos volver a cometer los mismos errores. Una segunda tarea que apenas se inicia es la de delinear la oposición que se realizará al gobierno de la extrema derecha y anti-reformas sociales que encabezará Abelardo de la Espriella. Esa oposición a mi juicio y en eso coincido plenamente con el presidente Gustavo Petro debe tener en el centro la defensa de las reformas sociales, la reforma agraria que durante este gobierno ha entregado unas 850 mil hectáreas a familias campesinas sin tierra y ha formalizado más de 1.5 millones de hectáreas en beneficio de pequeños y medianos propietarios y de las comunidades étnicas, indígenas y afrocolombianas, que ahora podrán ser sujetos de crédito pues tienen sus títulos de propiedad plenamente legalizados. La defensa de la reforma laboral y del salario mínimo vital, así como de la reforma pensional que esperamos que ahora por fin la Corte Constitucional le de vía a su aplicación. La matrícula cero para la educación superior, conquista del movimiento estudiantil en sus jornadas de lucha del año 2018 en el gobierno de Iván Duque, todas esas reformas se deben defender desde la bancada parlamentaria en el Congreso, pero en férrea unidad con los movimientos y organizaciones populares. La defensa de las reformas si ellas son atacadas deberán poner en movimiento a millones de personas que expresaron su apoyo en las elecciones al Congreso y en las elecciones presidenciales.
De la Espriella debería tener claro que esas reformas si quiere retrotraerlas pondrán en movimiento a millones de personas, obviamente esa movilización debe ser pacífica. Allí vendrá una prueba de fuego con este gobierno reaccionario, se atreverá como Duque ¿a golpearlo con violencia? Ya veremos. El llamado estallido social del año 2019 que luego se profundizo y extendió por todo el país en los meses de abril a junio del año 2021, es una prueba palmaria que los sectores populares no se dejarán arrebatar esas conquistas sin lucha. Por eso el diseño de la oposición deberá hacerse con los movimientos sociales y con los aliados de la Alianza por la Vida.
Una tercera tarea es la organización del Congreso fundacional del Partido Movimiento Pacto Histórico. Esta Congreso deberá realizarse en los próximos meses. Muchas falencias ha mostrado esta etapa de transición, donde han predominado actitudes y decisiones excluyentes, falta de democracia interna, verticalismo en la conducción, en fin, practicas sectarias y excluyentes que no pueden tener cabida en el nuevo Partido. Ya se ha conformado una Comisión Organizadora que deberá proponer la convocatoria, la reglamentación y la metodología con la que se trabajará en ese Congreso Fundacional. Lo que garantizara la unidad es la más amplia democracia interna. No es posible que esa unidad se construya y se fortalezca si esa Comisión de Organización no garantiza la democracia interna tanto en su convocatoria como en sus deliberaciones y decisiones.
Marchamos a la conformación de un Partido Movimiento que significa que el partido en todo momento debe ser el instrumento de representación de los intereses y reivindicaciones de los movimientos y de las clases subalternas, que debe encarnar la defensa del interés público en los contenidos de las políticas públicas y en el ejercicio del poder. Que su programa debe en todo momento fortalecer el Estado Social y Democrático de Derecho y que debe ser un partido de masas. En este último aspecto en lo que también hay consenso de todos los sectores y tendencias que conforman hoy el proyecto político del Pacto Histórico es clave la campaña que debe hacerse para la afiliación masiva al Partido.
Es igualmente importante que se circule con antelación el proyecto del programa del Partido que a mi juicio está contenido en lo que hemos denominado la Agenda de Transición Democrática muy bien acotada en lo que en su momento fue el programa de gobierno del entonces candidato y próximo expresidente Gustavo Petro. En esta fase de desarrollo del capitalismo en nuestro país esa agenda marcha en la perspectiva de fortalecimiento de un país reindustrializado, una reforma agraria que genere una base campesina de pequeño y medianos propietarios, unos ingresos salariales dignos para los trabajadores tanto rurales como urbanos, una transición energética ordenada sin poner en ningún momento en riesgo la soberanía nacional en materia energética, un desarrollo de las periferias campesinas y urbanas de la llamada Colombia profunda con proyectos de impacto regional que los vinculen de manera competitiva en el ampliado mercado nacional, una sociedad del conocimiento respetuosa del medio ambiente y de nuestra diversidad étnica y cultural. Todo ello en la perspectiva de la superación del capitalismo y de la superación de la crisis civilizatoria en que vivimos.
En el Congreso y aún antes deberían desarrollarse espacios de reunión amplios para la conversación sobre el programa, sobre los estatutos, sobre los proyectos de reforma que requiere la sociedad colombiana, seminarios, escuelas de formación, que además deben discutirse en el Congreso una vez instalado, así como darle forma a un centro de pensamiento. Se requieren espacios de formación de una nueva intelectualidad orgánica democrática, de hombres y mujeres de Estado como diría Antonio Gramsci.
En el proceso de preparación del Congreso deberán realizarse eventos municipales, departamentales y nacionales de preparación del mismo, por eso debe haber una Comisión de Comunicaciones que haga de la realización del Congreso un acontecimiento político de masas, el Partido debe construirse con la participación de la sociedad, de las organizaciones sociales, de las mujeres, de los indígenas, de las comunidades afrocolombianas, de los trabajadores, sus cooperativas y sus sindicatos, de los jóvenes y de las clases medias. Hay que hacer del Congreso fundacional un gran acontecimiento cultural, social y político. El Partido debe proyectarse como el instrumento para la lucha política de las clases subalternas. Ese es el reto.
Pedro Santana Rodríguez, Director Revista Sur
Foto tomada de: Comisión de la Verdad

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