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Una mirada a la estupidez de una nación

10 agosto, 2026 By Jaime Acosta Puertas Leave a Comment

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Un triunfo dudoso

Todo comenzó con la recolección de firmas de las cuales la mitad fueron falsas. Con esas firmas pudo inscribir su candidatura a la presidencia de la República de Colombia. Había que mostrar un gran número de seguidores para, posteriormente, hacer efectiva la estrategia de la dudosa victoria. De ahí en adelante todo fue turbio, por decisiones del Consejo Nacional Electoral y de la Registraduría General de la Nación contra el partido y el candidato progresista.

Al no acatarse la orden de 2018 del Consejo de Estado, de tener un software de propiedad de la nación, las elecciones y sus resultados son ilegítimos, impugnables y sancionables. En condiciones poco transparentes triunfó Abelardo de la Espriella, el Tigre, como le encanta a Trump llamarlo.

Un triunfo sin razón

Desde comienzos de este siglo XXI los estrategas electorales dicen que una elección no se gana con ideas racionales, es decir, con una propuesta de gobierno. Se gana con emociones. Así triunfó Uribe con la seguridad democrática y Santos con la promesa de la paz. En todo caso era una mixtura entre emociones y plan de gobierno. Pero en los últimos años, en la medida que el avance de las tecnologías digitales y de la IA empezó a controlar las redes sociales, triunfa quien haga su mejor uso, así sea con mentiras e insultos, como sucedió en Colombia.

Para triunfar no se necesitan razones, se necesita mover emociones: “bandera de la patria” “firmes por la patria” “viva el tigre” “viva la manada”, en estas condiciones la propuesta de gobierno podía esperar, aunque el ABC del neoliberalismo de hace 35 años, es el mismo en 2026, con pocos ajustes por el paso de los años y los cambios globales, aunque la ideología siempre ha sido de derecha así hubiera sido liberal el partido que promovió e impuso las ideas de todo para el mercado, caso de Colombia con el “liberal” César Gaviria.

Ahora el neoliberalismo subordinado es rotundamente de ultraderecha, pues solo la fuerza del fundamentalismo puede sostener el capitalismo del mercado, de la desigualdad, de la obediencia al poder de los neoliberales globales de la ruina, y de la destrucción de la naturaleza. Por eso los nietos y bisnietos de Laureano Gómez están en el control del Estado, por eso Uribe y su gente cogobernarán desde el Congreso de la República, y por eso deberá tener a sus pies a las Cortes y a los organismos de Control.

De esta manera, se elaboró como propuesta de gobierno un lánguido texto de tres páginas, suficientes para embolatar un pueblo ignorante gracias a una educación de mala calidad y escaso acceso. Luego de la segunda vuelta apareció una cartilla en español y en inglés, puesto que el nuevo colonialismo de Estados Unidos ya lo firmó de la Espriella a partir de su condición de ciudadano americano. De ahí resulta su estado de presidente ilegítimo.

En la cartilla se delinea seis ejes temáticos que serán los seis ejes del Plan Nacional de Desarrollo 2027 – 2030: seguridad, institucionalidad y justicia; crecimiento económico y transformación productiva; desarrollo social y bienestar para todos; conocimiento, innovación y futuro; territorio, campo y sostenibilidad; e integración, movilidad y conectividad. Por ahora no vale la pena dedicar tiempo a los contenidos esbozados de manera ligera, aunque sí dice la cartilla que estos seis grandes temas se distribuirán por partes iguales entre los 18 ministerios.

No se menciona al Departamento Nacional de Planeación, ya sea porque aún no se negocia su director o directora, o porque desaparecerá con la reducción del Estado, otro tema guardado como guardado se tenía el acuerdo firmado en el quinto día de gobierno al entregar la soberanía nacional a Estados Unidos cumpliendo con el Escudo de Seguridad para las Américas, decisión que se tomó sin aprobación del Senado de la República, mostrando un talante autoritario, como si fuera un ignorante dictador.

Una posesión de la vergüenza

En pocas semanas, la poca majestad del Estado colombiano quedó hecha polvo. El almidonado mandatario decidió posesionarse en cualquier lugar del mundo, pero no en Bogotá, quiso blindarse desde el primer segundo bajo el ruido de los sables, desaparecer el estado laico de la Constitución, y hacer un discurso de lo cual solo se recuerda la bienvenida al fracking de Trump, las cárceles de Bukele, y la eliminación del impuesto al patrimonio de los más ricos, como lo hizo Milei.

La deprimente posesión la hizo en un oscuro teatro de una universidad privada que de pronto quedó en tinieblas mientras el recién posesionado corría a un cercano batallón para leer su discurso ante las fuerzas militares. Un texto que mostró los vacíos de un contenido que debió articularse con algunos temas del gobierno saliente y lo nuevo que el trae, porque debe haber continuidad y ajustes, más no destrucción, retroceso y despilfarro de los planes y recursos de la nación. Pero como no quiso hacer el empalme con el gobierno saliente, sus ideas nacieron en la nada.

No entiendo porque no se posesionó en el Congreso de la República y después caminar a la Plaza de Bolívar a leer el discurso ante las guarniciones militares de la capital. La posesión en Cali fue una mala obra sobre el ridículo y la vergüenza de una nación que escogió un camino equivocado.

Para justificar el ridículo de la posesión por fuera de Bogotá, decía el recién posesionado, que esa era una expresión de la descentralización que caracterizará a su gobierno. Lo que no sabe es que la descentralización ya fracasó, pues derivó en un sistema de ineficiencia y corrupción, y la reforma aprobada en el gobierno de Petro no apunta a la autonomía de los territorios, por el contrario, los adicionales recursos que les llegarán en los siguientes doce años, ampliarán los espacios para que la improvisación y el delito capture más recursos públicos. Es decir, aumentarán las fuentes de acumulación vía presupuesto de la nación, sin aumentar los ingresos de la nación porque no se puede olvidar que Colombia únicamente tributa el 50% del promedio de la OCDE. Además, sin disponer de una visión de país donde se valide la necesidad de las regiones de tener más presupuesto para un desarrollo endógeno equilibrado y sostenible. De tal manera, que la descentralización del recién posesionado solo es una superficial idea sin fundamento ni proyección.

Un terremoto le da la bienvenida

Sesenta y cinco horas después de la posesión, un terremoto recibió al gobierno de De la Espriella. En minutos quedó demostrado que no haber realizado el empalme con el gobierno progresista, fue una estupidez. Con un gabinete de ministros a medio nombrar, sin haber llegado por primera vez a los distintos despachos, sin haber escuchado e intercambiado ideas con los ministros salientes y sus equipos en temas relacionados con la catástrofe sísmica, estos fueron declararlos insubsistentes en vez de aceptarles la renuncia irrevocable como gesto de mínimo respeto y cordialidad, porque se habían ofrecido a suministrar información y orientar a los recién llegados. No les importó los cientos de muertos y de desaparecidos, los miles de heridos, y la incomunicación con ciudades y poblaciones menores también afectadas y de las cuales poco o nada se sabe. No había que humillarlos. Lo mismo hicieron con los países distintos a Estados Unidos, al no aceptar de inmediato la ayuda, pero si la del hegemón y la del Banco Mundial. La misma manera de como empezó Argentina el endeudamiento sin fin de su economía. Así empieza Colombia esta nueva etapa de la subordinación geopolítica, neoliberal y de ultraderecha.

Habrá que ajustar la Constitución, para obligar a los gobiernos hacer el empalme, porque se pone en peligro la conducción y estabilidad del Estado, de las instituciones y de la democracia.

De esta manera, Colombia empezó a recorrer el camino de la estupidez desde cuando el poder decidió, antes del primer año del gobierno del presidente Petro, obstaculizar su plan de gobierno con un doble propósito: no generar condiciones para el éxito del proyecto progresista y evitar su continuidad; y retomar el control del presupuesto y de las entidades públicas para seguir capturando recursos del Estado, como principal mercado de sus ambiciones de acumulación, a costa del medio ambiente, de la equidad, del desarrollo de los territorios, del desarrollo de su sistema de producción e innovación, de lograr la paz, y rescatar de la corrupción a la nación, la más grande de todas la ilegalidades que padece.

Jaime Acosta Puertas

Foto tomada de: El Heraldo

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Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

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