“Mejor votar por el que uno quiera sin ver las encuestas, votar sin que le dé la orden ese absurdo ChatGPT. Después, en la segunda vuelta, ahí sí vemos”. Juan Esteban Constaín, En ET, 28/5/26, p. 1.15.
“I laici hanno fallito nella soddisfazione dei bisogni intellectuali del popolo: io credo proprio per non aver representato una cultura laica, pero non aver saputo creare un nuovo umanesimo, addatto ai bisogni del mondo moderno, per aver representato un mondo astratto, meschino, troppo individuale ed egoista.”. Antonio Gramsci, Nipotini di padre Bresciani, Q 3, 63 346. Cfr. Q 21 5 2118-9.[1]
El portal Las2orillas, ad portas de la primera vuelta de la elección presidencial de Colombia, se encargó de reproducir una entrevista que realizó De la Espriella, cuando hacía periodismo incidental para su sección “A Indagatoria con Abelardo”, con su más enconado adversario, Iván Cepeda, durante el accidentado trámite del Acuerdo de paz que dirigía el presidente Santos con las Farc Ep al comando de Timochenko.
Es una buena antesala para la votación de este 31 de mayo, cuando no solamente se elige un nuevo presidente, sino se profundiza en el cambio del régimen político que no del Estado todavía. Tal y como lo anuncia otro académico afincado también en la Universidad Nacional, Pedro Medellín Torres, columnista de El Tiempo. Analista, estudioso de las políticas públicas, y director del programa América Latina en el Centro Internacional de Toledo para la Paz.
Es una reflexión, igualmente, sobre los intelectuales colombianos, y su traición, como escribía en el siglo XX, Julien Benda[2], ante el evento de la primera guerra mundial y su desenlace para Francia y Europa. Otro ejemplo lo da, aquí y ahora, el joven columnista J.E. Constaín, al que cito en el epígrafe, que dice, entrelíneas, que no ganará según su deseo y preferencia política, Iván Cepeda, en la primera vuelta, pero en la segunda vuelta, “ahí sí vemos.”
Volvamos con el candidato más opcionado para, dicen, los sondeos, competir en la segunda vuelta, en caso que Iván Cepeda no resulte ganador en la primera, como sugieren las encuestas al tener un promedio de favorabilidad del 43 por ciento.
Era el año 2014. Entrando en materia, Abelardo hizo varias preguntas a quien es hoy el “enemigo” a vencer. Entre otras las siguientes:
¿El de hoy es un mundo más seguro para la izquierda?
IC: Yo creo que estamos en proceso de construir una civilidad democrática en Colombia; pero hoy por hoy no es ese el escenario adecuado. Seguimos en un país, en el cual la muerte por razones políticas está vigente y se considera un hecho normal.
AdE: ¿Usted es partidario de darles los mismos beneficios jurídicos que se pretenden para la guerrilla a los otros actores del conflicto, es decir, paramilitares, políticos, empresarios y militares?
IC: Yo creo que debemos encontrar una fórmula, que es muy difícil de hallar, por supuesto, pero que satisfaga a las víctimas en primer lugar…es necesario un gran nivel de sensatez, de inteligencia política, porque aquí no se puede ni entregar impunidades, ni hacer imposible la paz, para buscar ese marco ideal de justicia.
AdE: ¿Usted está de acuerdo con que los distintos jefes de la guerrilla lleguen al Congreso?
IC: Yo pienso que ese es un acuerdo que hay que construir. Yo diría que la guerrilla no ha estado levantada en armas para algo distinto que participar en política y creo que va llegar un momento en el que se va a tener que aceptar esa posibilidad y construirla.
AdE: ¿…estaría dispuesto a “fumar la pipa de la paz” con el expresidente Uribe?
IC: …El hoy senador Uribe y su grupo político, que hoy se han opuesto de una manera tan radical a la paz, deciden entrar en ese proceso, habrá que construir un consenso en términos políticos con esos sectores que yo califico de extrema derecha, porque creo yo es imposible pensar en un proceso de paz exitoso sin que estén todos los actores…”
AdE. ¿Cómo ve el futuro de la izquierda democrática en Colombia?
IC: Yo lo veo con bastante optimismo. La izquierda colombiana ha venido en un gran proceso de maduración…ya no es una sola fuerza de oposición marginal que simplemente deja constancias históricas, sino que se ha ido convirtiendo poco a poco en una fuerza de gobierno…”
AdE: ¿Cómo ve al país en diez años?
IC: Yo diría que en medio de un proceso de difícil transición a la construcción de la paz y la democracia…Creo que estamos llegando al momento en el cual cada vez es más frecuente encontrar que las personas tienen que comenzar a discutir sobre cómo van a construir la paz; es decir, es cada vez más anacrónico seguir pensando en la violencia como una especie de destino.”[3]
¿La elección de otro Régimen en Colombia?
“Estamos ante un cambio de régimen en que el papel de la justicia cambia sustancialmente. Es la disyuntiva ante la que nos encontramos el próximo domingo: más que elegir a un presidente, vamos a elegir el régimen que nos va a gobernar por los próximos veinte años: la democracia liberal o el totalitarismo.” Pedro Medellín, No es un presidente, es un régimen. En ET, 28/5/26, p. 1.15.
Otro intelectual, el profesor Pedro Medellín dedicó su columna anterior a la elección del 31 de mayo, a lanzar una alarma con respecto al cambio de régimen político, si quien gana es el favorito según encuestas, Iván Cepeda. Lo que el editorialista, profesor titular en la facultad de ingeniería de la universidad Nacional en Bogotá no dice, claramente, es en que régimen político estamos, desde el fracaso de la negociación de paz con las Farc Ep que empezó con el presidente Andrés Pastrana, luego de darle abierta aplicación al Plan Colombia en el año 1999.
Tampoco evalúa las peripecias siguientes, cuando la disposición fue la de implementar una política pública de guerra, como la madre de todas las políticas estatales, bajo el supuesto de ser la fuerza del Estado el correctivo a la crisis de hegemonía que revelaba el recrudecimiento del conflicto armado interno durante la presidencia de Ernesto Samper Pizano, cuando el modo mismo de ganar elecciones apareció afectado por la injerencia directa de los dineros del narcotráfico para financiar las campañas políticas de los candidatos liberal y conservador en competencia en la segunda vuelta.[4]
En el libro de las Memorias publicado por los herederos de Gilberto, éste confirmó que el cartel aportó dinero a la campaña de Samper, lo cual se hizo a través del entonces jefe de su campaña; pero, aclaró, que efectivamente fue a las espaldas del candidato liberal. Al mismo tiempo, acusó a Andrés Pastrana, a través de emisarios que visitaron en prisión a los hermanos Rodríguez Orejuela, les propusieron a cambio de no extraditarlos, escribir una carta señalando a Samper y Serpa como receptores del apoyo económico a su campaña, que ellos rechazaron.
Adicionalmente, el capo del cartel de Cali, mencionó también al expresidente César Gaviria, con quien colaboraron también para lograr la caída definitiva de Pablo Escobar, y su completa indiferencia frente al trámite de la extradición que los llevó a pagar cárcel en los Estados Unidos.
La situación descrita marca el sino del régimen neopresidencial reformado en 1991, aprobado por la asamblea constituyente para conjurar la crisis de legitimidad que lo azotaba al Estado colombiano luego del desmonte del acuerdo excluyente y antidemocrático del Frente Nacional, que coronó la entronización de la llamada República de las armas entre los años 1960 y 1980. [5]
Tal fue el nombre que el dio el constitucionalista y politólogo Gustavo Gallón, al régimen de coalición bipartidista, a este periodo político constitucional, que en el fondo estableció una alianza entre Estado y Fuerzas Armadas con el soporte de los Estados Unidos de América, bajo la apariencia de una “democracia” representativa liberal, legitimada por el cese de la Violencia liberal conservadora.[6]
Para permitir enseguida el combate a los “bandoleros”, y, luego, tanto a la insurgencia subalterna resistente que se levantó en armas en los Llanos Orientales después del 9 de abril de 1948, como parar a la rebeldía urbana que empezó con el voto socialista y democrático que votó en contra del Plebiscito de 1957.
Dicha onda democrática radical siguió con el Frente Unido de Camilo Torres y los universitarios articulados con la marcha nacional de AUDESA;[7] la rebeldía de las juventudes del MRL,[8] que cerró el triunfo popular de Anapo, con la consiguiente presencia de la guerrilla urbana, luego del robo de las elecciones de 1970, con la espectacular presencia del M19 que publicitó el lema “Con el pueblo, con las armas al poder”.[9]
Pedro, un economista, luego estudioso de las políticas públicas durante su periplo por la Universidad de los Andes, se ha dedicado al análisis político, nunca se atrevió a estudiar la política pública de guerra que caracterizó a los dos gobiernos de Álvaro Uribe Vélez, que intentó retomar in Totto, su continuador, Iván Duque, bajo cuya presidencia Medellín Torres fue nombrado director de la ESAP. Para luego pasar a vincularse a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional.
Esta es una trayectoria ejemplar, de un tipo de intelectual tradicional, que quiere a toda costa defender el estado de cosas existente, a partir de la apertura neoliberal que entró en barrena, por los fracasos en materia de superación de la desigualdad estructural colombiana en el último cuarto de siglo, y sobre todo, por la rebeldía de millones de subalternos, quienes no aceptaron más ser carne de cañón de los desastres neoliberales, y salieron a las calles, en el periodo 2018-2021. Recuperan, al romper el sentido común dominante, la urgencia de torcerle el cuello a las miserias del neoliberalismo, jugándose su vida durante el “estallido social,” sin el cual el gobierno del cambio y su partido, el Pacto Histórico no hubieran triunfado.
Sí, un necesario cambio de Régimen y una Jurisdicción Agraria.
“el problema de fondo aparece cuando se observa que esas guardias, más que ser organizaciones que deciden “las comunidades, pueblos y sus autoridades”, en realidad pueden ser estructuras armadas creadas o instrumentalizadas como verdaderos ejércitos que, como para-Estados, pueden sacar provecho de su papel como agente de movilización social, como instrumento institucional para neutralizar la vigencia del Código Penal o como agente de control de territorio.” Pedro Medellín, No es un presidente, es un régimen, en ET, o.c., 1.15.
Es evidente que el velo de la ignorancia neoliberal no le permite todavía a este editorialista superar el velo de la ignorancia, cuando hace una lectura equivocada del enjuiciamiento de la “revolución agraria” del gobierno Petro, valiéndose del enfrentamiento de las comunidades indígenas Misak y Nasa, que él termina acusando de ser instrumentalizadas por verdaderos ejércitos de para-Estados.
De una parte, en la columna que escribe no le da cabida al arreglo del conflicto, propiciado por las mismas autoridades indígenas, con la presencia de la ANT, para resolver la tragedia humana que se expresa en 7 muertos de las comunidades en conflicto, un centenar de heridos a bala y una veintena de heridos a machete, en el intento de recuperar el pueblo Nasa de Pitayó, por las vías de hecho 800 hectáreas as en litigio, con el pueblo Misak del resguardo de Guambía, a partir de la “clarificación de la vigencia de un título colonial”.
El columnista quiere aportar argumentos en contra del accionar de la ANT, pero en realidad lo que arguye tiene que ver con la citación del trabajo de Carlos Duarte y Dayver Betancourt, quienes estudiosos de este conflicto territorial establecen, que “el título que Pitayó hizo valer no es una merced colonial originaria emanada de la Corona, sino la escritura pública 211 del 2 de septiembre de 1966 de la notaría de Silvia: un título supletorio levantado con la declaración de cinco testigos al amparo de la Ley 89 de 1890, registrado el 6 de septiembre de 1966”.[10]
De esta atenta lectura, el recorrido de los títulos llega hasta la Ley 89 de 1890, cuando claro está, Colombia llevaba casi ochenta años de ser una República, pero sin resolver el problema de la propiedad en los territorios de la nueva república, circunstancias que se extienden hasta hoy, cuando, entre otras cosas, una buena cantidad de poseedores y tenedores, lo son de territorios baldíos, sin que puedan exhibir títulos de propiedad conforme lo dispone el Código Civil vigente.
Dicho lo anterior, luego de este brutal incidente, que recuerda los episodios anteriores a la Ley de tierras del gobierno López Pumarejo, donde se probó la experticia y el liderazgo de Jorge Eliécer Gaitán en los conflictos agrarios en la Hacienda de El Chocho, y los límites políticos del entonces proyecto de la UNIR, ahora está más que probada la urgencia de establecer una jurisdicción agraria, ante la inoperancia de la jurisdicción ordinaria que no ha sido capaz de ordenar legalmente la disposición legal y constitucional del territorio después de 1819.
La invocación que el articulista hace al punto 4, del Plan de Desarrollo, p. 227, en su tenor literal dice: “Se avanzará en el empoderamiento de las formas propias de control territorial (guardias indígenas, cimarronas, campesinas y de mujeres)…ya que la defensa de la vida y el territorio no puede seguir siendo un factor de riesgo”.
Luego, está claro como el agua, el factor de riesgo es la evidente inseguridad tanto jurídica como político constitucional no resuelta de manera debida según los logros de la modernidad, que en el caso occidental, comenzó en Francia con la sanción y promulgación del Código de Napoleón de 1806, que, en parte, sirvió para la elaboración de los códigos civiles americanos, a partir del trabajo del venezolano Andrés Bello en 1832.
Esta tarea no se ha cumplido a cabalidad en Colombia, porque el rumbo de esta república estuvo afectada, uno, por las derrotas de la revolución democrática en 1854, luego de la república radical a manos de la coalición entre reaccionarios “moderados” y conservadores, que se tradujo en la imposición del orden de 1886, luego del triunfo en la guerra de los mil días. Una hegemonía que se quebró con la derrota política del candidato conservador en 1930, y el periodo de la llamada segunda república liberal, cuyas contradicciones internas, que tuvieron como eje estructural el rumbo de una verdadera reforma agraria, condujeron a la división, y el triunfo del partido conservador minoritario, sobre las candidaturas de Gaitán y Turbay.
Desde entonces, la cuestión agraria quedó aplazada, y oculta, hasta un nuevo intento de reforma agraria, impuesto por el hegemon estadounidense bajo la conducción demócrata en cabeza de J.G. Kennedy, y el fracaso de este simulacro de reforma,[11] saboteada por los terratenientes, y los negociados en la compra venta de tierras inaptas para la producción agropecuaria. El episodio más representativo está ilustrado por el choque en el congreso, a raíz del escándalo de compra de tierra del INCORA, entre el senador Nacho Vives y el ministro de agricultura Peñalosa,[12] durante el gobierno de Carlos Lleras Restrepo.
De esa fecha en adelante, el conflicto no cesó, y, en cambio, con la apertura neoliberal, que empezó con el gobierno de Virgilio Barco y se asentó con la presidencia de César Gaviria, y sus sucesores, volvió en ensayarse la contrarreforma agraria, y el despojo de millones de hectáreas, a sangre y fuego, respaldadas por las guardias blancas del paramilitarismo, las AUC en alianza con la reacción política regional y nacional, envalentonada con la injerencia estadounidense en territorio nacional, con bases militares incluidas, dizque para combatir el narcotráfico. Enfilada realmente a quebrar las bases sociales de la insurgencia subalterna más poderosa, las Farc Ep, y, en menor medida, el Eln, ubicado, principalmente, en las zonas de explotación petrolera y carbonífera del nororiente colombiano, y ciertos territorios del Pacífico chocoano y antioqueño.
Es verdad, profesor Medellín Torres, este proceso en curso, acompañado por las reformas sociales propuestas por el gobierno del cambio, una fuerza de izquierda, que tiene un partido político mayoritario, y la posibilidad que gane su candidato Iván Cepeda, es un proceso que cambia las reglas de juego, uno con respeto a la autonomía de las comunidades y etnias, como se estipula, con los límites que esta autonomía reconoce, y por otra, con la aprobación e implementación de la nueva jurisdicción agraria, que los voceros del bloque de poder, que controlan poderes fundamentales del Estado neoliberal, acorazado por el régimen parapresidencial, que no un para-Estado,[13]impiden hasta hoy que prospere tal legislación.
Esta cuestión si duda está afectada por la secuencialidad de los resultados electorales, que empezaron con el triunfo en la elección para Congreso del Pacto Histórico, que probó ser el partido mayoritario en los ejercicios institucionales de 2026. Ahora, en este ciclo sigue la elección presidencial, que garantice la continuidad y profundización del cambio, que implica darle finiquito a las reformas sociales bloqueadas, y que corresponden al desarrollo constitucional de 1991, estancado, hasta este gobierno en el desarrollo de lo dispuesto en el art. 13, que bien parecía letra muerta, o papel mojado.
Y claro, la urgencia de adelantar una reforma política verdaderamente democrática, que involucra cuando menos, modificaciones fundamentales en materia de propiedad, que conlleva la reforma del régimen vigente, que recoja en parte los trabajos de connotados tratadistas nacionales e internacionales, de una parte; y de otra, juntar en una sola elección, para empezar, las que están separadas para elegir congresistas y presidente.
Por último, si esto, y otras reformas prosperan con el nuevo gobierno, se le quebrará el espinazo al régimen para-presidencial aún vigente, que no se ha podido desmontar con los esfuerzos del gobierno del cambio y el triunfo del presidente Petro. Tiene razón Pedro Medellín se trata de cambiar el régimen antidemocrático vigente, que no es solamente asunto de procedimiento, sino de verdadera democracia, que para nada es la preocupación de los candidatos rivales de la izquierda progresista que representa un defensor de los derechos humanos como lo ha sido Iván Cepeda, en todas sus actuaciones públicas.
En cambio, sus rivales son los heraldos de la guerra, del partido de la guerra, de la contrarreforma, que bien se dibujan en la entrevista que le hacía Abelardo, dando sus primeros pasos en la política, disfrazado, enmascarado de periodista ocasional. Y Paloma, parte de la oligarquía terrateniente, que buscó un palafrenero táctico para fortalecer su candidatura, queriendo disfrazar su postura neoliberal, reaccionaria con un antifaz progre que le rechina, y una alianza de último momento con un proyecto de reformador educativo, a quien la educación pública superior ni siquiera le hace cosquillas, porque su vida de académico lo ha tenido vinculado al fortín de la intelectualidad forjada en la Universidad de los Andes, que perdió el liderazgo con este gobierno, cuyo anticipo se ensayó por el presidente Gustavo Petro en el primer año y medio de su gobierno.
Los tiempos están cambiando, y la revolución democrática tantas veces aplazada está agarrando efectivo vuelo, sin los distractores reaccionarios del Tigre y la Paloma, y las temerarias acusaciones de papá Álvaro, quien en condición subjúdice, sigue insistiendo en la práctica a grito pelao de la lucha de clases, mientras señala a otros, de neocomunistas o socialistas a la manera del Castrochavismo, e intimida con bandas locales a los que disienten públicamente de ocultar los crímenes de los que es responsable.
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[1] Traducción del italiano: Los laicos han fallado en la satisfacción de las necesidades intelectuales del pueblo: yo creo propiamente por no haber representado una cultura laica, por no haber sabido crear un nuevo humanismo, adecuado a las necesidades del mundo moderno, por haber representado un mundo abstracto, mezquino, muy individual y egoista.
[2] Julien Benda, 1867-1956. Autor de La traición de los intelectuales
[3] Ver portal virtual Las Dos Orillas, mayo 26, 2026.
[4] Luego del incidente del llamado Proceso 8000, que se intentó y no prosperó contra el presidente electo, en estos últimos años, por entrevistas, pero, sobre todo, a raíz de la publicación de las memorias de uno de los hermanos Orejuela, ha quedado más clara la presencia de miles de millones para aceitar el ballotage presidencial en 1994. Ver el libro Gilberto según Rodríguez Orejuela. Memorias secretas del jefe del cartel de Cali. Editorial Aguilar. Bogotá, 2025.
[5] Gallón, Gustavo. Relaciones entre Fuerzas Armadas y Estado en Colombia: 1960-1980. Controversia No. 109-110. CINEP. Bogotá, marzo de 1983.
[6] La violencia entre conservadores y liberales se constituyó en una guerra civil no declarada en el Congreso, sino desprendida de la violencia que afectó a la sociedad política y civil de entonces, hasta el magnicidio del indiscutido candidato liberal a la presidencia para 1950.
[7] Sabido es, que este movimiento de rebeldía urbana, y abstencionista, bajo el lema “quien escruta elige”, terminó con la vinculación del cura Camilo Torres para salvar su vida, a la vez que a él lo siguieron importantes dirigentes universitarios de la UIS, UNAl, principalmente, impactados también por el triunfo obtenido por la revolución cubana en enero de 1959.
[8] Resultado de la renuncia del principal dirigente, Alfonso López Michelsen, de hacer oposición al Frente Nacional, el movimiento se dividió en la línea dura y la línea blanda.
[9] Fue el presidente Carlos Lleras Restrepo, quien encabezó este fraude con el apoyo operativo del ministro de gobierno, el apodado “tigrillo” Noriega, quien se ufanaba de aquella “pilatuna” electoral, sin medir las consecuencias futuras de tal proceder bipartidista, con el que se eligió a Misael Pastrana Borrero.
[10] Medellín Torres, ídem.
[11] Revisar al respecto los trabajos comparados de Antonio García Nossa sobre las reformas agrarias en A. Latina, y Colombia en particular.
[12] Episodio que su hijo, el varias veces aspirante a la presidencia, y exalcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa ni siquiera menciona.
[13] Como lo llamaron estudiosos de la cuestión como Gustavo Duncan, tu vecino editorialista en El Tiempo, y los estudiosos del Cinep de los años 90, e intelectuales de filiación comunista en sus ensayos.
Miguel Ángel Herrera Zgaib, PhD, Grupo Presidencialismo y Participación
Foto tomada de: El País

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