“Si Fenalco no lo pedía yo sí le iba a pedir al Consejo de Estado que ojalá aplique una medida cautelar para frenar la aplicación de ese decreto. Lo pido como académico, ni siquiera como persona que ha trabajado en el mundo de la política pública. Lo pido como académico porque me parece que esta medida es una medida que puede ser muy desafortunada para la economía colombiana en empleo, en informalidad, en inflación, en empobrecimiento de los colombianos, en destrucción de la capacidad de crecimiento y de atracción de inversión del país; por donde lo mire tiene efectos negativos”.
El Consejo de Estado ordenó suspender el alza del salario mínimo vital, pero un nuevo decreto del presidente Petro lo impuso y por primera vez se paga un salario vital a los más de dos millones de trabajadores que ganan el mínimo.
Por qué fallaron las predicciones de los más connotados pontífices neoliberales:
- Porque hacen de su concepción económica un dogma y no se atienen a un análisis concreto de la situación concreta.
- Porque no tuvieron en cuenta que el abastecimiento de alimentos creció entre 2022 y 2025 y hasta lo que va corrido de 2026 a tal punto podía y pudo responder al crecimiento de la demanda por un alza de salarios. Inclusive se necesitaba del alza de salarios para que los agricultores y ganaderos pudieran garantizar un ingreso adecuado a la sostenibilidad de la producción. Están llegando a los hogares, al año, el tonelaje equivalente a más de dos meses de abastecimiento de 2022.
- Las ganancias en alza de las empresas permitían sostener el alza del salario mínimo. Al contrario de los pronósticos de los pontífices esas ganancias siguieron creciendo impulsados por la demanda.
- Así las cosas, además de favorecer 2 millones de trabajadores, el salario vital se convirtió en una bendición para el conjunto de la economía. 2026 trajo nuevos retos. Las inundaciones de Córdoba que golpearon y golpean el abastecimiento de alimentos especialmente en la región Caribe; el alza de la tasa de interés por la Junta del Banco de la República y la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán que ha causado un alza de los precios internacionales de los combustibles y de los fertilizantes y otros insumos petroquímicos de la agricultura. El gobierno ha tomado medidas para enfrentar estas situaciones. Sin embargo, sabemos que el cambio climático puede causar nuevos desastres pues los meteorólogos prevén que va a presentarse un fenómeno del niño sin precedentes. Ojalá estuvieran tan equivocados como los economistas neoliberales, pero la realidad es que la negativa a transitar de los combustibles fósiles (petróleo-carbón) a energías limpias es fatal a mediano y largo plazo para la producción de alimentos.
La guerra en el Medio Oriente está también íntimamente ligada a la producción de combustibles fósiles y en particular de petróleo y gas. Se trata en primer lugar de destruir la industria petrolera y de gas de los competidores de las transnacionales petroleras estadounidenses y mantener precios altos para enriquecerlas. La economía petrolera, como el resto, tiene un carácter cíclico. Antes de la pandemia los precios internacionales de los combustibles estaban a la baja. Durante la pandemia cayeron hasta el fondo. Las empresas estadounidenses de fracking entraron en quiebra total una tras otra. La guerra ha significado revalorizar las transnacionales petroleras, que después de llevar a la parálisis la industria de hidrocarburos venezolana, se han apoderado del petróleo de Venezuela para abastecerse mientras destruyen instalaciones iraníes y se benefician de la destrucción de instalaciones de los países del golfo pérsico y se golpea la economía China al privarla de una fuente clave de abastecimiento.
Los pontífices neoliberales proponen ahora que en esta situación el país abra las puertas al fracking, que destruye las fuentes de agua y perjudica gravemente la agricultura. Proponen un ecocidio “sustentable”, cuyo lucro además de depender de la continuidad de la guerra, se derrumbará apenas caiga el ciclo de precios del petróleo, dejando sembrado el daño de los suelos y las aguas y disminuido nuestro potencial de abastecimiento de alimentos. Dos modelos opuestos: uno, agua, alimentación, salario vital; el otro, lucro de unos pocos, dogmas neoliberales, fracking, ecocidio, hambre para muchos.
Héctor Mondragón
Foto tomada de: WRadio

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