Jacinto nació pobre, de madre campesina en la hacienda de un hombre rico del Tolima, pero por enredos de la justicia, terminó heredando buena parte de la fortuna del empresario cuando este cayó víctima de la Violencia liberal-conservadora. Entonces emigró como terrateniente rico al Caquetá.
Don Jacinto llegó a cultivar arroz, como era la costumbre en el valle del Magdalena, compró tractores, combinadas, hizo riego, importó semillas certificadas, solo le faltó fumigar con avionetas. Entonces no había sino tres aeropuertos en el Caquetá: Florencia, Larandia (del terrateniente exitoso, Oliverio Lara) y se construía el de San Vicente del Caguán. En esos tiempos en el Caquetá llovía casi todo el año y las chilgas (Euphonia laniirostris) y las langostas se comían las planticas de arroz recién retoñaban. En los años 60 Jacinto quebró en sus emprendimientos.
Otros migrantes vallunos intentaron con caña de azúcar y quebraron. Otros sembraron café en la selva adentro y esos árboles competían con los nativos, llegando a los 15 metros de altura. Solo se daba el plátano y la yuca. Y claro, la ganadería. Los terratenientes exitosos, como Oliverio Lara, le compraban por menos precio, a las buenas o a las malas, a los colonos la “mejoras”, les lanzaban los ganados y así potrerizaron el piedemonte amazónico entre 1950 y hasta hoy.
En verdad el Frente Nacional apoyó la colonización campesina, hasta antes del nefasto Misael Pastrana, mediante INCORA, INDERENA, IDEMA, ICA, Caminos Vecinales y la Caja Agraria. De eso sobrevive muy poco: algo del caucho (Hevea brasiliensis) y la palma aceitera (africana, que le llamábamos). Se impuso la ganadería extensiva, imparable. Hasta que llegó la marihuana, la coca, un poco de amapola y con las nuevas rentas del Estado a las regiones, la corrupción institucionalizada. Se empoderaron las mafias burocráticas de los partidos tradicionales emparentadas con los poderes narcos. Tiempos de los Turbay, los Pacheco, los Cuellar, los Gasca (patrón de patrones) los Ruiz, el costeño. Llegaron también la explotación de oro y de petróleo. Es el tiempo del extractivismo y del rentismo especulativo.
En ese contexto se dio la Guerra de la Amazonia. Las FARC se bajaron de El Pato al Caguán a finales de los 60 y luego a todo el Caquetá. El M-19, desde 1978 creó redes en el Caquetá y cuando la persecución por el robo de las armas del Cantón Norte, se fueron a la guerrilla rural, dónde mejor que en el Caquetá y el Putumayo. El ELN y el EPL incursionaron, pero “no pegaron” en la región. Después es la historia conocida de los intentos de paz fracasados, con Belisario y Pastrana hijo y la llegada masiva de los Paras, cuando el Plan Colombia y cuando Uribe. Luego seguiré con esa historia.
Regresemos a don Jacinto
Don Jacinto era godo y analfabeta funcional. Pero era brillante. Cuando quebró económicamente no le quedó otra opción que hacerse nombrar Alcalde en un pueblo del Caquetá, que no digo el nombre porque todos reconocerían a don Jacinto. Confirmo que era brillante porque cuando era Alcalde y yo me burlaba de eso, me retó a resolver problemas matemáticos junto a otro amigo que ya estudiaba matemáticas en la U. N. Pues, Jacinto resolvió una ecuación de segundo grado, más rápido que nosotros, solo por lógica.
Para disimular su carencia en la lectura, el Alcalde, don Jacinto, le decía al secretario de Planeación, lea usted que se quedaron las gafas. Así capoteó los tiempos de la quiebra, hasta que logró educar a sus hijos y terminó en plena pobreza material.
Un hijo suyo terminó en las FARC y sin historia conocida. Otro de sus hijos sufrió parálisis infantil. Cuando yo tenía 10 años viajé con Jacinto y su hijo paralítico, a Bogotá. Subíamos en penitencia a Monserrate, a pie, a rogar por un milagro y al Franklin Delano Rooesvelt por medicamentos. Ese niño era un ser brillante y adorable. Se lo llevó el Covid19, ya maduro y con gran prole.
En suma, la colonización campesina de la Amazonia dio paso a la ganadería extensiva y luego al extractivismo, el rentismo especulativo. La selva ha sido destruida más allá del piedemonte. Los pueblos originarios han resistido, a pesar del reclutamiento forzado y las violaciones de sus mujeres por parte de todos los actores armados. Los campesinos intentan adaptarse a la ganadería intensiva, mezclada con silvicultura. La Amazonia se urbanizó y vinieron los retos de todos los pueblos urbanos. La mezcla cultural de la colonización se recicla y es gran esperanza.
Los hijos de Jacinto emigraron. Yo también emigré, pero mi memoria sigue anclada en la Amazonia y los millones de Jacintos que me enseñaron vida.
Jorge Reinel Pulecio Yate
Foto tomada de: https://www.defensoria.gov.co/

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