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Mundial de fútbol La épica de los de siempre

20 julio, 2026 By Mario Roberto Prieto Leave a Comment

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El Mundial 2026 ha sido un campeonato atípico desde su concepción. Tres sedes, cuarenta y ocho equipos, escándalos de reventa de billetes respaldados por la FIFA misma. La visión que se lleva el mundo entero es que se privilegió el negocio por encima del fútbol y ni siquiera el espectáculo que se quiso montar al mejor estilo Hollywood pudo apalancar un campeonato que pareció pobre en su organización y que ni siquiera impactó en el diseño de las mascotas, el logo o la música creada para el evento.

El Mundial comenzó, además con un ambiente particularmente enrarecido por la relación del presidente de la FIFA con el presidente de Estados Unidos. Infantino le otorgó a Trump un premio de paz para evitar las acostumbradas pataletas del presidente de Estados Unidos; y sin embargo, el gobierno gringo decidió vetar a un árbitro Somalí y estableció enormes prohibiciones contra el equipo de Irán que generaron la indignación de la mayor parte de la opinión mundial e incluso provocó aplausos a la presentación de la bandera de Irán en los estadios.

Pero el asunto no paró allí y durante el desarrollo del campeonato las pausas de hidratación se convirtieron en la prueba reina de que este campeonato estaba más interesado en la pauta que en el juego; esto sumado a que muchos de los cambios en el VAR y en decisiones disciplinarias, errores arbitrales de interpretación y los fueras del lugar automáticos exacerbaron la paranoia y la indignación sobre decisiones que a veces parecieron favorecer a los poderosos. El entorno mediático de hoy, integrado por influencers y creadores de contenido e incluso periodistas deportivos, sumó su parte a la paranoia y la conspiración, generando horas y horas de videos sobre las decisiones arbitrales, especialmente de Argentina. Lo que conocemos hoy es que sí hubo influencia aparentemente paga para crear teorías contra Argentina por parte de cuentas que nunca hablaban de fútbol.

En este contexto, quienes ya tenemos una edad y que sabemos que ha habido mundiales manchados de injusticias, de presiones indebidas, fuimos un poco más apáticos porque al final el juego de alguna forma se conservaba. Además, el hecho de que las distancias en el fútbol se hayan acortado y que países como Curazao, Cabo Verde e Irán se plantaran ante equipos con historia, nos emocionó y nos hizo soñar, pero con la eliminación relativamente temprana de estas selecciones se configuró la tormenta perfecta.

Por otro lado, hay que decir que, en Suramérica, con todo y nuestras rivalidades, nuestros amores y nuestros odios CONMEBOL, amamos la rebeldía y la lucha de quienes no tienen el poder, ni la sartén por el mango. Eso hace parte de por qué nos sigue emocionando un Mundial. Lo que hizo Paraguay nos emocionó al punto de las lágrimas, a pesar de que nuestros hermanos utilizaron las mañas y las trampas que siempre nos han hecho quienes somos. Esas mismas que le permitieron a Maradona llevarse un gol con la mano ante una incrédula Inglaterra, en épocas de tensión de la posguerra de Las Malvinas argentinas.

La pregunta es entonces, ¿por qué ya no sentimos la misma admiración por la lucha de esta selección Argentina? Algunos argentinos han salido apresuradamente a decir que el hecho de que Argentina sea hoy el equipo más odiado fue una cuestión de estrategias mediáticas -que, en parte, sí-, o por la envidia que siempre les hemos sentido en Latinoamérica -que es bastante ridículo e infantil-. La respuesta completa es que todo ha ido sumando. Las rencillas históricas, la avalancha de videos conspirativos, algunas decisiones arbitrales que los favorecieron, las actitudes soberbias de los jugadores, entre otras.

Pero tal vez la que más me gusta a mí es que Argentina desde hace años dejó de ser esa selección aguerrida, valiente, pero sobre todo rebelde. Esa rebeldía de la que aún está en la memoria de todos. La de un Maradona contrapoder que criticaba a la FIFA incluso antes de la sanción por doping, que se negaba a aceptar las injusticias y que al mismo tiempo picardeaba y provocaba a los rivales y a los jueces; ese que era solidario con las causas sociales, que defendía a los jubilados, que criticaba el negocio del fútbol, que dijo alguna vez que era “palestino de corazón¨.

No, la Argentina de ahora no es eso. La Argentina de ahora y su líder natural Lionel Messi, son la antítesis de la rebeldía, de la valentía y de la lucha por la justicia y por el amor al fútbol. Muy por el contrario, Lionel y sus compañeros se han entregado a manos llenas al capital y al poder que rodea a la FIFA. Comerciales millonarios, contratos con marcas, reuniones con jeques y millonarios han sido la vida de Messi durante los últimos años después de su retiro del fútbol competitivo y su llegada a Estados Unidos. Y en esa entrega total, terminaron reuniéndose con el propio Donald Trump el mismo día que este hubiera ordenado un bombardeo contra Irán en la que asesinaron vilmente a 120 niñas iraníes, un crimen de lesa humanidad que aún sigue en la impunidad y cuyo costo político ayudaron a alivianar Messi y su combo. La cereza del pastel fue el espaldarazo que le dio a la selección argentina el primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu y su gabinete en las redes, antes de la final contra España; un gobierno y gabinete que son criminales de guerra y que el mismo Mamdani, alcalde de Nueva York, lo ha reiterado en una alocución del 21 de julio.

Tal vez no nos habíamos dado cuenta, pero la selección Argentina ya no nos representa más a los latinoamericanos. Ya no son ese aliciente de talento y garra que hacía frente a los poderes imperialistas que nos condenaron a sendas dictaduras en Sur y Centro América o que nos robaron por siglos. Ya no es la que nos inspira a amar el fútbol pese a la corrupción, pese a los manoseos de quienes lo quieren convertir solo en negocio. Hoy Argentina es parte de la maquinaria mafiosa que quiere convertir el fútbol en un negocio y que solo se mueve por el poder y el dinero y no por la emoción que muchos sentimos por este deporte.

La épica no la representan quienes están en el poder, la épica no la representan los de siempre.

Mario Roberto Prieto

Foto tomada de: The New York Times

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Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

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