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La victoria electoral de la extrema derecha en Colombia

22 junio, 2026 By Pedro Santana Rodríguez Leave a Comment

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Este domingo 21 de junio se realizó la segunda vuelta electoral para elegir presidente de la República en Colombia entre Iván Cepeda candidato del Pacto Histórico y la Alianza por la Vida y Abelardo de la Espriella de Firmes por la Patria apoyado por toda la clase política tradicional, los clanes políticos regionales como los Char en Atlántico, los Gnneco en la Guajira y el Cesar, el clan de Dilian Francisca Toro y en general todos los clanes ligados a la corrupción regional en el país y con el apoyo económico y político de Donald Trump, el lobby sionista de Israel y las mafias del narcotráfico ligadas al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández indultado por Donald Trump y quien en grabaciones realizadas por periodistas independientes aparece reportando el recibo de dinero para interferir en el proceso electoral colombiano y para realizar actividades en contra de los gobiernos de Gustavo Petro y Claudia Sheimbaum.

Pero de la Espriella también recibió el respaldo de los grupos económicos más importantes del país que no dudaron en poner en marcha un masivo constreñimiento a los trabajadores amenazándolos para que votaran por de la Espriella, este operativo se denominó Plan Jupiter con millonarias inversiones dirigido por el uribista Jaime Bermúdez Merizalde. Por supuesto los organismos judiciales cada vez menos independientes y plegados al régimen y menos aún los organismos con funciones electorales como el Consejo de Estado y el politiquero Consejo Nacional Electoral, CNE, no hicieron nada de tal suerte que este constreñimiento a los electores que es un delito quedo en la impunidad, bueno como quedan más del 75% de los crímenes que se cometen en nuestro país.

El resultado final arrojó la victoria de Abelardo de la Espriella por un margen de menos del 1%, de acuerdo con las cifras finales por de la Espriella votaron 12’960.166 ciudadanos frente a 12’708.312 votos por Iván Cepeda con una diferencia de 251.854 votos. La tasa de participación fue histórica al llegar al 63.59% reduciendo de esta forma la abstención electoral. Los votos en blanco fueron 427.026, los nulos 220.790, no marcados 20.666. Votaron en total 26’344.960. Nótese que el voto en blanco fue superior a la diferencia entre de la Espriella y Cepeda y también que de la Espriella no obtuvo el 50% de la votación. Así que tienen razón los analistas que señalan que la votación deja a un país dividido en dos mitades. También tendría sentido la propuesta de Cepeda de un Acuerdo Nacional alrededor de unos mínimos de convivencia democrática con unos puntos afincados en la Constitución de 1991 y en algunas de las reformas más urgentes como la reforma fiscal para reducir el déficit, la reforma a la salud, la continuidad de la redistribución de tierras en cumplimiento del Acuerdo de Paz y el mantener avances sociales del gobierno que termina, pero no veo que en las huestes del nuevo gobierno haya lugar para ese Acuerdo Nacional. De la Espriella sigue con su lenguaje excluyente y violento.

Un análisis del resultado nos debe llevar a una reflexión en dos planos distintos. Por una parte, los factores adversos materializados en el fuerte bloque de oposición a las transformaciones democráticas en el país, es decir, el bloque reaccionario y de extrema derecha. En este bloque se alinderaron sin ningún rubor los más grandes empresarios del país que buscarán en el gobierno de Abelardo de la Espriella mantener sus privilegios, su manejo de recursos públicos como en el sistema de salud, en el régimen pensional, mantener el régimen económico rentista sin un giro a la reindustrialización del país que seguirá esperando por un nuevo gobierno progresista, filaron allí los clanes políticos tradicionales, de los 57 existentes en el país por lo menos 50 apoyaron decisivamente a de la Espriella, los medios de comunicación corporativos que son medios de los grandes conglomerados económicos y financieros del país que desinformaron, estigmatizaron y mintieron durante los cuatro años del gobierno de Gustavo Petro, los gremios empresariales y los tanques de pensamiento que han guardado silencio cómplice a las propuestas descabelladas del candidato y hoy presidente electo Abelardo de la Espriella y todo ello con la injerencia de Trump y la extrema derecha internacional y sus recursos que circularon a raudales en esta campaña electoral. Pero también filaron allí los antipetristas que son bastantes y que ya se habían agrupado en el año 2022 alrededor del ingeniero Rodolfo Hernández que obtuvo unos 10.5 millones de votos. En esta ocasión no hubo fisuras en el bloque de la derecha. Todo el uribismo voto en esta segunda vuelta por de la Espriella como ya lo había hecho la mayoría el 31 de mayo en la primera vuelta presidencial. No es que la derecha haya sacrificado a Uribe, él sigue estando en ese bloque solo que ahora está subordinado, pero orgánicamente estará con este gobierno. De eso no me cabe la menor duda.

Los errores propios que hay que reconocer y que hay que corregir

Pero también hay que reconocer los errores cometidos en la campaña de Iván Cepeda & Aída Quilcué. No para buscar culpables sino con el convencimiento que una evaluación critica de la campaña es muy importante para las futuras contiendas políticas y para fortalecer el proyecto político democrático. No pretendo realizar un balance exhaustivo de la campaña solo quiero señalar unos lunares que pude observar, creo que el Pacto Histórico deberá hacer una evaluación de fondo que es necesaria para responder a las críticas de la base y de los miles de jóvenes pues a mí juicio fueron ellos y ellas los héroes y heroínas de la jornada. En la primera fase de la campaña, es decir hasta el 31 de mayo de la primera vuelta, el centro de la atención y de la contienda se dirigió al uribismo y a su candidata Paloma Valencia dejando muy libre a de la Espriella con la creencia que este era más fácil de derrotar lo que los hechos demostraron que no era así. Incluso la escogencia de la fórmula vicepresidencial tuvo que ver con esa estrategia que resultó fallida.

Un segundo elemento tuvo que ver con la lejanía del candidato, con la falta de empatía con su electorado, cuestión de personalidad que debió de ser trabajado desde la estrategia de comunicación. A esa lejanía contribuyó a no dudarlo el hecho que sus discursos fueran leídos lo que generó una narrativa de lejanía del candidato con su base electoral. Esto que es susceptible de ser superado no se trabajó en la campaña y también lo reforzó el hecho que la campaña giró casi exclusivamente alrededor de las concentraciones que muchos advertimos que no eran lo más aconsejable. Esto se mantuvo casi hasta el final. También los textos en la mayor parte de la campaña fueron abstractos solo al final de la campaña Cepeda levantó algunas problemáticas y propuestas concretas para su electorado i.e. el millón de viviendas sin cuota inicial o el plan de choque frente a la crisis de la salud.

Faltando una semana larga para terminar la campaña se publica el programa de Gobierno, es decir, durante la mayor parte de la campaña sus discursos fueron abstractos sin conectar con la emotividad de la gente. En contraste el felino que tenía como contendor hizo de las mentiras, del antipetrismo, del anticomunismo, de la denigración tanto del padre, Manuel Cepeda, como del propio Iván, sus banderas. Toda esa estrategia no fue enfrentada desde la campaña. Entre otras razones, pero para mí, la principal, por carecer durante toda la campaña de una estrategia y de un estratega de comunicaciones. Faltando dos semanas apenas se contrató un publicista. Pero la campaña nunca tuvo ni una estrategia de comunicación ni un estratega que ayudara a orientar y a tomar decisiones en tiempo real para contrarrestar los fake news, los bulos, las calumnias que eran los contenidos más relevantes de la campaña de Abelardo.

Todo ello se tradujo en falta de piezas comunicativas impresas para dotar de material de trabajo a las decenas de miles de jóvenes, de líderes sociales, de los militantes de base que salieron a hacer trabajo de volanteo, de casa a casa, con las uñas sin material de trabajo y hay muchas quejas sobre las cuñas radiales y televisivas. Es decir, toda la estrategia de comunicaciones ha sido seriamente cuestionada y pese a ello se logró una votación de tres millones de votos más de los que había obtenido en la primera vuelta el 31 de mayo. Por eso digo que fueron los jóvenes, las bases y los líderes sociales lo héroes de la jornada.

Otro tema fue que la campaña no se dotó de una dirección permanente, estructurada ni en la Alianza por la Vida ni en el Pacto Histórico. Fue una campaña cerrada sobre si misma. Un pequeño circulo asumió la toma de decisiones sin una retroalimentación de la propia dirección política del Pacto Histórico. Se concretó un buen número de aliados como el partido Alianza Verde, el partido Libres, sectores importantes de los partidos Liberal, Conservador y de la U, pero no se les integró orgánicamente a la campaña, al trabajo territorial y sectorial, se pensó que con que aparecieran al lado del candidato en las concentraciones públicas bastaba. Un plan de vinculación de esos aliados al trabajo con la sociedad en los territorios no existió. Tampoco se articuló con las bancadas de Cámara y Senado tanto las salientes como las elegidas el 8 de marzo. En algunas regiones se articuló con los movimientos sociales, pero en otras esa articulación no se hizo.

El trabajo para el cuidado del voto tampoco se realizó a fondo y miles de testigos electorales no recibieron un mínimo de recursos para su almuerzo y para la transmisión de datos a un centro de conteo alterno que tampoco funcionó adecuadamente que sepamos. Y finalmente es loable que haya habido una preocupación por los recursos de la campaña, pero el discurso y la practica de la austeridad republicana dejo a la gente sin propaganda, sin recursos mínimos para la logística. La tarea era ganar las elecciones y se perdió. Y esa pérdida no la excusa el hecho que se haya tenido un resultado muy importante representado en los resultados finales de 12.7 millones de electores, cifra máxima obtenida en las elecciones por parte de la izquierda democrática. La tarea era mantener el gobierno y la agenda reformista para bien del país y de la mayoría de su gente, y eso no se logró. Así de simple.

Pedro Santana Rodríguez, Director Revista Sur

Foto tomada de: La Silla Vacía

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