“La salsa nos recuerda que somos muy parecidos, que tenemos una historia común y que nuestro futuro, nos guste o no, está entrelazado. Además, que nosotros somos los que decidimos si caminarlo como enemigos o como hermanos” (La salsa y la identidad latinoamericana. Camilo Andrés Delgado Gómez. Revista La Cola de Rata, 26-04-20)
Presentación
El lector de este ensayo va a encontrar una serie de disertaciones de tipo académico combinadas en ciertos momentos y espacios de la temática con párrafos de mi experiencia como persona amante de este tipo de música, con el fi de darle un perfil muy personal al escrito y mostrar unas aportaciones de tipo anecdótico pero que están dentro del mismo ambiente salsómano.
Después de azotar baldosa tantos años, no podía dejar de escribir acerca de estas sensaciones, pero desde una perspectiva intelectual; pues para mi experiencia personal las vivencias de la salsa están entrelazadas entre la bohemia y la academia, y he aquí parte de mi testimonio y parte de mi estudio acerca de este fenómeno cultural.
La identidad latinoamericana es un entramado cultural e histórico complejo que une los países desde México hasta la Patagonia; que para los asuntos que trata este artículo toma la diáspora latina que se ha venido asentando en EE.UU., sobre todo desde la década de los 50s. Se define principalmente por su rico mestizaje, la herencia de los pueblos originarios, el legado colonial ibérico (español y portugués), las migraciones. Mas que una sola identidad es una diversidad plural y cambiante; es decir, se trata de un proceso cultural siempre en movimiento.
Y dentro de este contexto la salsa funciona como un pasaporte cultural del imaginario latino, que engloba muchos ritmos, melodías y temas y precisamente en términos genéricos por eso se le dio en denominarla “salsa”. El término se originó en Nueva York y en Venezuela como una estrategia de marketing para promover y vender la nueva música y en esto tuvo un papel preponderante el músico, compositor, arreglista, director y productor dominicano Jony Pacheco (Santiago 25 de marzo de 1935 y Nueva Jersey 15 de febrero de 2021) entre otros músicos.
Por supuesto que mucho antes de gozar la salsa ya nos habíamos deleitado con Celina y Reutilo y sobre todo con la Sonora Matancera en el famoso Bariloche donde nos reuníamos desde adolescentes hasta muy mayores a beber y bailar hasta altas horas de la noche sin descansar; solo había algunas pausas para apretar las muchachas al son de un buen bolero caribeño que también nos aglutinaba y nos identificaba por su pasión y ambiente erótico y nocturno.
Pero realizando una breve arqueología lingüística se puede decir, que fue en 1933 el musico cubano Ignacio Piñeiro el primero que la usó en su famoso son cubano “Échale salsita” haciendo alusión al sabor y la alegría de su música. Posteriormente ya en los años 60s el locutor venezolano Phidias Danilo Escalona la popularizo en su programa radial denominado “La hora de la salsa” como uso genérico de la música latina bailable. Hasta que en los 70s Pacheco, Celia Cruz la cantante cubana llamada “La reina de la rumba” (La Habana 25 de octubre de 1925 y Nueva York 16 de julio de 2003) y el sello discográfico Fania Records adoptaron la palabra oficialmente para sus producciones y así poderla distinguir de otras músicas en el ambiente norteamericano y latinoamericano.
Para nosotros también fue la década del 70 la clave cronológica de estas vivencias salsómanas; pues nos habían llegado estos ritmos por amigos que venían de Buenaventura y de Cali, y por supuesto ya comprábamos algunos Long Pley y cuando logramos trabajar lo primero que adquirimos fue un gran equipo de sonido que hacía de las suyas para todo el barrio, pues con gran orgullo lo sacábamos al andén para escuchar a Henrry Fiol, su Oriente y su Fuma de Ayer.
Al respecto en el Documental “La salsa vive” el cantante, compositor, percusionista y director Henrry Fiol (Nueva York 16 de enero de 1947) expresaba: “La salsa sirve para decir las cosas que suceden en el barrio, el diario vivir de la calle, pero también para mencionar o enviar mensajes más profundos”
Y en ese mismo trabajo cinematográfico del colombiano Dago García, el cantautor, actor, abogado y activista Rubén Blades (Ciudad de Panamá 16 de julio de 1948) decía: “La observación de la gente y las cosas de la calle me han servido para sacar las letras de mis canciones”
Es decir, con lo anterior se señala el origen eminentemente popular y sencillo de la música salsa, así en su construcción también existan aportes de músicos muy distinguidos que han tenido formación dentro de los conservatorios y la música clásica; sobre todo para la ejecución del piano.
Nos identificábamos con el ritmo, sus canciones y nos aglutinaba esa alegría juvenil con la ropa colorida, el pelo largo, la vida descomplicada y una especie de rebeldía también expresada en la música antillana, sobre todo cubana y neoyorkina. Esa era nuestra marca identitaria.
Breve discusión sobre la identidad
Desde la filosofía tradicional en su ontología y en su lógica algo es idéntico a sí mismo y esto en matemática es totalmente visible en aquello de lo biunívoco; es decir, postulando el llamado “principio de identidad” según el cual “toda identidad es idéntica a sí misma”; sin embargo, se habla de la esencia de las cosas que se van construyendo y cambiando en el tiempo y en el espacio.
Igualmente se considera la identidad entre el pensar y el ser, entre el espíritu y la naturaleza, entre lo objetivo y la subjetivo; pero las perspectivas modernas han superado este dualismo al introducir el papel sustancial de lo dinámico, de lo complejo y de las muchas formas del ser y de las cosas.
Recordemos que el mismo Hegel consideraba la identidad no como lo absoluto e inmóvil sino como una idea lógica en desarrollo. Precisamente en el campo de los procesos culturales y dentro de ellos en el campo de los fenómenos musicales no se puede hablar de una sola esencia y de una sola identidad, acudiendo más bien a múltiples explicaciones para poder entender procesos como el que se va a tratar referido a las músicas de todo un continente como expresión de varios pueblos cobijados en una región multiétnica, que ha variado a través de su historia. Es el caso de la salsa como un constructo cultural más bien producto de una gran hibridación.
Si acudimos a Paul Ricoeur la identidad se construye como una historia que nos contamos sobre nosotros mismos y que les da sentido a nuestros cambios. Para el caso a tratar las canciones van contando historias de los pueblos, de los barrios y así se van construyendo relatos musicales identitarios que después se engloban en la denominación de música antillana, latín jazz y salsa como tal.
En sociología la identidad es una construcción social dinámica y cambiante, donde se va creando un autoconcepto que deriva de pertenecer a grupos sociales, nacionales, religiosos, políticos o sexuales. Para el caso de la “salsa” en América Latina, esta palabra puede ser el autoconcepto que resulta de la combinación de muchas músicas y de varias migraciones, a través ya casi de un siglo y dentro de unos territorios determinados. Al respecto nos parece interesante la perspectiva de la sociología aplicada formulada por Antonio Delgado (“La identidad social desde una sociología aplicada” Universidad de Madrid. http://orcid.org/oooo-ooo1-6343-2853)
Así, acudiendo a las multiplicidades sociales y en este caso musicales se puede hablar de una especie de toma de conciencia vía representación de idearios en las canciones, lo que llevaría a una cierta identidad social como fruto del proceso de esa formación social y cultural.
Desde la antropología la identidad es un constructo relacional, simbólico y dinámico, que tiene en cuenta la alteridad y la otredad, y en las cuales las dinámicas son situadas en el tiempo y en el espacio. Por eso la música salsa se define frente a sí misma y frente a los otros seres que también se expresan. Sus canciones contienen símbolos con referencia al indio, al negro, al blanco y a diversas situaciones del mundo de los inmigrantes sobre todo en los EE.UU.
Tener conocimiento de lo que se escribe, de lo que se compone, de lo que se canta y de lo que se baila es acercarse a una especie de toma de conciencia por la vía de las expresiones culturales y es una de las formas de lo que se denomina “toma de conciencia” por parte de Durkeim, “la teoría de la conciencia de clase” de Marx o de “la acción dotada de sentido” según Weber. Los anteriores elementos nos pueden ayudar a tener una perspectiva simbólica muchos más amplia para abordar el fenómeno cultural de la música salsa y la identidad latinoamericana.
Dimensión cultural y geográfica.
La dimensión geográfica dentro del tema de la identidad latinoamericana y la salsa es muy importante y compleja a su vez, en la medida en que no siempre se está de acuerdo en las denominaciones como veremos a continuación:
Se trata del continente americano y la producción musical que en él se da, pues América en general incluye Norteamérica, Centroamérica, las Antillas y Suramérica. Y en este sentido también se puede hablar de la música o las músicas producidas en Las Américas. Y de ahí, una de ellas es la salsa, junto al folk, el pop, el jazz, el latín jazz, el blues y el rock, el merengue, la bomba, la plena, el vallenato, la cumbia y el son cubano entre otras manifestaciones musicales generadas en estas tierras, en estas naciones y por las poblaciones que la habitan.
Mi generación alcanzó a escuchar los Beatles y sobre todo a apreciar Imagine y Let It be, vivimos la noticia del asesinato de Jhon Lenon con mucho pesar y lo convertimos en un símbolo de paz, amor y yerba recreativa. Pero también alcanzamos a gozar el mambo de Dámaso Pérez Prado, sobre todo Lupita, Caballo Negro, el Politécnico y otros. Del vallenato solo nos gustaba el tradicional, el más auténtico y de las cumbias hacíamos honor tanto en la pista como en las danzas del colegio; pero aún no alcanzamos a conocer el jazz y el blues, esta experiencia fue posterior y mucho más en un ámbito intelectual.
Citar a Norteamérica y en particular a Nueva York y a la comunidad latina que ha vivido allí produciendo una cultura híbrida que se expresa fundamentalmente en la música es algo que clarifica mucho más la delimitación; aclarando que se trata de una cultura bilingüe principalmente entre el inglés y el español con aportes decisivos a la cultura musical de la salsa como tal.
El aporte y el rol de Centro América a la salsa se ha centrado fundamentalmente en Panamá con la denominada “Nueva Trova” y “Nueva Canción Centroamericana” de la cual su máximo exponente es el cantautor, actor, abogado y activista Rubén Blades (16 de julio de 1948 en Panamá), considerado “el poeta de la salsa”, dándole un giro conceptual e intelectual a los temas de la calle y la vida real, lo que se puede apreciar en canciones como Pedro Navaja, Amor y Control, Siembra, Mi Desengaño y Decisiones entre un largo etcétera musical.
Como estábamos alborotados por las ideas revolucionarias escuchábamos mucho la llamada música de protesta y la música social; pues eran los años terribles de las dictaduras militares en Chile y Argentina y cuando nos llegaron los mensajes de rebeldía asociados a la salsa de Rubén Blades todo cambió en la medida que también podíamos azotar baldosa, enamorar y ser rebeldes con temas salseros.
El papel histórico y cultural de Las Antillas es fundamental para este trabajo de delimitación del objeto de investigación por la combinación o hibridación que allí se dio entre los españoles, los indígenas y los negros; lo que se puede apreciar en la cultura cubana y su gran aporte musical a todo el continente y en particular a la salsa como tal; pero además es clave el aporte de Puerto Rico y República Dominicana entre otros lugares, dada su riqueza musical en ritmos, temas y melodías.
En las Antillas y en particular en Cuba el elemento originario fundamental y fundacional le corresponde al componente de las negritudes provenientes de la esclavitud de la población traída desde África, lo que le ha dado el color y el sabor a diferentes expresiones musicales, con sus instrumentos y danzas específicas; lo que ha sido muy bien tratado por el escritor, ensayista e investigador en musicología Alejo Carpentier (26 de diciembre de 1904 en suiza y 24 de abril de 1980 en Francia, donde fue embajador de la República cubana después de la revolución) en su obra “La Música en Cuba” (1946) donde analiza los aportes españoles durante la colonización y por esa vía todo lo europeo, pero que se detiene con mucho cuidado a los aportes de la cultura africana. Por todo esto se puede hablar específicamente de música antillana y afrocubana como tal; confluencia decisiva posteriormente en el latín jazz y la salsa.
El caso de Sur América tiene otras connotaciones, pues el rol de Venezuela y Colombia es importantísimo no solo en la recepción musical salsómana sino en su producción específica con cantantes propios, orquestas grandes e identitarias y unos ritmos que le han dado otra tonalidad a la salsa, como veremos más adelante en los casos de Caracas, Barranquilla y Cali hasta ser calificada como “La capital mundial de la salsa”.
Este título para la capital del Valle del Cauca es producto de todo un proceso: el ambiente estaba creado por los aires de Peregoyo y su combo Vacaná (recuérdese el tema “Mi Buenaventura” entre otros), por Petronio Álvarez y todos los aires del Pacífico, lo que se advertía en las melodías y en el danzar erótico y a la vez sublime de las personas; pero la clave para la salsa es con el ingreso de los discos por el puerto de Buenaventura, Richi Rey en 1970, Ismael Miranda en 1972, Oscar de León y el Gran Combo de Puerto Rico en 1975, Joe Quijano en 1976, Héctor Lavoe en 1977, Rubén Blades en 1978, Willi Colón, Eddy Palmiere y Los Hermanos Lebrón en 1979, La Fania Al Stars, El Conjunto Clásico y Henry Fiol en 1980 y presentaciones gratuitas de los Van Van en el Teatro Jorge Isaac entre otros conjuntos y figuras que permitían así conectarse con todo el público.
Pero sería a partir de 1981 cuando saldrían al escenario El Grupo Niche con Jairo Varela como músico integral a la cabeza de la agrupación, Guayacán Orquesta, La Misma Gente y la Orquesta Femenina de Cache cuando Cali saca su propio rostro salsómano para mostrarse no solo en su ciudad, Colombia sino ante el mundo entero con una especie de sonido y baile muy típicos de su región que le darían hasta ahora la vuelta al mundo coronándose en Nueva York.
Es necesario apuntar desde una perspectiva sociológica, que el ambiente del narcotráfico en Cali por un lado contribuyó al florecimiento de la salsa en la década del 80 y por otro a su declive ya en los años 90 cuando el terrorismo hizo su mella; pero que en la actualidad esa “Prueba de Fuego” (alusión al tema de Jairo Varela) ha sido superada y Cali se mantiene como la “Capital Mundial de la Salsa”, con la Feria de Cali, el Salsódromo, las escuelas, las discotecas, sus encuentros de coleccionistas, los barrios populares, el Museo de la Salsa, sus orquestas y sus invitados internacionales.
La representación venezolana se la lleva definitivamente Oscar de León (11 de julio de 1943 en Caracas), cantautor fundador de la orquesta “La Dimensión Latina” y que es diestro tanto en la salsa como en el bolero salsómano, sin olvidar a Andy Montañez igualmente virtuoso en la salsa y en el bolero. Pero los máximos antecedentes en esta nación están en orquestas como La Bill´os Caracas Boys, Los Melódicos y Nelson y sus Estrellas, Los Maraqueros centrada en la percusión, los metales y por su puesto en las maracas y la Sonora del Caribe que fue fundada en Barranquilla en 1951 y ejecuta cumbia, guaracha, porro y salsa.
Era en los Bailes de la Cosecha donde disfrutábamos de las orquestas venezolanas y de las colombianas de música tradicional, que las bailaban nuestros padres y con las cuales nos fuimos ejercitando, sobre todo para conseguir pareja y ennoviar a las amigas.
De Barranquilla se puede decir que por ahí entró la salsa a Colombia y que los maestros más reconocidos con un estilo propio son Fruko y sus Tesos y Joe Arroyo; pero que también existen antecedentes sonoros en la Costa Caribe de los cuales cabe señalar a Pacho Galán y a Lucho Bermúdez.
Algunas veces tuvimos la oportunidad de enfiestarnos en La Troja y en La Cien, eso era una machera de rumba. Muchos costeños hacían de las suyas bailando solos pura guaracha, el sonido duro de los picot ambientaba la parranda y en la equina del movimiento toda la pared estaba adornada con acetatos que el Gordo se daba el lujo de colocarle a sus asistentes.
Aunque la producción musical de España es muy diferente para el tema de este trabajo, es necesario decir culturalmente que en general pertenecemos también a la cultura Iberoamericana, lo que incluye el bolero y la literatura producida en la región y dentro de esta lengua,
Con las anteriores aclaraciones nos permitimos afirmar que, aunque la salsa se ha generado a partir de la cultura latina en Nueva York, genéricamente se habla de la cultura de la salsa en Latinoamérica como algo que la identifica con sus respectivas variantes y procesos de confluencia y divergencia.
Así la salsa ha sido el ejemplo de un diálogo intercultural entre los latinos y los norteamericanos y ya como producto consolidado es una manifestación de lo transcultural y lo transnacional. Es decir, la salsa es un proceso cultural y un fenómeno musical bien rico y complejo.
Las aportaciones culturales y musicales a la salsa
El papel del barrio con sus contradicciones, problemas sociales, la nostalgia del inmigrante, discriminaciones, luchas internas e identidades locales dentro de la ciudad de Nueva York y sus alrededores es importantísimo a la hora de construir lo que se conoce como salsa, y en ese caso el Bronx y el Spanish Harlem son lugares clave para el surgimiento allí de músicos, orquestas y aires distinguidos y provenientes del blues, el jazz y el latín jazz, hasta configurarse la salsa como tal. Es decir, se trató del nicho demográfico, cultural, lingüístico y musical apropiado para la configuración de esta expresión musical conocida como salsa en la medida que es una especie de sombrilla que abarca muchas cosas aparentemente divergentes.
Por aquí el Barrio Obrero era el sitio especial de bailadores y coleccionistas, hasta que convirtieron a Cali en la Capital Mundial de la Salsa. El Barrio era el punto de encuentro de la muchachada, pero también la Quita y por supuesto Juanchito. Estos han sido los sitios populares que le han dado identidad salsómana a Cali no solo en Colombia sino en el mundo entero.
Se puede afirmar que el indio aportó la percusión y los vientos originales, pero que es con el negro que se afirma la contundencia de la percusión a todos los aires antillanos como tal, y por eso se habla de cultura y música afroantillana, pues es en su naturalización en las Antillas donde se da esta perfección. Entre muchas canciones cabe mencionar El Negro Bembón que entre un aire de humor se presenta el cuadro de la discriminación que hasta el día de hoy se ve en los atropellos de las personas de color por parte de la policía en los EE.UU.
Llegar a las murallas de Cartagena a gozar en el bar la Havana o a la sede costeña de Quiebra Canto es todo un honor para la bohemia y el turismo, es sentir la salsa al pie del mar con las olas azotando las piedras de la Heroica, es estar en uno de los rincones más bellos del caribe y en uno de los hogares más preciados de la salsa.
Con el español llega el aporte europeo de las cuerdas y el piano, y este, sobre todo, va a ser distintivo en el ritmo salsero como tal, en la medida que por esa vía se ingresa la cultura de la música clásica que también se va a sentir en muchos músicos latinoamericanos.
La diáspora o la migración cubana y boricua a Nueva York.
Muchos fenómenos sociales, económicos y políticos han influenciado la configuración de esta situación, pero baste con citar tres: uno la atracción que siempre ha brindado el estilo de vida norteamericano (American way of life) para los habitantes del resto del mundo y particularmente para los latinoamericanos que admiran el desarrollo económico y tecnológico de esta civilización y viendo así unas posibilidades de bienestar individual y familiar. Dos, el hecho que Puerto Rico sea cercano al continente y siempre se haya debatido entre la soberanía y la dependencia hasta llegar a convertirse en el Estado Libre Asociado en 1952, lo que lo ha integrado más a los Estados Unidos de Norteamérica y a su modus vivendi. Y tercero el famoso caso cubano donde miles de personas no aceptaron el nuevo modelo económico y político instaurado en la isla por Fidel Castro y su grupo revolucionario en 1958, después de que esta república era la apetecida para los gringos en relación al turismo, el juego y la fiesta; sosteniendo además la dictadura de Fulgencio Batista.
La salsa como una serie de sonidos compartidos entre el blues, el jazz, el latín jazz y el son cubano nos remite desde su inicio al fenómeno de la globalización y su impronta en un fenómeno cultural y musical específicamente. Aquí se manifiesta la resistencia cultural, el mantenimiento de la memoria histórica, las redefiniciones locales y regionales y tiempo espacial de este constructo cultural. (QUINTERO Rivera, Ángel G. “Salsa, identidad y globalización. Redefiniciones caribeñas a la geografía y el tiempo”. Revista Transcultural de América. ISSN: 1697-0101)
Todo lo anterior influyó para la configuración de una cultura musical que abarca el son cubano, el guaguancó, la guaracha, la guajira, el mambo, el boogaloo, el montuno, el chachachá, el danzón, el danzonete, la bomba, la plena y otros ritmos; constituyéndose así la salsa como un género musical más urbano, cosmopolita y con una simbiosis especial de lo afroamericano y lo afrocaribeño.
Todo este mosaico tuvo una inspiración especial en cantantes cubanos como Arsenio Rodríguez, el Conjunto Chapotín, la orquesta de Machito, la de Roberto Faz, Benny More, Dámaso Pérez Prado y por supuesto la Sonora Matancera como el “Decano de los Conjuntos de América”, ya que fue fundado el 12 de enero de 1924 en la ciudad de Matanzas, Cuba. En esta pléyade no se puede olvidar el papel inicial de Mario Bauzá, Chano Pozo y Cachao López quienes abrieron el camino desde los primeros aportes hasta lo que sería el latín jazz y posteriormente la salsa.
Ya estando en la universidad cuando salíamos de la jornada nocturna caminábamos hasta el centro en medio de una tertulia peripatética hasta llegar al Rinconcito Caleño donde molían música antillana y buen bolero hasta el amanecer.
Los puertorriqueños que más han aportado a la salsa son Tito Puentes, Héctor Lavoe, Willy Colón, los hermanos Eddy y Charly Palmieri, Ray Barreto, Rafael Cortijo, Ismael Rivera considerado “El sonero mayor” y Joe Cuba, entre otros; pues ha sido toda una cantera de sonoridad no solo para el bello bolero sino para el baile en general.
En la prehistoria de la salsa en Puerto Rico y Latinoamérica Don Rafael Hernández (1892-1965) ha jugado un papel determinante con sus cantos a la gente sencilla, al campesino o guajiro y a su patria como tal, produciendo temas como Lamento Borincano, Cachita, Buchi Pluma no más, el Cumbanchero y muchos más que son prácticamente símbolos de su tierra y nuestro continente y actúan en la memoria colectiva como piezas de identidad. Al respecto ver la película biográfica “Rafael Hernández El Guajiro” donde se recrea toda su historia, sus magníficos aportes, desde que sale de una barriada hasta que se corona en EE.UU., y México, pasando de un músico autodidacta y de bandas municipales hasta dirigir conservatorios y bandas sinfónicas.
Salsa y soberanía
La salsa significa un movimiento cultural popular y mestizo que ha colocado sus mojones para dar a entender que existe una patria grande más allá de las nacionalidades individuales de Cuba, Puerto Rico, Panamá, Venezuela o Colombia; es decir, su significado trasciende lo musical para ubicarse en la demarcación y en el reclamo de una soberanía política y cultural. Aquí cabe mencionar una pieza pionera de la soberanía como lo es “Cuba Patria querida…para ti esta inspiración, ¡O patria de Maceo y de Martí¡ …”
Identidad, baile y reclamo
Hablar de indígenas, negritudes, criollismo, europeos, de diásporas en Nueva York y la Gran Manzana y de su irrigación por toda América Latina es hablar de “culturas híbridas” en el sentido del escritor argentino-mexicano Néstor García Canclini (“Ciudadanos y Consumidores” 1995) donde trata el conflicto entre identidad y globalización y en el cual se produce la configuración y el consumo de productos culturales construidos en las metrópolis a partir de los aportes nacionales y regionales; es el caso en el que se puede inscribir el fenómeno cultural de la salsa como tal. Esto se puede apreciar en el tema “Siembra” donde se nombran todos los países de América Latina mientras las parejas van danzando con alegría.
Cabe señalar otra insignia del ambiente salsómano además de su origen popular, en la medida que ha sido ambiente para gente de izquierda e intelectuales y para toda una élite gozona, que bebe, baila y hace tertulia al calor de esta musicalidad.
Llegar al Goce Pagano en medio de la noche bogotana en un área donde abundan las trabajadoras sexuales, los travestis, los malevos y los ñeros era toda una odisea; al ingresar al sótano había un ambiente de una atmósfera densa por el humo de los cigarros y en la barra se compartía ron con más de un intelectual y estudiantes que arribaban para gozar de la noche escuchando, bailando o tertuliando en torno de la salsa brava.
Dios, dioses y santería
Cuando escuchamos El Nazareno en la voz de Maelo “El Sonero Mayor” esto nos retrotrae a un ethos cultural latinoamericano donde ha primado la religiosidad católica, pero mucho antes de él, es con los temas de Celina y Reutilio (recuérdese a Santa Bárbara Bendita, la Virgen del Cobre…) y sobre todo con los motivos de la santería en la voz de Celia Cruz, donde advertimos la gran presencia de los dioses africanos, en la cual lo fundamental es el papel de Changó y Yemayá entre una pléyade de dioses que constituyen el olimpo caribeño que también han nutrido la salsa.
Es en este espacio de los dioses tutelares por antonomasia donde la identidad religiosa se manifiesta como híbrida al conjugar la cultura católica con las culturas indígenas y africanas y sacarlas a relucir en lo mejor de la fiesta con sus danzas, coreografías, músicas, instrumentos y cantos específicos.
Una pieza musical donde se combinan dos temas clave como la negritud y la religiosidad es aquel que dice “Si Dios fuera Negro…”
Mitos, sentimientos, actitudes, mentalidades, relatos, aspiraciones eso conforma la identidad
La salsa representa también la utopía latinoamericana según el escritor cubano Leonardo Padura, quien hace una lectura crítica de la realidad latinoamericana a partir de los entrevistados en su obra “Los rostros de la salsa” (Tusquets 2020), en la cual trabaja con una docena de compositores, para mostrar que la salsa es todo un movimiento cultural
Por la quinta frente a las Torres del Parque diseñadas por el gran Rogelio Salmona se concentraba toda una élite de la rumba capitalina, pues estaban el Palomar del Principe y la Teja Corrida donde las chichas más bellas lucían sus pintas y los bacanes las sacaban a bailar.
Se puede hablar del “espíritu de la salsa” según se advierte en un documental para enseñar a bailar en los EE.UU., haciendo alusión a su fuerza, su energía colectiva, el espíritu de la fiesta, la compenetración de los baildores, la congregación de los seres humanos en torno a unos ritmos; configurando así todo un ethos cultural y un animus especial, que se ve y se siente dentro de una atmósfera en los espectáculos y en las discotecas o salsotecas.
Personajes que son puentes
Existen músicos y cantantes que funcionan como una bisagra cultural entre aires anteriores y la salsa como tal y muchos de ellos pasaron por todas las épocas y todos los géneros lógicamente incluyendo la salsa.
Recuerdo haber oído hablar de la famosa Tongolele una gran bailadora caleña a la cual le hacían honor otros danzarines y músicos como Richi Rey y Boby Cruz; tanto que hizo escuela ya que muchos han sido sus seguidores de ritmo natural o aprendido en la academia valluna.
Escuchar un bolero o bailar la música producida por Benny More “El Bárbaro del Ritmo” (1919 Las Lajas – recuérdese la pieza “Santa Isabel de las Lajas…” y 1963 la Habana) es asistir a una parte de la prehistoria de la salsa, con sus magníficas interpretaciones del mambo y otros géneros afrocubanos, él que le hizo honor a esa raza y a esa música y que aún hoy día sigue siendo escuchado y admirado. Piezas como Mata Ciguaraya, la Culebra o Pachito Eche dan testimonio de su virtuosismo y de su contribución al ambiente salsero desde Cuba, pasando por México, llegando a los EE.UU., y devolviéndose para toda América Latina.
Mucho antes de existir la palabra salsa y el fenómeno musical y cultural que ella engloba, era la Sonora Matancera la que se ocupaba de llenar los salones de baile y las grandes tarimas de los espectáculos por toda América Latina y el mundo. “La Sonora es la Sonora” porque abrió un bello camino de trompetas, de piano y de percusión con voces masculinas y femeninas que le dieron sabor a la atmósfera musical del continente.
Un hombre que con un solo grito dirigía una gran orquesta popularizaba el mambo en México, EE.UU y el continente, ese era Dámaso Pérez Prado (1916 Matanzas, Cuba y 1989 Ciudad de México), el músico con pinta de foca y que hacía preguntar con su melodía “Qué le pasa a Lupita”, para que bailarines hicieran de las suyas en medio de coreografías y movimientos sensuales y virtuosos preparándole así un terreno a la salsa.
El famoso Daniel Santos (1916 San Juan de Puerto Rico y 1992 Florida EE.UU.) más conocido como “El Jefe” de acuerdo al bautizo de los bacanes del Barrio Antioquia en Medellín, Colombia, es otra personalidad que hizo puente entre la guaracha de El Bobo de la Yuca y sus interpretaciones salseras con el Conjunto Clásico; sin olvidar su gran trabajo dentro de la Sonora Matancera. “El Inquieto Anacobero” pasó por todos los tiempos, desde la incubación de la salsa hasta las tonalidades posteriores; por eso es todo un ídolo musical en América Latina, bueno para el amacice como para mover los pies con maestría.
Para mi generación ese sí ha sido el verdadero jefe más allá de los políticos y los literatos, el “Inquieto Anacobero”, mejor dicho, “San Daniel”, el único santo de la tribu de los guaracheros, salsómanos y bolerómanos de todos los tiempos. Ha sido una dicha verlo cantar desde el “Tibiri Tabara” hasta “Capitán”, pasando por “Virgen de Media Noche” y su famosa “Despedida”.
“La Guarachera de Cuba”, Celia Cruz (la Habana 1925 y Nueva Jersey EE.UU. 2003), paso por todos los escenarios y todos los géneros, obteniendo entre otros títulos el de la “Reina de la Rumba” y siendo identificada como la gran cantante femenina de la salsa y el bolero, trabajando con la Sonora Matancera, la Fania, Jony Pacheco, en solitario y con invitados de toda índole. Es decir, ella marcó el compás de muchas épocas y por eso es puente y protagonista de este proceso cultural y musical que venimos describiendo y analizando.
A ninguno nos importó o llamó la atención que fuera la más fea en medio de tanta mujer caribeña hermosa y voluptuosa. Celia siempre será la “Reina de la Rumba”. No bastaba sino escuchar su orden al son de la palabra “Azúcar” para lanzarnos a la pista y azotar baldosa con “No hay cama pa tanta gente” o con “Sopita en Botella”.
El papel de la Fania al Stars
Esta agrupación marcó el verdadero inicio de la revolución cultural del fenómeno de la música salsa en los EE.UU., pero agrupando muchos artistas de diversas nacionalidades, géneros, instrumentos, voces y estilos, por lo que constituye la muestra por antonomasia de la identidad cultural latinoamericana y su diálogo bilingüe con la metrópoli estadoudinense, realizando un nexo histórico entre el centro y la periferia. Por ella pasaron siete directores de orquesta y una pléyade de cantantes que hoy son símbolos y leyendas.
Fundada en 1968 en Nueva York coincidió con la revolución estudiantil de mayo de 1968 y con el Festival de Woodstock; es decir, surgió dentro de un ambiente cultural internacional que marcó el siglo XX y reunió lo más destacado de los artistas del sello Fania Records, además de muchos músicos invitados; todo gracias a su promotor Jerry Msucci y Yony Pacheco. Algunas de sus personalidades son:
Andy Montañez, Adalberto Santiago, Ismael Miranda, Lalo Enríquez, Justo Betancourt, Luigi Texidor, Rubén Blades, Héctor, Lavoe, Ismael Quintana, Santos Colón, Pete Conde Rodríguez, Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Willie Colón, Bobby Valentín, Papo Lucca, Larry Harlow, Roberto Roena, Yomo Toro, Alfredo de la Fe y Celia Cruz
Como se puede apreciar es una composición variopinta de nacionalidades que le dan el mejor tono a esa diversidad cultural que denominamos identidad Latinomericana, lo que se puede ver en varios documentales como “Nuestra cosa latina” donde suena “Quitate tú pa ponerme yo…” y “Anacaona de la región primitiva…”
El Gran Combo de Puerto Rico
Más conocida como “la universidad de la salsa” por su calidad y “los mulatos del sabor” por su mestizaje y que se destaca no solo en su país, sino en América Latina y en el mundo entero, fundada en 1962 gracias a Rafael Ithier con temas como “Un verano en Nueva York” el que demuestra el disfrute de la simbiosis que se viene tratando aquí, “Brujería” donde se evidencia la hibridación cultural cuestión de referencia en este escrito, “No hago más na” donde se aprecia cierta buena vida del latino, “La muerte” que toca un tema concebido desde la alegría del trópico, “Ojos chinos” para insistir en la globalización de las razas.
Por allí han pasado entre otros Andy Montañez, Joselito Hernández, Anthony García, Roberto Roena Pellín Rodríguez, Charlie Aponte, Luis Papo Rosario y un etcétera también de varias nacionalidades; pues la orquesta trasciende a Puerto Rico y se abre al mundo entero.
Héctor Lavoe
Nacido en Mochuelo Abajo, Ponce, Puerto Rico el 30 de septiembre de 1936 y fallecido en Manhatan, Nueva York el 29 de junio de 1993 estuvo activo casi cuatro décadas en los escenarios de la salsa convirtiéndose en “El cantante”; pues para Norteamérica “La Voz” era Frank Sinatra y para América Latina este era y sigue siendo “El Cantante” como se autodenominó a partir de una pieza musical de Rubén Blades y producida por Willie Colón. Se volvió toda una insignia gracias a su letra tan diciente: “Yo soy el cante que han venido a escuchar. Lo mejor del reportorio. A ustedes voy a brindar, Y Canto a la vida. De risas y penas. De momentos malos. Y de cosas buenas…”. Un tema pegajoso, vital y muy humano en la medida que toca la gloria y las debilidades del ser y particularmente del artista.
Lavoe encarna el ídolo por sus innumerables seguidores que apasionadamente lo siguen y es toda una leyenda, por sus triunfos, exageraciones, problemas personales y la forma desastrosa de su decadencia y muerte. Como muchos artistas de todos los tiempos al alcanzar el éxito el ambiente los embrujó, cometiendo así lo que los griegos denominaron “el pecado de hibris”, pues en las alturas de la fama al desafiar el poder de los dioses terminan reventándose en forma estrepitosa. Esto ha sucedido por ejemplo entre los rockeros que padecieron “el síndrome de los 27” sin poder pasar la tercera década porque no pudieron más y terminaron suicidándose casi siempre por el efecto maléfico de la adicción al alcohol y las drogas.
Todos adorábamos a “Juanito Alimaña” y a “Pedro Navaja”, pues era la representación de los duros del barrio antes de los sicarios de Medallo y Cali; para nosotros era alegría, pura fiesta y veíamos en ellos una especie de íconos de la rumba pero no de la delincuencia como hoy se admira ciertos prototipos del narcotráfico y el bandidaje.
Los principales instrumentos de la salsa
Llegar al Suave o al Tibiritabara en Medallo y escuchar el timbal y sumergirse en el mejor ambiente salsómano es toda una experiencia para nosotros los amantes del género, se respira una atmósfera de las mejores entre esta magnífica tribu urbana que hace honor al baile, las canciones, las orquestas y sus cantantes,
Los más distintivos son los siguientes: Bongós, tumbadoras, güiro, trombón, trompeta, saxofón, piano, tres cubanos, cuatro portorriqueño, timbal, clave, flauta traversa, violín, cencerro, maracas y bajo. Estos instrumentos se acondicionan según el formato de las orquestas y conjuntos, pero esos son los esenciales de este tipo de música. Aunque el bajo es considerado “el corazón de la salsa”, existen temas y agrupaciones en los cuales lo fundamental está en la flauta, el piano o el violín; pero, además, es importante destacar a la hora de la ejecución orquestal una descarga de sonoridades ya sean marcadas por los vientos, los instrumentos de percusión o un solo de piano que nos recuerda “que no es Stravinski” sino Richi Rey y Bobby Cruz o el embrujo de Marcolino.
En Armenia han dejado historia las discotecas y salsotecas Son 14, Los Compadres del gran Lucas Grajales, Senegal de Wilson Castrillón y Soneros que sigue vigente gracias al ánimo y perseverancia de Luis Fernando Gómez, nuestro amigo Picachú que viene dándonos de gozar desde los tiempos de la vida universitaria. Y saludamos un nuevo centro del sabor latino como Salsabor Blu de El Caleño.
Em la fría Manizales la calentura se sintió en el famoso Timbalero cerca a la zona negra, pero custodiado por un antiguo templo y la Plaza de Toros. Hoy en la Chichería de Nelson Cifuentes se disfruta por igual del tango, el bolero y el son cubano donde la gente escucha, baila y hace tertulia como en los sitios más exclusivos de estos géneros musicales latinoamericanos.
Bibliografía
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Francisco A. Cifuentes S., Magister en Filosofía Latinoamericana de la Universidad Santo Tomás de Bogotá D.C.
Foto tomada de: Comercio de Perú

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