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La Mojana frente a una oportunidad ante el cambio climático

31 agosto, 2026 By Fernando Guerra Rincón    Leave a Comment

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El país enfrenta un escenario en el que las sequías, las altas temperaturas, la disminución de los caudales, los incendios forestales pueden adquirir una intensidad considerable.[1] El nivel de los ríos Magdalena y Cauca baja dramáticamente. Esta situación adversa, para el mundo y el territorio nacional, para la Mojana, paradójicamente, puede configurar un momento particularmente significativo. La actual condición de aguas bajas puede convertirse en una oportunidad excepcional.

La Mojana no es un territorio accidental. Es el resultado de miles de años de interacción entre los ríos Magdalena, Cauca y San Jorge. Su compleja red de caños, ciénagas, humedales y zapales constituye uno de los grandes sistemas de regulación hídrica del país. El agua es la razón de ser de La Mojana.

El problema de las últimas décadas ha sido que, aparte de la desarticulación institucional imperante y de la enorme corrupción que ha acompañado el proceso de intervención en la región a lo largo de los años, se ha intervenido el territorio sin comprender suficientemente su geografía. Se han construido diques, carreteras y otras infraestructuras que, cuando no respetan la dinámica hidráulica de la región, producen nuevos problemas en lugar de resolver los existentes.

El Cierre de Cara de Gato: el principio de un proceso

El desastre de Cara de Gato, iniciado con la ruptura del dique marginal del río Cauca en 2021, demostró nuevamente la vulnerabilidad de La Mojana. Cerrar el boquete es indispensable y urgente, pero no suficiente. El cierre debe entenderse como la primera fase de un programa mucho más ambicioso: desarrollar en el mediano plazo una intervención integral; y avanzar posteriormente hacia un ordenamiento territorial alrededor del agua que permita construir resiliencia climática y mejorar las condiciones productivas de la región. Esta visión debería convertirse en una política de Estado.

El objetivo no puede ser solamente cómo impedir que el río Cauca vuelva a entrar descontroladamente a La Mojana. Lo que se debe buscar es que el agua vuelva a entrar de manera controlada, en los lugares y en los momentos adecuados y con capacidad de almacenamiento para los períodos de escases de lluvias. Una idea que Colombia conoce desde hace veinte años y consignada en el Programa de Desarrollo Sostenible de la Mojana 2003.

Región de la Mojana. Fuente: DNP

Hoy ya no basta con pensar en infraestructura para protegerse de las inundaciones. Debemos pensar en infraestructura para administrar el agua en un escenario de cambio climático. Diques y compuertas pueden servir para controlar las entradas; ciénagas y humedales restaurados pueden almacenarla; canales recuperados pueden distribuir el agua y habilitar su navegación y permitir que una parte del recurso permanezca disponible cuando lleguen los períodos de escasez de lluvias. No se trata de convertir La Mojana en un territorio seco. Se trata de todo lo contrario, de recuperar su capacidad de vivir con el agua.

El deterioro de la cuenca Magdalena-Cauca y la Mojana

Pero ninguna obra en La Mojana será suficiente si Colombia no mira hacia arriba, hacia la cuenca del Magdalena-Cauca. El deterioro ambiental de la cuenca tiene consecuencias directas sobre la región. La deforestación, la transformación de las rondas de los ríos, la pérdida de humedales y la ocupación inadecuada de las áreas de inundación han reducido progresivamente la capacidad natural del territorio para regular los flujos de agua.

A ello se suma la actividad minera. La minería de oro ha generado profundas transformaciones ambientales y sedimentarias y una severa contaminación en sectores de la cuenca. La ocupación de las orillas y de zonas que históricamente cumplían funciones de amortiguación de las crecientes también ha contribuido a transformar la relación de la región con el agua. Por esa actividad antrópica los caños se sedimentan, los zapales desaparecen, las ciénagas pierden capacidad, los humedales se reducen. Y luego nos sorprendemos porque el agua ya no encuentra los caminos que durante siglos han sido sus rutas y le achacamos a la naturaleza los desastres que inducimos.

No podemos resolver los problemas de La Mojana sin resolver el profundo deterioro de la cuenca Magdalena-Cauca. Esto es definitivo en una nueva política que pretenda resolver los problemas de la eco región que puede abrirse paso con el advenimiento de la nueva administración del país, que se ha visto proclive a actuar con prontitud sobre La Mojana y a cerrar en lo inmediato el boquete de Cara de Gato.

La Mojana no es una isla. Es la expresión final de un sistema mucho más grande. Existe además una dimensión económica que no podemos olvidar. Fue históricamente una región productiva porque sus habitantes aprendieron a convivir con el régimen de las aguas. Ya no son los tiempos de la cultura Zenú, pero debemos desarrollar sistemas productivos adaptados a un territorio de inundaciones periódicas. El problema contemporáneo no consiste en que haya demasiada agua. Consiste en que hemos perdido la capacidad de manejarla.

Por eso la recuperación hidráulica debe ir acompañada de una recuperación productiva. La nueva Mojana podría combinar agricultura adaptada a los ciclos de inundación y sequía, ganadería localizada en áreas apropiadas, pesca, recuperación de humedales, sistemas agroforestales, cultivos resistentes a condiciones climáticas extremas y nuevas tecnologías de manejo del agua. Las actividades económicas y productivas de la región no deben luchar contra la geografía de La Mojana. Debe aprender nuevamente a trabajar con ella.

El cambio climático obliga a cambiar de paradigma

El cambio climático introduce una dificultad adicional: ya no podemos asumir que los ciclos hidrológicos del futuro serán iguales a los del pasado. Los períodos de lluvias pueden presentar eventos extremos y las sequías pueden ser más severas. La variabilidad climática aumenta la incertidumbre y obliga a construir territorios capaces de absorber los extremos. Por eso la estrategia de La Mojana debe contemplar simultáneamente escenarios de exceso y escases de agua.

Durante las aguas altas, el territorio debe poder recibir y almacenar. Durante las aguas bajas, debe poder regular y distribuir. La misma infraestructura que reduce el riesgo de inundación puede convertirse, si está correctamente diseñada, en una herramienta de adaptación frente a la sequía. Esta es quizá la gran oportunidad que ofrece La Mojana en la actual coyuntura.

El Departamento Nacional de Planeación, DNP, ha planteado una combinación de infraestructura y soluciones basadas en la naturaleza, respaldada por el Conpes 4076 de 2022, que destinó recursos para intervenciones integrales orientadas a reducir el riesgo de inundaciones y fortalecer la adaptación al cambio climático. La infraestructura debe ayudar a la naturaleza a recuperar su función, no sustituirla.  Cuatro años después del Conpes citado no se ha contratado ninguna obra estructural mientras el boquete se ha ampliado por tres, con el enorme riesgo de que los avances logrados en diseños y estudios queden rezagados frente a las dinámicas hídricas. El nuevo gobierno destrabar esas talanqueras y acelerar el ritmo y concluir las obras.

La discusión sobre La Mojana tampoco puede continuar limitada a los once municipios de la región o a los cuatro departamentos que comparten su territorio. Su funcionamiento depende del Cauca, del Magdalena y del San Jorge. Por eso es necesario pensar en una gobernanza territorial que corresponda a su verdadera geografía. La Mojana requiere una visión de cuenca, una coordinación entre departamentos y municipios, participación de las comunidades y una presencia permanente del Estado con una institucionalidad regional capaz de administrar el territorio desde su condición de sistema hídrico y no solamente desde las fronteras administrativas existentes. Esto es fundamental.

La coyuntura presente permitiría ejecutar las obras que requieren menor exposición hidráulica, completar los estudios, revisar los diseños, recuperar caños y humedales y preparar las intervenciones estructurales que permitan enfrentar los próximos períodos de lluvias. Cerrar Cara de Gato debe ser una prioridad. Pero sería un error histórico cerrar el boquete y volver a esperar la próxima emergencia. La oportunidad consiste en utilizar el cierre como el primer paso de una transformación integral de La Mojana. El país necesita dejar atrás la lógica de emergencia permanente. Necesita pasar de reparar diques a construir un sistema hidráulico adaptado a los tiempos; de atender inundaciones a administrar el agua; de subsidiar pérdidas productivas a recuperar una economía adaptada al territorio; y de reaccionar ante cada desastre a anticiparse al clima del futuro.

El próximo gran invierno llegará. Y después llegará otro período de aguas bajas. El cambio climático hará cada vez más costoso ignorar esa alternancia. Colombia debe prepararse desde ahora. La región necesita una infraestructura capaz de recibir las aguas cuando sobren, almacenarlas cuando sea posible, distribuirlas cuando hagan falta y devolverlas al sistema cuando sea necesario. Necesita recuperar sus caños, sus ciénagas y sus humedales. Necesita recuperar sus actividades productivas. Necesita restaurar la cuenca que la alimenta. Y necesita una institucionalidad capaz de comprender que la geografía del agua es diferente de la geografía política.

La Mojana no debe ser condenada a escoger entre inundarse o secarse. Puede convertirse en una región productiva que vuelva a aprovechar su extraordinaria relación con los ríos; y un territorio preparado para los extremos climáticos que ya están llegando. El verdadero desafío es mucho mayor: recuperar la geografía del agua de La Mojana para que el territorio vuelva a hacer aquello para lo que la naturaleza la construyó: recibir, almacenar, regular y distribuir el agua. Ese puede ser el verdadero significado de La Mojana: no el anuncio de una nueva tragedia, sino la oportunidad de preparar a Colombia para el clima que viene.

_______________

[1] Edwin Caicedo, El Niño sin haber llegado aún a su punto máximo, ya asusta al mundo, El Tiempo, Sección A fondo, 23 de agosto de 2026, Pág. 2.1.

Fernando Guerra Rincón

Foto tomada de: Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible

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Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

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