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El papel del Estado y del Banco Central en el desarrollo nacional

27 abril, 2026 By Carlos Julio Díaz Lotero Leave a Comment

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Sólo las naciones soberanas han logrado desarrollar economías con una base productiva sólida, diversificada y generadora de empleo digno. Países como Estados Unidos, Alemania, Japón, Corea del Sur, Francia y, más recientemente, China, demuestran que el desarrollo no es producto del libre mercado sin regulación, sino de la acción deliberada del Estado.

El desarrollo económico requiere un entorno estable, instituciones sólidas y un marco de políticas públicas coherentes. Las llamadas “fuerzas del mercado”, cuando operan sin regulación, tienden a generar desequilibrios, concentración de riqueza y crisis recurrentes. Por ello, el Estado cumple un papel fundamental como organizador de la economía y garante del interés general.

Un Estado eficaz puede impulsar el crecimiento y el bienestar social; pero cuando está capturado por la corrupción o subordinado a intereses financieros o externos, produce precariedad, desigualdad y crisis social. En este sentido, el Estado nación es una condición necesaria, aunque no suficiente, para el desarrollo.

El desarrollo histórico de las economías avanzadas ha estado asociado a una fuerte inversión estatal en infraestructura: energía, transporte, agua y comunicaciones. Estas inversiones, combinadas con avances tecnológicos, elevan la productividad y generan encadenamientos industriales. En particular, el desarrollo del sector de bienes de capital y máquinas-herramienta es clave para consolidar una base productiva robusta.

Para maximizar el impacto de estas inversiones, es fundamental priorizar la participación de empresas nacionales en los proyectos, promoviendo así el desarrollo industrial interno, incluso si ello implica mayores costos en el corto plazo. Al mismo tiempo, se requiere una política integral que articule instrumentos monetarios, fiscales, cambiarios y comerciales para proteger el aparato productivo nacional y promover su desarrollo.

Financiamiento del desarrollo

El desarrollo económico requiere grandes volúmenes de crédito de largo plazo y a bajas tasas de interés, tanto para el Estado —en infraestructura y ciencia— como para el sector productivo. Un Estado soberano tiene la capacidad de organizar su sistema financiero, crear instituciones de crédito y orientar la economía mediante políticas públicas.

El problema central de muchas economías contemporáneas es que la política económica se orienta por indicadores financieros como el PIB[i], en lugar de priorizar la economía real. El enfoque correcto es definir primero un plan de desarrollo físico y luego diseñar los instrumentos financieros necesarios para ejecutarlo.

El rol del crédito

El crédito es el principal instrumento para impulsar la economía productiva. Cuando se dirige hacia infraestructura, ciencia y tecnología, eleva la productividad y el crecimiento. Sin embargo, cuando se orienta hacia actividades especulativas, genera burbujas financieras e inestabilidad.

Actualmente, gran parte del crédito en el mundo se dirige al sector financiero e inmobiliario, en detrimento de la producción. Esto ha provocado crisis recurrentes, como la de 2007-2008. Por ello, es necesario que el Estado intervenga para orientar el crédito hacia actividades productivas.

Creación de dinero y política monetaria

El Estado puede influir en la economía mediante dos mecanismos principales de los bancos centrales:

  1. Creación primaria de dinero: emisión directa por el banco central o por instituciones públicas para financiar proyectos estratégicos. Esta herramienta no necesariamente genera inflación si está respaldada por aumentos en la producción.
  2. Creación secundaria de dinero: expansión del crédito por parte del sistema bancario a través del efecto multiplicador. Este proceso depende del encaje bancario, la demanda de crédito y la disposición de los bancos a prestar.

El problema no es la creación de dinero en sí, sino su destino y sus condiciones. Cuando el crédito se orienta hacia la especulación, genera inestabilidad y crisis; en cambio, cuando se dirige a la producción, impulsa el desarrollo. Asimismo, si las condiciones del crédito son onerosas, incluso proyectos necesarios pueden fracasar, pues una tasa de interés superior a su rentabilidad los hace inviables.

Dirección del crédito

Existen diferentes mecanismos para orientar el crédito hacia la economía productiva:

  1. Orientación estatal del sistema financiero: en casos extremos, mediante nacionalización, aunque con riesgos de burocratización.
  2. Sistemas de coordinación con la banca privada: como el modelo japonés de “window guidance”, donde el banco central orienta el crédito sin intervenir directamente en su asignación.
  3. Bancos de desarrollo: instituciones públicas que financian proyectos estratégicos y dinamizan la economía.

Experiencias internacionales de crédito dirigido

  1. Estados Unidos – “Greenbacks[ii]“

El ejemplo clásico de emisión primaria son los famosos “Greenbacks” durante los años 1861-1865, como moneda suplementaria para financiar la guerra de los estados de la Unión en la Guerra Civil de Estados Unidos. El gobierno pagó a soldados y proveedores con dólares recién impresos. Simultáneamente, la administración de Lincoln utilizó una variedad de herramientas para promover el desarrollo de la industria del acero, el sistema ferroviario continental, el sector de maquinaria agrícola y otras áreas de la economía física. La enorme carga de la producción de guerra generó una inflación dentro de límites manejables.

  1. Alemania – Banco de Desarrollo KfW

El Kreditanstalt für Wiederaufbau (KfW[iii]) desempeñó un papel decisivo en la reconstrucción de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Creado en 1948, canalizó recursos del Plan Marshall y del Estado alemán hacia sectores estratégicos como infraestructura, industria, energía y vivienda. Su modelo se basó en otorgar crédito de largo plazo y bajas tasas de interés, orientado a la modernización productiva y al fortalecimiento del tejido empresarial, especialmente de las pequeñas y medianas empresas (Mittelstand). Además, el KfW operó en coordinación con la banca privada, actuando como un instrumento de política pública que permitió impulsar el llamado “milagro económico alemán” y consolidar una economía altamente industrializada y exportadora.

  1. China – Bancos de política y desarrollo

En China, los denominados bancos de política —como el Banco de Desarrollo de China, el Banco de Desarrollo Agrícola y el Banco de Exportación e Importación— han sido fundamentales en el crecimiento acelerado del país en las últimas décadas. Estas instituciones, bajo control estatal, han financiado de manera masiva proyectos estratégicos en energía, transporte, infraestructura urbana, industria pesada y sectores de alta tecnología. A diferencia de los sistemas financieros orientados al mercado, el crédito en China se dirige deliberadamente hacia prioridades nacionales definidas por el Estado. Esto ha permitido construir una amplia base productiva, impulsar la innovación tecnológica y sostener altos niveles de inversión, convirtiendo al crédito en un instrumento central de planificación económica.

  1. Japón – Orientación del crédito (“Window Guidance”).

Japón desarrolló, especialmente en la posguerra, un modelo eficaz de coordinación entre el Estado y el sistema financiero a través del mecanismo conocido como “window guidance”[iv]. El Banco de Japón, en estrecha articulación con el Ministerio de Industria y Comercio (MITI), orientaba indirectamente el crédito de los bancos privados hacia sectores prioritarios como la siderurgia, la industria automotriz, la electrónica y la maquinaria. Este sistema no implicaba una asignación directa del crédito por decreto, sino una orientación estratégica que alineaba los incentivos del sector financiero con los objetivos de desarrollo nacional. Gracias a este modelo, Japón logró un rápido proceso de industrialización, aumento de la productividad y pleno empleo durante varias décadas.

  1. Corea del Sur – Crédito dirigido y política industrial

Corea del Sur replicó y adaptó elementos del modelo japonés, combinando una fuerte intervención estatal con el uso estratégico del sistema financiero. Durante las décadas de 1960 a 1980, el Estado surcoreano dirigió el crédito hacia conglomerados industriales (chaebols) y sectores estratégicos como el acero, la construcción naval, la electrónica y la automoción. El acceso al crédito estaba condicionado al cumplimiento de metas de exportación y productividad, lo que generó disciplina empresarial y rápida acumulación de capacidades industriales. Este enfoque permitió a Corea del Sur pasar de ser una economía agraria a una potencia industrial y tecnológica en pocas décadas.

Estos casos demuestran que el crédito dirigido, bajo una adecuada coordinación estatal, es un instrumento eficaz para impulsar el desarrollo económico. La experiencia internacional evidencia que no es el mercado por sí solo, sino la articulación entre Estado, sistema financiero y sector productivo, lo que permite construir economías diversificadas, competitivas y con altos niveles de bienestar.

Adaptar políticas al caso colombiano

Las experiencias de Estados Unidos, Alemania, China, Japón y Corea del Sur demuestran que el desarrollo económico sostenido no es el resultado de la acción espontánea del mercado, sino de una estrategia deliberada del Estado para orientar el crédito, la inversión y la política económica hacia la economía productiva.

En el caso de Colombia, si bien existen instituciones financieras públicas como Bancóldex, Findeter o el Banco Agrario, su alcance ha sido limitado frente a las necesidades estructurales del desarrollo. El crédito sigue concentrado en gran medida en actividades de corto plazo, consumo y sectores con menor impacto en la productividad, mientras que la industria, la infraestructura y la innovación tecnológica no reciben el financiamiento suficiente ni en condiciones adecuadas.

Adicionalmente, la orientación de la política monetaria ha estado centrada principalmente en el control de la inflación mediante estrategias recesivas, sin una articulación efectiva con los objetivos de crecimiento económico, industrialización y generación de empleo. Esto ha llevado a escenarios en los que las tasas de interés elevadas terminan desincentivando la inversión productiva.

Colombia requiere avanzar hacia un modelo en el que el Estado recupere un papel más activo en la dirección del crédito y la planificación económica. Esto implica fortalecer la banca de desarrollo, ampliar el crédito de largo plazo a bajas tasas de interés y establecer mecanismos de coordinación entre el Banco de la República, el gobierno nacional y el sistema financiero, en función de una estrategia de desarrollo productivo.

Asimismo, es fundamental priorizar sectores clave como la infraestructura, la industria manufacturera, la transición hacia fuentes energéticas de alta densidad, la agricultura y la ciencia y tecnología. La experiencia internacional demuestra que estos sectores no se desarrollan de manera espontánea, sino que requieren financiamiento dirigido, políticas públicas coherentes y una visión de largo plazo.

En este contexto, el reto no es simplemente aumentar la cantidad de crédito en la economía, sino transformar su destino y sus condiciones. Es necesario que el sistema financiero deje de privilegiar la rentabilidad de corto plazo asociada a actividades especulativas, y se convierta en un instrumento al servicio del desarrollo nacional.

En síntesis, Colombia cuenta con las capacidades institucionales y los instrumentos básicos para avanzar en esta dirección, pero requiere capacidad política para reorientar su modelo económico. La construcción de una economía productiva, soberana y generadora de bienestar pasa necesariamente por recuperar el control del Estado sobre el crédito y ponerlo al servicio del desarrollo.

____________________

[i] El valor de mercado a menudo ignora el valor estratégico de los procesos físicos fundamentales para una sociedad. Al basarse exclusivamente en métricas monetarias, el PIB tiende a apartarse de la realidad operativa del país. Esto permite que una economía registre “crecimiento” estadístico mientras sufre de una especulación descontrolada, el abandono de su infraestructura esencial y un retroceso en el desarrollo humano y tecnológico. Lo que el PIB mide como éxito, a menudo es solo el síntoma de una burbuja financiera que ignora la base física del desarrollo.

[ii] Los Greenbacks o billetes verdes, fueron dólares emitidos en 1861 por el presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, para sufragar los gastos de guerra contra los secesionistas del Sur. En sus inicios eran 100% canjeables por oro. Pero poco tiempo después se suspendió esta conversión y de las posteriores emisiones. Así que los Greenbacks cayeron de valor rápidamente para agosto de 1864. No obstante, siguieron siendo utilizados por los ciudadanos porque les generaban confianza las políticas gubernamentales.

[iii] El KfW se fundó el 16 de diciembre de 1948 por Hermann Josef Abs y Otto Schniewind (cofundador) con el objetivo de financiar la economía alemana de posguerra bajo el nombre de Kreditanstalt für Wiederaufbau. El capital inicial de KfW procedió principalmente de los recursos del Plan Marshall.

[iv] Window guidance (No hay traducción al español) es una estrategia de los bancos centrales para definir sectores industriales específicos o empresas determinadas a los cuales los bancos comerciales deben hacer préstamos. Por tanto, es el proceso por el cual un banco central impone crecimiento de crédito y cuotas de asignación a los bancos comerciales.

 

Carlos Julio Díaz Lotero

Foto tomada de: Valor Analitik

 

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