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El Financial Times: un giro político más pragmático que ideológico en America Latina

20 julio, 2026 By Carlos Julio Díaz Lotero Leave a Comment

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El periódico británico Financial Times[i]  sostiene que el reciente avance de gobiernos de derecha en América Latina no constituye una nueva ola ideológica comparable a la experimentada por la región durante la década de 1990. Por el contrario, considera que se trata de un fenómeno esencialmente pragmático y coyuntural, impulsado por el descontento ciudadano frente a la inseguridad, el estancamiento económico y el desgaste de los gobiernos de izquierda en ejercicio, más que por una adhesión duradera a las ideas conservadoras.

En el editorial del Financial Times publicado el 25 de junio de 2026[ii]: “Latin America’s shallow shift to the right; Colombia and other recent polls highlight polarization rather than decisive swing” (“El giro superficial de América Latina hacia la derecha; Colombia y otras elecciones recientes ponen de manifiesto la polarización más que un cambio decisivo”), el diario afirma que el comportamiento electoral responde principalmente a un “voto castigo”. Los ciudadanos, señala el Financial Times, están respaldando a candidatos conservadores no por convicción ideológica, sino porque perciben que ofrecen respuestas más eficaces frente al deterioro de la seguridad pública, el crecimiento del crimen organizado y la persistente debilidad económica.

El periódico observa que las recientes victorias de candidatos de derecha en países como Colombia, Chile, Honduras, Bolivia y Perú, no representan el surgimiento de un consenso regional en favor de una agenda económica liberal semejante a la aplicada durante los años noventa, cuando numerosos gobiernos impulsaron amplios programas de privatización, apertura comercial y reformas estructurales. Salvo algunas excepciones, como el caso de Argentina bajo Javier Milei, el interés por implementar transformaciones económicas de gran alcance parece considerablemente menor.

Según el análisis, la principal demanda de la ciudadanía se concentra actualmente en la recuperación del orden público. La creciente violencia, la expansión del narcotráfico y el fortalecimiento del crimen organizado han incrementado el atractivo de líderes que prometen políticas de “mano dura”, siguiendo modelos similares al desarrollado por Nayib Bukele en El Salvador. Sin embargo, el Financial Times advierte que estos gobiernos enfrentan importantes limitaciones políticas e institucionales para ejecutar reformas profundas y producir resultados rápidos.

Otro aspecto central del análisis es la elevada polarización política que caracteriza a varios países latinoamericanos. El estrecho margen de victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia, así como la prolongada incertidumbre electoral en Perú, reflejan sociedades profundamente divididas más que un desplazamiento ideológico consolidado hacia la derecha. En consecuencia, el diario considera que muchos de estos gobiernos podrían enfrentar escenarios de bloqueo institucional y dificultades para construir mayorías legislativas estables.

El Financial Times también señala que la fortaleza de esta nueva ola conservadora dependerá de su capacidad para responder a los problemas que explicaron su ascenso. Si los nuevos gobiernos no logran reducir la criminalidad, controlar el crimen organizado, reactivar el crecimiento económico y disminuir la desigualdad, podrían experimentar el mismo desgaste electoral que afectó a sus predecesores. La volatilidad del electorado latinoamericano sugiere, por tanto, que la alternancia política continuará siendo una característica dominante de la región.

En síntesis, el periódico concluye que América Latina no está viviendo un giro ideológico profundo hacia la derecha, sino una etapa de realineamiento político motivado por el pragmatismo ciudadano. El respaldo a los nuevos gobiernos dependerá menos de sus discursos ideológicos que de su capacidad para ofrecer resultados concretos en materia de seguridad, crecimiento económico y gobernabilidad. Este enfoque lleva al Financial Times a interpretar el actual ciclo político latinoamericano como una manifestación del creciente desencanto con los gobiernos anteriores y de la búsqueda de soluciones inmediatas a problemas que la población considera urgentes.

Las categorías políticas derecha–izquierda: ¿en crisis?

Lo cierto es que las categorías políticas derecha–izquierda atraviesan una profunda crisis de identidad. La alternancia de gobiernos de derecha y de izquierda en Europa ha terminado promoviendo, en muchos casos, políticas muy similares. Entre ellas se encuentran un ambientalismo que, llevado a sus extremos, ha afectado la economía productiva —la industria, la agricultura, la ganadería y la infraestructura—; la continuidad de políticas neoliberales y de financiarización de la economía; el respaldo de gobiernos tanto de derecha como de izquierda al genocidio del sionismo israelí en Gaza y a la guerra de la OTAN contra a Rusia; así como un renovado keynesianismo militar, que algunos comparan con los mecanismos de financiación impulsados por Hjalmar Schacht mediante los bonos MEFO en la Alemania Nazi de los años treinta[iii].

En esa misma lógica se inscribe la propuesta del primer ministro de Canadá, Mark Carney, de crear un banco de la OTAN orientado a financiar la producción de armamento[iv], en lugar de destinar esos recursos a la producción de alimentos, infraestructura o bienes esenciales para mejorar las condiciones de vida. Para sus críticos, este enfoque fortalece un orden internacional unipolar, basado en la hegemonía financiera, el neoliberalismo económico y determinadas agendas culturales promovidas desde las democracias liberales occidentales.

La denominada izquierda en Estados Unidos, representada por el Partido Demócrata, terminó identificándose con políticas de intervención militar en otros países, apoyo al genocidio en Gaza, respaldo al capital financiero y promoción de agendas culturales liberales que, en opinión de muchos ciudadanos, relegaron problemas internos prioritarios. Ese escenario facilitó el triunfo de un candidato que prometió acabar la participación de Estados Unidos en guerras perpetuas, reindustrializar el país, reconstruir la infraestructura, enfrentar la crisis del sistema de salud y de seguridad social y orientar los recursos hacia las necesidades nacionales.

Desde esta perspectiva, el voto recibido por Donald Trump no necesariamente expresa una adhesión ideológica mayoritaria a la derecha, sino el respaldo a propuestas que una parte mayoritaria de la población consideró razonables frente al deterioro económico y social del país. Otra cuestión distinta es que, una vez en el gobierno, esas promesas no se hayan materializado y que, por el contrario, se hayan profundizado políticas que favorecen la especulación financiera y mantienen el involucramiento de Estados Unidos en conflictos internacionales. Esto con seguridad se va a reflejar en las elecciones de mitad de período del mes de noviembre.

Algo similar ocurre en Iberoamérica. En consecuencia, comparto la tesis del Financial Times de que el panorama actual no responde a un giro ideológico hacia la derecha, sino a un descontento social con gestiones de izquierda que fracasaron en resolver problemas estructurales. Ejemplos de esto son la inflación en Argentina, o la precariedad laboral y la inseguridad en Colombia, sumados a la desaceleración económica y la consecuente migración por falta de oportunidades. Aunque algunos de esos gobiernos registraron avances sociales importantes, para amplios sectores de la población estos resultaron insuficientes frente a las expectativas generadas.

El riesgo de una creciente polarización política, advertido por el Financial Times, merece especial atención en un país como Colombia, cuya historia está marcada por conflictos internos violentos: la Guerra de los Mil Días, la violencia bipartidista entre liberales y conservadores, el conflicto armado con las guerrillas y posteriormente el paramilitarismo. Estos antecedentes muestran que cualquier proceso de polarización debe ser abordado con responsabilidad desde todos los sectores políticos, evitando reproducir una confrontación entre “izquierda” y “derecha” que pueda derivar nuevamente en escenarios de violencia.

Colombia necesita construir un ambiente político deliberativo. La sociedad se encuentra profundamente dividida: la mitad del país respaldó un proyecto político y la otra mitad votó en su contra. En ese contexto, la gobernabilidad solo será posible si el Gobierno, los partidos políticos, los movimientos sociales, la academia, el empresariado y el sindicalismo logran construir un gran acuerdo nacional en torno a asuntos estratégicos clave: la industrialización, el aumento de la productividad, el desarrollo energético —con inclusión del debate sobre la energía nuclear—, la infraestructura, los ferrocarriles, la ciencia, la tecnología y la innovación. A ello deben sumarse soluciones estructurales para flagelos como la inseguridad, el narcotráfico y las migraciones forzadas por falta de oportunidades, lo que exige un desarrollo con redistribución que genere empleos estables y bien remunerados, vinculados al régimen contributivo de la seguridad social.

Bajo este enfoque, debemos priorizar los diálogos y las negociaciones para desmantelar las estructuras armadas, pero acompañados de transformaciones económicas en los territorios que den oportunidades a la gente y a los desmovilizados. En la eventualidad de que las organizaciones armadas herederas de las guerrillas y el paramilitarismo no quieran negociar o incumplan el proceso, la acción militar para neutralizarlos no debe representar más del 10% de la acción estatal. Esta debe combinarse con desarrollo económico, control del lavado de activos, y transformaciones culturales, educativas, agrícolas y ganaderas rentables. No existe una solución exclusivamente militar a la violencia, el narcotráfico y la migración forzada por falta de oportunidades para los jóvenes en nuestro país.

Un Pacto Histórico por el futuro de Colombia

Por su parte, el Pacto Histórico y las distintas corrientes de izquierda o del progresismo también deberían abrir un debate interno. No basta con analizar los errores cometidos durante la campaña presidencial; es necesario construir una visión estratégica común que permita articular la diversidad existente alrededor de un proyecto nacional de largo plazo. Considero que un próximo gobierno alternativo no puede limitarse a replicar el “keynesianismo verde” que definió la administración de Petro, sino estudiar las experiencias de países como los Estados Unidos[v], Japón, Corea del Sur, Alemania[vi], Francia, India, Vietnam, Rusia y, especialmente, la República Popular China. El propósito no sería copiar modelos, sino identificar los principios de política económica que explican sus procesos de desarrollo: fortalecimiento de la economía productiva, planificación estratégica, inversión en infraestructura, ciencia, tecnología e innovación.

Asimismo, Colombia debería profundizar su integración con iniciativas de cooperación internacional como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, los BRICS, el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) y otros espacios que promuevan un orden internacional multipolar basado en la cooperación, el beneficio mutuo en las relaciones de comercio, el desarrollo de infraestructura, el financiamiento de la economía productiva y el impulso a tecnologías de frontera como la energía nuclear, la exploración espacial, la física cuántica, la biotecnología, y la inteligencia artificial orientadas al bienestar humano y no a la guerra o la especulación financiera.

Finalmente, conviene recordar el poderoso mensaje del Papa Pablo VI en la encíclica Populorum Progressio[vii]: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz.”

Esa afirmación conserva plena vigencia. Sin un desarrollo económico sostenido, será muy difícil superar la violencia, la inseguridad, el narcotráfico, las migraciones forzadas por falta de oportunidades y otros problemas que afectan a nuestras sociedades. Colombia forma parte del Sur Global y necesita comprender que muchos de sus desafíos solo podrán enfrentarse mediante una estrategia de cooperación internacional y de desarrollo compartido, más allá de las fronteras nacionales.

____________________________

[i] El Financial Times (FT) es un periódico británico especializado en economía, finanzas y asuntos internacionales, fundado en 1888. Es uno de los medios más influyentes del mundo occidental y un referente para los mercados financieros, gobiernos, organismos internacionales y grandes empresas. Su línea editorial ha defendido históricamente los principios de la economía de mercado, el libre comercio y el orden internacional liberal, razón por la cual resulta especialmente relevante cuando sus análisis reconocen cambios en las tendencias políticas o económicas globales.

[ii] https://www.ft.com/content/3c722cad-b091-442d-bb86-b797aebbfca2?syn-25a6b1a6=1

[iii] El keynesianismo militar es una estrategia de política económica que utiliza el aumento del gasto público en defensa y producción de armamento para estimular el crecimiento económico, el empleo y la actividad industrial. Una referencia histórica es el sistema implementado por Hjalmar Schacht en la Alemania Nazi de los años treinta mediante los bonos MEFO, emitidos por una empresa fachada para financiar el rearme de forma extrapresupuestaria, movilizar recursos hacia la industria y reducir el desempleo sin reflejar plenamente ese gasto en las cuentas oficiales del Estado.

[iv] https://www.infobae.com/america/agencias/2026/07/07/canada-liderara-un-nuevo-banco-multilateral-para-financiar-la-industria-de-defensa/

[v] En el marco de la conmemoración de los 250 años de la independencia de los Estados Unidos (1776–2026), resulta pertinente revisar las ideas económicas que sentaron las bases de su transformación en una potencia agrícola, industrial y científica. El denominado Sistema Americano de Economía Política, desarrollado por Alexander Hamilton, Henry Clay, Mathew Carey y Henry Charles Carey, entre otros, defendió la protección de la industria naciente, el crédito público orientado al desarrollo, la inversión en infraestructura, el fomento de la ciencia y la tecnología, y un papel activo del Estado en la promoción de la economía productiva. Estos principios contribuyeron al proceso de industrialización de los Estados Unidos durante los siglos XIX y comienzos del XX, constituyendo una alternativa al modelo del libre comercio irrestricto promovido por la escuela económica británica.

[vi] El economista alemán Friedrich List (1789-1846) desempeñó un papel fundamental en la formulación de una estrategia de desarrollo nacional que contribuyó a la industrialización de Alemania durante el siglo XIX. En su obra Sistema Nacional de Economía Política (1841), cuestionó las doctrinas del libre comercio defendidas por Adam Smith y David Ricardo, argumentando que favorecían a las potencias industriales consolidadas mientras mantenían a las naciones menos desarrolladas en una condición de dependencia económica. List propuso la protección temporal de las industrias nacientes, la creación de un mercado nacional mediante la Unión Aduanera Alemana (Zollverein), la expansión de los ferrocarriles y la infraestructura, el fortalecimiento de la educación, la ciencia y la tecnología y una activa intervención del Estado para elevar las fuerzas productivas de la nación. Sus ideas ejercieron una importante influencia en la unificación económica alemana y en la posterior consolidación de Alemania como una de las principales potencias industriales, científicas y tecnológicas del mundo.

[vii] https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html

Carlos Julio Díaz Lotero

Foto tomada de: C5N

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