Por supuesto que hubo fraude en las elecciones y esperamos que la justicia decida pronto, incluso que tome medidas cautelares antes del 7 de agosto para impedir que el fanatismo, la corrupción, la ilegalidad y el fraude acaben de tomarse a Colombia.
Veo en la gente muchas sensaciones cruzadas: desilusión, tristeza, miedo, furia, desconcierto, incertidumbre, silencio, entre otras, porque De la Espriella no ha dicho una sola frase iluminadora sobre economía, el mundo, la sociedad, la educación, el cambio energético, la salud, la agricultura, ni tampoco una palabra sobre reindustrialización, comercio internacional y menos de reformar la justicia y la política. No lo ha hecho porque no tiene conocimiento de los temas nacionales y globales. Además, el centro de su estrategia de comunicación es decir que el primer gobierno progresista deja una “patria miseria”, lo cual es falso si se escuchan los informes de gestión y empalme de cada ministerio, que diariamente se presentan por RTVC desde las 7:30 p.m. y que también se pueden consultar en las páginas de cada ministerio antes que los desaparezcan el 8 de agosto.
Es como si careciera de pensamiento, inteligencia y de una estructura intelectual que no piensa más allá del trajín propio de un abogado defensor de gente del mundo de la ilegalidad. Restrepo, su socio en la franquicia, es un neoliberal radical y obediente a la ideología de los poderes transnacionales de la economía de mercado de Estados Unidos en el mundo global.
Trump es lo peor para el mundo y el estridente caribeño, ojalá no sea una fatalidad para Colombia. Hay que cuidarse de los fake porque hay demasiada desinformación, tanta como cuando millones de ignorantes inconscientes votaron para poner en la Presidencia de Colombia al Tigre. Pero lo peor es que la violencia está retornando. Es parte de la estrategia de la ultraderecha: amenazar, reprimir, inventar y, si es del caso, ir más allá para tener control y dominio con autoritarismo.
Colombia no es más que una despensa de alimentos y de materias primas para el consumo humano y las industrias y empresas de alta tecnología, que se extraen con tecnología americana, europea o china. La producción de Colombia solo participa en muy pocos eslabones de las cadenas internacionales de suministro, no en los principales eslabones, porque la política industrial desapareció hace 35 años, razón por la cual el gobierno saliente habla de reindustrialización, y los países inteligentes disponen de una política industrial para este momento del siglo XXI.
Además, el gabinete es malo, más pasado que futuro, como si Laureano Gómez hubiera resucitado: dos nietos, uno senador y otro ministro de Gobierno, y un bisnieto que le controlará la agenda al Tigre, que no sabe desde dónde despachará en Bogotá porque dice que convertirá en museo la Casa de Nariño y el Palacio de San Carlos volverá a ser la casa del presidente de la república, el cual fue transformado en sede de la Cancillería desde el siglo pasado. De esa manera, el presidente de la violencia, por eso llamaban a Laureano “El Monstruo”, tendrá, 73 años después, voz, voto y control sobre el mandatario de 2026.
Y así va todo: dice que atenderá desde Barranquilla, Cali, Medellín, Washington, Miami, Roma… porque no podrá hacerlo desde Bogotá durante el tiempo que dure la adecuación de la “nueva” casa presidencial, otra manifestación de retorno al pasado.
Anuncia que cerrará 14 embajadas sin el más mínimo criterio de política internacional ni consideración por el nuevo orden multipolar en construcción. De esas 14 embajadas solo debe cerrarse la de Nicaragua, una vez Ortega se declaró dictador eterno.
Vienen días de tensión antes del 7 de agosto y días angustiosos en los primeros meses del nuevo mandato, cuando el Tigre gobernará por decreto. El Consejo de Estado no debería permitir su posesión teniendo en cuenta que es más ciudadano estadounidense que colombiano. Sería lo más grande que Corte alguna haría por Colombia.
Mientras tanto y para siempre, lean, lean mucho, porque esta preocupación por Colombia también se siente en Occidente y, en particular, en América Latina. Lean historia puesto que desde el ascenso del neoliberalismo con César Gaviria, se dejó de enseñar. Entonces, hay generaciones que no saben nada del pasado lejano y reciente de su país. Peor aún cuando llega al Ministerio de Educación una mujer a imponer una cátedra sobre su religión, en vez de volver a dictar historia como una materia obligatoria que debe enseñarse de manera extensa y verdadera, y así entender las demás ciencias sociales, la filosofía, y los procesos políticos, económicos, culturales y sociales de este país conmovedor por su belleza y diversidad, a la vez conmovido por tanta equivocación, codicia y violencia: es la patria de los asesinatos y de las víctimas.
Colombia debe entender que la visión social y de transformación económica del primer gobierno progresista solo es el primer piso de una torre de varios pisos, tal como, a lo largo de la historia lejana y cercana, se ha visto en el mundo. La sola reindustrialización necesita de 20 años o más, porque no solo se requiere que existan empresas y crear nuevas, sino desarrollar capacidades educativas y científico-tecnológicas, además de reorientar completamente el desarrollo regional hacia la plena autonomía de los territorios, puesto que la descentralización se agotó por el clientelismo, la corrupción y la incapacidad para gobernar con acierto, responsabilidad y visión. Con pocas excepciones, los gobernantes regionales han sido un fracaso.
La autonomía regional es mucho más que un presidente gobernando unos días en una ciudad y otros en otra. La autonomía regional es más que volver a tener recursos adicionales en el sistema nacional de participación para financiar las elecciones y capturar dineros públicos a manos llenas mientras quedan vacías las manos de ciudadanos y campesinos. La autonomía regional es gestionar y ser responsable de su propio desarrollo, y la nación el socio y encargado de la soberanía nacional, de la cohesión y la proyección del Estado.
La reindustrialización no solo es economía; por eso, el modelo de los tecnócratas neoliberales fracasó y los que están llegando con De la Espriella, también fracasarán. La reindustrialización es ante todo una decisión de alta política: busca reordenar y redirigir el ordenamiento geopolítico y geoestratégico de Colombia, repensar el Estado para lograr el desarrollo y estimular un cambio cultural para potenciar el conocimiento, fortalecerlo y reorientarlo. En otras palabras, sobre las ruinas ideológicas y de subordinación de Colombia hay que crear una utopía, nuevos sueños para nuevas realidades.
Cuando una especie de maldición cae sobre una nación, es posible imaginarse que en un segundo quedará en silencio y en la oscuridad.
Jaime Acosta Puertas
Foto tomada de: El Espectador

Deja un comentario