En el campo de la construcción de un nuevo saber alternativo de la política, que responde al llamado de una nueva ciencia de la democracia, hecho por Negri y Hardt en su trilogía Imperio, 2000-2006.
Respondo con esta saga política desde los márgenes, esto es, America Latina y Colombia, cuando se subvierte el orden de la dominación global como corriente de la onda telúrica del Progresismo.
El chocorazo reaccionario
“Si la naturaleza se nos opone, lucharemos contra ella y la venceremos.” Simón Bolívar, ante el devastador terremoto de Caracas.
El cuadrilátero de la resistencia continental sufrió una derrota electoral al borde de un empate catastrófico que no fue.
Coincidió con el tiempo de la celebración sin boato de los doscientos años del Congreso Anfictiónico de Panamá (1826), corolario de la Carta de Jamaica, del visionario Simón Bolívar.
El libertador de naciones sometidas al imperio español. es un ejemplo elocuente de cesarismo progresivo en la nueva arena internacional de la modernidad.
Más hoy, cuando la multitud subalterna en rebeldía, pero siendo apenas gobierno, no Estado, vivió la derrota de Colombia, en uno de los vértices del cuadrilátero de la resistencia continental.
Al lado, la patria de Bolívar, experimentó el martes otro terremoto, no electoral, con muchas víctimas en la martirizada Caracas, que meses antes fue bombardeada de forma aleve, por la fuerza invasora de la presidencia imperial de Donald Trump.
El mismo día, el candidato Iván Cepeda y Aída Quilcué, aceptaron el triunfo de Abelardo de la Espriella, quien orlado por una spinta criminosa que maúlla, será el ocupante del solio de Bolívar el próximo 7 de agosto.
Las más de 57.000 impugnaciones, y la descomunal compra de votos que infló la primera votación del tigre “mono” quedaron sumidas en el insultante olvido de sopetón.
Esto recrea medio siglo después la escena impune del segundo “CHOCORAZO” en la historia electoral de Colombia. Porque el primero ocurrió el 19 de abril de 1970, contra la Anapo que tenía a otro caudillo, el “pacificador” Gustavo Rojas Pinilla.
Aquella vez los perpetradores fueron los líderes del agonizante Frente Nacional bipartidista, Lleras y Pastrana. En ésta sus desteñidos y vulgares herederos, Gaviria y Pastrana, con un añadido: el chalán subjúdice y su hija putativa política.
Retroceso al Cesarismo Regresivo
Hagamos la interlocución en la derrota coyuntural con el saber in nuce de la nueva ciencia de la democracia, cuya forja empezó con Lenin y Gramsci en las calderas del primer ensayo mundial, precoz, de la revolución mundial socialista.
Ahora comprende la destorcida del Progresismo cuando experimenta la revuelta reaccionaria en el contexto de regímenes presidenciales un nuevo episodio subcontinental de revolución pasiva.
Bajo el orden autoritario del cesarismo de masa, vía elecciones; una forma bizarra de fascismo ordinario con coraza tecno.
Éste difiere del clásico Bonapartismo, categoría que utilizaron analistas de izquierda de la onda reaccionaria de las dictaduras militares de los años 60.
Las dictaduras que, de otra parte, estudiaron Guillermo O’Donnell y sus discípulos tardo liberales, agrupados bajo la égida de la Fundación Kellogg’s en Notre Dame.
Eran burocracias autoritarias, las clarinadas políticas del advenimiento neoliberal en el subcontinente de la dependencia periférica. Después vino la cosecha, la decadencia y la agonía que se cierra con corrupción y guerra mediática en el laboratorio colombiano.
La campaña a la antiguita
Cepeda al encarar la primera vuelta que perdió levantó la bandera de la revolución ética, la austeridad económica, y el recato mediático.
No mascó el freno ante la derrota con Abelardo. No cambió la dirección política, no se preparó para el fraude en marcha y la compra de votos a gran escala.
Desistió de la fórmula de asamblea constituyente y de la Paz total para dizque ganar el voto de la pelucona clase media, y no llegó sino en mínimos. Tal y como se mostró en la consulta con Roy y Claudia, y la delatora remolonería de Sergio y Juan Daniel.
Quienes respondieron fueron las regiones periféricas. Emblemáticas las votaciones de Nariño y Chocó, y el ejemplar repunte de Caquetá.
Quedó claro que la polarización, en verdad, mostró lo que la votación revela en limpio la composición de clase de la política, cuando se transforma el sentido común dominante.
Ahora la multitud subalterna y su alianza por la vida queda bien delineada, en términos de clase con vocación hegemónica sobre los demás grupos subalternos de Colombia y la subregión andino amazónica.
Palabra de orden: democracia y movilización subalterna
No se equivoca Petro al insistir en la convocatoria a la constituyente liberal para impulsarla desde ahora. Para encarar la regresión de la revolución pasiva mediante un avance en el impulso a la revolución democrática.
Se trata de proyectar y fortalecer la nueva, joven intelectualidad orgánica forjada en los sucesivos estallidos campesino, universitario y popular.
Ella es portaestandarte de la otra modernidad, que encarna la urgencia de la revolución ética, acompañada de la reforma económica radical que quiebra el peso muerto del latifundio improductivo, o rentista disfrazado de industria ganadera.
Todo esto requiere, sin dudarlo, de una nueva anfictionía, que anuda norte y sur de America, con el Puente amazónico que es Brasil.
Esta forzará un nuevo trato con EUA, una vez caiga la fortaleza reaccionaria y fundamentalista de mayoría republicana en octubre, y reelijan a Lula en Brasil.
Para empezar, en Colombia, la palabra de orden de Cepeda exige una coordinación democrática con igual representación para la Alianza por la vida.
Esta pasa por una convención de fundación del partido Pacto Histórico que exige su transformación democrática haciendo de tajo a un lado su rampante corporativismo.
Con esta doble herramienta se trata de relanzar la campaña de la revolución democrática, cuyo primer paso será el nuevo gobierno de la universidad pública.
Junto con la presencia de un frente mediático y comunicacional que tenga un diario, una tv, y un enjambre de red que publicite el tránsito a la modernidad mestiza, plural, diversa, plural y autónoma.
Miguel Ángel Herrera Zgaib, PhD, IGS-Colombia.
Foto tomada de: El País

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