Por un lado, la senadora Paloma Valencia, última representante en el Senado de la Republica de la dinastía de los Valencia, es una de las siete u ocho poderosas familias que mandan en la región desde la conquista.
Nieta del presidente conservador Guillermo León Valencia, que pactó con el Pentágono entre 1962 y 1966 el aniquilamiento de los colectivos campesinos que luego se convertirían en la guerrilla de las FARC, Valencia es senadora por el partido Centro Democrático del polémico expresidente Álvaro Uribe, juzgado por sus vínculos con grupos paramilitares.
Es también bisnieta del poeta Guillermo Valencia, cuyos elogios a la españolidad católica de la ciudad colonial de Popayán fueron ridiculizados por el brillante, aunque analfabeto, intelectual indígena, Quintín Lame.
Por otro lado, en marzo, el candidato de izquierda Iván Cepeda, estrecho aliado del actual presidente Gustavo Petro, nombró candidata a la vicepresidencia a Aída Quilcué, senadora y líder del poderoso Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), es la nieta de Manuel Quintín Lame, el líder indígena autodidacta en leyes, que se enfrentó a los terratenientes por los derechos de los Nasa.
Integrante del pueblo nasa y nacida hace 53 años en una comunidad del Cauca, Quilcué alcanzó la fama en el 2008 al liderar la más importante de las llamadas marchas Minga a Bogotá de unos 80.000 integrantes de decenas de pueblos indígenas contra la política de gestión territorial del entonces gobierno de Uribe. Al igual que Cepeda, cuyo padre fue asesinado en 1994, Aída Quilcué es una de los millones de víctimas de la violencia que asola Colombia. Su marido conducía el vehículo de Aída cuando fue asesinado a tiros por miembros de la fuerza pública en un retén militar.
La barbarie de la persecución de la hija de Aida, de tan solo 12 años
La lideresa Aída Quilcué sufrió también la persecución de su hija Alejandra, que fue hostigada por el terrorismo de Estado cuando tenía 12 años: conozco personalmente el dolor de la barbarie que te deja la persecución de tu hija (en mi caso de cinco años) por la defensa de los derechos humanos.
El observatorio OMCT y la Federación Internacional de Derechos Humanos FIDH de Ginebra, han denunciado que: “el 11 de mayo “de 2009, hacia las 06:00 de la tarde, la niña Alejandra Quilcué, de doce años de edad, fue abordada por cuatro hombres al frente de su casa, ubicada en la vereda Clarete, a pocos kilómetros de la ciudad de Popayán, cuando, según la denuncia, cuatro sujetos armados que se movilizaban en un vehículo de color blanco apuntaron con armas de fuego contra ella. Se ha informado que tras el llamado de auxilio de la menor y ante la presencia de la guardia indígena en el lugar, los desconocidos huyeron. Igualmente, se ha denunciado que un día antes, cuatro personas que manifestaron pertenecer al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), intentaron ingresar al colegio donde la menor estudia, con fines no establecidos y luego habrían visitado a la niña en su vivienda sin permiso ni conocimiento de su mamá, la Sra. Aída Quilcué.
Se ha denunciado también que, anteriormente, el 21 de abril de 2009, una patrulla de la policía estuvo dando vueltas alrededor de la misma casa y luego le hizo seguimiento al carro asignado a la niña, quien se movilizaba por la vía Panamericana. Según las informaciones, los uniformados amenazando con sus armas de dotación hicieron detener el vehículo en un lugar aislado de la vía, y allí los uniformados pretendieron requisarlo, lo cual no fue permitido por la guardia indígena que lo custodiaba. Este hecho ya fue denunciado ante los organismos de control del Estado, el día 22 de abril del 2008.
El Observatorio había denunciado anteriormente las amenazas y el grave atentado sufridos por la Sra. Aída Quilcué. En efecto, el Observatorio recuerda que la Sra. Aída Quilcué sufrió un atentado, cuando el automotor asignado a su transporte particular fue baleado por miembros del ejército, en diciembre de 2008, en el cual resultó muerto su esposo el Sr. Edwin Legarda, también reconocido por su trabajo y compromiso con las comunidades indígenas. Esto sucedió a su regreso a Colombia después de su participación en reuniones en Ginebra, Suiza, en donde denunció, con ocasión del Examen Periódico Universal de Colombia por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, las violaciones de los derechos humanos de las cuales son víctimas los pueblos indígenas. El ataque ocurrió también a pocos días del fin de la Minga Nacional de Resistencia Indígena en la cual la Sra. Quilcué tuvo un gran protagonismo. Dentro de la investigación por este hecho, recientemente fueron capturados algunos soldados adscritos al Batallón “José Hilario López”, como presuntos responsables del hecho. El Observatorio había señalado entonces que la justificación hecha por las más altas autoridades, incluyendo el presidente Uribe, en el mes de octubre del 2008, de la represión de la Minga indígena por parte las Fuerzas Armadas de Colombia, al afirmar que terroristas se habrían infiltrado entre los manifestantes, podría haber constituido un serio peligro para la seguridad y para la integridad personal de sus líderes”, concluyó OMCT-FIDH.
El “Apartheid” de la candidata Paloma para fracturar un Cauca para mestizos y otro para indígenas
En la memoria política de Colombia hay propuestas que, por su naturaleza segregacionista, se niegan a ser olvidadas.
En 2015, la senadora Paloma Valencia (Centro democrático) declaro su propuesta de partir el Cauca en dos: “un departamento indígena para que ellos hagan sus paros, sus manifestaciones y sus invasiones, y un departamento con vocación de desarrollo, donde podamos tener vías, donde se promueva la inversión y donde haya empleos dignos para los caucanos”.
El portal de Periodismo investigativo “Justicia & Dignidad” ha evidenciado que: “Paloma Valencia es heredera de una tradición política mucho más antigua: la de la aristocracia terrateniente de Popayán. Su apellido no es cualquier apellido.
Es el del poeta y político conservador Guillermo Valencia, abuelo de Paloma Valencia, quien en los tiempos en que el movimiento indígena empezaba a levantar cabeza detestaba a Manuel Quintín Lame, el gran líder indígena del Cauca. La historia —y la memoria oral que en estas tierras suele ser más persistente que los archivos— recuerda que cuando Lame fue capturado y llevado preso a Popayán, Valencia no dudó en humillarlo, insultarlo y golpearlo. Para la élite payanesa, Lame no era un ciudadano reclamando derechos, sino un indio insolente que debía ser reducido.
Ese desprecio racial no era una rareza personal. Era la forma en que el poder miraba a los pueblos indígenas: como estorbo para el orden de las haciendas. A veces las ideas también se heredan. Paloma Valencia lo ha demostrado con una constancia notable. En 2015 propuso dividir el Cauca en dos: un territorio indígena y otro —según sus palabras— “con vocación de desarrollo”. Una especie de cartografía del apartheid criollo donde algunos territorios merecerían progreso y otros quedarían confinados a su diferencia.
Y más recientemente fue todavía más lejos: sugirió retirar agua, alimentos y transferencias estatales a los resguardos indígenas que participen en bloqueos. Es decir, usar el hambre y la sed como método de presión política. No la bala, sino la inanición administrada”, concluyo “Justicia & Dignidad” (una estrategia criminal que se parece al embargo de EEUU en contra del pueblo de Cuba).
La designación de Quilcué ha estado llena de simbolismos
Aída Quilcué (Páez, Cauca, 53 años) ha sido la primera muchas veces. Fue la primera lideresa social en su familia, a sus 17 años como promotora de salud. La primera mujer en representar legalmente el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), la más grande y poderosa organización étnica del país, que en su asamblea general convoca 25.000 indígenas. La primera mujer en ocupar la curul especial para los pueblos indígenas del Senado. Y ahora busca ser la primera mujer indígena en ocupar la Vicepresidencia de Colombia. Quiere suceder a Francia Márquez, también caucana y reconocida lideresa afrocolombiana. Aunque provienen de rincones distintos del departamento, ambas crecieron y se hicieron en esas montañas enclavada en la cordillera Central de los Andes atravesadas por la pobreza, el abandono estatal y la guerra.
Su liderazgo proviene del trabajo comunitario. Mucho antes de que su nombre entrara en el tablero electoral, Quilcué había dejado varias marcas en la historia reciente del movimiento indígena. Integró la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), y fue una de las delegadas que aportó en la construcción del capítulo étnico del Acuerdo de Paz con las FARC en 2016. Su liderazgo le valió para ganarse el Premio Nacional de Derechos Humanos en 2021, y un año después llegó al Capitolio Nacional a integrar la Comisión Primera en el Senado de la República, la encargada de discutir los proyectos de ley de asuntos constitucionales. Desde allí ha impulsado propuestas para prevenir el acoso político a las mujeres o para defender la protesta social.
Aida Quilcue en el puente del Humilladero: “Es el tiempo de los pueblos”
La apuesta de Quilcué para mostrar que sí suma al proyecto político del Pacto Histórico, ha sido con una forma muy propia de su cultura: una minga que arrancó en el suroccidente colombianos. Mientras ella ha ido acompañada de su esquema de seguridad, políticos del Pacto y sus asesores más cercanos, una caravana pequeña de dos chivas y tres camionetas la han seguido con guardias indígenas, cimarrones y quien se ha querido sumar. La minga liderada por Quilcué ha sido su forma de medir su fuerza y sumar esfuerzos sin la figura de Cepeda a su lado. Para llenar plazas, empezó en la región en donde más tiene trayectoria como líder indígena. “Me dicen que no he estudiado. Pero qué más estudio que la vida que hemos vivido en las luchas populares”, ha dicho a la Silla Vacía.
El puente del Humilladero es una construcción larga que se extiende en el centro de Popayán y sortea una depresión que hace el río Molino. Bajo sus pies hay un parque y un anfiteatro. Es un símbolo de la clase dominante que construyó la ciudad blanca y que dominó el departamento. Es también el lugar desde donde Aida Quilcué quiso desafiar esa clase y mostrar el apoyo popular que tiene en su departamento, Cauca.
“Hoy quiero recordar este espacio, este puente, donde alguna vez torturaron a nuestros ancestros y ancestras. Donde alguna vez empezó el exterminio físico y cultural de los pueblos. Pero hoy estamos aquí presentes para decir que eso hace parte del pasado y que hoy estamos construyendo un nuevo país”, subrayo Quilcué al iniciar su discurso en Popayán, el domingo 12 de abril de 2026.
Varios mitos circulan alrededor del nombre del puente del Humilladero. Uno de estos es que fue construido por indígenas y afros esclavizados y que eran allí torturados. Es la historia más extendida y vox populi.
Quilcué usó el mito para recordar lo que ha sido una realidad: la exclusión de los indígenas en Cauca por los líderes de las familias más poderosas como la de los Valencia, de la que desciende la candidata Paloma Valencia. “Los que nos gobernaron nos dejaron en el olvido, en la miseria, en la muerte, en el racismo”, dijo Quilcué. Se escucharon vítores y gritos de respaldo.
“Hoy vamos a representar a los pueblos excluidos, señalados, estigmatizados. Por eso empezamos la Minga por Colombia por todo el país, porque esta campaña es de los pueblos. Por eso hoy les digo, como decían nuestros ancestros, de tantas lágrimas, de tantas luchas, de tantas muertes, llegó el tiempo de los pueblos”, afirmo Quilcué en su discurso.
Para entender la simbología del puente del Humilladero de la ciudad blanca colonial de Popayan, hay que entender el mensaje de Aida Quilcue sobre el racismo histórico y la conquista española (iniciada en 1492), que ha explicado en el mayo de 2020, en la revista 070:
“Desde la conquista nos han tratado así a nosotros los indígenas. Hay que recordar que el exterminio no solo es físico, es también cultural –porque hubo a quienes no mataron, pero atentaron de otra forma en su contra–. Y esa exclusión, que puede ser de cualquier tipo, es una práctica milenaria e histórica que aún hoy se refleja.
Uno podría decir que la actitud del país ha cambiado, pero sigue pasando en Colombia lo mismo que pasa en otros países de Latinoamérica: aún desconocen la presencia viva de los pueblos indígenas y la riqueza natural asociada a los derechos que hemos reivindicado. Muchos de esos derechos, cabe resaltar, son conquistas del movimiento indígena. Nadie nos los ha otorgado como un favor. Nos ha tocado luchar, marchar y hacer todo lo necesario para que hoy esos derechos se vean reflejados en la Constitución y en el marco jurídico internacional. Estamos hablando de un racismo histórico y estructural”.
Mónica Lucía Espinosa Arango, prologuista del libro “Los pensamientos del indio que se educó dentro de las selvas colombianas” de Manuel Quintín Lame, Universidad del Cauca Ed. 2022, ha analizado que “La historia de Manuel Quintín Lame es polisémica: puede evocarse como una historia de infamia, de heroísmo, de caudillismo, de caciquismo o de parroquialismo político. En las narrativas elitistas, aparece como una historia menor –folklórica si se quiere– de indios ladinizados luchando por una suerte de atavismo cultural anclado en ideas telúricas y premodernas. Por otra parte, y dentro del contexto de las luchas agrarias, ha sido entendida como una forma de caudillismo en la que los objetivos de reivindicación de la propiedad colectiva de la tierra se desdibujan en la complejidad de la violencia política en Colombia y las luchas bipartidistas por el poder. La memoria moral impulsada por Lame no obstante le dio un nuevo aire a la tradición indígena de resistencia, a los símbolos, las prácticas de liderazgo visionario y las formas de autoridad. Si bien el movimiento social tuvo una difusión supra-étnica, el legado de Lame es heterogéneo y multilocalizado en términos lingüísticos, territoriales y culturales. De allí que sea fundamental entenderlo tanto en su dimensión de ideología indigenista como en sus prácticas y sentidos culturales locales”.
Pensarnos en colectivo
Yo he acompañado en varias marchas en Bogotá (desde el paro nacional del noviembre de 2019) a la candidata a la vicepresidencia, Aida Quilcue, y soy testigo de su coraje y valentía para enfrentar este racismo histórico, y al mismo tiempo la revolución comunitaria del Dxi’Phaden (abrir caminos en lengua nasa yuwe) frente al genocidio de los pueblos indígenas.
Aida, en mayo de 2020, en la revista 070 ha enfatizado que “Nosotros, como pueblos indígenas, reconocemos en muchos movimientos modernos luchas reivindicativas que son necesarias, precisamente porque vemos que en los tiempos de hoy es importante volver al origen.
Movimientos como el feminista que nosotras reconocemos porque las mujeres indígenas siempre hemos fortalecido la organización y la participación, y casi nunca hemos estado lejos del concepto de lo colectivo. Ese colectivo es el que debemos tener en cuenta ahora, tanto como siempre se nos ha exigido, para que desde nuestras cosmovisiones el papel de lo femenino nos fortalezca. Pero que queremos que el feminismo se siga reivindicando desde las raíces, es decir, desde la tierra, y no desde un concepto occidentalizado que no nos identifica como mujeres.
Los procesos para nosotros, además, siempre son integrales: nunca vemos por separado los niños, las niñas y los jóvenes. Los abuelos y las abuelas, por cierto, siempre han sido muy importantes por toda su sabiduría. Lo que queremos es que los conceptos no rompan el legado ancestral, sino que lo vuelvan más fuerte.
Volver al origen es volver la tierra. Sabemos que muy pocos hoy no nos darán la razón sobre la importancia que tiene la tierra y la agricultura, una práctica que nosotros hemos desarrollados desde hace siglos. Son esos pocos los que no comprenden lo que está sucediendo, a quienes todavía solo les interesa el capital.
Las crisis deben servir para ponernos en los zapatos de los más vulnerables.
La pandemia nos ha enseñado también que sí o sí nos tocó parar y reflexionar. Estos tiempos son una gran oportunidad para oxigenar la sociedad y sus distintas dinámicas. Son tiempos para retornar al origen, para buscar puntos de encuentro como son los derechos a la dignidad, a la vida, a la tierra y ratificar, sobre todo, el derecho a la dignidad, que es la que más nos han violentado. La forma como despojan nuestras tierras desde los tiempos de Simón Bolívar, por ejemplo, no tiene un tope de crueldad.
Por eso, nosotros decimos que, si se va a defender la propiedad privada, se debería al menos pensar en condiciones de protección para quienes deben cruzar de un lado a otro, para que no nos traten más como animales. O no, peor que a animales, porque estos nos demuestran que pueden convivir y se respetan entre sí. A nosotros ni eso. Estamos en un proceso de transformación y hay mucho que cambiar. Las crisis deben servir para ponernos en los zapatos de los más vulnerables y transformar desde ahí, como corresponde”.
Al respecto, la feminista indígena nasa Clara Ávila, explico el papel de la espiritualidad en una reconciliación comunitaria antipatriarcal, analizando que “habrá armonía en los territorios cuando entendamos que las violencias contra las mujeres no son un problema individual, sino una responsabilidad colectiva. No podemos denunciar solo las violencias de los armados. También debemos hablar de las violencias que ocurren en nuestros cuerpos y que muchas veces ejercen nuestros propios compañeros. Y ese debate no puede quedarse solo entre mujeres, tiene que involucrar a toda la comunidad. El movimiento indígena ha cambiado mucho en los últimos cincuenta años. Se ha fortalecido, pero también necesita seguir transformándose. Que necesitemos hablar de la violencia contra las mujeres no es algo impuesto desde fuera, lo necesitamos porque lo vivimos y porque queremos que deje de suceder. Otro tema bien importante es el de la espiritualidad. Nosotras también hacemos política desde la espiritualidad. Cuando nos reunimos, cada pueblo aporta sus propias formas: rituales indígenas, tambores afrodescendientes, cantos campesinos. Puede parecer algo pequeño frente a la magnitud del conflicto, pero esos encuentros tejidos desde la espiritualidad nos permiten seguir caminando juntas. Y en medio de tanta violencia, eso también es una forma de esperanza”, concluyo la feminista nasa Clara Avila.
¿Será que una india es capaz de gobernar un país?
El nombramiento como fórmula vicepresidencial es un hito para Colombia al reconocer las luchas de los pueblos indígenas; ha puesto en evidencia expresiones de racismo y clasismo. En Antioquia, la candidata a la vicepresidencia Aida ha respondido: “¿Será que una india es capaz de gobernar un país? Yo les digo que sí. Hoy, con mucha certeza, les digo que sí porque he caminado al lado del dolor y de las sonrisas, porque tenemos que hablar de las cosas bonitas también. Hay prevenciones en el país. Hay prevenciones porque, histórica y milenariamente, han sembrado en la conciencia del país que los indios son perezosos, salvajes, animales y sin nada. Y así los trataron, porque exterminaron a nuestros pueblos y algunos desaparecieron totalmente. Y por eso nuestras luchas de dignificación, de reivindicación, surgen a partir de ello”, dijo Aida en Medellin (cuna del uribismo) el 28 de marzo de 2026.
En la entrevista al diario La nación del Huila, del 14 de junio de 2026, Aida ha declarado: “Si bien no terminé el bachillerato, yo diría que tengo una vida entera de caminar con nuestras comunidades. Eso no quiere decir que los jóvenes no tengan derecho al acceso a la educación. Hay que prepararse porque este proyecto político no será ni de cuatro ni de ocho años, este proyecto político del cambio y de la vida es a largo plazo. Y los jóvenes son el presente y el futuro de este país. Por lo tanto, nos tenemos que preparar para seguir gobernando no solamente a nivel nacional sino en las localidades para transformar y llegar con esos cambios reales que hoy requiere la gente. Tengo que decirle que he sido parte de esa construcción de los sistemas de educación. Nosotros en el Cauca hemos avanzado con muchas instituciones educativas; hemos instalado una universidad indígena intercultural porque vale tanto la sabiduría nuestra como vale la sabiduría occidental, que hoy nos da elementos para ese desarrollo que requiere el país. Invito a los jóvenes a que no podemos renunciar a ese derecho y voy también a gobernar con esa sabiduría de nuestra juventud”.
Efectivamente Elizabeth Castillo Guzmán, docente del departamento de Estudios Interculturales de la Universidad del Cauca y directora del Centro de Memorias Étnicas, durante la presentación del libro “Antes del Multiculturalismo. La Política Educativa del Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC (1971-1994)” Ed. Universidad del Cauca, 2026, realizada en el Instituto de Antropología ICANH de Bogotá, ha señalado que “la lucha educativa del Consejo Regional Indígena del Cauca –CRIC– representa un acontecimiento en la historia de la educación colombiana. Sus conquistas configuran un parteaguas en el tratamiento de la diferencia cultural. Antes del multiculturalismo se ocupa de analizar la emergencia del pensamiento educativo producido y publicado por el CRIC entre 1971 y 1994. Además, abarca la travesía del movimiento indígena en una etapa sin garantías de reconocimiento étnico. Para ello, se revisaron más de quinientas fuentes documentales de su autoría para comprender la construcción de la pedagogía comunitaria, el comunitarismo educativo, los maestros comunitarios y la educación propia en el contexto de una movilización que al mismo tiempo reclamaba tierra, salud y autonomía.
Esta obra reconoce al CRIC como un actor intelectual, productor de conocimiento y política cultural en el ámbito educativo, por lo cual es referente continental en educación intercultural y comunitaria”, concluyo la profesora Elizabeth Castillo.
¿Por qué el Movimiento por la Paz de Colombia rechaza las propuestas de la líder indígena y senadora Aida Quilcue?
En mi artículo publicado el 16 de abril de 2025 por Religión Digital (Madrid) preguntaba: ¿Por qué el Movimiento por la Paz de Colombia rechaza las propuestas de la líder indígena y senadora Aida Quilcue? (https://www.religiondigital.org/opinion/Movimiento-Paz-Senadora-Aida-Quilcue_0_2770522927.html ).
Hice esta misma pregunta a Elizabeth Castillo Guzmán, docente del departamento de Estudios Interculturales de la Universidad del Cauca y directora del Centro de Memorias Étnicas en ocasión del coloquio “Perspectiva Pedagógica de la paz” organizado por UNAL, Universidad Libre e Universidad Distrital y Universidad Santo Tomas (28-29 mayo de 2026).
¿La educación propia y la propuesta de la auto-determinación de los pueblos, del CRIC, representan una amenaza o una barrera de prevención frente al reclutamiento forzado de los grupos armados ilegales en el Cauca? La profesora Elizabeth Castillo Guzmán (autora de varios libros como el Racismo escolar) me ha respondido que “el reciente informe del Cric es dramático con el agudizamiento del reclutamiento niños que afectan pueblos indígenas, afro, campesinos.
Este libro documenta que desde años 70 los cabildos de Tierra Adentro han cuestionado la guerrilla de las FARC de no pasar en territorios ancestrales. Esta realidad no es casual ni aislada: responde a causas históricas, estructurales y geográficas que han convertido a los territorios indígenas en escenarios de disputa armada, control social y despojo sistemático.
El reclutamiento forzado opera como una estrategia de guerra que busca desarraigar a la niñez de sus comunidades, romper los vínculos familiares y comunitarios, e impedir los procesos de búsqueda, rescate y desvinculación liderados por las Autoridades Tradicionales, las familias y, especialmente, por las madres. Al desplazar a los niños y niñas a otros territorios y estructuras armadas, se debilita el tejido social y se impone el miedo como mecanismo de control sobre la población y el territorio”.
Leer el nuevo documento de investigación del Programa de Defensa de la Vida y los Derechos Humanos del CRIC: “No parimos hijos para la guerra: Análisis del fenómeno del reclutamiento forzado de niños, niñas y adolescentes en los territorios indígenas del departamento del Cauca (https://www.cric-colombia.org/…/no-parimos-hijos…/ ).
Clara Ávila lucha desde el feminismo y desde los espacios propios comunitarios de su pueblo para erradicar las violencias contra las mujeres y mejorar su representación política. Desde su experiencia como comunera y lideresa reflexiona en Pikara Magazine que: “Reconocemos el liderazgo de la compañera Aida, se lo ha ganado a pulso porque, como a todas, le ha tocado luchársela mucho al interior del movimiento indígena, con nuestros propios compañeros. Hoy está en el lugar que está porque se la ha frentiado. Y a pesar de sufrir las inclemencias de la guerra –el ejército mató a su marido– y también del sistema patriarcal y machista, ha seguido estando en los escenarios de toma de decisiones. No ha sido fácil, y claramente ha cometido errores como todas, pero es que estamos aprendiendo a ocupar esos espacios que históricamente han ocupado los hombres. Ha sido impulsora de grandes retos y desafíos y hoy algunos ya están materializados. Que somos muy malos para reconocer y muy buenos para señalar. Reconocemos su lucha y su fuerza, por su caminar y su recorrido. Y seguirá marcando historia, por eso me siento representada por ella como mujer y como mujer indígena”.
Yo he preguntado a Elizabeth Castillo Guzmán, docente del departamento de Estudios Interculturales de la Universidad del Cauca, cual es sus expectativas del próximo gobierno con Aida vicepresidenta, considerando que el feminismo caucano está lanzando también la candidatura por la Gobernación de la Region del Cauca de una lideresa campesina del Macizo Colombiano y de una lideresa cocalera. La profesora Elizabeth Castillo me ha comentado que “La línea del CRIC es insistente, hay preocupaciones por la paz hoy vigentes y el Cauca tiene la larga experiencia de dos escenarios de paz con los acuerdos del M19 y la guerrilla Quintin Llame y el plan de vida proprio. Con la construcción imperfecta de la nación, el Cauca siempre hablaba a todo el país, no solo a una región.
Aída Quilcué enfrenta la relación centro-periferia y espero – y lo demuestra este libro Antes del Multiculturalismo. La Política Educativa del Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC (1971-1994)” – pueda fracturar el centralismo intelectual para tomar en cuenta en las decisiones, las voces regionales como la del Cauca, la voz del pensamiento del CRIC, fuera de los márgenes, considerando que la educación propria es un arma política ha ya logrado impactar la gobernación del Cauca”.
Padre Alvaro Ulcue y la teología india de la liberación
Simone Ferrari, autor del libro “Palabrandar: escrituras de resistencia desde el pueblo nasa en Colombia (1970-2020)”, Ed. Universidad Javeriana 2024, ha evidenciado que “las poblaciones indígenas nasa del Nororiente del Cauca (Colombia) se distinguen por una duradera historia de lucha en defensa de su derecho a la autonomía, a la vida, a la tierra y a la paz. A partir de los años Setenta del siglo XX, a los fenómenos de explotación de las comunidades nasa por parte de las élites terratenientes payaneses se sumaron las problemáticas de la violencia y del despojo relacionadas con el conflicto armado interno colombiano. En este contexto, el pueblo nasa ha venido conformando nuevas modalidades de pensamiento y acción colectiva en relación con las prácticas de la resistencia territorial y cultural. En este proceso de renovación epistemológica han participado ‘identidades de ida y regreso’, como las de Álvaro Ulcué Chocué y el misionero italiano de la Consolata, Ezio Roattino, quienes desde un espacio cultural fronterizo –entre la indigeneidad y la Teología de la Liberación– han intervenido en la negociación de las reflexiones comunitarias acerca de las teorías y prácticas de resistencia propia”.
Ya en 1980, el Documento de Santa Fe, elaborado durante la campaña electoral de Ronald Reagan, había calificado a la teología de la liberación como supuesta “arma política contra la propiedad privada y el sistema capitalista de producción”. El documento llamaba la atención sobre la necesidad de atacarla, como una manifestación del “enemigo interno”, al cual refiere la doctrina de Seguridad Nacional.
En lengua nasa yuwe el concepto se indica con la expresión Txiwe nwe’wya, traducible como ‘clamor por la tierra’.
A mediados de 1980, el primer sacerdote católico nasa, Álvaro Ulcué Chocué convocó a 800 indígenas de los resguardos de Toribio, Tacueyó y San Francisco, para formular de manera participativa lo que se denominó el Proyecto Básico de la Comunidad Nasa, hoy vigente y en plena vitalidad. Álvaro dedicó su vida a la causa de sus hermanos indígenas, defendiendo su dignidad, cultura y territorio. Como líder y testigo de la fe, denunció públicamente los atropellos y las injusticias que sufrían sus hermanos indígenas por parte de terratenientes que habían usurpado sus tierras ancestrales. Por eso, la recuperación de las tierras por las vías legales era el aspecto central del proyecto que tenía en Álvaro a su principal vocero. Por su parte, los terratenientes, con el apoyo de la fuerza pública, hostigaron, denunciaron y amenazaron al sacerdote, al punto que su situación se fue tornando cada vez más grave y peligrosa. En enero de 1982 la violencia acabó con la vida de una de sus hermanas y de tres familiares más, además de atentar contra la integridad de sus padres, quienes resultaron heridos.
El 9 de noviembre de 1984 fuerzas de la Policía y el Ejército arrasaron la recuperación de López Adentro, quemaron las viviendas de 150 familias indígenas y con maquinaria destruyeron 300 hectáreas de sus cultivos. El sábado 10 de noviembre de 1984, tal como lo registró oportunamente Proclama del Cauca, testigo de los hechos, hacia las 8:30 a.m. a la entrada del albergue Santa Inés, en Santander de Quilichao, el sacerdote fue atacado a bala por dos sicarios que se movilizaban en motocicleta. Álvaro, que quedó mal herido, se bajó del campero Dahiatsu y se tendió en la tierra. Los sicarios al percibir que estaba mal herido lo remataron, para luego huir.
La Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca reconoce a Álvaro Ulcué Chocué (1943-1984) como un “caminante de la palabra y de la esperanza”. Las palabras liberadoras del p. Alvaro Ulcue siguen inspirando al CRIC, a Aida y los pueblos del Cauca:
“Despertar la conciencia del indígena de tal manera que sean ellos mismos los constructores de su propia historia mediante la toma de sus propias decisiones. – Desterrar el paternalismo que inmoviliza y acompleja a quienes lo sufren, haciéndolos inferiores.
– Hacer sentir al indígena como responsable directo de la construcción de una Iglesia nueva, mediante el diálogo y la interacción participativa. – Recuperar las tierras de los resguardos, así como su unidad y cultura, patrimonio de los antepasados y garantía de la apropiación del futuro” subrayo el primer exponente de la teología india de la liberación de Colombia”.
Conclusiones
El día 2 de junio el Instituto Colombiano de Antropología ICANH organizó el conversatorio “Autoritarismos y democracia: disputas alrededor del (des)orden mundial” y la presentación del informe “Antiauthoritarian” de DHub (https://antiauthoritarian.com/ ) con la participación de la concejal Donka, el analista de RCTV, Ricardo Vargas. Yo he comentado que fui el primero en organizar debates sobre el neofascismo de La Espriella con ocasión del Festival internacional del cine de derechos humanos de septiembre de 2025, expresando mi solidaridad a la lideresa indígena Sandra Chindoy.
La primera presentadora indígena en la historia del canal público RTVC, Sandra Chindoy, ha sido objeto de amenazas y agresiones sistemáticas a lo largo del año 2025, expresadas mediante lenguaje abiertamente etno-racista y diversas formas de violencia. Estas agresiones no solo se dirigen contra su identidad como mujer indígena del pueblo Kamëntšá (Putumayo), sino también contra su labor periodística crítica, particularmente en relación con temas de tierras, denuncias sociales y análisis cultural desde una perspectiva territorial.
Efectivamente en una entrevista del Meridiano Regional, de Popayán (Cauca), el día 11 de septiembre de 2025, el candidato Abelardo de la Espriella, dejó ver su posición sobre las protestas y cierres de vías en el país. “Los indígenas son los dueños del 33% de la tierra en Colombia y siguen exigiendo más; una deuda ancestral que, a juicio de ellos, no hay cómo pagar”, inició en aquella ocasión de la Espriella. Seguido a esto añadió: “(Los pueblos indígenas) Conmigo se organizan y se vuelven ciudadanos de verdad o van a saber también lo duro que muerde el tigre”. El abogado precisó, además: “Yo ese desorden de los indígenas y esa extorsión constante y esa presión no la voy a permitir. Manifestaciones sí, pero bloqueando vías no, ni destruyendo la infraestructura, ni haciendo desmanes, ni creando el caos”. Por último, de la Espriella dejó una reflexión que provocó la publicación de Chindoy: “Los indígenas deberían pensar que una cosa es meterse a bloquear la carretera sin el tigre y otra con el tigre en el poder, porque yo soy de los tigres que rugen y que muerden”. Tal fue la inconformidad de Chindoy, que en un video agregó: “¿Qué es ser para él un ciudadano de verdad? ¿Será que es arrodillarse al uribismo y a la derecha? Pues para eso no cuente con nosotros”. De la misma forma, siguió: “Y es una lástima que este señor tenga que hacer su campaña acudiendo a los señalamientos y a las estigmatizaciones, en lugar de proponer iniciativas para la protección de nuestros derechos como comunidades étnicas, tal como lo establece la propia Constitución Política de Colombia”, concluyo la neo senadora Sandra Chindoy (que en la primaria del Pacto Histórico ha logrado la votación de 43.000 electores).
La senadora indígena Aida Quilcué fue la única política (junto a la exministra Carolina Corcho, presidenta de la Corporación Latinoamericana del Sur que edita la revista Sur, herramienta de formación para miles de jóvenes feministas y militantes) que respalda a la lideresa Chindoy, subrayando que “la periodista y presentadora Sandra Chindoy es un referente de las nuevas generaciones y un ejemplo para las juventudes indígenas de Colombia. Por eso, en un país que protege el derecho a la libertad de prensa, resulta deplorable que nuestra compañera sea víctima de machismo y racismo por cuenta del concejal Briceño y opositores del gobierno que están inconformes con su excelente trabajo. ¡Basta ya de deslegitimar el trabajo de las mujeres indígenas y de atacar a nuestras comunidades ancestrales!”, concluyo la Senadora Aida Quilcué.
Cristiano Morsolin, investigador y trabajador social italiano radicado en Latinoamérica desde 2001, autor de 10 libros en 5 idiomas. Analiza las relaciones entre derechos humanos, movimientos sociales, políticas emancipadoras y la geopolítica de Papa Francisco. Fue recibido por el Papa Francisco en audiencia en Vaticano en octubre de 2017. Co-fundador del Observatorio sobre la Región Andina SELVAS (Milán, 2001), del Observatorio sobre las mafias “Liberande” (promovido por la red LIBERA, Roma, 2007). Es comentarista invitado por los mass-media internacionales: SIR-Servizio Informazioni Religiose (Vaticano), Religión Digital (Madrid), Cipsi (Roma), Vita (Milán), Corporación Latinoamericana Sur (Bogotá) y Rebelión (Madrid).
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