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Votar por Iván Cepeda: votar por la vida, la dignidad y el futuro

15 junio, 2026 By Carlos José Guarnizo Rico Leave a Comment

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Hay personas que llegan a la vida pública por ambición. Otras llegan empujadas por la historia. Iván Cepeda pertenece a estas últimas.

Tuve la oportunidad de conocer a su padre, Manuel Cepeda, en los años en que los barrios populares de Bogotá eran escenarios de organización ciudadana, de debates intensos y de esperanzas compartidas. Lo recuerdo con claridad: una voz firme, un tono sereno y una profunda convicción democrática. Podía ser radical en sus ideas, pero jamás renunció al respeto por las instituciones ni a la condición humana de quien pensaba distinto. Era un hombre de principios republicanos. Nada más innoble que instrumentalizarlo con las FARC.

La violencia arrebató su vida, pero no logró derrotar aquello que representaba. Y quizás la mayor lección que nos deja esa tragedia es la manera en que Iván decidió responder a ella. Donde otros habrían encontrado motivos para el resentimiento, él encontró razones para la defensa de las víctimas. Donde el odio habría parecido comprensible, eligió la justicia. Donde la historia parecía condenarlo a la venganza, optó por la reconciliación.

Esa decisión ética constituye una de las expresiones más nobles de la política contemporánea.

Por eso apoyo a Iván Cepeda.

No porque represente la perfección —que no existe en democracia— sino porque encarna una manera distinta de ejercer el liderazgo público: una forma de hacer política basada en la escucha, en la reflexión y en la convicción de que los conflictos de una sociedad deben resolverse mediante la palabra y no mediante la eliminación del adversario.

En tiempos donde abundan las voces que convierten al contradictor en enemigo, donde la descalificación reemplaza al argumento y donde la agresión parece haber sustituido al diálogo, Iván nos recuerda una verdad elemental: la democracia solo puede sobrevivir si somos capaces de reconocer humanidad incluso en quien discrepa de nosotros.

La grandeza de una sociedad no se mide por la fuerza con la que aplasta a sus opositores, sino por la capacidad que tiene para convivir con ellos.

Voto por Iván Cepeda porque creo que Colombia necesita una profunda transformación ética

Durante décadas hemos naturalizado una cultura donde el éxito individual parece justificar cualquier medio; donde la acumulación de riqueza se presenta como un fin en sí mismo; donde la competencia permanente termina erosionando los vínculos de solidaridad que sostienen una comunidad.

Como abogado, me resisto a aceptar la tesis según la cual el derecho y la ética transitan por caminos completamente separados. Un orden jurídico desprovisto de toda referencia ética pierde su pretensión de justicia y se reduce a una mera técnica de organización del poder. Quien defiende semejante separación absoluta no describe simplemente una teoría jurídica: justifica un mundo en el que la obediencia a la norma sustituye toda responsabilidad moral. En ese escenario, el delincuente ya no es quien viola la ley, sino quien ha renunciado a preguntarse por la justicia de sus propios actos

El resultado está a la vista: una de las sociedades más desiguales del continente, marcada por brechas sociales persistentes, por la exclusión y por formas de corrupción que han deteriorado la confianza ciudadana.

La desigualdad no es una ley de la naturaleza. La pobreza no es un castigo divino. Son construcciones humanas y, precisamente por ello, pueden ser transformadas por la acción humana.

Iván Cepeda ha insistido en que una sociedad más justa no exige destruir las instituciones democráticas ni romper el orden constitucional. Por el contrario, demanda fortalecerlas para que cumplan efectivamente su propósito: garantizar dignidad, oportunidades y derechos para todos.

Se trata de avanzar hacia una Colombia donde la prosperidad no sea privilegio de unos pocos, sino patrimonio compartido de toda la sociedad.

También respaldo a Iván Cepeda porque, como el Papa León XIV, en su encíclica Dignitas Humanitas, ha comprendido uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: el extraordinario avance tecnológico que estamos viviendo debe estar acompañado de un progreso moral equivalente.

Vivimos una época fascinante

La inteligencia artificial, la automatización y las nuevas tecnologías amplían horizontes que generaciones anteriores apenas podían imaginar. Sin embargo, cada avance plantea preguntas esenciales: ¿qué significa ser humano? ¿Cómo preservar la dignidad de las personas en medio de procesos crecientes de automatización? ¿Cómo evitar que la tecnología profundice las desigualdades existentes?

La técnica puede ampliar nuestras capacidades, pero no puede reemplazar nuestra conciencia. Los algoritmos pueden procesar información, pero no conocen la compasión. Las máquinas pueden optimizar decisiones, pero no pueden construir sentido. Por ello resulta tan importante reivindicar la centralidad de la persona humana, de la cultura, de la educación y de la ética como brújulas indispensables para orientar el futuro. El progreso tecnológico solo merece ese nombre cuando mejora efectivamente la vida de las personas.

Somos naturaleza

Voto por Iván Cepeda porque entiende que nuestra relación con la naturaleza no puede seguir fundada en la ilusión de que somos sus dueños. Estamos benditamente condenados a una relación simbiótica con ella: no podemos huir de ella porque somos ella misma. Su destino es nuestro destino; sus heridas terminan siendo nuestras heridas y su florecimiento, también nuestra esperanza.

Habitamos la misma tierra que heredamos de nuestros antepasados y que algún día entregaremos a nuestros hijos y nietos. Cada bosque destruido, cada río contaminado, cada ecosistema degradado representa una herida que termina alcanzándonos a todos.

Por eso resulta urgente abandonar las lógicas de explotación ilimitada, el modelo extractivista, que han concebido tanto a la naturaleza como al trabajo humano únicamente como recursos disponibles para el beneficio inmediato.  Necesitamos una visión distinta del desarrollo: una que armonice crecimiento económico, justicia social y sostenibilidad ambiental. El buen ancestro de Román Krznaric implica asumir que las decisiones que tomamos hoy deben ser evaluadas también por quienes aún no han nacido. Nuestro deber ético de pensar en las generaciones futuras.

Voto por Iván Cepeda porque propone una economía plural y moderna

Una economía donde la iniciativa privada siga siendo motor de innovación y creación de riqueza, pero por supuesto donde también exista un Estado capaz de configurar mercados, corregir desigualdades, garantizar derechos y promover oportunidades. Una economía donde las cooperativas, las empresas comunitarias y las formas asociativas de producción tengan espacio para florecer junto a los emprendimientos individuales. Una economía que democratice el acceso al crédito, al conocimiento y a los bienes comunes. Una economía al servicio del hombre que genere riqueza, pero también cohesión social. Porque la verdadera prosperidad no consiste solamente en producir más, sino en permitir que más personas participen de sus beneficios.

Acompaño este proyecto porque creo que Colombia merece volver a creer en sí misma

Necesitamos recuperar las ilusiones perdidas de la modernidad, sin caer en los fanatismos. recuperar la esperanza sin renunciar a la prudencia. Recuperar la capacidad de indignarnos frente a la injusticia, pero sin convertir esa indignación en odio. No podemos admitir la lógica perversa que consiste en calificar al contradictor de estúpido para, a renglón seguido, legitimar su exclusión, su aniquilamiento o, en términos brutales, destriparlo. Toda violencia empieza por una operación previa de deshumanización: se niega la condición moral del otro para hacer aceptable aquello que, frente a un igual, resultaría intolerable.

Como ha señalado el jurista Mauricio García Villegas, existe una indignación virtuosa: aquella que no destruye, sino que transforma; aquella que no divide, sino que convoca; aquella que no busca humillar al adversario, sino persuadirlo.

Porque las sociedades avanzan cuando el miedo deja de gobernar la conversación pública.

Cuando los invisibles son reconocidos.

Cuando la dignidad se convierte en una realidad y no en una promesa.

Cuando la esperanza vuelve a ocupar el lugar que durante demasiado tiempo le ha cedido a la resignación.

Por todo ello, apoyo a Iván Cepeda.

Porque votar por él no es simplemente elegir a una persona.

Es elegir una idea de país.

Un país que dispensa la vida sobre la violencia, la justicia sobre el privilegio, la solidaridad sobre el egoísmo y el futuro sobre el miedo.

Carlos José Guarnizo

Foto tomada de: Revista Impacta

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Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

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