Algunos se han preguntado de manera preocupada porqué se da esto y al respecto, considero que se debe recordar que los departamentos de Cauca y Valle, en su orden, han sido durante todo el período del actual gobierno donde más presencia de grupos de disidencia de las extintas FARC se han presentado, tanto de las que se asocian a alias Iván Mordisco, como de las que asocian a alias Calarcá, y grupos del ELN y otras expresiones de crimen organizado y mayores hechos de violencia asociados al conflicto interno armado se han presentado, lo cual remite a reflexiones acerca de las causalidades objetivas (alta presencia de cultivos de coca, de un lado y de explotaciones de minería ilegal del oro y otras rentas ilícitas), y además causalidades subjetivas (una tradición de presencia de actores de violencia de distinta naturaleza, tanto en los tiempos históricos de corto plazo así como de larga duración).
Igualmente, es también una región con movimientos sociales de distinta naturaleza organizados -claro con liderazgos igualmente reconocidos- y que son protagonistas regionales y nacionales destacados, que incluso en el pasado pudieron ser acusados, con diversas intencionalidades, como cercanos a los actores armados,
A propósito de la denominación de terrorismo, es pertinente señalar lo siguiente: una síntesis de la perspectiva clásica de Harry Eckstein y Michel Wieviorka señala que “la violencia política implica ataques con potencialidad y capacidad destructora llevados a cabo por grupos u organizaciones al interior de una comunidad política y que tienen como adversarios al régimen, sus autoridades, sus instituciones políticas, económicas o sociales y cuyo discurso legitimador pretende estar articulado a demandas sociales, políticas y económica.”
Y a continuación, siguiendo a Ives Michaud, podemos decir que la violencia política incluye, por los menos las siguientes modalidades, i) la violencia sociopolítica difusa -de la cual un buen ejemplo en nuestro país fue la violencia liberal-conservadora de mediados del siglo pasado, ii) la violencia contra el poder o violencia de abajo, iii) la violencia desde el poder, violencia desde arriba, iv) las guerras civiles y v) el terrorismo, que se propone un cambio radical del poder o de sus políticas mediante actos radicales que tienen como objetivo la intimidación por el terror (ya sea a través del asesinato o atentado individual o del atentado colectivo indiscriminado). Otros autores consideran, que el terrorismo no es otra cosa que el uso indiscriminado de la violencia contra la población civil
El profesor Michel Wieviorka señala en su obra clásica (WIEVIORKA, Michel, “Societés et Terrorisme“, Librairie Artheme Fayard, Paris, 1988) que “el verdadero terrorismo, ciego, no existe en el largo plazo sino en actores sin enraizamiento popular, figuras más o menos heterónomas, casi mercenarias, de combate en el sentido de huida, al menos parcialmente, del cual ellos se proclaman la más alta expresión.” Sin embargo, nos señala, es posible diferenciar la lógica de acción terrorista, en el sentido de vanguardias iluminadas sin raíces sociales y con un gran voluntarismo, que acuden a las prácticas terroristas con la pretensión de volver realidad sus intenciones, de los métodos terroristas en el sentido del uso de las prácticas terroristas.
Todo lo anterior, para destacar que, en esa región, aunque quizá también en otras del país, habría condiciones para que estas modalidades de tipo terrorista se pudieran presentar, ya sea como expresión de grupos armados con capacidad de actuar y por supuesto bien financiados por las rentas ilícitas y no hay duda también para crear miedo en la población civil y eventualmente aumentar su capacidad extorsiva sobre sectores económicos de la sociedad, pero también en autoridades regionales y locales mostrando una aparente capacidad militar, especialmente en momentos en que las sociedades se movilizan y pronuncian sobre aspectos del acontecer nacional.
La priorización del terrorismo por estos actores armados -como expresión también de su imposibilidad de obtener aceptación en los sectores sociales que tiene como referentes de sus luchas- y por ese camino pueden terminar aislándose cada vez más de los sectores de la sociedad civil y causando profundos costos sociales al conjunto de la sociedad colombiana.
Considero que la autoridad nacional y regional, conoce esto y por lo tanto el tomar medidas de precaución, que no se pueden reducir a medidas coyunturales de estimular recompensas, que son útiles, sino especialmente a una actividad de inteligencia profesional -para lo que se debe utilizar la inteligencia en un país con riesgos de grupos armados actuantes, no para andar buscando fantasías de ‘golpes blandos’, ni para hostigar a la oposición política-, sino para prevenir el actuar de los grupos armados irregulares, eventualmente golpearlos con operaciones militares y policiales bien planeadas, producto de estrategias de seguridad y planes operativos derivados de allí bien concebidos y aplicados, porque no hay duda que cualquiera sea el próximo presidente(a) de los colombianos deberá enfrentar estas problemáticas de seguridad y terrorismo así como potencialidades de construir paz y por supuesto en la coyuntura proteger la vida de los protagonistas del debate electoral, los distintos candidatos, sin discriminar ni por orientación política ni ideológica.
Alejo Vargas Velásquez, Analista Político en Paz, Seguridad y Defensa, Profesor Titular ® de la Universidad Nacional, Fundador del Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa y del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz
Foto tomada de: DW

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