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Una nueva derecha sin Uribe se avecina

25 mayo, 2026 By Álvaro Hernández V Leave a Comment

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La venenosa disputa política que presenciamos entre Paloma Valencia y Abelardo De la Espriella no es una estrategia fraguada por Uribe Vélez que salió mal para la candidata que él mismo apadrina arrastrando las suelas con un estoicismo que provoca lástima; no es el resultado absurdo de una estrategia electoral del patrón del CD; sino el resultado catastrófico de la caída de un líder a la vista de todos: la escenografía de su mayor tragedia política. Porque si el próximo 31 de mayo Abelardo supera a Paloma desafiando la autoridad de Uribe, para él habrá concluido la faena, y la presidencia de la plaza ordenará el toque de clarín para que otro toro salga al ruedo y otro matador de la derecha entre a la arena.

Es que en los tendidos muchos esperan ver a Álvaro Uribe retirándose con los trastos de matar (es una imagen traída del toreo, nada más), porque necesitan dirigir sus propias formaciones políticas sin el hierro de “el diestro de Llanolargo” en el cartel (y lo del cartel, es otro símil de la torería). Algo imposible de imaginar mientras Uribe tuvo fuerza para imponer candidatos, gobernantes, y la agenda ideológica, política y económica a toda la derecha y al país.

Un poder que empleó por veinte años sin encontrar oposición o alternativa seria de los partidos tradicionales, porque los demolió creando otras formaciones sin historia, sin conexión con el pasado social y político de nuestra nación. Álvaro Uribe necesitaba un partido que proyectara su ambicioso proyecto de una “sociedad unitaria” y un “estado de opinión”. Es decir, una supuesta sociedad sin clases con “colaboración armoniosa entre empresarios y trabajadores”; y gobernar con la voluntad y el respaldo popular, en sustitución de las instituciones jurídicas. Un plan dictatorial que los medios respaldaban con emoción, pero que la Corte Constitucional frustró al negar la tercera reelección.

Previamente, por su encargo, Juan Manuel Santos fundó en 2005 el partido de la U, socavando buena parte de la dirigencia liberal y conservadora, convirtiéndose en la bancada mayoritaria con 30 senadores en la primera prueba electoral del 2006, y 37 en 2010 y en 2014, antes de quedar reducida a menos de un tercio con la aparición del CD. Porque en 2013, después de acusar de traidor a Santos por abrir la mesa de negociaciones con las FARC, Uribe fundó el CD a imagen y semejanza de su autoritarismo, sustrayendo líderes y escaños al partido de la U, el liberalismo y el conservatismo.

Uribe no construye, es un predador político; y sobre los demás partidos de derecha actuó como un capataz, cubierto por los medios que le deben su prosperidad.

Sin embargo, la hegemonía del caudillismo de Uribe y la dominancia del CD en la política nacional parecen cerca de su fin, si fracasa la campaña presidencial de Álvaro Uribe en cuerpo de Paloma Valencia.

Tres causas presentes en esta coyuntura electoral pueden provocar ese colapso a mediano plazo. Su terrible pasado personal como gobernante que la memoria popular liga al paramilitarismo (lo que creó un polo de choque irreductible con todo lo que Uribe represente, incluida su candidata); la ciega oposición a la gestión del gobierno Petro que no impidió el crecimiento de la izquierda en el Pacto Histórico, ni que Iván Cepeda encabece la intención de voto el 31 de mayo; y la convicción de que Uribe Vélez es incapaz de sacar a la izquierda del poder que la derecha tradicional necesita recobrar.

Porque es evidente que la elección de Gustavo Petro, su liderazgo político y el apoyo popular a las obras sociales de su gobierno, modificaron el panorama electoral. El PH pasó de 20 senadores en 2024, a 25 en 2026, la más alta representación superando en un 30% al CD, y 42 representantes.

Petro y el auge político del Pacto Histórico pusieron por primera vez a la derecha a la defensiva. Porque ha sido Petro, en lugar de Uribe, quien marcó la iniciativa en el  debate político y social. Es el progresismo y no la derecha, el que en cuatro años se consolidó como corriente ideológica y política nacional, a pesar de los reveses propinados por la oposición a las reformas sociales que propuso.

Es una ironía que las derrotas del gobierno progresista en el Congreso fortalecieran al PH en las urnas, y que la candidata que representa al gran capital, sus partidos y sus medios, que pusieron trampas e intentaron derribar a Petro, pierda fidelidad a manos de un recién llegado de su misma orilla.

Y la aparición y permanencia del desafiante Abelardo en perjuicio de la candidata oficial del CD, no hizo más que probar la incapacidad del liderazgo personal de Uribe Vélez. Sus errores se amontonan desde 2022 sin remedio, y el seguidismo de antaño languidece. Da la impresión de que en veinte años el arrogante potro trochador de pasarela se convirtió en un caballo al que le dan sabana porque está viejo y cansao.

El uribismo está mortalmente escindido, y en sus filas ya se iniciaron aventuras separatistas. Son movimientos que parecen expedir el certificado de defunción del uribismo como núcleo duro de la derecha, y al mismo tiempo la partida de nacimiento de una nueva derecha sin Uribe.

La ex senadora María F. Cabal rompió rencorosamente con el Centro Democrático por el desprecio repetido del director del partido a sus aspiraciones presidenciales, y decidió crear un partido más a la derecha de Uribe, a quien con desprecio califica de “socialdemócrata”, no un hombre de derecha. Y apoya a Abelardo porque busca pelechar entre los uribistas más cerriles refugiados en esa campaña, y conducirlos por la “estela libertaria” de Trump y Milei, y la brutalidad de Bolsonaro y Bukele, la repintada figurita de plomo que Abelardo imita. Y Miguel Uribe Londoño sostiene su candidatura en reacción a la persecución por parte de Paloma Valencia a la  figura de su hijo, el senador Miguel Uribe Turbay sacrificado, y a su propia expulsión del CD por orden de Uribe.

El caudillo no caerá desmoronado, pero proseguirá andando en muletas. La urgencia de ocultar la vergüenza de su pasado le prohíbe retirarse de la acción política, y renunciar a sus maniobras sobre los jueces para asegurar la impunidad.

Y fuera del CD, algunos clanes políticos, como los Char, decidieron sacar ventaja de la debilidad del uribismo oficialista, sumándose de perfil a la campaña de Abelardo. Tienen motivos existenciales para hacerlo. Necesitan  superar el localismo de su influencia y entrar en la disputa del poder central, haciendo dos cosas: romper la férula de Uribe de la mano de Abelardo, y apoderarse de la carcasa de Cambio Radical con el dinero, y el control que ejercen sobre la región caribe y los medios para mangonear en esa cueva de Rolando, huérfana tras la muerte de Vargas Lleras.

Tienen cara y sello para ganar con Abelardo. Si pasa a segunda ronda, tendrían la opción de obtener cuotas ministeriales por derecho propio en un eventual gobierno; y si perdiera, estarán en una posición superior a la actual para negociar contratos y cuotas, y convertir a Cambio Radical en plataforma nacional para el lanzamiento de Alex Char a la presidencia en 2030; al tiempo que edifica muros de defensa para evitar la pérdida de la alcaldía en los próximos comicios.

El resto de la derecha alineada en el liberalismo gavirista, el conservatismo, la U, o Mira, por ejemplo, tendrán que distanciarse del carromato destartalado del CD si quieren participar efectivamente en la conformación del poder político que, sin vínculos con el pasado atroz de Uribe Vélez, disminuya el enfrentamiento y encamine la conversación política en un ambiente sosegado y reconciliador.

Las formaciones políticas no vinculadas al uso ilegal de la fuerza, debieran aprovechar la alteración en el equilibrio político que está ocurriendo, y promover con seriedad un pacto nacional que facilite el entendimiento. El respaldo de Uribe a Abelardo el 1º de junio, anunciado desde febrero, no debe desanimar ese propósito, aunque si el candidato es elegido y cumple sus anuncios de “destripar izquierdistas” y reprimir la inconformidad popular, la concordia habrá perdido otra chance.

Lo que no es improbable en la estadística. Porque, como dijo Ma. Jimena Duzan en su programa A Fondo: “Este país ha cambiado, pero no tanto. Por miedo a Petro, Rodolfo se limpiaba el culo con la ley, y ahora la misma derecha asustada empuja a Colombia a votar por Abelardo.” Ha dicho.

Álvaro Hernández V

Foto tomada de: La Silla Vacía

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Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

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