Hoy se nos presenta dos opciones y no es precisamente las de votar o no votar. Aunque el abstencionismo (17.5 millones de votantes, alrededor del 42%, se abstuvieron el 31 de mayo pasado), ha sido valido en momentos históricos y dependiendo del régimen correspondiente, lo cierto es que hoy en día está por definirse no solo qué clase de gobierno nos regirá en los próximos cuatro años y muy seguramente más allá de estos sino que por consiguiente que sociedad queremos seguir construyendo, una de la exclusión y las desigualdades o la sociedad profunda y ampliamente democrática donde la justicia social impere.
Con todas las mañas y más exactamente con todas las trampas posibles, quienes enarbolan el neofascismo y están dispuestos a establecer un régimen totalitario entregado a los más poderosos y al dominio total del imperio norteamericano, están prestos a recuperar el poder político-institucional para aplicar sus propuestas que nos llevarían de nuevo o más bien profundizarían las políticas neoliberales, que es la entrega total del Estado a los intereses de una minoría privilegiada y del gran capital.
Lo anterior significa retroceder en los logros sociales que ha alcanzado el Gobierno del Cambio en beneficio precisamente de las mayorías ciudadanas y en especial de los sectores empobrecidos y siempre excluidos, pese a todos los impedimentos que se han atravesado desde los diferentes poderes públicos al parecer al servicio de los gremios empresariales.
El prometer acabar con la mitad de los ministerios y reducir el Estado un 40%, según sus propias palabras, asegurando que en la institucionalidad sobran 700.000 funcionarios, por lo tanto hay que despedirlos, prometiendo acabar a su vez con 136 entidades; que se debe dolarizar la economía colombiana, es decir perder la moneda nacional, la independencia monetaria y con ello la razón de ser del Banco de la República; el privatizar SATENA después de 65 años de servicio a los territorios nacionales cuando precisamente se está fortaleciendo y ampliando su capacidad operativa; privatizar el Banco Agrario, heredero de la antigua Caja Agraria, creada en 1931, cuando con el actual gobierno ha tenido un fortalecimiento financiero para servir a una más amplia base social. En últimas disminuir drásticamente el Estado, según el candidato extranjero respaldado por Trump.
Pero es que cuando se propone salir de los organismos internacionales como la ONU y al OEA, incluyendo sus organismos de derechos humanos; suprimir a su vez la JEP, que es resultado de los acuerdos de paz; asegurar que está preparando 90 decretos para su segundo día de gobierno; que él mismo encarcelará a quien considere un supuesto delincuente; que ordenará personalmente en cada distrito militar, resultados inmediatos como lo hizo el máximo responsable de los 7.837 mal llamados “falsos positivos”; cuando invitan a las fuerzas militares de EEUU, hacerse cargo de la seguridad de los colombianos; y si alardea que construyendo mega cárceles, acabará con la delincuencia del país, haciéndonos recordar los campos de concentración hitlerianos y las del dictador actual del Salvador; y si se compromete a reducir la asistencia social a las clases más desfavorecidas, entonces tendríamos un oprobioso dictadorzuelo como en la época de las llamadas repúblicas bananeras.
“Jamás pensé que defender la justicia social y la dignidad de los más necesitados, despertaría tanto rechazo en quienes siempre han tenido todos los privilegios”. Gustavo Petro Urrego.
John Elvis Vera Suarez
Foto tomada de: BBC

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