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Si el futuro no decide el 21 de junio, entonces lo hará el pasado.

15 junio, 2026 By Álvaro Hernández V Leave a Comment

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Hoy más que nunca, se ve claro que votar no es un derecho o un deber cívico sino un acto de defensa personal, una ocasión para prevenir el daño social e institucional que puede causar un probable gobierno del candidato de la extrema derecha.

Porque no son las amenazas de Abelardo De la Espriella las que meten miedo, sino el convencimiento de que pueda cumplirlas. Es más, la certeza de que comenzó a ejecutar su designio de arrasar a “los zurdos de mierda” en este país, y a perseguirlos en el extranjero.

Porque De la Espriella no promete diálogo político o social, sino represión abierta contra los opositores, sindicatos, grupos sociales y minorías étnicas o identitarias, pues, “de eso no como”, según declara. Si disparar al bulto fue lo que vimos en el gobierno de Iván Duque en la protesta social y la “primera línea”; si acribillar por la espalda a miles de inocentes pobres fue lo que se descubrió en los gobiernos de Álvaro Uribe; si perseguir jueces, opositores políticos y periodistas fue trabajo del uribismo en el poder; ¿no lo hará un tipo que anda con ambos, y lo respalda lo más tenebroso de la “mano negra” de la inteligencia de la policía, el ejército y la resaca paramilitar?

Porque la “mano negra” conformada por agentes estatales y militares en retiro, ha “limpiado la sociedad de comunistas”. Lo hizo en el gobierno de Lleras Restrepo, en el de Turbay Ayala, hasta culminar su obra con el genocidio de la Unión Patriótica al final de los 90s. Y algunos esperan una señal con el dedo engatillado.

Por lo pronto, sin el poder presidencial, pero anticipando lo que nos espera en un gobierno suyo, Ma. Jimena Duzán y varios influencers independientes salieron del aire temporalmente sin explicación del servidor. No hubo fallas técnicas, fueron ataques diseñados por la intolerancia civil de la campaña del candidato ofendido, según se infiere de sus propias reacciones previas. Algo que sólo puede hacer el dinero sucio, la intervención de los viejos clientes mafiosos, y las relaciones secretas de un círculo cerrado del uribismo cerril y gatillero: hablan apaisado, tienen corte de pelo a ras, esconden escudos militares, y ofrecen garrote a lo que huela a progresismo.

Pero en el arresto de Beto Coral en Phoenix, Arizona, por parte de ICI ayer 16, hay certeza de que Abelardo metió su mano, pues Coral hizo repetidas denuncias sobre dineros lavados que el candidato recibió de su amigote Alex Saad, de quien se dice es cómplice de Maduro. El candidato reconoció haber entregado al Secretario de Estado Marco Rubio una lista de colombianos para que sean deportados, y lo acredita la imagen del momento.

A la vista de todos, el gobierno Trump castiga a un contradictor político de Abelardo. El hijo de un patriota capitán de la policía asesinado extrañamente después de intervenir en la operación que llevó a la muerte de Pablo Escobar, que busca asilo político en USA para escapar de la misma mano negra colombiana que asesinó a su padre; pues oficiales de la misma policía habrían participado en el crimen, según sus propias averiguaciones.

Desde los borrosos tiempos de la guerra civil de los mil días (cuando los Estados Unidos intervinieron directamente en favor del gobierno conservador para separar el istmo de Panamá y hacerse con el canal interoceánico), no se conoció una injerencia extranjera tan descarada en elecciones presidenciales. El gobierno de Trump busca poner en Colombia un gobierno de bolsillo, y el gringuito Abelardo será su agente violador de derechos, un remedo de Bukele: su vivo retrato.

Así que no; no se hace un escándalo infundado cuando De la Espriella promete destripar a “los zurdos de mierda”, golpear la protesta social si cierra calles o carreteras, y “encerrar” los culpables que defienden las libertades ciudadanas. Hay motivos para tomarse en serio a alguien criado entre paramilitares, que alentó su guerra y seguramente sacó ventaja de ella; que ha protegido los delincuentes más peligrosos; que es socio comercial de estafadores, testaferros y lavadores de activos; y que recibe el respaldo de célebres políticos condenados por delitos de lesa humanidad.

En la recta final de estas presidenciables venció el plazo para las reticencias de los liderazgos que, siendo reacios a De la Espriella o distantes del gobierno Petro, puedan sentirse maltratados por la dirigencia del Pacto Histórico o desestimados por su candidato Cepeda. Si Fajardo, Claudia, De la Calle  y los que se les parecen, no hablan claro y alto por Cepeda, lo harán sus votantes actuales, como lo harán los que creyeron en que Oviedo era de centro. Porque llegó el momento de unirse de nuevo para cerrar el paso a los violentos que con hechos desprecian los valores de la democracia; la misma que solemos criticar y que hoy estamos obligados a defender de una dictadura con careta republicana.

Porque, para el torvo exmilitar o el agente espontáneo que sigue a De la Espriella con la misma ceguera que creyó obedecer a Uribe Vélez, todos los de la otra orilla son rojos. Claudia López es tan zurda como Cristo, Ariel Ávila, Gustavo Bolívar, Miguel de Francisco, Santiago Moura, o la Conferencia Episcopal colombiana que pidió a los católicos no votar por “el nuevo salvador”.

El peligro que representa De la Espriella obligó a los prelados a entrar en campaña, para pedir el voto pensando en el interés general y en solidaridad con los más necesitados. Y creo que lo hacen, además, para preservar la existencia de la fe católica amenazada por el ejército de cristianos que cabalga el caballo de la derecha renegada que los usa en las urnas para mantenerse en el poder, mientras pastores de toda laya usan los templos sin tapujos pidiendo votos por el “aboganster” decidido a ser nuestro presidente.

¿Entienden los católicos lo que arriesgan apoyando a un impostor de la fe? Como en tiempos de Lutero y Calvino, los cristianos pelechan del poder tradicional y se hacen fuertes con desmedro de la iglesia católica. Y por lo visto, los comerciantes que en beneficio propio pastorean los rebaños cristianos acompañan a De la Espriella en su mayoría. “Ha nacido el Anticristo”, hubiese exclamado mi buen abuelo materno muerto hace demasiado, él tan analfabeta y crédulo, tan honrado y servidor.

Al final, hay dos programas de gobierno enfrentados, y dos candidatos con formación y pasado personal no comparables. Dos mundos, dos concepciones políticas opuestas sobre nuestra historia y nuestro porvenir, sin que en el medio haya lugar para nada. Por ello no es cierto que en Colombia se vota por emociones, no por convicciones. Lo crean o no los actores electorales que desde los medios promueven candidaturas ocultando sus preferencias, instalan en el público la falsa idea de que estamos enfrentados por palabras, que nos separa la estridencia de las frases de propaganda y el tono de los candidatos.

Es verdad que cuando la ideología se hace cuerpo causa emociones, y la política que se abraza calienta el corazón y afila la lengua. Pero los derechos y las libertades personales de los ciudadanos corrientes no están en riesgo por las palabras, sino por los hechos autoritarios que ya produce el candidato Abelardo De la Espriella.

Así parecen haberlo comprendido las marejadas de jóvenes que desde el 1º de junio se tomaron las calles. Porque, si la juventud que representa el futuro no le da la victoria a Iván Cepeda el 21 de junio, entonces la vieja política con su pasado de discriminación y desigualdad coronará al heredero de la violencia que provocó las desgracias que son la historia de esta nación.

Es cara o cruz; es caliente o frío. No hay lugar para los tibios y los indecisos del voto en blanco.

Álvaro Hernández V

Foto tomada de: Iván Cepeda Castro

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Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

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