Los grandes medios de comunicación, El Tiempo, El Colombiano, RCN Televisión, Caracol Televisión, Semana y los periódicos del grupo Gilinski, dueño de esa revista, así como la inmensa mayoría de las radios de la mañana, han construido una versión dominante de que el gobierno Petro es un desastre y no deja ninguna cosa positiva.
Algunas cifras muestran que sin ser un modelo de desarrollo y de crecimiento, Colombia bajo Petro no se fue hacia una forma de gobierno y de economía como la de Cuba o la Venezuela de Maduro, con la consecuente expulsión de millones de ciudadanos. La inflación pasó de 9.3 en 2023 a 5.10 a fines de 2025; el producto interno bruto o PIB para 2025 fue de 2.6%, jalonado por el crecimiento de la agricultura. El desempleo pasó de 11.3 a mediados de 2022 a 8.2 a febrero de 2025, subiendo en abril de 2026 a 8.8%. El auge del turismo ha sido significativo, con la visita a Colombia durante 2024 de 6.696.835 personas no residentes (Ávila, Ariel, Así gobierna Gustavo Petro. Entre la ruptura, los escándalos y la esperanza, Aguilar, Penguin Random House, Bogotá, 2025, pp.154-168. Ver también Boletín de Indicadores Económicos del Banco de la República).
Una situación preocupante tiene que ver con el elevado déficit fiscal, que llegó a COP 117.8 billones en 2025, equivalente a 6.4% del PIB (Visión Davivienda, 12 de marzo de 2026). Si triunfara en la segunda vuelta el candidato de la izquierda, tendría que ver cómo reducir ese alto déficit fiscal y cómo promover decididamente el crecimiento económico de la economía colombiana, para poder sostener la inversión social.
La entrega de tierras al campesinado, alrededor de unas 350.000 hectáreas, que pareciera ser una cifra baja, es importante dada la enorme cantidad de trámites burocráticos para adelantar este tipo de adjudicaciones. Agregaría como otro indicador importante en la lucha contra el narcotráfico, la incautación récord durante el 2024, de 883,8 toneladas de cocaína (Ávila, A., Así gobierna Gustavo Petro).
Estas cifras son interesantes porque evidencian la posibilidad de construir, desde un gobierno de izquierda democrática, un capitalismo social y reformista capaz de reducir las grandes brechas de inequidad de la sociedad colombiana. De hecho, eso es lo interesante de la experiencia reciente de acceso al poder de la izquierda política en Colombia: que aquí no se llegó a un modelo de nacionalización indiscriminada de tipo comunista o socialista de las empresas, de la tierra o de los medios de producción.
El gobierno del Pacto Histórico logró, además, algo muy importante: darle voz y reconocimiento simbólico a los excluidos, y en particular al campesinado, marginado, paradójicamente, por la Constitución incluyente de 1991. Con los resultados de las elecciones del 8 de marzo de 2026, el Pacto Histórico es hoy la primera fuerza política del país.
El proceso de paz de Santos, al incorporar al grueso de las Farc a la vida legal y desmovilizarlas en 2017, terminó de romper la asociación entre izquierda y guerrilla, así Abelardo de la Espriella y Álvaro Uribe sigan mintiendo al asociar lo que quedó de las Farc a nivel de las disidencias, con el candidato de la izquierda Iván Cepeda. Esa ruptura facilitó el triunfo del candidato Gustavo Petro en 2022. Pero muchos colombianos mal intencionados, mal informados o manipulados, siguen insistiendo en que Izquierda=Guerrilla y en que Iván Cepeda es el candidato de la guerrilla.
La amenaza abelardista de “destripar a la izquierda” como irresponsabilidad con la palabra pública
¿Se imagina el lector qué pasaría si Abelardo de la Espriella llega al poder a aplicar su discurso de que “hay que destripar a la izquierda”? ¿Qué quiere decir eso? ¿Que va a crear grupos paramilitares para asesinar a los dirigentes nacionales y regionales de la izquierda? ¿Que vamos a volver a los viejos tiempos del exterminio de la Unión Patriótica y a magnicidios similares a los de Carlos Pizarro, Bernardo Jaramillo Ossa, Jaime Pardo Leal, José Antequera y Manuel Cepeda? No veo una reacción seria del periodismo ni del poder judicial ante ese tipo de propuesta homicida del candidato de la ultraderecha.
Teniendo en cuenta sus propuestas de seguir el modelo de Milei en Argentina, de desmontar y fusionar arbitrariamente ministerios y entidades estatales, de recortar la financiación de la educación superior pública y de suprimir derechos sociales, entre ellos los logrados bajo el gobierno Petro, y considerando que en tal caso va a producirse una poderosa reacción social ante esas propuestas ultraderechistas ¿va a reprimir a bala el señor De la Espriella, las legítimas protestas sociales que sobrevendrían?
Si también su intención es golpear o acabar con algunas instituciones como la Jurisdicción Especial de Paz, JEP, hay que advertir que le haría un gran daño no solo a los excombatientes guerrilleros acogidos a ese tribunal de la Justicia Transicional, sino también a los 5.116 miembros de la Fuerza Pública que ya lo han hecho y que si estuvieran en la Justicia Ordinaria, recibirían penas de 20 y más años de prisión por sus delitos.
Me parece que de aplicarse las políticas que De la Espriella pregona, desde un discurso agresivo y violento contra la izquierda, pero sobre todo profundamente irresponsable, dada la historia y la tradición de violencia presente en el país, el riesgo sería nada menos que el de una guerra civil entre los colombianos.
A la reciente incorporación de la izquierda legal y civilista al sistema político, de hecho un factor de modernización y pluralización de la vida política nacional, no se puede responder con la vieja política de estigmatización, exclusión y persecución. Una política de ese tipo constituiría un retroceso de 40 años en la historia colombiana y alejaría por muchos años las posibilidades de una transición hacia la paz.
En cuanto a la política exterior, De la Espriella aparece también como un aventurero, dispuesto a feriar la nación y sus recursos naturales para complacer al presidente Donald Trump, que como ya lo vimos en la reciente experiencia de “extracción” de Nicolás Maduro en Venezuela, lo que menos le interesó fue la reconstrucción de la democracia en el país vecino, privilegiando por sobre todo, los intereses de las grandes petroleras norteamericanas.
Teniendo en cuenta estos argumentos, considero que la opción más responsable y sensata con la preservación de la paz y la democracia, en la segunda vuelta, es el apoyo a la candidatura de Iván Cepeda, con exigencias claras de parte del centro político y de los sectores que se sumen a su campaña, de necesarias rectificaciones frente a algunas políticas inconvenientes del actual gobierno.
Las críticas al gobierno del Pacto Histórico y al candidato Iván Cepeda y la necesidad de una vuelta de tuerca en su campaña
El candidato Iván Cepeda que aparece con una actitud de negación y terquedad cuando se le plantea el tema, debe reconocer fallas en el manejo de la paz total y la necesidad de correctivos en futuras políticas de paz. Un argumento válido de los abelardistas es que el gobierno Petro ha sido concesivo en sus diálogos con las disidencias y las bandas delincuenciales urbanas. Esa misma sensación la tuve yo viendo las imágenes televisivas de un acto público en Medellín donde los jefes de las bandas, liberados temporalmente de las cárceles, compartían tarima con funcionarios y senadores del Pacto Histórico. Creo que se debe ir a una negociación de paz en condiciones de autoridad del negociador gubernamental.
Respecto a un tema conectado necesariamente con los diálogos de paz, es evidente que no hay una política de seguridad para las regiones que permita enfrentar con éxito las amenazas militares al orden y la seguridad de los territorios. Como caucano debo decir que la vía Panamericana entre Cali y Popayán ha sido escenario en el último año de graves episodios de violencia de parte de las disidencias de las Farc y de delincuentes comunes. Asesinaron allí a Jorge Edwin Belalcázar, un coach y comerciante de elementos deportivos; balearon la camioneta del senador Temístocles Ortega, sin lograr secuestrarlo; intentaron secuestrar a la senadora Aida Quilcué, rescatada afortunadamente por una rápida reacción de la comunidad y de la Fuerza Pública. En regiones del departamento controladas por las disidencias se roban hoy las camionetas 4×4, como se hacía durante los diálogos del gobierno Pastrana en la zona de despeje controlada por las Farc. Sobre el reciente atentado de las disidencias en el municipio de Cajibío, que produjo la muerte de 20 personas de sectores campesinos y populares con un artefacto de alto poder explosivo, ha habido críticas serias a la falta de una política de inteligencia para prevenir ese tipo de acciones.
Otro frente de la política pública que afectó notoriamente la legitimidad del gobierno de Petro es la grave situación del sistema de salud y en particular la crisis de la Nueva EPS, con más de 11 millones de afiliados. Diariamente distintos medios de comunicación relatan las inconformidades de miles de ciudadanos a lo largo y ancho del país, por las citas otorgadas para tiempos exageradamente largos, las largas filas que tienen que hacer desde la madrugada para obtener las citas, los procedimientos médicos o los medicamentos no entregados. A pesar de la intervención estatal de esta EPS desde abril de 2024 por la Superintendencia Nacional de Salud, no se ha podido revertir esa cadena de pésima atención y negación a los ciudadanos de servicios médicos esenciales. Los interventores nombrados por el gobierno para las EPS no funcionaron, el presidente se queja de que los nombres de los interventores incompetentes se los recomendó Laura Sarabia, el ministro de Salud Guillermo Alfonso Jaramillo afirma que el modelo para la salud de los colombianos será el sistema de atención de los maestros por el FOMAG y la Fiduprevisora y a los pocos días se descubre la crisis e inoperancia de este sistema. En resumen, queda en evidencia una incapacidad administrativa del gobierno en un tema crucial para la gente.
Hay otra preocupación sensata desde diversos sectores políticos (aunque De la Espriella la usa para desprestigiar la intervención estatal y elogiar las privatizaciones), sobre los riesgos de la estatización de la salud y de otras instituciones. Desde mi perspectiva, en aquellos sectores en donde se requiera el fortalecimiento del Estado, hay que pensar necesariamente – y aquí tendríamos que hacerle un reconocimiento a Antanas Mockus- en estrategias paralelas de formación de los funcionarios para el manejo de lo público como un bien común. Sin estos ingredientes culturales y pedagógicos, en las condiciones actuales de degradación clientelar y familista de la política colombiana, estaríamos probablemente generando un nuevo clientelismo de izquierda, similarmente ineficiente al clientelismo histórico bipartidista.
Pasando a las actuales urgencias de la campaña de Iván Cepeda para la segunda vuelta, hay que anotar que en cuanto a las posibles alianzas con el centro político, subvalorado y ninguneado todos estos años por la izquierda del Pacto Histórico, tildado por muchos de sus militantes de inexistente o de tibio, hay que abrir la mente para imaginar un espectro político amplio que pueda articularse alrededor de algunos ejes programáticos para apoyar esa candidatura. Creo que se debería hacer un esfuerzo desde el Pacto Histórico y su candidato para negociar esos ejes de acuerdo con los 10 principios establecidos por Sergio Fajardo.
La idea propuesta por Florence Thomas, tomada de la experiencia francesa reciente, de conformar un “Cordón sanitario contra la derecha”, debería animarnos a demócratas progresistas, socialistas, liberales y conservadores, a conformar un frente amplio por la defensa de la democracia y la independencia nacional.
Los propios ciudadanos del centro político, liderado por Sergio Fajardo y Claudia López, que en conjunto obtuvieron en la primera vuelta alrededor de 1.200.000 votos, deberían pensar en los riesgos de abstenerse de votar o de votar en blanco, lo que sin duda favorecería el triunfo del candidato de la ultraderecha.
Considero necesario también en este momento hablarle a los abelardistas. Tengo claro que en ese electorado hay algunos sectores violentos, que comparten el discurso agresivo del candidato y el odio a la izquierda y a Gustavo Petro, pero también muchos ingenuos y desinformados, que no tienen unos niveles de conocimiento sobre la historia reciente del país y la actual situación política, pero se pliegan sin mayores exigencias a esos discursos emocionales, simplistas y efectistas del candidato De la Espriella.
En cuanto a nuestra posición internacional, Colombia necesita fortalecer la meritocracia y las capacidades técnicas del Ministerio de Relaciones Exteriores, afectada por numerosos nombramientos clientelistas del presidente Petro. Colombia debe diversificar sus relaciones externas, manejando con prudencia, pero con autonomía las relaciones con los Estados Unidos de Donald Trump.
El candidato Cepeda debe ser más consciente que no todo en la antipatía hacia Petro, y por extensión, hacia su candidatura, es solo un producto de la derecha y de su odio al presidente y a la izquierda. Un amplio sector de los colombianos, incluidos seguramente muchos de los que votaron en primera vuelta por De la Espriella, experimenta un cansancio con la figura intransigente y el discurso confrontacional del presidente. Considero que, aunque sincero y generoso, fue un gran error del candidato Cepeda afirmar que el primer acto luego de su triunfo, sería un homenaje al presidente Petro.
Con sutileza y respeto, pero con claridad y decisión, el candidato Iván Cepeda debe diferenciarse de la figura de Petro pues corre el riesgo de que le pase lo que le pasó a Paloma: que con tanta subordinación al patrón de “El Ubérrimo”, nadie creyó en su independencia ni como mujer ni como política.
El discurso beligerante y en perspectiva heróica del presidente en Córdoba el pasado miércoles 5 de junio, expresando su disposición a encabezar una especie de insurgencia civil en el caso de un triunfo de Abelardo de la Espriella, así como su renovado desafío al presidente Donald Trump, si bien resultan comprensibles luego del triunfo de De la Espriella en primera vuelta y de las declaraciones de apoyo de Donald Trump y Marco Rubio a la candidatura del ultraderechista, son preocupantes para el futuro inmediato y posterior de Iván Cepeda. Me parece que prefiguran un horizonte marcado por un líder carismático y mesiánico omnipresente (similar al rol de Uribe Vélez como “presidente eterno”), el cual querrá intervenir de manera permanente y protagónica en los temas nacionales, y en el caso de ser elegido Cepeda, fungir como su sombra o como una especie de tutor político.
Iván Cepeda y el Pacto Histórico han renunciado afortunadamente la semana pasada a la propuesta de impulsar una Asamblea Nacional Constituyente, la cual se convirtió en un factor de sospecha de autoritarismo y de pérdida de credibilidad del presidente Petro, en la medida en que como candidato presidencial en el año de 2018, había prometido y escrito solemnemente en una especie de Tablas de la Ley, junto a Antanas Mockus y Claudia López, que nunca propondría una Asamblea Nacional Constituyente.
Finalmente, quisiera decir que el candidato Iván Cepeda debería, además, ante los temores inculcados por la derecha frente a su eventual presidencia, y dados esos antecedentes de incumplimiento por el entonces candidato Petro de “Los 12 Mandamientos” firmados en la campaña del 2018, ofrecer, desde un discurso claro, argumentativo y contundente, una clara disposición a respetar y acatar todos y cada uno de los controles y contrapesos institucionales de la democracia.
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Fabio López de la Roche, Historiador, Ph.D. en Literatura y Estudios Culturales, Universidad de Pittsburgh, Profesor Titular IEPRI Universidad Nacional de Colombia. Coordinador Centro de Pensamiento en Comunicación y Ciudadanía.
Foto tomada de: El Espectador en Instagram

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