La heterogeneidad de los sueños
El hecho de que Colombia realice un plan de desarrollo cada 4 años permite hacer la trazabilidad a los buenos propósitos del gobierno de turno. López se propuso, hace más de 50 años, cerrar la brecha[*], y para lograr este propósito nos invitó a ser el Japón de Suramérica; Turbay imaginó un país integrado[†], y con Petro pensamos que Colombia podía llegar a ser potencia mundial de la vida[‡].
Los títulos de los planes de desarrollo son una excelente descripción de los sueños que los gobiernos le proponen al país. Es interesante constatar los cambios de énfasis, y la forma como cada administración ha prometido resolver problemas seculares de la sociedad. En la realidad, las brechas continúan y el país todavía no se integra. Pero más allá de estas frustraciones, el discurso tiene una validez intrínseca que no se puede despreciar. Y, bien que mal, han orientado decisiones de la política pública.
Frente a estos mundos imaginarios, los planes han sido muy diversos en sus propuestas fácticas. Quizás el más consistente haya sido Las Cuatro Estrategias[§]. La visión de Currie, que lo inspiró, tiene una alta dosis de pragmatismo.
El nuevo plan de desarrollo, el de Abelardo de la Espriella (Adle) también es un sueño. Y lo reconoce de manera explícita al invocar milagros. El más notorio es pensar que la economía colombiana puede crecer al 6% anual, y que el país estará entre las 25 economías más fuertes del mundo. En las proyecciones que había hecho el ministerio de hacienda, en los próximos años el PIB aumentaría apenas a un promedio anual del 2,5%. No hay ninguna razón para afirmar que el ritmo será casi tres veces mayor. Tiene razón el gobierno en corregir los errores de la administración Petro en el manejo de la energía, pero el estímulo del sector no es suficiente para lograr una meta de crecimiento tan ambiciosa.
El milagro, dice Bravo[**], no está en el hecho mismo. En su análisis del Exodo muestra que no es posible que Moisés haya dividido las aguas del mar para que pudiera pasar el pueblo de Israel. Que tampoco es factible que llueva maná de los cielos. El milagro no está allí, sino en la fuerza del relato, que va más allá de la realidad del acontecimiento. Gracias a la capacidad de la crónica, se construyó toda la ideología sionista. Y de manera más general, no importa si Jesús resucitó al tercer día. Sin indagar demasiado por la realidad del hecho, el relato ha tenido la suficiente potencia para crear el poderoso aparato de la cristiandad. La Inquisición, que siguió a la bula proferida por Inocencio VIII en 1448, se inspiró en las “evidencias” de actos de brujería, y de pactos con el demonio. Este relato justificó la muerte de miles de personas.
Los milagros de Adle tienen su único sustento, como cualquier milagro, en la contundencia del relato. No vamos a crecer al 6%. Pero esta imposibilidad no es relevante, porque lo importante es armar una historia que sea convincente.
Entre los planes de desarrollo no hay continuidad, ni articulación
En Colombia no se han estructurado proyectos de mediano y largo plazo que sean respetados por los diferentes gobiernos. Esta falta de continuidad es una de las explicaciones al atraso en competitividad e inclusión social.
Con toda razón, el gobernante recién elegido afirma que debe responder a sus electores. Y si el programa que presentó como candidato no tiene nada que ver con el de la administración saliente, es imposible que haya continuidad. Los 6 ejes articuladores del nuevo plan de desarrollo[††] no se articulan con las transformaciones de Colombia Potencia Mundial de la Vida. No es un problema del tránsito de Petro a Adle, sino que es un mal estructural del Estado colombiano.
El plan de desarrollo nacional tampoco se articula con los de administraciones locales. Con la misma lógica, alcaldes y gobernadores afirman que su compromiso es con el programa que presentaron como candidatos, y ello se tiene que reflejar en su plan de desarrollo. No es extraño, entonces, que el plan de desarrollo de Bogotá no tenga nada que ver con el plan nacional. Sucede lo mismo con el resto de las ciudades y los departamentos.
Los ejes del plan de Adle son:
i) Reconstrucción, transformación y resiliencia. El punto de partida de este eje es el terremoto. Es el elemento constitutivo del “plan Marshall”. Dada la amplitud de los daños (15 departamentos), el plan tendría que diseñar una estrategia ambiciosa de ordenamiento del territorio. Si así fuera, habría una línea de continuidad con el plan de Petro.
ii) Patriotismo constitucional. Tiene que ver con seguridad, justicia y democracia. Allí se propondrían los mecanismos para garantizar la paz. Claramente, como lo ha manifestado el presidente, su concepción de la paz y de la seguridad es completamente diferente a la de Petro. La ruptura es radical.
iii) Milagro social. Se menciona la protección social y la generación de capacidades. Se encontrarían salidas a la crisis de la salud, y se estimularía la educación. Las declaraciones del gobierno indican que se incentivaría la vivienda, y se ampliará la cobertura de los servicios públicos. En este tema también se están presentando rupturas con Petro, sobre todo en los temas relacionados con la salud y los servicios públicos.
iv) Milagro económico. La Misión Crecer que ha propuesto incrementos del PIB del 6% tiene dos retos titánicos. De un lado, coordinar a los sectores. El vicepresidente se ha propuesto la tarea de articular a 10 ministerios. Se trata de romper una lógica fragmentada que está enquistada en la administración pública, y que no pudo modificar con el plan Petro, a pesar de que las transformaciones que se propusieron, obligaban a la coordinación sectorial.
Y el otro reto es la concreción de proyectos estratégicos de carácter regional. Este objetivo ha sido mencionado varias veces por el presidente. Es un propósito loable y absolutamente necesario. La primera tarea urgente debería ser coordinar el manejo de los $25,9 billones de las regalías de los próximos dos años. Por la forma equivocada como se asignan las regalías a través de los Ocad (Órgano Colegiado de Administración y Decisión), es factible que este volumen considerable de recursos termine despilfarrándose en 5.000 pequeños proyectos, como sucedió en los dos años anteriores.
v) Colombia en las regiones. La descentralización es fundamental, pero su visión tiene que tener una clara dimensión regional. Se equivoca el presidente reduciéndola a Barranquilla y a Cali.
Es urgente presentar un proyecto de ley de competencias, tal y como lo exige el Acto Legislativo 03 de 2024[‡‡]. El articulado que llevó Petro al Congreso no era pésimo, porque no consideró seriamente la geografía, y terminó asignando los recursos en función de la población, en medio de la disputa entre los sectores de educación, salud y agua.
vi) Transformación del Estado. Se menciona la reducción del tamaño del Estado. Este propósito es imposible. Los recursos que se le están quitando a algunos ministerios, se le entregan a otros. El presupuesto del 2027 de Adle incrementa el gasto de manera considerable. Se repite que la gestión tiene que ser por resultados. De esto se habla en Colombia hace, por lo menos, 30 años. Este gobierno debería tomar en serio el presupuesto por programa que se aprobó en Colombia Potencia Mundial de la Vida, que todavía no se aplica. Es un mecanismo compatible con la Misión Crecer.
Más allá de Petro
El nuevo plan de desarrollo debería rescatar cuatro mecanismos del plan de Petro, que contribuyen a los cambios estructurales que necesita el país: i) La continuación del catastro multipropósito, que es la condición básica para la modernización del sector agropecuario. Durante los últimos 4 años la actualización pasó del 9% al 50%. ii) La consolidación del Registro Universal de Ingresos (RUI), que permitirá realizar un salto cualitativo en la política social. La asignación de los recursos se realizará de manera eficiente, y se podrán eliminar instrumentos actuales como la estratificación y el Sisbén. iii) El fortalecimiento del presupuesto por programa, que es la pieza clave para que la Misión Crecer sea exitosa. iv) Avanzar en los cinco indicadores de desigualdad: hogares, riqueza, tierras, inmobiliario y bursátil. Con esta información se podrá conocer de manera integral los logros en la lucha contra la desigualdad. El Dane ha avanzado en la cuantificación de estas 5 medidas.
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[*] DEPARTAMENTO NACIONAL DE PLANEACION, DNP., 1975. Para Cerrar la Brecha. Plan de Desarrollo Social, Económico y Regional 1975-1978, DNP, Bogotá.
[†] PRESIDENCIA DE LA REPUBLICA DE COLOMBIA., DEPARTAMENTO NACIONAL DE PLANEACION, DNP., 1979. Plan de Integración Nacional, PIN. Plan Nacional de Desarrollo 1978-1982, DNP, Bogotá.
[‡] REPUBLICA DE COLOMBIA., 2023. Ley 2294. Por la Cual Se Expide el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026 “Colombia Potencia Mundial de la Vida”, Congreso de la República, Bogotá.
[§] DEPARTAMENTO NACIONAL DE PLANEACION, DNP., 1972. Las Cuatro Estrategias, DNP, Bogotá.
[**] BRAVO Carlos., 1968. Una Experiencia de Dios en la Historia: La Concepción del Milagro en el Exodo, Tercer Mundo, Bogotá.
[††] DEPARTAMENTO NACIONAL DE PLANEACION, DNP., 2026. Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030. Lineamientos para la Elaboración del PND. Sesión con Enlace de Sectores Responsables, DNP, Bogotá.
[‡‡] REPUBLICA DE COLOMBIA., 2024. Acto Legislativo 03. Por el Cual Se Fortalece la Autonomía de los Departamentos, Distritos y Municipios, Se Modifica el Artículo 356 y 357 de la Constitución Política y Se Dictan otras Disposiciones. Segunda Vuelta, Gobierno Nacional, Bogotá.
Jorge Iván González
Foto tomada de: Diario de la Economía

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