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Llegó la hora de la verdad. Colombia escoge entre el abismo o el progreso

25 mayo, 2026 By Luis Bernardo Díaz Leave a Comment

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El próximo 31 de mayo Colombia elige su presidente de la República. El mundo está a la expectativa de lo que ocurra. No es fácil en un cuatrienio que el progresismo haya realizado todas las reformas que requiere el manejo elitista de un puñado de plutócratas que gobernó al país durante 200 años. Por ello, el dilema es claro: o Colombia escoge la visión progresista de las grandes transformaciones que superen el grave atraso en que nos sumieron las clases oligárquicas del país, o caeremos en un abismo donde lo que prime sea el neofascismo neoliberal, como lo dicen Guamán y Aragoneses en su libro “Neofascismo. La bestia neoliberal”.

“Quién manda en Colombia. Elites, poder y nación” es un libro recientemente presentado en la Filbo por Jenny Pearce y Juan Velasco, y analiza la llamada “constelación de élites”: a saber, la oligárquica, la tecnocrática, la gremial, la política y la judicial. Cada una desde su orilla ha intentado frenar el cambio impulsado por el Gobierno Petro a favor de los desposeídos, de los que no han tenido voz. De allí nace su impresionante resultado de favorabilidad ad portas de concluir su mandato por encima del 50%, que obviamente se reflejan en la intención de voto por Iván Cepeda que gana prácticamente todas las encuestas a sus rivales más cercanos, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia.

Tanto Invamer Gallup, como Guarumo y el CNC, otorgan un amplio margen de ventaja a Iván Cepeda como favorito para ganar las elecciones presidenciales. No es fácil vaticinar si en primera o en segunda vuelta, pero indudablemente las orientaciones preferenciales del electorado se orientan por el candidato de izquierda, algo difícil de creer en un país que hasta hace poco se consideraba de derecha. Ha sido Gustavo Petro y su Gobierno popular el que le ha impreso un sello democrático a la política desde el Gobierno, si bien –como él mismo lo ha dicho- “tener el Gobierno no es tener el poder”, refiriéndose a los factores externos como las oligarquías.

Las extraordinarias manifestaciones realizadas por Cepeda y el Pacto Histórico en plazas abiertas, demuestran que es el candidato favorecido por las mayorías. Los demás difícilmente han logrado realizar esas concentraciones, salvo al final con el apoyo de las maquinarias de los clanes y con grandes aportes dinerarios.

Los discursos serios del candidato Cepeda, rigurosamente preparados, hablan de un filósofo aspirando al solio de Bolívar. Su trayectoria como defensor de derechos humanos lo coloca en un plano ético muy alto frente a un abogado con oscuro pasado y a una marioneta del expresidente Uribe. El centro está prácticamente borrado en las encuestas.

Me he puesto a releer los libros de Iván Cepeda que en coautoría ha escrito sobre el Ubérrimo y el paramilitarismo en Colombia, el de Víctor Carranza, el de la agenda internacional y otros escritos que demuestran un académico comprometido con la defensa de la justicia social y la vida, con la construcción de la paz en un país violento. Ello le ha valido descalificaciones de sus enemigos, pero también reconocimientos como el de León Valencia en su reciente biografía lanzada en la FILBO. Iván ha sido víctima, como María José Pizarro, pues le asesinaron vilmente a su padre.

El origen auténticamente democrático de Cepeda al ganar la consulta del Pacto Histórico en octubre, lo perfila como un vocero con fuerte respaldo en las urnas. Haber sido un excelente parlamentario, con grandes debates políticos, demuestra su talante. Es estudioso, riguroso, ordenado y académico. Eso es prenda de garantía para un ejercicio presidencial óptimo. Su fórmula vicepresidencial además de ser un símbolo, representa una parlamentaria comprometida con las causas de los pueblos más desfavorecidos, incluyendo los pueblos originarios, de donde proviene orgullosamente. Colombia podría tener una vicepresidenta indígena por primera vez en su vida republicana, lo cual no es un acento menor.

Cepeda ha tenido que desmontar poco a poco las falacias de la oposición. Por ser Gobierno es fácil caerle con ataques bajos, que ha sabido sortear. Por ejemplo, citaremos tres crisis: la salud, el orden público y el déficit fiscal. Su programa de Gobierno ha logrado calar hondamente en la población. Los programas de sus más cercanos contendores son bastante mediocres.

Respecto a la salud, heredamos la Ley 100 de 1993 (Gobierno César Gaviria) con ponencia favorable de Uribe Vélez, sistema que ha matado cerca de 5 millones de compatriotas. Daniel Quintero, Superintendente de Salud, personalmente ha allanado sitios donde están acaparando los medicamentos para no entregarlos a los enfermos, y valiéndose de una fementida escasez para atacar la imagen del Gobierno, cuando son las EPS las culpables de la crisis. El modelo es perverso, como lo ha señalado la exministra Carolina Corcho con gran maestría. Recientemente el atropello de Keralty ordenando a los empleados de Sanitas EPS a votar por la derecha y conseguir votos por esa facción, es un claro atentado a la democracia y un constreñimiento al elector que tipifica un delito. Las adhesiones de empresarios como Arturo Calle y Mario Hernández a la derecha demuestran que los empresarios ricos se juegan en contra de las opciones niveladoras. Compensar suspendió recientemente los servicios fuera de Bogotá, para “emberracar” a sus usuarios para que voten contra el cambio. Han sido los senadores de la derecha los que han impedido que se apruebe la reforma a la salud y la jurisdicción agraria, entre otras iniciativas.

Respecto al orden público, es evidente que está alterado. Pero no es por culpa de la Paz Total, sino de personajes siniestros dedicados al narcotráfico o a crear actos terroristas, como ocurrió en Tunja y Riohacha con dos volquetas cargas con explosivos y que después se ha sabido que son personas de la derecha los que la han colocado para generar alarma entre la población para que voten por esa facción.

Respecto al tema fiscal, es evidente que en las Altas Cortes le han frenado el gravamen a las multinacionales minero energéticas de las deducciones de las regalías, así como el Congreso ha paralizado la Ley de Financiamiento, que gravaba a los capitales más poderosos. Las cortes quedan al servicio de esas oligarquías, lo cual indicaría la necesidad de una Constituyente para cambiar este modelo de cosas que altera la democracia.

Las adhesiones de las fracciones progresistas del Partido Liberal, así como del Partido Verde y de figuras como Cristo, Murillo, Carlos Caicedo y otros, han fortalecido la candidatura de Cepeda que nunca ha bajado en las encuestas del primer lugar, salvo en sondeos bastante dudosos de la Revista Semana y sus dueños los Gilinsky.

Sigue la incertidumbre sobre la transparencia del sistema electoral más que todo por la figura del Registrador, y de un Consejo nacional Electoral parcializado y politiquero, que debería cambiar de estructura. Lo que hay no sirve.

El Pacto Histórico se ha consolidado como la fuerza más votada en las últimas elecciones de Congreso en marzo, eligiendo congresistas que habían sido escogidos por la militancia de base en unas consultas primarias históricas. Ello apuntaló la candidatura de Cepeda, donde el Pacto se muestra integrado monolíticamente, sin fisuras, distinto a la derecha que va con dos nombres, si bien ambos son uribistas, no lo perdamos de vista. El intento de Paloma de atraer a Fajardo a las toldas uribistas le salió muy mal y quedó en un total desprestigio. A Abelardo le han sacado además de los escándalos de DMG y otros, que timó a los familiares de Rosa Elvira Cely, lo cual no tiene nombre. También por ser abogado del recién extraditado a EEUU Alex Saab, acusado de crímenes en Venezuela. La actitud energúmena de Uribe en Rionegro al salir a borrar un graffitti que hablaba de los 7.837 falsos positivos (las cuchas tenían razón) es un fenómeno autoritario, frente a una expresión de memoria histórica.

En el plano internacional, hay que tener mucho cuidado con Trump y su entorno. A Noboa le salió mal lo de imponer aranceles abusivos unilateralmente y la Comunidad Andina le anuló dichas medidas. Es peligroso el Programa Palantir y la Operación Júpiter de Jaime Bermúdez Merizalde, que mueven recursos para confundir al pueblo. También lo confesado por el barco hondureño Juan Orlando Hernández –indultado por Trump- respecto a los ataques cibernéticos contra Petro y Claudia Sheinbaum. Las declaraciones de Bernie Moreno en el sentido de advertir que Estados Unidos se reserva el derecho de aceptar o no al nuevo Presidente colombiano, es una amenaza evidente a la cual el pueblo no le debe temer, pues Trump está ocupado en su guerra en Oriente Medio y no se vislumbra solución a corto plazo. El sionismo de Netanyahu sigue asesinado libaneses y palestinos en Gaza. Sin embargo, la gente de Paloma y ella misma dijeron que no hubo genocidio en Gaza (salvo Oviedo y otro).

Las contradicciones entre Paloma y su fórmula Oviedo, a quien consideran “llanta de repuesto”, amén de otras distancias ideológicas (como la adopción gay), demuestra una fórmula pegada con babas. Manuel Restrepo el vice de el Tigre, por su parte, tiene responsabilidades graves durante el Gobierno Duque que se le han venido sacando y lo han desacreditado como un privatista y elitista.

Hay un alto número aún de indecisos que hay que convencer en lo mejor para Colombia. Muchos se decidirán frente a las urnas en el último momento. Hay que esperar ataques aleves desde la derecha y de los grupos armados que le hacen el juego. Por ello, hay que frenar esas falacias y utilizar las redes sociales alternativas para cuidar la buena imagen del presidente Petro y la de su candidato, que se perfila como el próximo Presidente progresista de Colombia. Para ello, hay que cuidar todos los votos en las 122.000 mesas habilitadas para ejercer el derecho al sufragio. De lo contrario, habría altos riesgos de fraude. Vigilancia, mucha vigilancia.

Luis Bernardo Díaz. Phd en Derecho Universidad Complutense de Madrid.

Foto tomada de: Zona Informativa Putumayo

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