Chao, Vanessa, mi terapeuta de 28 años.
Tengo tres primos que trabajan acomodando bultos en Corabastos. Todos votaron por El Tigre. Me quejé ante otro primo, que es profesional. Me explicó que a ellos les habían prometido crédito para ser emprendedores. Y me espetó: a ellos los entiendo. Lo que no entiendo es a los profesionales amigos míos que votaron por el neofascista, sin que les compraran el voto.
En la excelente entrevista que le hizo María Jimena Duzán a Ángel Beccassino –el arquitecto de la campaña de Rodolfo González que casi le gana a Petro–, este experto también cree, como Vanessa, que El Tigre hizo excelente márquetin político pero que no va a destripar a los izquierdistas y todas esas arbitrariedades con las que emocionó al 50% de los colombianos, porque “es un hombre práctico”. Léase, y esta mi interpretación, no la del asesor argentino, porque el otro 50% de los colombianos no se van a dejar destripar impunemente, como hizo Uribe en 20 años de hegemonía, hasta que ahora la Corte lo llamó a rendir cuentas.
Es natural que entremos en intensos debates explicando las razones de la pérdida de la presidencia del Pacto Histórico, por escasos 250.000 votos, el triunfo de El Tigre o la derrota de Uribe Vélez. Al final, los historiadores construirán sus relatos, más o menos consensuados.
Por ahora, me atrevo a sugerir que el relato que se impondrá no está en los errores de Cepeda, o en las fallas de Petro, en los crímenes imputados a Uribe, en el teatro montado por De la Espriella o en el poder alucinante de Trump. El relato dominante estará definido por el futuro inmediato a construir. Esperen un poco y me explico.
Si de verdad el Presidente Tigre intenta cumplir plenamente sus promesas, empezando por reintegrar a los generales defenestrados, declarar la guerra total, fumigar los cultivos de coca, reprimir a sangre y fuego las protestas sociales, desmontar las conquistas laborales del actual Gobierno, reducir el 40% del funcionariado público, revertir la reforma agraria y un largo etcétera, tendremos dos escenarios: que los grupos alzados en armas se crezcan e intenten convertirse en los contendores-interlocutores del régimen autocrático que se impondrá; el otro escenario posible es que sea la movilización social, dentro de la institucionalidad, dirigida por el Pacto Histórico, la que enfrente el régimen liderado por De la Espriella. En el primer caso el relato se parecerá al del año 2002. En el segundo habremos construido un nuevo país.
Asumo que el ELN y parte de las Disidencias de las FARC, no quisieron negociar la incorporación a la lucha política dentro de la institucionalidad durante el Gobierno dirigido por Petro esperando este momento, para crecerse. Es decir, buena parte del éxito de El Tigre y de la pérdida de Cepeda se debe a la acción de los grupos armados que se opusieron a la Paz Total. Esas son las razones encubiertas de votantes como Vanessa.
La derecha de este país logró utilizar el fracaso de las negociaciones de paz, el mantenimiento de la extorsión, del control territorial y de la violencia de los reductos armados, para estigmatizar a Cepeda, al proyecto de la izquierda y del progresismo. El futuro de la guerra prometida por De la Espriella puede construir el verdadero relato de estas elecciones.
Si, al contrario, De la Espriella reconoce al Pacto Histórico como vocero legítimo de la mitad de los colombianos y construye con ese Partido y los movimientos sociales un acuerdo nacional, antes que crecer a los actores armados, el país entraría en una nueva época institucional y política. No se trataría de un nuevo Frente Nacional y de repartija burocrática. Solo de escalar la democracia: mantener al menos las reformas progresistas emprendidas en este Gobierno y concertar ajustes necesarios. Por desgracia, no parece ser ese el camino del Partido de los patriotas faranduleros y enceguecidos.
En los años 70 del siglo pasado la izquierda en Colombia no pasaba de 250.000 votos en las elecciones y casi siempre a la cola de un partido como el MRL o la ANAPO o los liberales veintejulieros. Solo cuando los grupos guerrilleros aceptaron hacer dejación de las armas y retar al régimen dentro de la institucionalidad, la izquierda pudo crecer electoralmente. Así se logró hacer la Constitución de 1991 y luego alcanzar gobiernos municipales, departamentales, hasta llegar al Ejecutivo nacional con Gustavo Petro.
El relato histórico de la Constitución de 1991 y hasta las reformas emprendidas en el Gobierno del Cambio, se explica porque la izquierda y el progresismo asumieron la lucha política dentro de la institucionalidad.
La derrota de la izquierda el 21 de junio tiene muchas causas, pero la fundamental, en mi entender, fue el interés de los reductos armados como el ELN por mantenerse en el ejercicio de la violencia sin opción de poder nacional, solo de poder local.
Le pedí a Vanessa, mi terapeuta, que en dos años, si estamos vivos, me cuente si de verdad el domingo pasado ella ganó o perdió. Y si me encuentro a Beccassino, el experto a sueldo de Rodolfo González y biógrafo del Tigre, lo felicitaré por el análisis sobre cómo las emociones han superado a las razones en la política, y por notar que en el futuro en la izquierda tendremos un potente partido dirigido por Petro, Cepeda y Carolina Corcho, entre otros. Habrá futuro.
Jorge Reinel Pulecio Yate
Foto tomada de: El País

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