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Economía neoliberal y economía de la innovación: crisis y transición (I)

27 abril, 2026 By Jaime Acosta Puertas Leave a Comment

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El neoliberalismo acaba con el Estado regulador, concentra riqueza e incentiva la corrupción, mientras que el Estado emprendedor y la economía de la innovación invierte en transformación productiva, ciencia, desarrollo sostenible y equidad. Es la diferencia entre ideas neoliberales y pensamiento progresista. Mientras lo primero está en crisis en Colombia y en el mundo, lo segundo emerge y tiene sus mayores retos en los siguientes años.

El gran fracaso: el ciclo neoliberal en Colombia (1991–2022)

Todo comenzó con la apertura comercial de un neoliberalismo radical cuya primera ola duró hasta 2002, luego transitó a la dependencia de los productos minero-energéticos en los siguientes veinte años del siglo XXI, y desde 2022 explora una transformación productiva que requiere más claridad teórica, política y acuerdos entre Estado, empresas y sociedad, los cuales deben consignarse en la Constitución.

La sustitución de importaciones se sustentaba en una política industrial. Se agotó porque prolongó el proteccionismo y no alcanzó a superar la dependencia tecnológica, aunque sembró capacidades de investigación con una importante cantidad de institutos y centros de investigación, organismos de apoyo a la industrialización, y arreglos institucionales para hacerla posible.

La desaforada privatización y la desindustrialización, fue un tremendo error, porque Colombia no ganó en productividad, desarrollo, soberanía y equidad. Con un empresariado que poca o ninguna ciencia, tecnología e innovación demandó, no tenían mucho que defender, por eso únicamente cambiaron el letrero de productores a importadores. Lo correcto era revisar la industrialización por sustitución de importaciones para transformarla con el propósito de fomentar las exportaciones en un mundo que luego de la segunda guerra mundial le apostó al libre comercio y a la globalización de los mercados.

El proteccionismo no evolucionó, pero la apertura neoliberal fue peor, porque desvertebró el empresariado industrial e impuso unos opacos arreglos institucionales que derivaron en un precario empresariado que no se dedicó a la productividad para transformar la estructura productiva vía la inteligencia y la creatividad orientada a la innovación, sino que privilegió beneficiarse de las economías ilícitas y capturar dineros públicos fomentando una cultura de la corrupción y del beneficio inmediato.

Así, Colombia no acumuló superiores capacidades de desarrollo, bienestar, igualdad, estabilidad, paz y equilibrio, donde una nueva política industrial debió ser la principal política de Estado, junto a ciencia, tecnología, innovación y educación, con el fin de desarrollar sectores productivos estratégicos, nuevos y conocidos.

El abandono de la industrialización desde 1991 ha dejado un trauma difícil de superar, porque la idea de desarrollo a través de una poderosa política que conduzca los destinos del modelo económico, de sociedad y del Estado, se prohibió y convirtió en una herejía promovida por la “Escuela de Chicago” en los años 1970, y que derivó en el Consenso de Washington, en los TLC, en la privatización[1], la desregulación financiera, la reducción del rol del Estado en la economía, y la menor inversión, tan lejana de las economía de Asia Oriental que logran entre 12 y 20% anual más de inversión que Colombia en las últimas tres décadas.

Nuestro país se desindustrializó, mientras los asiáticos avanzaron en sectores de mayor complejidad tecnológica. Atraen inversión con empresas que llegan a hacer investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) en sus países, disparando las oportunidades y las capacidades de aprendizaje e innovación que están en el sustrato cultural. Son impactos que Colombia aún no asimila a pesar de algunas islas de innovación en unos territorios y en la nación.

Entonces, las políticas para un crecimiento medio-bajo, orientó una subordinación a partir de la dependencia de los recursos naturales, y muy escasas actividades de alta tecnología, las cuales, en 1991 iniciaron un proceso exponencial de crecimiento y dominio de la producción y del comercio mundial de bienes y servicios.

Paradójico, mientras el neoliberalismo desindustrializaba a Colombia, el mundo se industrializaba en nuevas tecnologías que derivaron en el surgimiento exponencial de servicios complementarios como parte de las cadenas globales de suministro. Tres revoluciones tecnológicas emergieron en los últimos 35 años, y Colombia las ha visto pasar por el frente.

Le apostó a un mediocre crecimiento, tanto, que la violencia no se fue, ni llegó el desarrollo y la superación de las desigualdades. Tomó el camino de un capitalismo extractivista, especulativo, violento, ilegal, rentista y poco productivo.

Llegaron los centros comerciales y no los centros de investigación y de innovación. Una sociedad de consumo y no de creadores, innovadores y emprendedores. Colombia fue conducida a importar tecnología.

La idea de disponer de una política industrial que promueva cambios en la producción hacia actividades y sectores industriales avanzados y sus complementarios servicios igualmente avanzados, aún no se ha elaborado, por lo tanto, no se ha logrado estudiar, imaginar, discutir, diseñar e implementar. Entonces, el asunto no es tener doctores en ciencia ajena, es tener doctores para construir una ciencia propia que se inscriba, integre y haga parte de la ciencia mundial.

El resultado, un mediocre y eterno crecimiento medio-bajo en el promedio del crecimiento mundial, con enorme pobreza, la cual, si bien ha cedido aún es inmensa (32% de la población) y sin ninguna posibilidad de bajarla a un dígito, por dos razones: una desigualdad estructural económica, social, racial a nivel intra e interterritorial; y una precaria movilidad social porque las oportunidades de empleo y de crear empresas innovadoras e instituciones públicas innovadoras, está determinada por una estructura productiva donde el potencial de innovación, investigación y desarrollo de tecnología, es reducido por culpa de la dependencia tecnológica. Por eso Colombia exporta y pierde tanto capital humano.

Las dos ingenieras y los dos ingenieros colombianos en el proyecto Artemisa II, si no se hubieran ido de Colombia hoy serían cuatro profesores universitarios y directores de cuatro grupos de investigación de algunas universidades y adscritos al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, publicando papers, haciendo consultorías, y llevando la vida con calma para jubilarse como profesores e investigadores distinguidos.

A Venezuela de nada le sirvió adquirir un avanzado arsenal militar, porque era producto de un conocimiento externo y no nacional.

Irán es la otra cara de una economía emergente que desarrolló capacidades científicas y tecnológicas durante más de veinte años con el fin de prepararse para lo que sabía que algún día vendría de Estados Unidos e Israel: la guerra. Lo de Venezuela fue indigno, lo de Irán es asombroso.

Colombia no haría mucho más que su vecino. Sin embargo, hay progresos que serán parte del segundo artículo: reindustrialización e innovación en el sueño progresista.

Colombia y Brasil: trayectorias divergentes entre neoliberalismo y desarrollo productivo

Colombia produce bienes y servicios con una mínima inversión en ciencia y tecnología (0.30% del PIB), educación de baja calidad en términos comparativos internacionales, y economía del mercado con un débil Estado regulador, con lo cual ha derivado en una cultura distópica de corto plazo negada para imaginar y hacer realidad utopías.

Por esto y más, no se considera una economía innovadora con un modelo de desarrollo productivo enfocado en la productividad y en la ciencia, base para una educación de mayor calidad y comprensiva de la importancia de elevar su calidad para beneficio de la economía, de la sociedad y del Estado, donde la prioridad es la ciencia y la educación para la reindustrialización, no la economía de mercado.

Brasil ha desarrollado más sectores competitivos en recursos primarios y algunas industrias de alta tecnología. Invierte mucho más que Colombia en ciencia y tecnología (entre 1.2 y 1.4% del PIB, con participación de 0.55% del sector privado). Por sus mayores capacidades, negoció la producción de aviones de combate con Suecia, los cuales se están fabricando en Brasil para aprovechar capacidades acumuladas, y hacer esfuerzos adicionales de aprendizaje y apropiación.

Por sus capacidades, en el actual escenario de alta tensión internacional y del intento de imponer un nuevo colonialismo en el siglo XXI, Brasil piensa en la necesidad de desarrollar una potente industria militar defensiva de alta tecnología.

Con los gobiernos progresistas la industrialización y la ciencia han avanzado mucho en Brasil. Pero, con Bolsonaro, la ultraderecha neoliberal cerró la fábrica nacional de semiconductores en Porto Alegre, aunque en 2023 se paró su liquidación con el gobierno del presidente Lula, considerando que es un activo estratégico en la soberanía productiva y tecnológica de Brasil.

Además, dispone de otras empresas en el campo de semiconductores, incluida una reciente de la Universidad de Sao Paulo, y otra asociada con Corea del Sur. Incluso, es líder mundial en la producción de niobio, material clave en la fabricación de imanes superconductores.

Mirar adelante

La economía del mercado fue incapaz de llevar a Colombia a una nueva etapa de desarrollo, considerando que el conocimiento y la creatividad aplicadas al desarrollo productivo y general de la nación, no fue una prioridad.

En contraste, para el progresismo la economía de la innovación plantea desafíos multidimensionales relacionados con la articulación entre reindustrialización ciencia y tecnología, justicia social, sostenibilidad ambiental, desarrollo regional y fortalecimiento institucional.

La posición de la ultraderecha colombiana para un retorno al pasado, es delirante. Lo que han hecho las Cortes y el Senado de la República al negarle recursos al gobierno progresista, es un genocidio contra las políticas sociales.

El camino hacia una reforma profunda del Estado y del modelo económico no es únicamente una opción política, sino una condición histórica para superar el rezago estructural del país.

________________

[1] No todas las empresas públicas estaban mal administradas, caso de ISAGEN, AIRES, Banco Cafetero, Monómeros Colombo Venezolano, entre otras.

Jaime Acosta Puertas

Foto tomada de: Medellín.travel

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