“Hace diez años en Colombia ganó un plebiscito por el NO a la paz. Diez años después gana la Presidencia de la República el NO a la vida”
Un nuevo triunfo del NO
No hay generaciones de paz, hay generaciones de guerra. No hay generaciones de progreso, hay generaciones de retroceso. No hay generaciones de la transparencia, hay generaciones de la corrupción. No hay ciclos continuos al desarrollo, sino periodos eternos de subdesarrollo.
No hay justificación para que la irracionalidad se impusiera sobre la razón, como si fuera una monstruosa deformación genética en la sociedad puesto que se insiste en la violencia que muta de un monstruo político y social a otro, otro y otro. Así pasan en Colombia los años y los siglos.
El desarrollo sostenible con igualdad es una emocionante ciencia ficción de mundos ideal en otras sociedades, pero no en Colombia, donde existen decepcionantes imágenes distópicas (sociedad indeseable y opresiva donde a la vida le va mal a través del abuso de poder, la desigualdad, la violencia, extrema división de clases sociales, y atrasos acumulados en educación, en ciencia y en desarrollo productivo) perpetuando el subdesarrollo y la penuria para millones de ciudadanos.
Colombia perdió la maravillosa oportunidad de tener un filósofo y humanista defensor de la vida y de la igualdad, como presidente de un segundo gobierno progresista. Optó por una espantosa negación de una sociedad distinta y mejor.
No hay disculpas que sirvan, porque Petro, el primer presidente progresista de la historia del país de los desaparecidos, no lo hizo mal si tenemos en cuenta que el poder se le vino encima y bloqueó las reformas sociales, económicas y políticas.
Doce millones setecientos mil ciudadanos entendieron de la importancia de profundizar el cambio, por eso están tristes e indignados, porque no entienden cómo es posible que haya ganado la estupidez.
Fue la corrupción político electoral la que ganó la presidencia con la compra de votos, la coacción de los empresarios a sus empleados para que votaran por el presidente neo-libertario, y la coacción de los políticos de derecha y ultraderecha a sus nóminas burocráticas.
El sistema electoral de Colombia es anacrónico y corrupto. Las empresas electorales que compran conciencias, son organizaciones que saben hacer su trabajo, e innovan cada cuatro años según el momento político.
Los grupos de investigación de las universidades deben investigar cómo es ese mundo oscuro de las elecciones desde los partidos de derecha y ultraderecha, cómo son las “empresas” que hacen el fraude electoral, porque en elecciones transparentes jamás hubiera ganado la franquicia de De la Espriella.
Sin compra de votos y coacción de los empresarios a sus empleados, Iván Cepeda hubiera ganado y por mucho. Lo que pasó el 21 de junio fue malo, muy malo para Colombia.
Anarcocapitalismo vs progresismo
Terminaron diez meses de una ingrata campaña por la presidencia de la república de Colombia. Diez meses donde el progresismo sobrevivió a todo tipo de ataques desde el poder político, electoral, económico y extranjero, el cual construyó un singular outsider, que no es enemigo del establecimiento, más bien una nueva expresión, porque profundizará el neoliberalismo entendido como: apertura comercial asimétrica vía los TLC (tratados de libre comercio), desregulación para disponer de un Estado mínimo y privatización de todo lo que sea posible, hasta que no quede Estado, solo economía del mercado: 166 organismos y empresas públicas desaparecieron entre 1991 y 2022, y 134 piensan cerrar y/o vender De la Espriella & Restrepo, porque Colombia tiene dos presidentes: el de la cápsula de cristal y el “tecnócrata”, como se conocen a los neoliberales de César Gaviria & Sucesores.
Por eso también traen en el bolso el libertarismo (Estado aún más reducido actuando en pocos espacios: finanzas públicas, justicia, relaciones exteriores, justicia y defensa, y dos superministerios para los demás sectores) priorizando la libertad individual en lo económico y social, privatizando la justicia, la salud, destruyendo la educación pública, rechazando la intervención del Estado y los altos impuestos a los mega ricos, pero extendiendo la tributación a los pobres, y al mismo tiempo abatir el asistencialismo social, negando derechos y reduciendo otros. Es el anarcocapitalismo.
Lo opuesto es el progresismo que busca mejorar la calidad de vida y el bienestar a través de reformas sociales y políticas para reordenar el Estado, desarrollar la producción impulsando nuevas industrias y servicios avanzados basados en el conocimiento, en la innovación y el desarrollo sostenible, eliminar la dependencia de las economías extractivas para proteger el medio ambiente, por tanto, cree en la aceleración de la transición energética, por eso le dice NO al fracking.
El progresismo desarrolla la educación, la ciencia, la tecnología y el conocimiento, a través del acceso universal a la educación pública y a la salud, a la cultura, a la investigación científica y tecnológica, y promueve mejores condiciones laborales.
Es difícil que conversen el progresismo y el neo-libertarismo colombiano, porque sus objetivos son distintos, por tanto, la mirada del país es totalmente opuesta: el buen país y el mal país.
Para el progresismo, el bienestar, abatir desigualdades y un mejor Estado para una economía avanzada, innovadora y sostenible difundida por todos los territorios según condiciones y características de los mismos.
Para los neoliberales libertarios el fin del Estado y todo en manos del mercado, restringiendo derechos, libertades, e imponiendo un Estado mínimo y precario, hasta convertirlo en una super oficina que operará desde la Casa de Nariño, porque el resto del poder ejecutivo prácticamente desaparece. Así, los poderes legislativo y judicial se vuelven funcionales a las desventuras del poder ejecutivo.
El mañana: consolidar la fuerza progresista
Una primera recomendación es leer, leer mucho, libros en papel o escritos en los medios digitales. Leer mucha historia, porque sin conocer el pasado es difícil construir el futuro, por eso surgen personajes como Uribe, Duque y De la Espriella.
La ignorancia producto de una mala e insuficiente educación, vuelve frágil a la sociedad ante las malas propuestas que conducen a equivocadas decisiones electorales, porque la ignorancia se lleva por delante la razón, como ocurrió en Colombia el 21 de junio, puesto que, incluso, sin votos comprados y votantes coaccionados, son demasiados los que decidieron de manera irracional.
Ese gen de ultraderecha hay que conocerlo, para que las nuevas generaciones se vacunen de las atrocidades y de la incapacidad de pensar una sociedad avanzada.
La campaña por la presidencia de la República en 2030 está en marcha. Solo hay tiempo para evaluaciones, correcciones en la fragmentada cúpula del Pacto, y pensar nuevas estrategias a partir del 20 de julio, porque el 7 de agosto el progresismo debe continuar su marcha.
Estoy convencido que si la Alianza por la Vida hubiera sacado 13.5 millones, también hubiera perdido contra el poder del marketing electoral, de la corrupción electoral, y de las franquicias libertarias del neoliberalismo internacional, que ha derivado en un Salvador sin violencia, pero económica y políticamente destruido; una Argentina sin derechos; un Ecuador del narcotráfico y la violencia; una Bolivia en protesta; y un Perú que aún no sabe quién ganó las elecciones de hace varias semanas.
La Alianza por la Vida son más que los de la “patria milagro”, y que solo la corrupción y la coacción los venció, más allá de errores en el gobierno y en la campaña.
Colombia tiene doce millones setecientos mil conciencias para una mejor y distinta sociedad. Son la esperanza de este país, porque se movilizaron y triunfaron. No se acababan de conocer los resultados de la primera vuelta, cuando ya estaban en la calle. La segunda vuelta la hizo la gente, a ellos todo honor, gloria y gratitud.
Jaime Acosta Puertas

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