• Desde el sur
  • Sur global
  • El sur posible
  • Archivo Revista Sur
  • Video
  • ESPECIAL SOBRE BOGOTÁ
  • SUR COOPERANDO

Corporación Latinoamericana Sur

  • INICIO
  • NOSOTROS
    • Quienes somos
    • Qué hacemos
    • Nuestro Equipo
  • TEMÁTICAS
    • Participación y cultura política
    • Paz, Desarrollo Social y Postconflicto
    • Jovenes
    • Victimas
    • Salud
    • Derechos humanos
    • Democracia y ciudadania
    • Ciudades Equitativas – Territorios Equitativos
  • Publicaciones
  • Contáctenos

Censura oficial a los artistas en nombre de la libertad

28 septiembre, 2026 By Álvaro Hernández V Leave a Comment

PDF
Imprimir
El Santo Oficio de la “Iglesia Metrosinuana de los Últimos Comicios” acaba de instalarse de lleno en la médula oficial del idioma. Si me tienen paciencia les diré por qué, pues la inquisición con sus fiscales llegó para quedarse.

Por las artes incomprensibles para mí del algoritmo (sin comas en la frase, comencemos por ahí), a mi teléfono se metió un tipo que desconocía y que de verdad me sorprendió. Y me sorprendí de estar sorprendido. Pero enseguida supe que me había sucedido, porque el personaje (que lo es por gracia y obra del espíritu santo que ilumina nuestro gobierno nacional), estaba hablando de Andrés Caicedo el novelista y cinéfilo suicida.

No podía saber quién era el tipo, pues el video intruso no lo decía, pero me obligó a quedarme con él, pues en aquella figura todo resultaba una anomalía y una disonancia cruel. El sujeto verbante (déjenme decirlo así), hablaba con la entonación recitada del poeta que han invitado a leer sus versos en un proscenio escolar (palabra horrible que viene al caso), no estaba ahí para recordar o comentar la obra del autor caleño, sino para censurar en nombre de la fe, que Andrés Caicedo fuese un vicioso, un pésimo ejemplar humano, y que para colmo decidió dejar de vivir.

Luego entendí que la anomalía en ese hombre no residía en su aspecto de santo Domingo Sabio disertando sobre literatura y drogas; sino que, al hacerlo, recurriera a las mismas palabras que el breviario de Tomás de Quenpis y los autores cristianos de la Escolástica emplearon para mantener a la feligresía apegada a Roma y a salvo del innombrable. Las palabras usadas eran, en sí mismas, una ofensa estética para el escritor que tenía resuelto “tratar de acumular la mayor cantidad de escritos, películas vistas y obsesiones, para llegar bien armado a la hora de la muerte”.

Porque el todavía joven personaje vestido a la manera amanerada de Wilde – no dejen de conocerlo, que es una dicha –, en nombre de la fe usaba el lenguaje más castrante y castigador no escuchado por las dos últimas generaciones de colombianos con la excusa de “la cultura”, y con el único propósito de desterrar de la memoria colectiva a un escritor valiente y trasgresor que vivió por convicción a tope y a costa de su existencia.

Entendí que escuchaba a un inquisidor altanero exhibiendo los pecados de una vida desperdiciada en excesos y extravíos, reprochándole al joven rebelde haberse suicidado, privándonos a los colombianos de tener otro premio nobel, dijo al final. Con simulada frustración (pues la obra de un irredento no debiera merecer la distinción del Nobel, en justa coherencia), creyó justificar su reproche a la autodeterminación que Dios le otorgó a Andrés Caicedo. En medio de la diatriba contra el artista ausente, invitó a superar la idolatría por los poetas y artistas malditos. La libertad personal de Andrés Caicedo era una maldición.

Así deduje que el tipo del que entonces ignoraba su nombre y lo que hace (un milagro en el país y el gobierno de los milagros, ya se verá), estaba echándose un discurso propio de “la batalla cultural” que el uribismo de Uribe, las Cabales, los Nietos y Londoños se propusieron hace dos décadas con timidez, y que con Abelardo el sinuano-itálico-americano se convirtió en el corazón de toda su gestión. Porque Dios se lo ha revelado y no tendrá otra oportunidad de poner su fe por encima de todos nosotros los incrédulos.

Luego, y de nuevo por obra del algoritmo, en un programa en internet llamado Anar/quía (me niego a decir Podcats, sobre todo porque no tengo iPod), ayer 29 de septiembre, aniversario del nacimiento de Andrés Caicedo, encuentro al mismo personaje que las autoras del programa conocen como Sergio Esteban Vélez; y para mi pasmo agregan que es el director del Instituto Caro y Cuervo recién posesionado.

Así pasé a la incomprensión que produce lo inconcluso, lo adefésico…lo contrahecho.

Pues de haber pensado que el tipo no era más que un imitador del tono recitador permanente de Belisario Betancur, me entero que dirige el Instituto que preserva nuestra lengua y 68 más, una entidad que se identifica con dos monedas en las que Miguel Antonio Caro y Rufino José Cuervo, dos arcaicos conservadores, parecen reyes babilónicos.

Y para darle certeza a mi sospecha, entra al programa un mensaje de mi amigo Luis F. Afanador (crítico literario, autor de poesía y de un libro de cuadros sobre autores), contando que alguna vez el expresidente llamó “niño poeta” al recitador Sergio E. Vélez, y añadió guasón, que Jen Cocteau dijo sobre una niña poeta famosa en Francia: “Todos los niños son poetas, menos Minou Drouet”.

Esta vez, el almidonado funcionario público con estudios superiores en filología y lenguas prehispánicas en Canadá, según informó Ana María Restrepo a su audiencia, estaba denigrando de la memoria de Gonzalo Arango, el páter del Nadaísmo muerto a los 45 años en un accidente de carretera en Gachancipá en 1976. En lugar de hacer un análisis crítico de su obra – desde cualquier enfoque académico hubiese sido intelectualmente legítimo –, se centró en el reencuentro del poeta alborotador con Dios; con la visible intención de apropiar para su fe la conversión del que llevó una vida desordenada y destructiva. El director estaba allí (sin separar su opinión personal de la representación de una institución académica pública), para vindicar el arrepentimiento del poeta y su regreso al redil cristiano.

Al Gonzalo Arango que en mi juventud conocí de lejos en El Cisne, en Bogotá, no le habría caído en gracia que abusaran así de su incongruencia perpetua. Pues el hombre que escribió con sus compañeros insultos y burlas contra los altos oficiales de las fuerzas armadas y las castas políticas colombianas, fue el mismo que incurrió en la acción inconexa con su obra de dedicar una frase lambona en el buque Gloria. “Colombia es un país rodeado de mares por todas partes, menos por el corazón de sus marinos donde la patria es amor”, Y sonreía feliz, como si fuese una pilatuna.

En Ibagué, Bor Torre, Akar X-504, Zolleico, y yo (que no me atreví a llevar una de esas chapas literarias estrambóticas), nos sentimos un tanto defraudados. Los tres fueron prosélitos de Gonzalo y su cohorte, yo no lo fui por el atraso en mis lecturas y mi afición por la ducha diaria.

Después, y ya por mi iniciativa, vi al flamante director en un recinto del Caro y Cuervo, encarnizado con el comunismo checo que, con sus dogmas ramplones, acabó con el Círculo Lingüístico de Praga. Y en nombre de la libertad llamó a los académicos de mi Universidad Nacional y de Centroeuropa, a luchar por la libertad en la creación contra toda opresión.

Denuncia la opresión del autoritarismo nazi y comunista, no la de la fe en cuyo nombre descalifica y pontifica. El hombre me dio la impresión de haber sido acólito de monseñor Alejandro Ordoñez Maldonado en la iglesia Lefebriana antes de su conversión al nuevo culto abelardista. Sin descartar que sean una misma cosa.

La censura en nombre de la libertad, es lo que comenzamos a vivir en el gobierno “libertario” colombiano. Una paradoja insostenible, como las afirmaciones y negaciones de este régimen novedoso. Un régimen agresivo dispuesto a controlar las ideas, los libros y la vida, con discursos ejemplarizantes y atemorizantes.

Maestro Fernando Vallejo, no se le ocurra morirse en este cuatrienio; mire que lo espera la cantaleta más feroz de la nueva iglesia, en venganza por su irreverencia con las autoridades de todo tipo, por la urticaria que produce su prosa desabrochada. ¡Vade retro!

Álvaro Hernández V

Foto tomada de: El País

FacebookTweetLikeShareLinkedInEmail

Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

Deja un comentario Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sur Global

Trump enfría la sintonía con Xi Jinping tras rechazar el plan iraní para reabrir Ormuz

28 septiembre, 2026 By JUAN ANTONIO SANZ Leave a Comment

IA: la mayor apuesta económica en la historia de los Estados Unidos

28 septiembre, 2026 By Michael Roberts Leave a Comment

La ultraderecha latinoamericana se sube al Proyecto 2025 de Trump

28 septiembre, 2026 By Diana Cariboni Leave a Comment

El Sur posible

Ideas verdes

3 abril, 2019 By Carolina Corcho 2 Comments

Suscribirse a la Revista Sur

VIDEO RECOMENDADO

Fue archivado el proyecto de Ley 010 de Reforma a la Salud

https://www.sur.org.co/wp-content/uploads/2021/05/VID-20210519-WA0024.mp4

Dra. Carolina Corcho Mejía, Presidenta Corporación Latinoamericana Sur, Vicepresidenta Federación Médica Colombiana

TEMÁTICAS

  • Participación y cultura política
  • Paz, Desarrollo Social y Postconflicto
  • Jovenes
  • Victimas
  • Salud
  • Derechos humanos
  • Democracia y ciudadania
  • Ciudades Equitativas – Territorios Equitativos
  • Publicaciones

Ultimos articulos

  • Los avances y la agenda del proyecto autoritario de Abelardo
  • Los grandes desafíos del Pacto Histórico son su Congreso fundacional y las elecciones regionales del próximo año
  • Llenar las audiencias para democratizar la reconstrucción
  • Venezuela: ¿prudencia, rendición o derrota?
  • Abelardo rompe las relaciones diplomáticas con Irán

Etiquetas

Acuerdo Agro Amnistia Brasil Cambio Climatico Campo Catalunya Ciencia y Tecnología Conflicto Colombia Corrupción crisis capitalismo Democracia Derechos Humanos Economía Ecuador Educación Elecciones Colombia ELN España Fast Track Iglesia Justicia Justicia de paz Medio ambiente Mineria Negociación Neoliberalismo Papa Participación Paz PND Pobreza Politica Politica EEUU protesta social reforma Reforma tributaria religión Renegociación revolucion salud Terrorismo Trump Venezuela Victimas

Apoyo SUR

Buscar

Director: Pedro Santana

 

 

 

Copyright © 2026 Todos los derechos reservados - Corporación Latinoamericana Sur ·