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Carta a las y los docentes pensionados de Colombia

15 junio, 2026 By José Arnulfo Bayona Leave a Comment

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Queridas y queridos colegas:

Soy José Arnulfo Bayona, docente jubilado, de 79 años de edad, que, durante más de cuarenta años, ejercí mi labor educativa en la escuela pública, en la que estudiaban y estudian los hijos y las hijas de los pobres: trabajadores, campesinos, jornaleros, vendedores ambulantes, indígenas, policías, empleados públicos, desempleados, amas de casa, empleadas domésticas, comunidades indígenas, negritudes, recicladores, tenderos, vigilantes; en general, de los explotados, oprimidos, humillados y ofendidos.

Fui, igual que ustedes, el profe que se dedicó a la enseñanza de miles de niños niñas y jóvenes, desnutridos, enfermos, maltratados, con atraso en su desarrollo físico y cognitivo, sin recursos para adquirir sus útiles escolares, descalzos, mal vestidos; que, en muchos casos, abandonaron sus estudios sin terminar la primaria o, el bachillerato, porque debieron dedicarse al “rebusque” para ayudar a sus familias en la lucha por la subsistencia. Todos y todas, vimos impotentes, niños y niñas desmayados en el aula, porque llegaban a la escuela sin haber ingerido siquiera un mendrugo de pan. Convivimos con el hambre y la miseria de nuestros educandos y sus familias. Somos testimonio vivo del sufrimiento de los pueblos empobrecidos por los amos del poder y la codicia.

Los salarios de hambre, que durante décadas nos pagaron los gobiernos, oligárquicos, del Frente Nacional y posteriores, neoliberales, fascistas y corruptos, nos empujaron a la lucha por la profesionalización y la dignificación de nuestra noble labor de enseñar, educar y formar seres humanos sentipensantes.

Tuve el honor de formar parte de la pléyade de líderes y lideresas, que, como dirigentes de nuestra

FECODE, estuvimos al frente de arduas jornadas de educación sindical, para lograr la unidad gremial y nuestro auto reconocimiento como trabajadores y trabajadoras asalariados de la educación, para avanzar en las gloriosas luchas por nuestros derechos salariales, laborales y prestacionales, por la defensa del derecho a la educación pública, gratuita y de calidad, a cargo del Estado, sin ninguna discriminación.

Integrados en una sola fuerza, docentes, estudiantes y padres de familia, como comunidad educativa, conquistamos, el Estatuto Docente, (Decreto Ley 2277/1979) que nos garantizó estabilidad laboral, ascenso en el escalafón y la construcción de una pensión de retiro más o menos digna; logramos la Ley General de Educación, el gobierno escolar, el Movimiento Pedagógico, la alimentación escolar, etc. Fue el resultado de la unidad, la organización y la lucha, articulada con el concurso de centenares de dirigentes nacionales y regionales, que dejaron honda huella en nuestras filas; entre ellos, Adalberto Carvajal Salcedo, Abel Rodríguez Céspedes (QEPD) Miguel Antonio Caro Montejo, (QEPD), Edgar Dussan Calderón, Héctor Lelis Fajardo, David Zafra, José María Ortega, Luis Felipe Vélez, (QEPD), Senén Niño, Gloria Inés Ramírez, Gabriel Manrique, Omar Arango, Gilberto Ospina, Camilo Ruiz, entre muchos otros y otras.

Aquellas gloriosas gestas no fueron gratuitas, nos costaron sangre, sudor y lágrimas, sufrimos persecución, estigmatización, perfilamientos, encarcelamientos, represión violenta, amenazas, desplazamiento, desaparición forzada, atentados, destierros y asesinatos. Cerca de 1500 docentes líderes, lideresas y activistas de la federación y sus sindicatos filiales fueron asesinados, en un contexto de violencia política y terrorismo de Estado, ejecutado por las Fuerzas Armadas y los organismos secretos estatales, en aplicación de la  criminal “Doctrina de la Seguridad Nacional” al mando de los gobiernos autoritarios del Frente Nacional sin excepción, cuyo mayor índice de crueldad se registró durante el sanguinario gobierno de Turbay Ayala con su nefasto “Estatuto de Seguridad”.

Lo que siguió fue el oscuro y largo túnel de la política de muerte del ultraderechista y neoliberal presidente narco – paramilitar, Álvaro Uribe Vélez y la ejecución de su tenebrosa política de “Seguridad Democrática”, que articuló las FF.AA y las bandas paramilitares , creadas por él, en un poderoso aparato de la muerte, sembrada a lo largo y ancho del país; miles de masacres, decenas de miles de desaparecidos, 7.837 víctimas inocentes del terrorismo de Estado (mal llamados falsos positivos), miles de amenazados y decenas de miles de desterrados, jóvenes mutilados de sus ojos, perfilados y condenados por crímenes que no cometieron. Ningún relato ha logrado dimensionar la magnitud de la catástrofe que significó para el pueblo colombiano el criminal gobierno de las mafias y el gran capital en cabeza de “El Matarife”. Se trató de, un episodio cruel del genocidio continuado al que ha sido sometido el pueblo colombiano, bajo gobiernos burgueses que sembraron no solo la muerte, sino el odio, la desigualdad y la miseria.

Nosotros, las y los jubilados, no solo fuimos víctimas; también somos testigos y sobrevivientes de esa larga noche autoritaria, paramilitar, mafiosa y genocida, que tronchó la vida de millones de seres humanos inocentes en todo el territorio nacional.

Pensábamos que había cesado para siempre la horrible noche con el gobierno de Gustavo Petro, que, dígase lo que se diga, no reprimió la protesta social, no le sacó los ojos a los jóvenes, no masacró poblaciones, ni persiguió a la oposición, no se perpetuó en el poder, como el matarife; que, pese al boicot impuesto por las mayorías parlamentarias de extrema derecha neoliberal, a las reformas sociales y democráticas, con el salario mínimo vital  mejoró la vida de los pobres, los marginados y los excluidos, de cuatro millones  de trabajadore que ganan salario mínimo, de 1.8 millones de pensionados que devengan mesadas pensionales equivalentes al salario mínimo, de los soldados del servicio militar, la policía, las madres comunitarias, los estudiantes  del SENA, los médicos residentes;  400.000 jóvenes  bachilleres se matricularon sin costo en las universidades públicas, miles de familias campesinas recibieron centenares de miles de hectáreas de tierra fértil y tres millones de adultos mayores  recibieron un bono pensional de  $230.000 mensuales…

La anterior, es una pequeña síntesis de nuestra propia historia de persecución, represión y sufrimiento, que marcó nuestras vidas y no podemos olvidar que, si bien lo soñábamos, no pensamos que seríamos abuelos y abuelas que alcanzamos a vivir el inicio de un cambio democrático, de un gobierno que, si bien no pudo garantizar nuestras reivindicaciones, creo un principio de esperanza y de lucha entre la juventud actual y las generaciones futuras de educadores y educadoras públicos de Colombia.

Seguimos soñando con que nuestro pueblo, nuestros hijos, nietos y bisnietos, continúen avanzando por el sendero democrático, de paz y prosperidad, en el que todos y todas puedan crecer y disfrutar de empleos dignos, salud, vivienda, educación pública gratuita y de calidad, desde la cuna hasta la tumba y la plena realización de los derechos humanos.

El próximo 21 de junio se resolverá la batalla entre dos modelos ideológicos y políticos que compiten en las urnas: El modelo de la lucha por la vida, la prosperidad, la paz y la democracia para todos y todas, y el de reinstauración a sangre y fuego de la política de la muerte, las amenazas, el autoritarismo neo fascista,  el despojo de derechos conquistados; el retorno al gobierno de las mafias y los ricos, a la guerra, las masacres, la violación de los derechos humanos, el destierro, los despidos masivos… Nuestro voto y el de nuestras familias será decisivo, nuestro compromiso es con la vida la democracia y la paz, que solo será posible si votamos, para que el cambio continúe, por el profesor Iván Cepeda Castro, toda su vida dedicado a la lucha por la paz, la justicia, los derechos humanos y la vida digna. El candidato de la política de la codicia, el odio y la muerte, tal como él mismo lo ha anunciado, sería retornar al pasado de corrupción,  violencia, persecución y eliminación del pensamiento crítico, que ya nos tocó sufrir en carne propia y no queremos que se repita y destruya la vida de las futuras generaciones.

Las y los invito a ¡jugárnosla por la vida con Iván Cepeda Castro!

Abrazos solidarios y combativos

José Arnulfo Bayona.

Foto tomada de: Iván Cepeda Castro

 

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