Es en la discusión democrática, sin trampas, sin zancadillas, sin las mentiras reiteradas, sin difamaciones, sin odios viscerales, sin descalificaciones, sin traiciones internas, sin insultos, donde debe primar el debate abierto de las ideas en pro del bienestar colectivo, es decir en beneficio de las mayorías ciudadanas. Se deben frenan los apetitos burocráticos y el ego personal, que conllevan a un desgaste y desánimo entre las bases, para que aquello que públicamente se pregona tenga prioridad en los objetivos y el accionar de las organizaciones socio-políticas y actores diversos. Los conflictos internos no superados debidamente, por lo general terminan deteriorando las organizaciones e inclusive acabando con sus propias posibilidades de incidir en sus propios territorios. Hay que hacer a un lado a quienes pretenden “Demoler el rival sin importar las ruinas”.
Hoy aún, algunos sectores siguen pregonando las posibles o inclusive inventadas fallas, para interpretar sesgadamente la perdida en las presidenciales. Lo importante no es ver el inmenso y múltiple fraude cometido por los dueños del poder y sus lacayos sino poder culpar a quienes de una u otra manera aportaron en el ejercicio electoral que al final resultó ser totalmente desigual, que buscaba la continuidad y profundización de las reformas sociales iniciadas por el gobierno del cambio, por el gobierno de la vida. Más que una posición crítica a nivel interno, perece ser la falta de valor civil, negándose a ver el verdadero enemigo que es el fascismo mafioso que, con sus prácticas engañosas, corruptas y criminales, poco a poco, a través de los años, se ha ido tomando el ánimo de millones de colombianos y colombianas.
Y entre las bases sociales y hoy en día las llamadas redes sociales gracias al avance tecnológico, no han faltado o más bien cada día pululan con mayor fuerza, quienes se dedican no a la denuncia valerosa y honesta, o al aporte de reflexiones, o ideas, o propuestas, sino a la intriga barata, mentirosa y dañina. No buscan la convergencia, el sumar y fortalecer los movimientos y expresiones que afloran con todo el derecho y la necesidad de los momentos. Solo están tras sus intereses mezquinos con un falso lenguaje progresista o de izquierda.
En el país no se acostumbrar hablar del afloramiento y crecimiento de organizaciones políticas sino del aumento desmesurado de “empresas electorales”, no se habla de la necesaria discusión pública del devenir de cada territorio y del total del país sino de cómo se reparte la “torta” burocrática y presupuestal del Estado. A eso han acostumbrado a buena parte de la ciudadanía, mientras que cuando algún sector o figura política quiere profundizar en las verdaderas alternativas y soluciones para beneficio de todos y todas, lo primero es que se le trata de subversivo o inclusive “loco”.
Para terminar, en estos días cuando un amigo le dijo simplemente a una interlocutora (colgada de títulos), que él no estaba de acuerdo con las practicas del actual gobierno, su querida amiga lo trato de “ateo” y le afirmó que el presidente extranjero era “un enviado de dios”, y ante eso cualquier dialogo de tinte político no tiene continuidad sino se quiere “perder las amistad”.
John Elvis Vera Suarez
Foto tomada de: La Silla Vacía

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