A partir de la información disponible se pueden esbozar algunas líneas de acción que definirán la marcha del gobierno de Abelardo De la Espriella.
En primer lugar, su decisión de reformar las estructuras del Estado con miras a reducir su tamaño mediante la desaparición de varias oficinas ligadas a la búsqueda de la paz y a la implementación de los acuerdos a los que se llegó con las Farc en el gobierno de Juan Manuel Santos. Para lograr su objetivo, el presidente electo busca ponerle punto final a la Unidad de Implementación del Acuerdo Final y a la figura del Comisionado de Paz que pasarían a un Comisionado Nacional de Seguridad quien tendría a su cargo lo relacionado con el futuro de quienes firmaron acuerdos con el Estado, así como la política de sometimiento de los grupos ilegales que trafican con cocaína y la sustracción ilegal de minerales. Un capítulo especial y que está en entredicho por su carácter constitucional e internacional es el de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
Otra medida relacionada con el adelgazamiento del Estado es la eliminación de consejerías y agencias que duplican funciones y que pueden ubicarse en diferentes ministerios. En la lista prevista caben tanto la Consejería para la Reconciliación Nacional como la Consejería para los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario cuyas funciones pasarían a los Ministerios del Interior, Defensa y Relaciones Exteriores. La Consejería de las Regiones no desaparecería, pero se convertiría en la Gerencia de las Regiones la cual asumiría un enfoque ejecutivo para coordinar las relaciones entre el gobierno nacional y los mandatarios locales y demás entes territoriales.
En sus intervenciones públicas el presidente electo ha sido claro en afirmar que uno de los ejes centrales de su gobierno será la seguridad y ha hecho énfasis en la eficacia, así como en su identificación con las políticas del presidente Trump y sus homólogos argentino y salvadoreño. Ahora bien, toda acción de gobierno – como toda política pública – depende no solamente de los objetivos trazados y de la ideología que los inspira, sino de las personas encargadas de llevarlos a cabo, de los recursos disponibles y de las circunstancias que los envuelven. Por lo tanto, es válido examinar las personalidades y el pasado de los actores que asumirán las riendas del poder, amén de sus vínculos familiares y políticos para tener un punto de apoyo en las hipótesis que se puedan formular.
Sin entrar en detalles propios de cada uno de los escogidos hasta ahora por Abelardo de la Espriella para conformar su gabinete a los que reunió en pleno el pasado 10 de julio en Barranquilla con motivo de los empalmes regionales que comenzó desde Cúcuta, se puede afirmar que en el próximo gobierno primará el perfil de personas con experiencia en la administración pública provenientes de administraciones conservadoras de Uribe y de Duque. es decir, de sectores que nunca han estado alejados del poder. En efecto, personas como el ministro del Interior entrante, Rodrigo Lara Restrepo, el Canciller, Omar Bula, el ministro de Hacienda Miguel Gómez Martínez, el de Comercio, Mauricio Gómez Amín, el de Vivienda, el de Agricultura, Indalecio Dangond, Jaime Andrés Beltrán, la de Transporte Elsa Noguera, la de Educación Viviane Morales y la de Deportes, Juliana Gutiérrez, todos tienen lazos directos con casas políticas tradicionales, particularmente de Barranquilla y del partido Salvación Nacional.
La presencia de algunos de los mencionados llama la atención con relación al giro que el presidente electo quiere dar en su gobierno. Sobresalen entre ellos los nombres de Omar Bula, un declarado seguidor de las ideas de Donald Trump y sus políticas y de Vivian Morales. Con el nuevo canciller Colombia olvidará el genocidio de Gaza para acoger las tesis sionistas y aceptará la guerra declarada de los Estados Unidos e Israel a Irán; se presentará como el principal socio estratégico del tío Sam en América y buscará ser un elemento fundamental del Escudo de las Américas. Con Vivian Morales, conocida evangélica conservadora, el país corre el riesgo de volver a visiones tradicionales en la educación pública. El regreso de un militar al ministerio de Defensa, así sea retirado, el general® Jorge Eduardo Mora López, es un signo claro de la prioridad que se dará a la seguridad y a la lucha contra el crimen organizado.
Abelardo De la Espriella ha expresado en los diálogos regionales su idea de establecer un diálogo directo con los territorios para que la intermediación con el Congreso pase a un segundo plano, pero no está claro si dialogará con la gente de los mismos o con los clanes que los gobiernan. Parece más probable que sea con estos y no con los que han reclamado tierras y derechos. La presencia de Indalecio Dangond, medio hermano de Silvestre Dangond Lacouture quien fuera uno de los beneficiarios de subsidios de Agro Ingreso Seguro en el gobierno de Álvaro Uribe y su experiencia en cargos técnicos en el sector agropecuario permiten pensar en un retorno a una política cercana a los grandes productores rurales en desmedro de una redistribución de tierras.
En síntesis, Abelardo de la Espriella ha escogido una combinación de exministros, excongresistas exmilitares retirados y profesionales de derecha con trayectoria en gobiernos anteriores. Su gran objetivo parece ser mejorar el clima para la inversión nacional y extranjera mediante el fortalecimiento de la confianza empresarial. Queda por ver si habrá coherencia entre las promesas de campaña y las políticas adoptadas. Un comienzo de respuesta se tendrá con la elección de las principales dignidades del Legislativo y el año entrante con la elección de alcaldes y gobernadores.
Rubén Sánchez David
Foto tomada: La Silla Vacía

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