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La maldita guerra contra el narcotráfico

25 agosto, 2025 By Carlos Jimenez Leave a Comment

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El ataque terrorista de Cali y el derribo de un helicóptero de la policía nacional en Amalfi, la semana pasada, se han sumado a la interminable lista de actos criminales que desde hace cuatro décadas largas han ensangrentado al país por cuenta de la maldita guerra contra el narcotráfico. Guerra interminable, guerra que no se ha podido ganar ni se podrá ganar nunca mientras se mantenga la prohibición del consumo del consumo de estupefacientes por el gobierno de Washington. A mi desde luego me duelen los miles de muertos causados por sobredosis en el territorio estadounidense, pero me duelen todavía más los miles de muertos causados en Colombia por esta guerra perversa. Los llamados cárteles de la droga no podrían existir si no fuera porque la prohibición ayer de la marihuana y hoy de la cocaína no convirtieran su producción en un negocio millonario. No empujaría a los campesinos sin tierra a cultivar ambas plantas ni produciría los ingentes beneficios que permiten a las mafias montar laboratorios clandestinos para procesar la cocaína ni para financiar las redes de exportación de la misma a Estados Unidos. Ya han caído en el olvido los años de Pablo Escobar y el cartel de Cali y sin embargo el negocio sigue. Con otros capos, con otros cómplices, con otros titulares de sus extraordinarias ganancias. Aquí, en México, y en el hermano país de Ecuador, pacífico hasta hace menos de una década y hoy desgarrado por la violencia desatada por las bandas de narcotraficantes.

Pero como ya dije, esta guerra es maldita pero también perversa. Es una guerra diseñada por Washington de tal manera que nunca se pueda ganar. Muy en consonancia con la duradera estrategia de invadir países so pretexto de derrocar a los “dictadores” que los gobiernan, destruirlos y luego abandonarlos, dejándolos sumidos en un sangriento caos. Que allí están Afganistán, Iraq, Libia, Siria, Somalia y Sudán para probarlo. Washington sin embargo no contabiliza el funesto resultado de estas guerras como derrotas, porque todas ellas le han permitido obtener fabulosas ganancias al complejo industrial militar que vende el armamento con las que se realizan.  La guerra para ellos es un negocio al que se niegan a renunciar.

La guerra contra el narcotráfico representa sin embargo una variante de esta misma lógica. En el caso nuestro sirve para legitimar la permanente injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de nuestros países. La DEA y el FBI se cuentan entre los principales instrumentos de dicha injerencia. Pero no son los únicos. El Departamento de Estado se ha permitido el lujo de evaluar regularmente los resultados de nuestra lucha contra el narcotráfico y el Pentágono, gracias a acuerdos como los suscritos en el marco del Plan Colombia, tiene la osadía definir como una misión prioritaria de nuestras fuerzas armadas la lucha contra “las organizaciones criminales transnacionales”. Reduciendo el papel de las mismas a funciones meramente policiales, subordinadas para peor a las estrategias de “seguridad continental” elaboradas por Washington en beneficio obviamente de sus propios intereses.

La semana pasada también nos trajo otras noticias igual de afrentosas, relacionadas directamente con la maldita guerra contra las drogas. El presidente Trump emitió una orden ejecutiva que declara a los cárteles de las drogas “organizaciones narcoterroristas” y autoriza por lo tanto a sus fuerzas armadas a participar directamente en la lucha contra ellos. La segunda noticia la dio Pam Bondi, la fiscal general de Estados Unidos, que subió a 50 millones de dólares la recompensa por “cualquier información que conduzca a la detención de Nicolás Maduro”. Le acusa de estar involucrado en las actividades delictivas del cártel de Sinaloa, del Tren de Aragua y del fantasmagórico cártel de los 4 soles.  Remató la ominosa ronda la noticia de que la US Navy había enviado una flotilla a navegar en el sur del mar Caribe con el fin de cortar las rutas del narcotráfico.

Al día de hoy no se sabe exactamente cuál es la verdadera misión de dicha flotilla. En primer lugar, porque, según las mismas autoridades norteamericanas, el océano Pacífico y no el mar Caribe es hoy la principal ruta del contrabando de cocaína. Por lo que quedan en pie dos hipótesis de interpretación. La primera que su misión sea la invasión de hermana república de Venezuela. Un objetivo dudoso dado el hecho de que el número y la capacidad de fuego y de transporte de marines de dicha flotilla resulta claramente insuficiente para acometer la tarea de una invasión a gran escala de la hermana república de Venezuela. No hay que olvidar que, para la invasión de Iraq, el Pentágono desplegó 150.000 marines y soldados, dos acorazados y un portaaviones. Aparte de centenares de aviones de combate.  Resta la posibilidad de que la flotilla tenga como misión encubierta la de disuadir a la marina de guerra colombiana de cumplir la orden dada por el presidente Petro de detener cualquier barco que transporte carbón desde la mina del Cerrejón hasta Israel. No hay que olvidar que la fidelidad del presidente Trump a Israel es inconmovible.

Concluyo citando un artículo de investigación escrito por el equipo cuya misión es, según su propia declaración, aclarar la verdad, que somete a un análisis riguroso el Informe oficial de la DEA referido a los años 2024 y 2025, que evalúa el estado del consumo, el comercio y la producción de sustancias psicoactivas en Estados Unidos. Destaco sólo tres aspectos. El primero que el propio informe considera irrelevante el papel de Venezuela en el narcotráfico. El segundo, que el informe reconoce que actualmente la producción de marihuana en territorio norteamericano es suficiente para abastecer el consumo de hierba tanto legal como ilegal. De hecho, la marihuana es una de las industrias más potentes de California. Y el tercero: “La agencia reconoce que:

Existen blanqueadores de dinero en suelo estadounidense, que prestan servicios a organizaciones criminales transnacionales. Se utilizan casas de cambio de criptomonedas, billeteras digitales, transferencias tipo espejo (mirror transfers), compra-venta de bienes muebles e inmuebles, y otros mecanismos integrados en el sistema financiero norteamericano. Las inmobiliarias estadounidenses son utilizadas para invertir dinero del narco en propiedades de lujo, especialmente en zonas como Miami, Los Ángeles o Nueva York. Este reconocimiento es devastador: la DEA admite que su propio país es el principal centro de blanqueo de capitales del crimen organizado global. ¿Actividad marginal? Nunca: se trata de un sistema estructural que involucra instituciones financieras, servicios legales, agentes inmobiliarios y plataformas digitales”.

En resumen: en la maldita guerra contra el narcotráfico nosotros ponemos los muertos y Estados Unidos se queda con los beneficios.

Carlos Jiménez

Foto tomada de: France 24

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Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

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